<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525</id><updated>2012-02-11T19:28:05.667+01:00</updated><title type='text'>Historias oscuras</title><subtitle type='html'>Permitidme que le robe una frase al escritor sueco Hening Mankell para explicar el por qué de este blog. "Escribo en la tradición literaria más antigua, la que utiliza el espejo del delito y del crimen para reflejar la sociedad de hombres y mujeres. Como las tragedias griegas; como Shakespeare".</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>36</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-4971346634674677463</id><published>2007-12-17T21:00:00.000+01:00</published><updated>2007-12-25T22:46:22.466+01:00</updated><title type='text'>El problema de Adelaida</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbvkTUrlI/AAAAAAAAA1Q/xq3amE6j3IM/s1600-h/callejÃ³n+3.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145041234562428498" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbvkTUrlI/AAAAAAAAA1Q/xq3amE6j3IM/s200/callej%C3%B3n+3.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El ciudadano Lin Piao, honrado comerciante al por mayor, apresuró el paso. Era de noche y eso siempre da jindama en según qué barrios. Al llegar al cruce con la calle del Amparo, emergieron tres tipos surgidos del aire enrarecido con olor a meados de la estrecha calleja. Chinos, como él. Mal presagio. Un chino gordo y bajito con perilla ridícula le apuntó a la cabeza con una pistola y accionó el gatillo sin decir nada.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbvkTUrmI/AAAAAAAAA1Y/N0ouzTIXyDg/s1600-h/Dedo+hinchado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145041234562428514" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbvkTUrmI/AAAAAAAAA1Y/N0ouzTIXyDg/s200/Dedo+hinchado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Pasaron tres cosas: la pistola no funcionó, el chino gordo soltó un alarido mezclado con tremenda blasfemia y el ciudadano chino Lin Piao se desmayó del susto. Segundos después salieron los tres chinos de naja como alma que lleva el diablo, si es que hubiera almas y también diablos que se las llevaran, como si no tuvieran otra cosa que hacer.&lt;br /&gt;Cuando llegaron a la calle del Calvario, redujeron la alocada marcha y otro chino, sin perilla, espetó “¿Por qué corremos, joder?”. A todo esto, el chino gordo no cesaba de relatar por lo bajo palabrotas muy malsonantes. “¡Mierda de percutor de los cojones! Me ha pillado el jodido pulgar y me lo ha dejado cabronamente como una puta berenjena”.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbwETUrnI/AAAAAAAAA1g/elHMj5yW9E8/s1600-h/Plano+Lavapies.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145041243152363122" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbwETUrnI/AAAAAAAAA1g/elHMj5yW9E8/s200/Plano+Lavapies.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Todo esto, en cantonés, el dialecto chino más hablado, pero la estancia en España les había acostumbrado a salpicar sus conversaciones con contundentes palabrotas de importación, pues sabido es que en chino no se dicen tacos: no está nada bien visto en sociedad.&lt;br /&gt;“Te dije que este negocio de matar por contrato no es para nosotros, Chang", dijo el chino sin perilla. “¿Había que matarlo? No sabía”, intervino el tercer chino, más corto que las mangas de un chaleco; formaba parte del trío porque era cuñado de Chang y también porque medía un dos metros, y para atemorizar al personal iba que ni pintado. Lo llevaban con ellos por si acaso. No tenía que hacer nada, sólo estar ahí con su cara de tonto del culo. Un rostro de tonto del culo chino es tan vacío de expresión como el de un tonto del culo nacional, es cierto, pero resulta mucho más inquietante. Sobre todo si mide dos metros de altura.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbwETUroI/AAAAAAAAA1o/D5tpj7tB430/s1600-h/poli+apaliza+a+uno.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145041247447330450" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbwUTUrpI/AAAAAAAAA1w/O52fOz1XbIw/s200/Dibujo+de+chino.gif" border="0" /&gt;“¿Qué hacemos?”, quiso saber Deng, el segundo chino. “ La hemos cagado la primera vez. Si corre la voz, seremos el hazmerreír del hampa”.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbhkTUrgI/AAAAAAAAA0o/qVyfMt_mDMM/s1600-h/Bar.jpg"&gt;&lt;/a&gt;“Vale, matar no, pero podemos dar palizas por encargo”, propuso Chang. “Hagamos correr la voz. Apalizamos a cualquiera por encargo de quien sea, siempre que pague” concretó la idea.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbh0TUrhI/AAAAAAAAA0w/S64Tz8KwDis/s1600-h/Top+manta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145040998339227154" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbh0TUrhI/AAAAAAAAA0w/S64Tz8KwDis/s200/Top+manta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El de los asesinatos por encargo era el segundo fracaso del grupo. El primero fue querer cobrar una póliza de protección a los negritos top-manteros de los alrededores de la estación de Atocha. Mil euros para que no les pasara nada. Aunque rebajaron a trescientos después de inacacabables discusiones, los morenos se resistían. Con esos precios ni siquiera cubrían gastos. Finalmente les dijeron que nones, que por más vueltas que le dieran no les salían las cuentas y, como los chinos insistieran, les enviaron a Mahmud Ryzab, un negro como un tizón de Sierra Leona, para convencerles de que no había trato por más que se empeñaran.&lt;br /&gt;“Mi no paga”, les dijo escuetamente el negrazo. Kio Guang Ping, fiado de su envergadura, le cogió por la pechera para intimidarlo, pero le cayó el cielo encima. En realidad lo que le cayó fue una hostia inmensa que le propinó Mahmud, una hostia de las que ya no se ven. Sin enfadarse, porque sólo eran negocios.&lt;br /&gt;Mientras Kio recogía unos dientes de la acera, el ciudadano de Sierra Leona aclaró: “Mi no paga una mierda. Mi rompe cabeza si joder colegas del top manta”. Deng y Chang decidieron abandonar el negocio de protección.&lt;br /&gt;Abandonada también la actividad homicida, hicieron correr la voz por los vericuetos del hampa con la oferta de su nueva actividad: Palizas garantizadas. Y a esperar.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbh0TUriI/AAAAAAAAA04/BIYFRCgq3zY/s1600-h/seÃ±ora+mayor.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145040998339227170" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbh0TUriI/AAAAAAAAA04/BIYFRCgq3zY/s200/se%C3%B1ora+mayor.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Por aquel entonces, Adelaida tenía un grave problema. Adelaida era una señora mayor de sesenta y tantos años, una viuda de Lavapiés que sobrevivía con quinientos cuarenta y siete euros de pensión, y con mucha imaginación. El problema se llamaba Miguel Fernando, su único hijo de 36 años de edad. Barriga cervecera, uñas negras, menos gracia que una patada en las partes bajas, sin oficio ni beneficio, que arrojaba la ropa sucia en cualquier lugar de la casa, que no tiraba de la cadena después de orinar, que siempre dejaba la tapa del retrete levantada y que solía dejar la nevera temblando. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Aunque Adelaida se lo había pedido de todas las maneras posibles, Miguel Fernando se negaba en redondo a abandonar la casa materna. Como si fuera tonto, decía el capullo. Además de no dejarla vivir sola tan ricamente, el sinvergüenza la trataba como basura. Al mamón nunca le parecía bien la comida que le guisaba su madre y la humillaba con frecuencia. “¡Vaya mierda de macarrones, madre!” protestaba un día. "¡Los macarrones fláccidos de Adelaida garantizan el regüeldo y repiten toda la tarde!" “¿A esto le llamas cocido?, gritaba ante otra comida. "Los cerdos comen mejor, tía”. “No soy tu tía, soy tu madre, descastado y me debes respeto” protestaba entre lágrimas contenidas Adelaida. "¡Anda y ve a cagar!", rebuznaba el cabrón. Y la pobre Adelaida se encerraba en la habitación llorando a mares, pensando que qué había hecho ella para merecer esto.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbiETUrjI/AAAAAAAAA1A/9sME_FS1u_E/s1600-h/tio+gordo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145041002634194482" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbiETUrjI/AAAAAAAAA1A/9sME_FS1u_E/s200/tio+gordo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Miguel Fernando hacía algún trabajo de mierda que otro, pero la pasta que conseguía la fundía en porros, cañas y whisky de garrafón. Adelaida estaba harta, muy harta. Y no sabía qué hacer. Un yonqui del barrio de toda la vida le propuso una solución. Un colgado al que ella había tratado bien, cuando el resto del barrio le escupía. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;“Hay unos chinos que por una cantidad razonable convencen a cualquiera”, le dijo misterioso una tarde en la que Adelaida le invitó a merendar café con leche y magdalenas para desahogarse y le contó su problema.&lt;br /&gt;Adelaida, desconocedora de los entresijos y del lenguaje del bajo mundo del delito, no se enteró de lo que le decía el tipo.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145041002634194498" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbiETUrkI/AAAAAAAAA1I/V19jcit4A6o/s200/monedas.jpg" border="0" /&gt;El narcoadicto se dejó de eufemismos y fue al grano.&lt;br /&gt;“Mi camello me insultó, ¿sabe? Me faltó al respeto; no me fio unas papelinas, a mí, su cliente más antiguo. Me enteré de que había unos chinos que daban palos por encargo y los fui a buscar".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"¡Dios mío!" se horrorizó Adelaida cuando supo qué le proponía en realidad el heroinómano. "Me pidieron mil euros", añadió el otro. "Yo no puedo pagar eso" dijo despistada Adelaida sin ser consciente de que la protesta incluía la posiblidad de dar un escarmiento al cretino de su hijo. "Son buena gente, doña Adelaida , el dinero no será problema. Me rebajaron hasta quinientos, porque necesitan trabajar, como todo el mundo. Son tiempos duros para todos. Reventé unas cabinas de teléfono, pero sólo recogí cuatrocientos y pico en montones de monedas, pero los amarillos se portaron y me hicieron el trabajo sin pedirme el resto. No se cabrearon por tantas monedas, que se las tuve que llevar en una bolsa del Carrefour. Cumplieron y al camello le dieron de hostias hasta en el carné de identidad. A los dos días, cuando se recuperó y salió de nuevo a la calle, el tío me fió de nuevo.”&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbSUTUrbI/AAAAAAAAA0A/ZDeCLW1LED0/s1600-h/Metro+Lavapies.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145040732051254706" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbSUTUrbI/AAAAAAAAA0A/ZDeCLW1LED0/s200/Metro+Lavapies.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero Adelaida tenía reparos. “Es un vago y un sinvergüenza, pero es mi hijo”. “Señora Adelaida, esos chinos son muy profesionales. Si les pide que no le hagan daño serio, le dan de palos al cabrito de su niño, pero no le rompen nada”. "No sé, no sé", murmuraba la señora sumida en un mar de dudas.&lt;br /&gt;Adelaida se decidió sólo a pedir información tras muchas vacilaciones y llamó al número de móvil que le dio el yonqui. Pero no pudo hablar con los chinos, porque se les había acabado el saldo. Mientras tanto, Miguel Fernando rebasó el colmo de la paciencia de su santa madre. Tras insultarla del modo más vulgar que nunca en plena borrachera de vino de Jumilla, la obsequió con una vomitona &lt;em&gt;king size&lt;/em&gt; en medio del salón; un vino con muy mala resaca, como es sabido. La señora Adelaida expulsó los últimos remordimientos de su corazón y, cuando los chinos le devolvieron la llamada tras cargar la tarjeta con diez euros, les encargó que convencieran a su hijo de que debía marcharse de casa de una pajolera vez, pero que no le hicieran mucho daño. No haría falta mucho, les explicó, porque el cabroncete era un cobarde, y un comemierda, añadió.&lt;br /&gt;Los chinos previamente localizaron a Miguel Fernando, le siguieron y tomaron nota de sus costumbres y de sus recorridos. Eran unos profesionales. Pero el trabajo no se llegó a hacer. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un grupo de policías de seguridad ciudadana, que operaba de incógnito en Lavapiés, hacía tiempo que vigilaba a Chang, Deng y Kio. A los polis de la secreta les mosqueaban aquellos tres chinos de los que no se conocía ni tienda de todo a cien ni taller de confección clandestino ni restaurante de chop suey. La cosa se aceleró cuando el ciudadano inmigrante con papeles Lin Piao se recuperó del trauma de haber estado a punto de ser asesinado a tiros y se lo contó a su mujer, una recia gallega de Villagarcía de Arousa. “¡Chinitos a mí!” dijo encendida en santa cólera. “A mí, que me he toreado a los peores capos de las &lt;em&gt;rías baixas&lt;/em&gt;”. El chino Lin, la convenció de que era mejor dejárselo a la policía y no encargarse ella misma del asunto. Hecha la denuncia, el citado grupo de maderos de incógnito se puso en marcha con celeridad. Siguieron y vigilaron a los tres chinos durante unos días. No hacían nada, cierto, pero podían pagarse tés y cañas en los baretos del barrio, comían en restaurantes, aunque de menú, iban al cine a ver películas de Jackie Chan e incluso fueron de putas un sábado por la noche. ¿De donde sacaban el dinero los jodíos si no trabajaban ni tenían negocios conocidos? Convencieron al juez de guardia, quien les autorizó a registrar el tugurio en el que vivían los tres hijos del Celeste Imperio. En el registro les ocuparon una pistola vieja que se encasquillaba, dos navajas de Albacete sin estrenar y una cámara infantil de vídeo, conseguida con una cartilla de cupones de El País. De la cámara rescataron imágenes de Miguel Fernando. Miguel Fernando en el bar, entrando en el portal de su casa, saliendo del portal de su casa, entrando en el bar, saliendo del bar, vomitando en la calle, cascándosela en un parque... Los chinos confesaron que tenían que darle de palos sin consecuencias posteriores ni efectos secundarios, pero que no habían pasado todavía a la fase ejecutiva. Convenientemente presionados, los chinos dijeron que el encargo lo había hecho una ancianita de cabellos blancos, pero los polis, tras alzar la mano sin intención real de darles (porque es anticonstitucional) al tiempo que les decían "te daba así, ¿te crees que somos tontos?", les aseguraron que, con trolas tan burdas como esa, lo tenían mal. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Su señoría consideró que las malas intenciones confesadas respecto a Miguel Fernando constituían un delito de conspiración. Como tampoco se tragó lo de la ancianita inductora, pensó que ahí había algo gordo y los envió a la prisión de Valdemoro, porque la de Soto del Real estaba hasta la bandera, que más adelante ya se vería que aportaba la investigación.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbS0TUreI/AAAAAAAAA0Y/HY-W8jB2rG4/s1600-h/Pasillo+cÃ¡rcel.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145040740641189346" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbS0TUreI/AAAAAAAAA0Y/HY-W8jB2rG4/s200/Pasillo+c%C3%A1rcel.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Adelaida se alegró, no de que hubieran trincado a los chinos, pobrecitos, sino de que no hubieran podido hacer el trabajo, porque al fin y al cabo era su hijo, parido con dolor. Pero ella ya estaba decidida y lanzada. Las cosas no iban a continuar como hasta entonces. Ignorante de que se había librado por pelos de ser detenida y procesada, cambió la cerradura vieja por otra de alta seguridad; se fue a la peluquería y se gastó una pasta en teñirse, hacerse mechas y un corte medio punky; se compró unas blusas y faldas en 'Desigual' para cambiar de imagen, y remató la operación con la compra de unas botas de motera con hebillas. Luego, con la moral mucho más alta y la autoestima más sólida, sacó las cosas de su hijo al rellano de la escalera, le dijo a la vecina de al lado que contara a su hijo lo que pasaba, y se largó unos días a Benidorm con los ahorros de la libreta de Cajamadrid, ahorros con los que hubiera pagado a los chinos de haberse cumplido el contrato. En Benidorm conoció a un viudo muy apañado con sólo sesenta y ocho años y un metro noventa, y se lió con él.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbTETUrfI/AAAAAAAAA0g/2dlXmdbLPrg/s1600-h/Benidorm.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5145040744936156658" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbTETUrfI/AAAAAAAAA0g/2dlXmdbLPrg/s200/Benidorm.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El viudo, perdidamente enamorado de Adelaida, la ayudó a convencer a Miguel Fernando, cuando lo encontraron lloroso ante el portal de la casa otrora familiar al regreso de Benidorm, de que tenía que irse de casa, porque ya tenía edad y era mejor para todos.&lt;br /&gt;Sería por la considerable envergadura de su nuevo padrastro que inspiraba respeto, sería por la patada en los testículos que le propinó cuando Adelaida entró en el piso y no los veía, el caso es que Miguel Fernando se fue de la casa materna definitivamente.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-4971346634674677463?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/4971346634674677463/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=4971346634674677463' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/4971346634674677463'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/4971346634674677463'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/12/cosas-de-chinos.html' title='El problema de Adelaida'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R2bbvkTUrlI/AAAAAAAAA1Q/xq3amE6j3IM/s72-c/callej%C3%B3n+3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-7109071118853663722</id><published>2007-12-05T10:03:00.000+01:00</published><updated>2007-12-14T17:50:40.796+01:00</updated><title type='text'>Castigo y comunion</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zp0nbC9BI/AAAAAAAAAz0/OO4wIMDpb-c/s1600-h/wok.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140412377346536466" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zp0nbC9BI/AAAAAAAAAz0/OO4wIMDpb-c/s200/wok.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El guiso casi estaba. En el wok, dos alargados trozos de carne se cocinaban sumergidos en un caldo espeso. El presunto cocinero, varón de cuarenta y pocos años y aspecto elegante, llenó una cuchara y probó el guisó. “Ya casi está” se dijo a sí mismo. Entonces sonó el timbre de la puerta con insistencia.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1ZpunbC88I/AAAAAAAAAzM/GmKVELJepzM/s1600-h/comunidad+vecinos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140412274267321282" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1ZpunbC88I/AAAAAAAAAzM/GmKVELJepzM/s200/comunidad+vecinos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Unos días antes, Aquilino Aquiles fue elegido presidente de la comunidad de vecinos por unanimidad. En realidad, fue elegido por narices y sin estar presente. Le tocaba. Nadie quería ser presidente, pero era obligatorio que hubiera uno y se decidió tiempo atrás en una agitada y alborotada reunión que todos fueran presidente por riguroso orden de viviendas. Y ahora le tocaba al ático B. “Qué raro que Aquilino no haya venido, con lo formal que es”, comentó un vecino.&lt;br /&gt;Al acabar la reunión de la comunidad, casi tan breve como un coito de varón medio español, María Antonia del cuarto C se puso junto a Hortensia del segundo B para regresar a sus respectivos pisos y chismorrear un poco.&lt;br /&gt;“Qué raro lo de Aquilino”, comentó Hortensia.&lt;br /&gt;“Hace unos días oí una discusión muy fuerte en su piso”, dijo en tono inquietante la otra y el ‘muy fuerte’ sonó a algo terrible.&lt;br /&gt;“¡No me digas! Cuenta, cuenta mujer”, exigió la otra, encantada por hozar en miseria ajena.&lt;br /&gt;“Gritos con muy mala leche. Con mucha rabia”.&lt;br /&gt;“¡Jesús, Jesús! ¿Pillaste algo?”&lt;br /&gt;“Pues no, pero me pareció que alguien hablaba en portugués, pero… no sé, quizás con acento de la isla de Madeira”. La María Antonia es maruja vocacional, pero tiene el graduado escolar y viajó con su marido a Lisboa en un viaje organizado por el Centro Social del barrio que les salió muy apañado; allí se enteró de que Madeira era una isla que pertenecía a Portugal.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1ZpunbC89I/AAAAAAAAAzU/SsXSAAcuKB8/s1600-h/comisaria.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140412274267321298" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1ZpunbC89I/AAAAAAAAAzU/SsXSAAcuKB8/s200/comisaria.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Pillaron al presidente saliente, el del primero D, para contarle que qué raro que Aquilino no hubiera ido, y los días que no le veían. Les dijo que él ya no era nadie y que esperaran a Aquilino que era ahora el presidente. Qué paradoja, ¿cómo esperar a Aquilino, cuando justamente ellas temían por Aquilino?&lt;br /&gt;“Pues denunciad su desaparición a la policía”, zanjó con ganas de que le dejaran tranquilo, que iban a dar el partido del Real Madrid ya mismo.&lt;br /&gt;En comisaría no tuvieron más remedio que aceptar la denuncia por desaparición, porque habían transcurrido tres días desde la audición de la bronca por María Antonia. Aquilino, cincuenta y seis años, anticuario… El inspector de guardia escribía la denuncia con dos dedos y mucha dedicación. Un colega, que por allí pasaba, husmeó por encima del hombro del escribiente.&lt;br /&gt;“Ese Aquilino Aquiles ¿no lo interrogamos cuando el asunto del club ‘Antineo’ donde decían que había chaperos que eran menores?”&lt;br /&gt;“No había ningún menor implicado y cerramos el caso” le contesta sin demasiado interés el poli que rellena el formulario.&lt;br /&gt;“Pero mariconeo sí había, ¿no?”&lt;br /&gt;“No es delito entre adultos. Cada uno hace con su culo lo que le apetece”, le dijo harto ya, porque sabía que el otro era un carca del copón.&lt;br /&gt;Las que se bañaban en agua de rosas eran las dos vecinas. ¡Don Aquiles, gay! ¡Quién lo iba a decir!&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zpu3bC8-I/AAAAAAAAAzc/lrk-eeJz6bs/s1600-h/contenedor.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140412278562288610" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zpu3bC8-I/AAAAAAAAAzc/lrk-eeJz6bs/s200/contenedor.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Días después, la policía descubrió en el fondo de un contenedor un cadáver desfigurado con signos de violencia extrema, desnudo, maniatado con un cable de ratón de ordenador y un tanga de varón de piel de leopardo metido en la boca como mordaza. Las pruebas forenses determinaron que no era Aquilino Aquiles, como los polis creyeron al principio, sino Tiburcio Aznárez, y comprobaron que también era anticuario. ¡Ángela María! ¿Qué estaba pasando? Un anticuario desaparecido y otro asesinado.&lt;br /&gt;Los polis son tozudos, porfiados, tenaces y empecinados, y se creen como la Biblia que por el hilo se saca el ovillo. E investigaron.&lt;br /&gt;“Un asunto de celos mariconiles” quiso zanjar el asunto el pelota del grupo de homicidios, que era un majadero.&lt;br /&gt;“No, ni tampoco pasión sexual desatada. No hay indicios de chaperismo ni de coyunda homosexual”, replicó aburrido el jefe del grupo que investigaba el marrón de los anticuarios. “Si no es sexo, entonces ¿qué?”, insistió el bobo, que tenía menos imaginación que un calamar.&lt;br /&gt;El poli superior miró con fijeza a sus inspectores subordinados y sentenció: “Al Capone decía a sus esbirros, cuando le planteaban conflictos que parecían insolubles: sigue la pista del dinero. Y eso haremos”. Al poli tonto del haba le parecido mal que el jefe citara a Al Capone, pero no tuvo güitos para decírselo; a fin de cuentas, él sólo era un memo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zpu3bC8_I/AAAAAAAAAzk/faAgCb1tAVU/s1600-h/satiro.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140412278562288626" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zpu3bC8_I/AAAAAAAAAzk/faAgCb1tAVU/s200/satiro.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; ¿En que líos ilícitos podían estar dos anticuarios? Incalculables, pensó el jefe. Los de protección del patrimonio de la guardia civil les indicaron que los anticuarios de marras habían sido investigados respecto a estatuas, bustos, cerámicas y cabezas romanas de excavaciones arqueológicas de origen poco claro. Empezarían por ahí.&lt;br /&gt;La suerte les echó un cable, porque días después trincaron a un tío que intentaba vender al Museo Arqueológico una estatua de sátiro desnudo que había desaparecido misteriosamente del mismo museo años antes. El sátiro estaba provisto de un falo enorme, así como de una lúbrica expresión que daba miedo, razón por la que el conservador del museo que recibió la oferta de venta supo sin necesidad de peritos que era el sátiro perdido y ahora hallado.&lt;br /&gt;El pringado que intentó la venta era un correveidile del anticuario del tanga en la boca, pero también había trabajado para Aquilino y, convenientemente presionado, hizo aparecer un tercer anticuario relacionado con los otros dos. ¿Para que relacionarse esos tres? quisieron saber los polis. "Chanchullos", dijo confidencial el sujeto, pero no supo concretar.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zpu3bC9AI/AAAAAAAAAzs/OjK_4dSROks/s1600-h/registro.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140412278562288642" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zpu3bC9AI/AAAAAAAAAzs/OjK_4dSROks/s200/registro.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;“Orden judicial, registro y arresto” ordenó, todo energía, el jefe de grupo, de nombre Matías, aunque él se empeñaba en que le llamaran Mat, porque creía que hacía más poli.&lt;br /&gt;Dos inspectores con tres agentes uniformados irrumpieron en el piso del tercer anticuario tras haber tocado el timbre con insistencia. Enrique Alberto, el tercer anticuario bajo sospecha, quedó patidifuso al ver la fuerza policial.&lt;br /&gt;“¿Qué pasa? ¿Qué quieren?” dijo bastante jiñado. “Llamaré a mi abogado”, añadió en un vano intento de dignidad.&lt;br /&gt;“Esto no es una peli americana, tronco”, le dijo uno de los inspectores, mientras le mostraba la orden firmada por su señoría que autorizaba a registrar hasta el último rincón de la vivienda.&lt;br /&gt;“Huele raro, ¿no?”, dijo de inmediato uno de los agentes uniformados, con el escaso sentido de la oportunidad que caracteriza a algunos subordinados. No le hicieron ni caso, ellos iban a lo que iban.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zpg3bC83I/AAAAAAAAAyk/kTdcc9HSUgo/s1600-h/carne+en+wok.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140412038044119922" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zpg3bC83I/AAAAAAAAAyk/kTdcc9HSUgo/s200/carne+en+wok.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Los polis se distribuyeron por el piso e iniciaron la sistemática tarea de rastrear, cachear y hurgar hasta el último rincón. El poli uniformado que había hablado y perdido una hermosa oportunidad de estar callado fue destinado a registrar la cocina, amplia y luminosa. Al escaso minuto de iniciar su tarea, un aullido estremecedor, un grito terrorífico convocó a la cocina al resto de maderos. El poli regurgitaba hasta la última papilla con grandes espasmos y ojos desorbitados, apoyándose con la mano izquierda en una mesa blanca de madera lacada, en tanto indicaba desmayadamente la cocina vitrocerámica sobre la que humeaba un wok.&lt;br /&gt;Los inspectores se acercaron. En el interior del wok se cocinaban dos brazos humanos en medio de un caldo espeso de agradable aspecto. Rasurados los brazos y desprovistas de uñas las manos. Olía raro, como había dicho el poli pardillo, pero no olía mal.&lt;br /&gt;Transcurrido el inevitable tiempo de vomitera colectiva, recuperación del ánimo y asentamiento del equilibrio gastrointestinal, los inspectores continuaron su registradora tarea con mayor ahínco si cabe, en tanto los uniformados trincaban y esposaban al anticuario Enrique Alberto.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zpg3bC84I/AAAAAAAAAys/ZSgwbBK7_j4/s1600-h/tronco.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140412038044119938" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zpg3bC84I/AAAAAAAAAys/ZSgwbBK7_j4/s200/tronco.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1ZphHbC85I/AAAAAAAAAy0/2xm65R09tiE/s1600-h/fÃ©mures.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140412042339087250" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1ZphHbC85I/AAAAAAAAAy0/2xm65R09tiE/s200/f%C3%A9mures.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Otro policía abrió el congelador junto al frigorífico y se asomó al interior humeante por el intenso frío. Junto a unas cajas de langostinos tigre y una bolsa de pulpo cocido congelado de excelente pinta, yacía cuidadosamente envuelto en plástico transparente el tronco de un varón maduro, alguien que en vida no era joven. En una caja de cartón hallaron huesos humanos: húmeros, cúbitos, radios y dos fémures. Y en dos bolsas de plástico aprovechadas de 'El Corté Inglés' encontraron unos pies también humanos y dos orejas de considerable tamaño.&lt;br /&gt;Cuando le comunicaron los hallazgos por teléfono, el jefe de grupo recordó que las vecinas denunciantes habían dicho con regocijo que Aquilino Aquiles tenía grandes orejas, cuando se tomó nota en comisaría de las características personales del presunto desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1ZphHbC86I/AAAAAAAAAy8/KRP-n6NQjtA/s1600-h/estatua+expoliada.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140412042339087266" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1ZphHbC86I/AAAAAAAAAy8/KRP-n6NQjtA/s200/estatua+expoliada.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “No ha sido una venganza, más bien un castigo”, matizó Enrique Alberto antes de que nadie le hubiera peguntado nada.&lt;br /&gt;“¿Castigo?”, dijeron a dúo sin proponérselo los dos inspectores, que habían registrado la vivienda.&lt;br /&gt;“Castigo sí, por su inaceptable incompetencia, por su codicia sin freno, por su estupidez”, explicó Enrique Alberto.&lt;br /&gt;El plan, que había trazado él, era sencillo y contundente. Por medio de una red de espías rústicos y rurales, localizaban restos arqueológicos que pudieran venderse a buen precio en el extranjero, expoliaban de noche y preparaban el papeleo de día para exportar en un futuro prudente.&lt;br /&gt;“Castigo ¿a santo de qué?”, preguntó el inspector jefe en el interrogatorio oficial en comisaría.&lt;br /&gt;“Se empeñaron en vender en seguida para sacar beneficios inmediatos, y el plan era esperar para exportar sin sobresaltos. Pero, sobre todo, no vender nunca aquí. Querer vender la estatua del sátiro al museo del que fue sustraída ha sido la gota que colmó la copa de mi paciencia”.&lt;br /&gt;“¿Por qué el trato diferencial a Aquilino y Tiburcio?”&lt;br /&gt;“Ambos eran diferentes, y eso exigía diferentes castigos. Tiburcio era soez y de una vulgaridad insultante. En cambio Aquilino era casi un señor y casi amigo mío.&lt;br /&gt;“¿Y entonces?”, preguntó uno de los polis con una cefalea enorme, porque cada vez entendía menos qué coño pasaba allí.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1ZphHbC87I/AAAAAAAAAzE/bcMXDhKEdJ4/s1600-h/barbacoa.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5140412042339087282" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1ZphHbC87I/AAAAAAAAAzE/bcMXDhKEdJ4/s200/barbacoa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “A Tiburcio, hortera, pedestre y chabacano, simplemente castigo. Pero lo de Aquilino ha sido una medida terapéutica”, explicó ensoñador. “Si no está entre nosotros, no puede perjudicar el negocio, por tanto, convenía que despareciera sin dejar rastro. Pero por otro lado, su desaparición hubiera sido una especie de homenaje, no sé si me entiende, de no haberlo impedido ustedes. Yo no me como a cualquiera, señor. ¿A usted le da igual un entrecot de ternera de Ávila que una chuleta de cerdo común? Soy un gastrónomo refinado, un avanzado, inspector. Lo de Aquilino ha sido una especie de comunión, no sé si me entiende.&lt;br /&gt;“Y las piernas”, intervino otro de los inspectores. “No hemos encontrado las piernas del interfecto en su congelador”&lt;br /&gt;“El domingo pasado invité a unos amigos a una barbacoa en mi terraza”, explicó Alberto Enrique. “Estuvo muy bien. Se fueron muy satisfechos, convencidos de que habían comido ñandú”.&lt;br /&gt;Las mujeres de la limpieza reivindicaron al día siguiente más salario. Si tenían que limpiar vomitonas, exigían un plus o iba a limpiar la señora madre del comisario.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-7109071118853663722?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/7109071118853663722/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=7109071118853663722' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/7109071118853663722'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/7109071118853663722'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/12/castigo-y-comunion.html' title='Castigo y comunion'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R1Zp0nbC9BI/AAAAAAAAAz0/OO4wIMDpb-c/s72-c/wok.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-2571827189920482542</id><published>2007-11-25T18:08:00.000+01:00</published><updated>2007-11-26T20:47:01.209+01:00</updated><title type='text'>Desquite</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtcWEPbhI/AAAAAAAAAwc/32kUocdhPMg/s1600-h/disparando+pistola.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827552464072210" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtcWEPbhI/AAAAAAAAAwc/32kUocdhPMg/s200/disparando+pistola.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El hombre, vestido de azul celeste, está herido y la sangre mana del vientre a borbotones. Es calvo de escándalo. Y también tiene heridas en una mano y un brazo, menos graves. Le han disparado y está en un arcén de la autovía circular, antes de la entrada al túnel, como si lo hubieran dejado caer en marcha. Los automóviles pasan a su lado como si no. Tal vez no lo vean. O sí y no quieren meterse en líos.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtcmEPbiI/AAAAAAAAAwk/U5JKrhZOKp4/s1600-h/atendiendo+herido.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827556759039522" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtcmEPbiI/AAAAAAAAAwk/U5JKrhZOKp4/s200/atendiendo+herido.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Una ambulancia lo vislumbra en la noche y se detiene junato al tiroteado. Intentan auxiliarlo. Pero ya no pueden. Se muere.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtTmEPbcI/AAAAAAAAAv0/kI6D2RJEJrU/s1600-h/apuÃ±alando.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827402140216770" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtTmEPbcI/AAAAAAAAAv0/kI6D2RJEJrU/s200/apu%C3%B1alando.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Otro tipo, también de azul celeste, también hortera, camina por la calle Salitre. Son más de las doce de la noche. En la confluencia con la calle de la Fe, un tipo que no parece venir de rezar el rosario, le clava concienzudo unas puñaladas en la espalda. El hombre grita y se vuelve, más asombrado que asustado, y cae al suelo sucio de salivazos. El asesino huye. El caído perece. Una ventana se abre y asoma un vejestorio del que no se puede determinar sexo, si aún tiene alguno. “¡Socorro, policía!” grita inútilmente, luego se desmaya.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtTmEPbdI/AAAAAAAAAv8/B_NfdOi_RaE/s1600-h/muerto+en+asfalto+con+sangre.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827402140216786" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtTmEPbdI/AAAAAAAAAv8/B_NfdOi_RaE/s200/muerto+en+asfalto+con+sangre.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Sobre el asfalto de la calle Segovia, un hombre con gorra, vestido de azul, agoniza en medio de un charco de sangre. No se aprecia que esté roto, pero está destrozado. Para desguace. Arriba en el viaducto, sobre la calle transversal, dos tipos se sacuden las manos, como quien acaba un esforzado trabajo bien hecho, y se van sin prisa. Uno guarda un preocupante parecido con el apuñalador de la calle Salitre.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtT2EPbeI/AAAAAAAAAwE/Viagv-uiUP0/s1600-h/viaducto.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827406435184098" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtT2EPbeI/AAAAAAAAAwE/Viagv-uiUP0/s200/viaducto.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Las pantallas de metacrilato, que flanquean el viaducto para disuadir suicidas, no han sido obstáculo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtT2EPbfI/AAAAAAAAAwM/on_yKQG0P5g/s1600-h/dentadura+postiza.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827406435184114" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtT2EPbfI/AAAAAAAAAwM/on_yKQG0P5g/s200/dentadura+postiza.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Un jubilado del edificio próximo tiembla tras la persiana echada, recordando el aullido de horror que lo ha despertado. No le castañetean los dientes de puro pavor, porque los tiene en el interior de un vaso con agua. Como todas las noches.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtUmEPbgI/AAAAAAAAAwU/o_VCXXUyKNk/s1600-h/tio+en+silla+ruedas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827419320086018" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtUmEPbgI/AAAAAAAAAwU/o_VCXXUyKNk/s200/tio+en+silla+ruedas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tres horteras, tres cadáveres, aunque no por cursis.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;(&lt;em&gt;The previous month, o sea, un mes antes)&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un guardia civil de la aduana del aeropuerto, con pinta de estudiante aprovechado de biológicas, mira sin compasión al viajero en silla de ruedas. El sujeto debe andar por los cuarenta. El guardia se fija en las piernas del impedido.&lt;br /&gt;“Piernas raras ¿no?”.&lt;br /&gt;El minusválido contiene la mala hostia evidente que pugna por emerger.&lt;br /&gt;“No son piernas, son prótesis”.&lt;br /&gt;El guardia enarca las cejas, tal vez queriendo saber.&lt;br /&gt;“Amputadas tras un accidente”, explica el lisiado con ojos llameantes.&lt;br /&gt;“Perdone”, replica el de verde sin el menor ánimo de disculpa. “¿Por qué la silla entonces?”. “Con las prótesis me canso”, explica el otro. "Y por estética. La gente se espanta de los muñones".&lt;br /&gt;Unos metros atrás, tres tipos maduros tirando a pochos, vestidos de azul hortera, esperan turno para el trance aduanero.&lt;br /&gt;“Somos el trío Caleuche”, explica el mayor, un tío sin un pelo de tonto ni de los otros, que muestra obsceno una calva brillante como si la hubiera encerado. “Conjunto musical chileno”, añade encantado. El guardia civil encoge los hombros, indiferente. Los mandos les tienen dicho que no confraternicen con el personal.&lt;br /&gt;“De fastuosa gira musical”, continúa el plasta. “En la que ofreceremos al querido público español nuestras últimas creaciones” explica otro miembro del trío, almibarado hasta provocar diabetes .&lt;br /&gt;“Ya”, acota el agente de verde sin importarle un huevo. Se pone severo. “Este pasaporte caduca en seis días. Van a tener que acabar la gira antes de empezar”, ironiza. Entrega el pasaporte del calvo enorme a un colega de verde como él y le murmura algo al oído. “Un momento” explica educado al musical trío, pero tiene expresión de querer trincar a alguien.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtB2EPbXI/AAAAAAAAAvM/K0aj1E_FXA8/s1600-h/mucha+gente+en+aeropuerto.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827097197538674" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtB2EPbXI/AAAAAAAAAvM/K0aj1E_FXA8/s200/mucha+gente+en+aeropuerto.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El de la silla de ruedas cree que ha acabado el trámite aduanero y se va. Se marcha con prisa. Otro guardia le dice: “Espere”. No lo dice con mala intención, pero le sale con cierta música amenazante, tal vez porque los horteras de azul la están liando con el pasaporte casi caducado y poniendo de los nervios a los guardias civiles, que son muy jóvenes. Voces elevadas, advertencias sordas, avisos educados de los de verde, usted no sabe con quien está hablando de los de azul… El inválido se enerva, arranca y acelera. Se equivoca y en vez de entrar por lo que creía cinta aeroportuaria deslizante, se precipita por una escalera mecánica. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtCGEPbYI/AAAAAAAAAvU/eN5gpXsIEBc/s1600-h/paquete+coca.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827101492505986" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtCGEPbYI/AAAAAAAAAvU/eN5gpXsIEBc/s200/paquete+coca.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El batacazo es para podio de juegos olímpicos. Al pie de la traicionera escalera, las descuajeringadas prótesis, cada una por su lado, descubren sendas nutridas bolsas de polvo blanco, que no parece azúcar ni harina.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtCWEPbZI/AAAAAAAAAvc/hEB2nHwBGsY/s1600-h/Guardia+Civi+y+jeep+verdel.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827105787473298" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtCWEPbZI/AAAAAAAAAvc/hEB2nHwBGsY/s200/Guardia+Civi+y+jeep+verdel.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Furgoneta verde cerrada desde el aeropuerto a la ciudad. Celda mal oliente, tipo con caspa abundante y halitosis que escribe a ordenador lo que declara y miente el de la silla de ruedas, y un tío serio con cara de juez de guardia (quien casualmente es un juez que le ha tocado guardia) que contempla indiferente al declarante.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtCWEPbaI/AAAAAAAAAvk/PVZl_jCNQW0/s1600-h/en+cÃ¡rcel.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827105787473314" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtCWEPbaI/AAAAAAAAAvk/PVZl_jCNQW0/s200/en+c%C3%A1rcel.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El cuarentón de la silla de ruedas ha ido a parar con sus amputadas piernas (sin prótesis, enormes muñones) a un módulo de la prisión de preventivos. Delito contra la salud pública por intentar introducir diez kilogramos de cocaína de elevada pureza pone en algún lugar de los papeles escritos.&lt;br /&gt;El tullido tiene ahora por delante nueve o diez años (incluso once según qué señoría le juzgue). Años para meditar. Aquel terceto musical más cursi que un repollo con lazos es responsable de este mal paso. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El lisiado ha situado la silla bajo una especie de porche alargado en el patio del módulo. Concentrado. Un anciano de cabello y barba largos y canosos, amarilleados hasta el asco, barre sin entusiasmo el suelo de cemento alisado y agrietado, ayudado de una escoba roñosa y un recogedor sucio. Le cogieron con dos maletas repletas de farlopa, el tío. Cuenta a quien quiera escucharlo, que no entiende cómo sospecharon de él, porque, en aquel entonces, tenía una venerable y respetable pinta de abuelo. El impedido lo mira indiferente en tanto crece en sus adentros una rabia sorda, sorda y profunda como una sima marina. Un preso con gafitas y pelo de rata, de unos cuarenta y muchos inviernos muy mal llevados, camina decidido a lo largo del patio hasta que un muro de quince metros le obliga a dar la vuelta, y vuelta a empezar. Otros tres internos andan en sentido transversal, como si fueran a algún sitio, pero a los treinta metros también han de girar. En la prisión no se va a ningún lado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El minusválido contempla a otros dos encarcelados que fuman sentados en un banco de cemento con cara de aburrimiento universal. Un preso mulato asoma la jeta por la puerta de la reducida peluquería que da al patio. “¿Alguien para raparse?” pregunta sonriente a todos y a nadie.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtCWEPbbI/AAAAAAAAAvs/1ExXRKLPHcQ/s1600-h/silla+ruedas+sola.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5136827105787473330" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtCWEPbbI/AAAAAAAAAvs/1ExXRKLPHcQ/s200/silla+ruedas+sola.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; ¡Diez años con esa tediosa, plomiza y oscura porquería! El impedido está furioso, quiere estar furioso, necesita estar furioso. Para que la rabia le impulse, para que le alimente el odio y le mantenga intensa la voluntad de venganza. Aquellos tíos irrisorios…&lt;br /&gt;Le quitaron el grueso de la coca, el que ocultaba en las prótesis, pero, para su sorpresa, no revisaron la silla de ruedas. Una codicia sin límite y una ambición sin freno le habían hecho rellenar algunos recovecos del artilugio rodante. Para gastos e imprevistos, pensó. Además habrá suficiente para algún encargo que otro.&lt;br /&gt;En la cárcel de preventivos entra y sale la gente. No entran por una puerta y salen por otra, como la ignorancia popular denuncia. Salen por la misma puerta por la que entraron. Pero entran y salen, eso es una realidad. Y en la cárcel se hacen amigos. O socios. Y se hacen negocios, contratos. Tal vez.&lt;br /&gt;Y, en el ínterin, la rabia fértil y, finalmente, el desquite.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-2571827189920482542?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/2571827189920482542/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=2571827189920482542' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/2571827189920482542'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/2571827189920482542'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/11/desquite.html' title='Desquite'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/R0mtcWEPbhI/AAAAAAAAAwc/32kUocdhPMg/s72-c/disparando+pistola.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-8609359610682324953</id><published>2007-11-11T20:25:00.000+01:00</published><updated>2007-11-11T20:38:04.199+01:00</updated><title type='text'>Una indecencia</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdX7az44CI/AAAAAAAAAus/IiJe8VUIASM/s1600-h/fuego+y+humo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131666978732826658" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdX7az44CI/AAAAAAAAAus/IiJe8VUIASM/s200/fuego+y+humo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El hombre de azul oscuro con gorra de plato echó un chorro pulverizado del extintor sobre las últimas llamas. Eran las cuatro de la madrugada y la furgoneta calcinada, ahora humeante, había sido estacionada en medio de la nada. Era un descampado más allá de las últimas casas del último barrio de la zona más marginada de la ciudad.&lt;br /&gt;“Trabajo de camarera en un bar de copas, pero me sentí fatal, ya sabe, la cosa de cada mes, y el jefe me dejó salir antes. No me suelo encontrar mal cuando me viene la cosa, pero…”&lt;br /&gt;“Eso es irrelevante, señorita”, la interrumpió bruscamente el policía local, que abultaba como un armario ropero.&lt;br /&gt;“Bueno, pues entonces, cuando estaba cerca del barrio –continuó mosqueada la moza- me pareció ver fuego, pero pensé, ¿cómo va a haber fuego en medio del campo? Fui y me acerqué, y sí, había fuego. No podía ser un accidente de coche, porque era el campo, entonces me dije, tengo que llamar a la policía y cogí el móvil…”&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdX76z44DI/AAAAAAAAAu0/ipDCcmyYuDY/s1600-h/cadÃ¡ver+carbonizado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131666987322761266" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdX76z44DI/AAAAAAAAAu0/ipDCcmyYuDY/s200/cad%C3%A1ver+carbonizado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Otro policía de azul oscuro con chaleco amarillo chillón y fluorescente se acercaba tras inspeccionar los restos de la quemada furgoneta.&lt;br /&gt;“Ahí dentro hay dos fiambres asados, bueno, muy chamuscados” explicó con cierta emoción.&lt;br /&gt;“Vaya, no es que un cabrón le haya pegado fuego a su viejo vehículo para ahorrarse el papeleo de darlo de baja”, dijo el grandón.&lt;br /&gt;El asunto se les iba de las manos, sólo eran guindillas municipales, y, con harto dolor de su corazón, tuvieron que dar parte a la Policía Nacional. Bueno, tuvieron que dar todo, olvidarse y continuar poniendo multas por estacionamiento indebido.&lt;br /&gt;El forense determinó que los socarrados eran hombre y mujer. También aseguró que no se habían quedado por su voluntad en el interior de la furgoneta ardiente: ambos tizones humanos tenían las manos atadas con cable telefónico. A partir de ahí, se inició la investigación científica de todas las humanas guarrerías de dentaduras, adn y demás vainas, que les permitieron averiguar que los fiambres a la brasa y muy pasados eran Tiburcio, transportista de profesión, soltero, y María Asunción, peluquera a domicilio, casada con Heliodoro, funcionario municipal, de baja indefinida por depresión bipolar intermitente.&lt;br /&gt;Los polis del grupo de homicidios fueron a ver a Heliodoro para comunicarle la triste y terrible noticia. Cuando los inspectores notificaron al reciente viudo que su esposa se había convertido en un tizón y había otro tizón de varón con ella, el sujeto hizo como que lloraba, se hundía y tal, pero lo cierto es que representó fatal el número del desespero conyugal.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdX8Kz44EI/AAAAAAAAAu8/UuKX9co0IkM/s1600-h/Seguimiento.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131666991617728578" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdX8Kz44EI/AAAAAAAAAu8/UuKX9co0IkM/s200/Seguimiento.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Este cabrón sobreactúa que se sale, pensó uno de los inspectores, quien en su tiempo libre formaba parte de un grupo de teatro del barrio, al que se había apuntado por recomendación de su psicoterapeuta argentino para combatir la ansiedad que le producía en ocasiones el ejercicio de su profesión.&lt;br /&gt;Los policías decidieron llevárselo a la comisaría para apretarle los tornillos, con la socorrida excusa de que necesitaban hacerle algunas preguntas. Pero nada. Tuvieron que soltarle y uno de los polis, el actor aficionado, decidió seguirle a ver qué pasaba.&lt;br /&gt;El poli siguió con discreción al viudo durante unos días. El jefe del grupo de homicidios autorizó el seguimiento, porque no aparecen todos los días un par de fiambres a la parrilla. El inspector llegó a la conclusión de que la vida de Heliodoro era más anodina y aburrida que un conserje de museo instalado en un barrio de trapicheo de drogas al detall. Pero Juan Enrique, que así se llamaba el inspector, no quedó satisfecho por la ausencia de indicios de lo que fuera. ¡Aquella ausencia de dolor auténtico! ¡Aquella infame sobreactuación de película española de destape de los ochenta!&lt;br /&gt;Entonces decidió girar la investigadora mirada hacia otro lado, el de las víctimas, y visitó el domicilio de Tiburcio. No se molestó en obtener permiso alguno y entró con la ayuda de un juego de ganzúas que había adquirido en el Rastro tiempo ha.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdX8Kz44FI/AAAAAAAAAvE/TOrJtX9Ne9w/s1600-h/abriendo+con+ganzÃºa.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131666991617728594" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdX8Kz44FI/AAAAAAAAAvE/TOrJtX9Ne9w/s200/abriendo+con+ganz%C3%BAa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El evidente piso de solterón, desordenado y algo guarro, olía a cerrado. Juan Enrique registró el salón, el dormitorio, la cocina e incluso la minúscula terraza que daba a una calle estrecha atiborrada de automóviles de modelos pasados de moda, aparcados a ambos lados de la misma. Encontró algunas revistas puercas y restos casi fosilizados de alimentos en la nevera, pero nada que sugiriera que el muerto pudiera haber estado metido en algo sospechoso.&lt;br /&gt;Antes de marchar desalentado, notó que le apretaba la vejiga con urgencia y entró en el reducido cuarto de baño para aligerarla. Encendió la luz mortecina de una polvorienta bombilla de cuarenta vatios y se dio un pequeño susto, porque creyó que había alguien. Comprobó aliviado que era él mismo, reflejado en el mugriento espejo sobre el estrecho lavabo. Echó una prolongada meada, salpicando alrededor del retrete como es habitual entre varones (policías o no), se sacudió la herramienta hasta que se desprendió la última gota (era muy cuidadoso con esos detalles) y se dispuso a salir. Pero entonces le pareció ver algo escrito en el sucio espejo. Abrió del todo la puerta del cuarto de baño y encendió la luz del recibidor, que era por lo menos de sesenta vatios.&lt;br /&gt;Sobre el espejo alguien había escrito con pasta dentífrica: PARA QUE APRENDAS A NO FOYARTE A LAS MUJERES DE LOS DEMAS, CABRON.&lt;br /&gt;Adulterio implícito, pensó, además de una evidente falta de ortografía, se dijo a sí mismo. Y se fue tan contento, porque había averiguado el posible motivo del doble asesinato con fogata incluida.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdXo6z439I/AAAAAAAAAuE/MWqlE7wJ2lE/s1600-h/lavabo+en+penumbra.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131666660905246674" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdXo6z439I/AAAAAAAAAuE/MWqlE7wJ2lE/s200/lavabo+en+penumbra.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdXo6z43-I/AAAAAAAAAuM/Nis15vXhFmw/s1600-h/interrogatorio.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131666660905246690" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdXo6z43-I/AAAAAAAAAuM/Nis15vXhFmw/s200/interrogatorio.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Volvieron a convocar a Heliodoro y está vez no sólo le apretaron los tornillos, también las tuercas, las arandelas y los remaches. Y Heliodoro, que era un varón asténico de escasa fuerza de voluntad con personalidad frágil y rudimentaria, cantó. Cantó con lujo de detalles la Traviata, Tosca, Carmen, L’ora e fuggita y los Nibelungos, y no cantó la Flauta Mágica de Mozart, porque se quedó sin aliento de tanto hablar (aparte de que estaba convencido de que Mozart era una marca carísima de perfume).&lt;br /&gt;Sí, confesó, él había escrito la dentífrica pintada en el baño de Tiburcio. Había entrado en le piso con la llave del finado que tenía su no menos finada mujer. Sí, reconoció, estaba al tanto de que su mujer, Maria Asunción, se entendía, sexualmente hablando, con Tiburcio, con quien copulaba por lo menos dos veces por semana, según le había reconocido su extinta esposa. No, no le importaba la adultera coyunda, de hecho le iba bien, porque de ese modo su mujer no le daba la vara reclamándole el débito conyugal y él se podía deprimir a su aire tan ricamente. Él no estaba para trotes sexuales a causa de una impotencia coeunde (es decir, que no conseguía levantarla ni con grúa), causada por la bipolaridad depresiva y la consiguiente terapia farmacéutica. Es más, Tiburcio tenía el detalle de hacerle llegar de vez en cuando algún regalito que otro por los cornupéticos servicios prestados.“¿Entonces porque los mató?, preguntó completamente confundido el policía-actor. “¿Y porque dejó una pista tan clara en el espejo del muerto?”, metió baza el otro (el que no era actor aficionado), que por cierto tenía un nariz como un picaporte (lo que le había creado cierto complejo de marginado en el Cuerpo), pues percibía que quedaba fuera de juego.&lt;br /&gt;“Lo escribí para despistar, pero calculé mal”, contestó a la segunda pregunta Heliodoro. “Pensé que averiguarían enseguida que yo era un consentido y creí que esa pintada les confundiría”.&lt;br /&gt;“Alma de cántaro, intervino el otro poli, que no estaba dispuesto a quedar fuera del ceremonial indagatorio. ¿No ve que hemos ido a parar a usted en un santiamén? ¿Por qué le mató si no le importaba que se tirara a su señora e incluso le estaba agradecido?”&lt;br /&gt;“Porque quiso hacerme chantaje”&lt;br /&gt;Los polis se miraron con el compartido interrogante de no entender nada, habida cuenta de que sabían que no estaban beodos, pues hacía horas que no probaban ni una gota por estar de servicio.&lt;br /&gt;“A ver, a ver, ¿de qué coño nos habla? Ah, y por cierto”, le aclaró el policía actor, “que se lo quería decir hace rato: ‘foyarte’ está mal escrito, es con elle, follarte. ¿Comprende?”&lt;br /&gt;“Sí, pero ya sabe que en Madrid confundimos el sonido ye con la elle, mejor dicho, no sabemos pronunciarlo. En cuanto a lo del chantaje, les digo la verdad”&lt;br /&gt;Heliodoro bebe un largo trago de agua del vaso que le han puesto hace un rato, cuando parecía que se quedaba sin habla de tanto que había cantado. Dejó el vaso medio vacío sobre la mesa metálica gris del cuarto de interrogatorios y se dirige ora a uno ora a otro policía, para que ninguno se moleste por ignorarlo.&lt;br /&gt;“El tío no se conformó con lo que tenía, que era beneficiarse a mi María Asunción que, no es por presumir, pero estaba más buena que el pan. Hace unos días vino a decirme que le tenía que pagar bastante dinero en concepto de daños y perjuicios. Primero aluciné y luego lo eché a broma, porque Tiburcio era muy patoso gastando bromas, y finalmente como lo vi muy convencido, le pregunté que por qué regla de tres tenía que pagarle”.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdXpKz43_I/AAAAAAAAAuU/jezW47zBSNA/s1600-h/Maciza+rubia.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131666665200214002" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdXpKz43_I/AAAAAAAAAuU/jezW47zBSNA/s200/Maciza+rubia.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdXpKz44AI/AAAAAAAAAuc/83RhGHKRG3s/s1600-h/retozando.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131666665200214018" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdXpKz44AI/AAAAAAAAAuc/83RhGHKRG3s/s200/retozando.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “Porque tu querida mujercita me ha pegado un VPH de cojones”, me explicó. “Yo, claro, no tenía ni pajolera idea de qué me hablaba. Primero pensé que era el sida ese, pero me percaté de que las letras no eran las mismas, el otro es VIH. Pero como Tiburcio era bastante bruto creí que era un error propio de un medio analfabeto. Pues no. Las letras esas significan ‘virus de papiloma humano’. Y yo me quedé de piedra”&lt;br /&gt;“Pero, ¿qué nos cuenta usted, coño?”, dijo cabreado el poli narizotas, sobre todo porque no entendía un carajo de qué leche les hablaba el sospechoso.&lt;br /&gt;“Lo que yo les diga. El virus de papiloma humano se instala en cualquier lugar, pero en las señoras tiene tendencia a hacerlos en sus partes bajas y blandas. ¿No sé si me comprenden?”&lt;br /&gt;“Claro que te entendemos, capullo”, abandonó la cortesía y los buenos modales el poli de la napia descomunal, “¿o crees que somos tontos?”.&lt;br /&gt;“No, no”, aclaró algo acojonado Heliodoro. “El caso es que Tiburcio dijo que había contraído uno de esos VPH en la boca, ¿saben?”.&lt;br /&gt;“¿Y que tenía que ver el papiloma de Tiburcio con tu mujer?”, interrogó el poli-actor. Heliodoro vaciló.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdXpaz44BI/AAAAAAAAAuk/4UxbJeehPgM/s1600-h/Cunlinguo.png"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5131666669495181330" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdXpaz44BI/AAAAAAAAAuk/4UxbJeehPgM/s200/Cunlinguo.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “Pues que una de las prestaciones sexuales que mi mujer le exigía era… el cunilinguo”, explicó atribulado el cornudo y presunto asesino.&lt;br /&gt;“¿Qué?”, volvió a cabrearse el de la gran nariz que, por cierto, atendía por Torcuato José. Pero su compañero entró al quite, porque no tenía ganas de bronca y sí de acabar de una puta vez, que tenía ensayo a primera hora de la tarde.&lt;br /&gt;“Lametones en los genitales exteriores, Torcuato. Cunilinguo es…”, quiso esclarecer el poli actor.&lt;br /&gt;“… comerle la cosa a una mujer, ¿no?”, se dio por enterado Torcuato José. “Joder, que refinados con la palabrería”.&lt;br /&gt;“Sí”, ratificó Heliodoro. “El caso es que Tiburcio le atribuía a mi mujer ese contagio y, al querer saber yo por que razón tenía que pagarle nada por un simple papiloma vírico, me insistió con cara de circunstancias que el riesgo de contraer cáncer de boca era más elevado si tenía un VPH, por lo tanto…”&lt;br /&gt;“Complicado el asunto”, incidió Torcuato José, impresionado y calmado del todo.&lt;br /&gt;“El caso es que Tiburcio estaba convencido de que era así, pero yo podré ser bipolar, pero tonto no, y también me documenté en Internet, leyendo artículos médicos y todo eso Y averigüé que lo dicho por el finado era cierto, pero no exactamente cómo me lo había contado&lt;br /&gt;“Y ¿cómo era?” preguntó ya aburrido Juan Enrique&lt;br /&gt;“Pues que para que mi mujer le hubiera contagiado el papiloma vírico humano en la boca, Tiburcio tenía que haber practicado el cunilinguo seis o siete veces por semana.&lt;br /&gt;“¿Y?”, interpeló el policía Juan Enrique.&lt;br /&gt;“Que eso ya me pareció un abuso, una indecencia en realidad. ¡Y encima quería cobrármelo! Entonces decidí matarlo”.&lt;br /&gt;“¿Y por qué también a su mujer si había consentido su adulterio hasta entonces?&lt;br /&gt;“Por viciosa”.&lt;br /&gt;Heliodoro se pasará unos cuantos añitos en el talego hasta que le den el primer permiso penitenciario. Por moralista. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-8609359610682324953?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/8609359610682324953/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=8609359610682324953' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/8609359610682324953'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/8609359610682324953'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/11/una-indecencia.html' title='Una indecencia'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RzdX7az44CI/AAAAAAAAAus/IiJe8VUIASM/s72-c/fuego+y+humo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-764675035347801710</id><published>2007-11-04T21:16:00.000+01:00</published><updated>2007-11-04T21:37:34.327+01:00</updated><title type='text'>Avisad a mi madre</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4pJaYjvbI/AAAAAAAAAts/C2E3DeFT258/s1600-h/AntolÃ&amp;shy;n+se+corta+las+venas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5129082267299462578" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4pJaYjvbI/AAAAAAAAAts/C2E3DeFT258/s200/Antol%C3%ADn+se+corta+las+venas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Las muñecas le sangran con abundancia, pero el majadero ríe. No lo hace con estruendo, como sería propio de un loco, sino con cierta suavidad, pero el muy cretino se ríe. Y está loco.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4pJqYjvcI/AAAAAAAAAt0/Yjb50SOilEk/s1600-h/interior+prisiÃ³n.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5129082271594429890" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4pJqYjvcI/AAAAAAAAAt0/Yjb50SOilEk/s200/interior+prisi%C3%B3n.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Esa es la razón por la que está internado en la planta de psiquiatría de la enfermería de la cárcel. Esa planta es la tercera del edificio de la enfermería; en las otras dos hay pacientes con otras dolencias y patologías, pero no están chalados. O no consta. A Antolín lo encerraron ahí en cuanto llegó.Le pegó una paliza a su madre, ya mayor, y los vecinos de al lado, hartos ya, vencieron el miedo miserable que induce a no meterse nunca en los problemas de los demás y llamaron al 091.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4pJqYjvdI/AAAAAAAAAt8/eZMZVaaWbp4/s1600-h/pintura+de+anciana.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5129082271594429906" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4pJqYjvdI/AAAAAAAAAt8/eZMZVaaWbp4/s200/pintura+de+anciana.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La madre quedó con el brazo izquierdo roto, la mandíbula desencajada, moretones por todo el cuerpo, el rostro sangrante, dos dientes rotos y, sobre todo, un dolor en el alma que nadie podría describir. Y Antolín fue a parar ante un juez que lo facturó de inmediato para la prisión.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4o96YjvWI/AAAAAAAAAtE/4Wr1Nkf84CA/s1600-h/pasilo+psiquiatrÃ&amp;shy;a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5129082069730966882" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4o96YjvWI/AAAAAAAAAtE/4Wr1Nkf84CA/s200/pasilo+psiquiatr%C3%ADa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Hace ya un mes y medio que está encerrado.&lt;br /&gt;La tercera planta de la enfermería es la única que está completamente chapada, cerrada en la jerga carcelaria, y los pirados que en ella residen no pueden salir si no van acompañados de alguien del servicio médico, funcionario de prisiones o un interno de apoyo, un preso que ayuda a los locos que no está mal de la cabeza y que vive con ellos.&lt;br /&gt;Antolín ríe, mientras la sangre que mana de sus muñecas, cortadas con una lata de coca cola despanzurrada, se mezcla con el agua de la bañera, formando un charco entre rojo oscuro y varías gamas de rosáceo, porque Antolín se ha metido en la tina, aunque parece improbable que lo haya hecho para no manchar.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4o-KYjvXI/AAAAAAAAAtM/Vpt4z9ZWO0g/s1600-h/baÃ±era+sangrienta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5129082074025934194" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4o-KYjvXI/AAAAAAAAAtM/Vpt4z9ZWO0g/s200/ba%C3%B1era+sangrienta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “¡Antolín!” ¿Qué coño estás haciendo?&lt;br /&gt;Quien vocifera sin disimular la preocupación angustiosa es Rafael, un interno de apoyo que descendió a lo más profundo de los infiernos y sale lentamente desde que está en la cárcel. Un funcionario y un enfermero se acercan con rapidez al estrépito de los golpes en la puerta y las risas que suben de volumen y se desquician.&lt;br /&gt;“¿Qué pasa?” – interroga el funcionario.&lt;br /&gt;“Antolín está ahí dentro y no quiere salir” explica el preso de apoyo.&lt;br /&gt;“¡Antolín!, grita el funcionario, abre en seguida o de ésta te envío a Herrera de la Mancha”&lt;br /&gt;Cesan las risas y a los pocos segundos se oye el roce de algo contra el metal y se abre la puerta.&lt;br /&gt;“¿Cómo coño ha podido encerrarse?, pregunta el funcionario de prisiones a Rafael”. El preso se encoge de hombros. “Hay unos cuántos modos de hacerlo sin necesidad de ser ingeniero”.&lt;br /&gt;“La próxima vez, estate al tanto o serás tú el que salga disparado a otro centro penitenciario”, gruñe el funcionario.&lt;br /&gt;Rafael vuelve a encogerse de hombros.&lt;br /&gt;Por la puerta abierta se ve a Antolín y al enfermero que ha entrado y le venda con precipitación una muñeca con un pañuelo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4o-aYjvYI/AAAAAAAAAtU/aQyCzA7Q0V4/s1600-h/tÃ&amp;shy;o+en+habitaciÃ³n+hospital.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5129082078320901506" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4o-aYjvYI/AAAAAAAAAtU/aQyCzA7Q0V4/s200/t%C3%ADo+en+habitaci%C3%B3n+hospital.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “Ayúdame”, le pide el sanitario a Rafael. Éste le ofrece otro pañuelo sucio con el que el enfermero le hace apresuradamente un torniquete sobre la otra muñeca.&lt;br /&gt;“Que alguien limpie todo este cristo” ordena el funcionario sin dirigirse a nadie en particular. El cuarto de baño está inundado de agua sucia rojiza y rosada.&lt;br /&gt;Al llegar al cuarto de curas, Antolín se zafa del enfermero que le sujeta los brazos mal vendados con pañuelos y se da cabezazos contra un armario metálico hasta que le sangra la frente. El funcionario, que los ha acompañado hasta la puerta entra en tromba, coge a Antolín por el cuello, le da golpes detrás de las rodillas hasta que el preso cede y cae al suelo.&lt;br /&gt;“¡Pedid ayuda!” exige al enfermero y al preso de apoyo.&lt;br /&gt;Unos cuantos minutos después, Antolín está atado sobre una camilla en tanto que el enfermero le cura los cortes de las muñecas y otro le inyecta un sedante en el brazo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4o-aYjvZI/AAAAAAAAAtc/vo7cr1a-LAM/s1600-h/anciana+indigente.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5129082078320901522" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4o-aYjvZI/AAAAAAAAAtc/vo7cr1a-LAM/s200/anciana+indigente.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “Avisad a mi madre de lo que ha pasado” dice poco antes de que el fármaco le sumerja en una estado de duermevela inconsciente.&lt;br /&gt;“Pero ¿qué coño busca este tío?”, quiere saber el funcionario, que es banstante novato y se ha quedado junto la puerta todo el tiempo.&lt;br /&gt;“Llamar la atención, por eso quiere que se lo digamos a su madre”. Le explica Rafael.&lt;br /&gt;“¿Y eso?”, inquiere confuso el funcionario.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4o-qYjvaI/AAAAAAAAAtk/3RKv8lE6ohI/s1600-h/hombre+en+negativo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5129082082615868834" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4o-qYjvaI/AAAAAAAAAtk/3RKv8lE6ohI/s200/hombre+en+negativo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “La pobre mujer no tiene un duro y no le puede ingresar dinero en el peculio*, explica el interno de apoyo, pero a Antolín eso no le importa y la chantajea con estos numeritos para que la mujer se sienta culpable”.&lt;br /&gt;“Además de loco este tío es un cabrón con pintas”, sentencia el funcionario.&lt;br /&gt;Antolín duerme por fin, pero no es el sueño de los justos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;La cuenta corriente que los presos tienen en la cárcel, donde se les guarda el dinero que posean&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-764675035347801710?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/764675035347801710/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=764675035347801710' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/764675035347801710'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/764675035347801710'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/11/avisad-ami-madre.html' title='Avisad a mi madre'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ry4pJaYjvbI/AAAAAAAAAts/C2E3DeFT258/s72-c/Antol%C3%ADn+se+corta+las+venas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-8795710751119628662</id><published>2007-10-10T18:21:00.000+02:00</published><updated>2007-10-10T19:24:33.668+02:00</updated><title type='text'>El muerto no está</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz-B-HwSxI/AAAAAAAAAsc/EyCYfAp7Rs8/s1600-h/Tumba.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5119746186222258962" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz-B-HwSxI/AAAAAAAAAsc/EyCYfAp7Rs8/s200/Tumba.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz-COHwSyI/AAAAAAAAAsk/jzs6ICa58_Q/s1600-h/Tumba+vacÃ&amp;shy;a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5119746190517226274" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz-COHwSyI/AAAAAAAAAsk/jzs6ICa58_Q/s200/Tumba+vac%C3%ADa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La fosa estaba vacía. Vacía de verdad. Donde antes se veía una carísima y hermosa losa de mármol rosaceo veteado de gris con gruesas letras doradas, ahora sólo había un hueco de dos metros diez de largo por metro sesenta de ancho y ochenta y cinco de profundidad.&lt;br /&gt;Y, por supuesto, el ataúd no estaba.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz-COHwSzI/AAAAAAAAAss/dElLRkpM-uE/s1600-h/ataud+vacÃ&amp;shy;o.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5119746190517226290" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz-COHwSzI/AAAAAAAAAss/dElLRkpM-uE/s200/ataud+vac%C3%ADo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Un ataúd que no debió costar sacar de la tumba, porque el enterrado fue bajito y enteco en vida, y al morir aún encogió más. El auxiliar de sepulturero salió veloz y escandalizado del lujoso panteón. “¡Han robado el cadáver del ilustre prócer! ¡Han robado un muerto!”&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz-CeHwS0I/AAAAAAAAAs0/xX9mtZf8j7g/s1600-h/telefoneando.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5119746194812193602" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz-CeHwS0I/AAAAAAAAAs0/xX9mtZf8j7g/s200/telefoneando.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Al día siguiente, la viuda el prócer recibió una extraña llamada telefónica. Debía depositar medio millón de euros en el lugar que se le indicaría, si quería recuperar el cadáver de su esposo.&lt;br /&gt;“Estos tíos están locos. ¿Qué coño se han creído, que he aguantado lo que no está escrito para darles las perras a cuatro muertos de hambre?”, proclamó ante la vieja mucama que le había visto nacer. (En realidad no, la criada era una ecuatoriana sin papeles que su marido contrató cuando enfermó, pero ella era una mujer fantasiosa muy dada a los desvaríos propios de las novelas románticas).&lt;br /&gt;Por supuesto que no pensaba pagar ni un duro por el muerto. Tenía fotografías, tenía vídeos en los que aparecía el fallecido, ¿para que quería un cuerpo que no tardaría ni tanto así en pudrirse?&lt;br /&gt;Las fuerzas policiales se pusieron en marcha para esclarecer los hechos y, en cuanto fuera posible, detener a los responsables de tan descastado delito, pero de pagar nada de nada; en eso estaban de acuerdo con la viuda, no por nada concreto, sino porque era la costumbre.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz-CeHwS1I/AAAAAAAAAs8/E0ceEn2gT-8/s1600-h/crÃ¡neos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5119746194812193618" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz-CeHwS1I/AAAAAAAAAs8/E0ceEn2gT-8/s200/cr%C3%A1neos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “Los secuestradores del fiambre del prócer son tontos del haba”, sentenció el inspector encargado de la investigación. “Aquí no cuenta el factor tiempo, clave en cualquier secuestro que se precie, porque el cadáver no va a crear problemas ni se les va a morir. Lo que si hará será deshacerse con una peste que ni te cuento”. “Son gilipollas”, remachó. “Sólo por eso deben ser detenidos y entrullados”.&lt;br /&gt;En meses anteriores, habían entrado a saco en varias tumbas y las habían vaciado. Profanado, decían los periódicos. Misterio. ¿Por qué una guarrería así? Pero, por suerte para la policía, eran tumbas de gente sin posibles, gente normal, gente corriente, que, de no sonar como chiste de mal gusto, se hubiera dicho que no tenían donde caerse muertos. Luego, apareció disperso por diversos lugares de la ciudad el saqueado contenido de las fosas en diversos y variados grados de putrefacción. Dos cráneos aparecieron cerca del río; un tronco de varón de avanzada edad (aún con bastante carne) se encontró entre las ramas bajas de un roble; un par de piernas aún en buen estado, tiradas sobre un banco del parque… Aparte de la histérica difusión de rumores, fantasías y psicoparanoias varias por toda la ciudad, en realidad no se había movido un dedo para averiguar lo ocurrido, por qué había sucedido y, sobre todo, quien había sido el cabrón o enfermo mental responsable de tan macabras acciones. Pero, claro, pignorar el cadáver de un prócer... eso era harina de otro costal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz9tuHwSsI/AAAAAAAAAr0/dc8_oXoiPQo/s1600-h/deteniendo+a+otro.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5119745838329907906" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz9tuHwSsI/AAAAAAAAAr0/dc8_oXoiPQo/s200/deteniendo+a+otro.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz9uOHwStI/AAAAAAAAAr8/kzvdqMmHrAY/s1600-h/deteniendo+a+tercero.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5119745846919842514" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz9uOHwStI/AAAAAAAAAr8/kzvdqMmHrAY/s200/deteniendo+a+tercero.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La policía de todo el mundo, cuando no sabe qué coño pasa, detiene a unos cuantos pringados para salvar la cara. El modelo a seguir lo marcó el jefe de policía de Casablanca, en la película del mismo nombre.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz9ueHwSuI/AAAAAAAAAsE/0BmsK_9dWzY/s1600-h/casablanca.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5119745851214809826" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz9ueHwSuI/AAAAAAAAAsE/0BmsK_9dWzY/s200/casablanca.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Cuando Rick le pega un tiro a un oficial de las SS y llegan unos policías al lugar de los hechos, el capitán Renaud (jefe de policía) explica y ordena a sus subordinados: “Han matado al mayor Strasser. Arresten a los sospechosos”. Bueno, pues los polis encargados de resolver el caso del secuestro del cadáver del ilustre prócer hicieron tal cual, y metieron entre rejas a unos cuantos chorizos y amigos de lo ajeno, porque en algún momento de su errática y jodida vida se habían dedicado a robar tumbas, panteones e incluso establecimientos de pompas fúnebres; que hay que tener cuajo para robar en una funeraria. No tenían demasiada fe en esas detenciones, pero hacían algo, y, mira, tú, igual sonaba la flauta por casualidad. Y la flauta sonó.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz9u-HwSvI/AAAAAAAAAsM/PYo1dL8z9Vk/s1600-h/chabolas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5119745859804744434" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz9u-HwSvI/AAAAAAAAAsM/PYo1dL8z9Vk/s200/chabolas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Sabido es que los delincuentes se caracterizan por un escaso sentido de la ética, así como por una reducidísima conciencia moral y, además, son unos chivatos del copón. Como esa vocación de acusicas parece pareja con la de quebrantar la ley, alguno de los arrestados señaló a Doroteo, un mangante de tres al cuarto que no estaba en sus cabales.&lt;br /&gt;¡A bodas me convidas! La poli montó un operativo por todo lo alto, avisó a las teles (para que constara su veloz eficiencia en vivo y directo o diferido), se dirigió rauda y armada al barrio marginal de ‘Las Piltrafillas’ y rodeó la barraca del Doroteo.&lt;br /&gt;Cogido por sorpresa, el chorizo no pudo huir. Los maderos encontraron en el interior de la choza inmunda un busto en bronce del prócer que había presidido el panteón, prueba circunstancial, pero irrefutable, del delito. También encontraron un diario personal en el que el desgraciado había descrito (con numerosas faltas de ortografía y aún mas de sintaxis) sus fúnebres latrocinios, así como un esqueleto completo (que resultó ser falso, de poliuretano) y un libro de Iker Jiménez (firmado por el autor) en el que el televisivo augur demostraba que los muertos nunca mueren del todo. Pero del occiso, nada de nada.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz9u-HwSwI/AAAAAAAAAsU/ipHRjaOJSrE/s1600-h/bebiendo.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5119745859804744450" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz9u-HwSwI/AAAAAAAAAsU/ipHRjaOJSrE/s200/bebiendo.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; ¿Y el cadáver del prócer? Le había salido mal la jugada, confesó asustado, porque la viuda no estaba dispuesta a soltar ni calderilla para conservar los mortales restos del que fuera su esposo. Y eso que él fue transigiendo en posteriores llamadas telefónicas -les explicó- hasta aceptar devolver el muerto por dos o tres mil euros que le servirían para salir del mal momento que estaba pasando y no hacer el ridículo ante sus compañeros del hampa. Pero ella, que era un mujer muy dura, que ni hablar. Entonces, por no saber qué hacer, tiró el cadáver al río, porque, además, atufaba hasta el desmayo.&lt;br /&gt;En un descuido de los polis que registraban concienzudamente el inmundo tabuco, Doroteo, humillado por su fracaso, intentó quitarse la vida ingiriendo de golpe una botella de orujo gallego, pero la rápida intervención de un madero le salvó, porque apenas le dio tiempo de beber el equivalente a un par de chupitos. Después, y habiéndole permitido beber con moderación un par de chupitos más para ahuyentar el disgusto, confesó entre hipidos y sollozos etílicos que el prócer le había arruinado la vida cuando lo despidió tres años atrás de una de sus empresas, y con el secuestro sólo intentaba sacar algo de pasta por los escuálidos restos mortales de quien le había jodido vivo, que total ya estaba muerto. Un poco de dinero para ir tirando. Doroteo no explicó a los polis que él sólo fue uno más de los seiscientos ochenta y siete currantes que fueron a la puta calle cuando el prócer trasladó la fábrica a Laos, porque allí podía pagar unos sueldos aún más de risa.&lt;br /&gt;¿Y la viuda? Tan ricamente, porque ya tenía el pretexto perfecto para no ir al cementerio: no estaba el muerto. Finalmente, agradecida, le metió a Doroteo en el peculio (la cuenta corriente de los presos de la cárcel) algo de dinero. Y es que a ella le daba un yuyu tremendo ir a los camposantos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-8795710751119628662?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/8795710751119628662/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=8795710751119628662' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/8795710751119628662'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/8795710751119628662'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/10/el-muerto-no-est.html' title='El muerto no está'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rwz-B-HwSxI/AAAAAAAAAsc/EyCYfAp7Rs8/s72-c/Tumba.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-6205108004715026283</id><published>2007-09-27T20:11:00.000+02:00</published><updated>2007-09-27T20:23:17.612+02:00</updated><title type='text'>Mamá no sufrió, a Dios gracias</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzjeHwSpI/AAAAAAAAArc/5EW42BVPhPY/s1600-h/piso+semi+a+oscuras.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114949592515889810" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzjeHwSpI/AAAAAAAAArc/5EW42BVPhPY/s200/piso+semi+a+oscuras.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  “Ves mamá, tanto ahorrar para qué. El dinero es una enfermedad para ti. Puro vicio. O ansiedad, no sé. No lo necesitas, mamá. Tienes tres pisos y los alquileres te dan más de lo que necesitas, además de las letras del tesoro que compraste hace años. No dan mucho, es verdad, pero es algo seguro. Ya quisieran muchos. ¿Para que quieres más?”&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzjeHwSqI/AAAAAAAAArk/QwhjxRZn5no/s1600-h/burdel+en+clÃ¡sico.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114949592515889826" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzjeHwSqI/AAAAAAAAArk/QwhjxRZn5no/s200/burdel+en+cl%C3%A1sico.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  La señora interpelada presume de madame, aunque en realidad es auxiliar en trabajos de puterío, pero empezó de puta, sin más. Entonces era joven y aparente, si bien, tal como son los tíos, no hay que ser la Venus de Milo para dedicarse al putiferio y sacarse unos cuartos.&lt;br /&gt;Antolín, sentado en uno de los sillones de polipiel de la sala de estar, mira a su madre estirada en el sofá y cubierta hasta la barbilla con una manta de material sintético que imita piel de tigre. La madre no le mira ni le responde.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzjuHwSrI/AAAAAAAAArs/Jlf8kCMhgZ4/s1600-h/vieja+a+trazos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114949596810857138" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzjuHwSrI/AAAAAAAAArs/Jlf8kCMhgZ4/s200/vieja+a+trazos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Antolín trabaja en un almacén de materiales de construcción y vive con su madre, aunque ya suma 43 primaveras. Mamá cumplirá lo setenta y hace años que alquila una habitación de la vivienda familiar a prostitutas jóvenes con clientes más o menos fijos. El servicio está muy solicitado y le da a la vieja sus buenos euros. Y Solbes sin enterarse. El alquiler por una hora (o más, si el varón es fogoso o se cree un garañón) incluye el uso del cuarto de baño, sábanas limpias y, si las rabizas son descuidadas y no disponen de protección, condones de varios formatos, colores, sabores y calibres.&lt;br /&gt;Antolín miró a su madre y cabeceó. Olía muy fuerte a ambientador barato, dulzón, un olor desagradable.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzBOHwSkI/AAAAAAAAAq0/ks7Iqwwxh3w/s1600-h/iza+fina+en+rojo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114949004105370178" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzBOHwSkI/AAAAAAAAAq0/ks7Iqwwxh3w/s200/iza+fina+en+rojo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Bien que había intentado desde hace años que mamá cambiara de trabajo, porque él no se sentía bien con aquel trajinar de coños y tíos calientes; le daba vergüenza. Un día, hace unos años, desesperado, consiguió una Biblia y pretendió leérsela para acojonar a la vieja con el infierno, pero, como no era ducho en la materia, ignoraba que la Biblia es en numerosas páginas un libro subido de tono.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzBOHwSlI/AAAAAAAAAq8/vBWNunlm-6E/s1600-h/susana+y+los+viejos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114949004105370194" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzBOHwSlI/AAAAAAAAAq8/vBWNunlm-6E/s200/susana+y+los+viejos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Abrió el sagrado libro por donde no debía y le leyó  a su madre, sin ser muy consciente, el pasaje en el que dos ancianos rijosos espiaban a la casta Susana desnuda y pretendían montárselo con ella. ¡Para que contar más! Su madre, no sólo se rió sino que quedó más convencida de que hacía lo que debía.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzBOHwSmI/AAAAAAAAArE/_cFiG6gl1os/s1600-h/noshe.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114949004105370210" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzBOHwSmI/AAAAAAAAArE/_cFiG6gl1os/s200/noshe.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Antolín, un poco harto de los recuerdos que le aturden, se alejó de su madre y encendió el televisor. En pantalla, un grupo de hombreas y mujeres, sentados en círculo alrededor de nada, hablaban a gritos sin escucharse. Una mujer muy mayor que parecía un espantajo se levantó de la silla, echó mano al bolso y sacó de su interior un ladrillo de dimensiones respetables. Varios contertulios de aquel ceremonial desquiciado se echaron encima, la sujetaron e intentaron calmarla. Antolín apagó el televisor, sacó una botella de coñac del mueble del comedor y bebió un lingotazo sin usar ningún vaso, mientras miraba de soslayo a la madre, que no dijo nada, por supuesto.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzBeHwSnI/AAAAAAAAArM/3-bQuFz_beg/s1600-h/coito.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114949008400337522" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzBeHwSnI/AAAAAAAAArM/3-bQuFz_beg/s200/coito.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Aquel día diferente, una pareja fue a casa. No era nada nuevo, pero aquellos dos eran especialmente desagradables. Ella era una rubia pajiza teñida, delgada, pero con caderas demasiado anchas; él era cabezón, con cara de bruto y abundante barriga cervecera, que vestía un traje azul claro con chaqueta cruzada que le sentaba como dos pistolas a un Cristo. Su madre, todo mieles, les hizo la pelota un par de minutos, como hacía siempre. La pareja se metió en la habitación y a los seis o siete minutos se oyeron, como solía ocurrir, los gemidos y ronquidos de costumbre; intensos y desbocados los del hombre, más falsos que un duro sevillano los de la mujer.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzBeHwSoI/AAAAAAAAArU/K45P8KR3VeQ/s1600-h/prostitutas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114949008400337538" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzBeHwSoI/AAAAAAAAArU/K45P8KR3VeQ/s200/prostitutas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Antolín, con el paso de los años, para distraerse y olvidarse de la vergüenza que sentía, había hecho una tabla mental de los grados de habilidad en la simulación de gritos de placer de las putitas. La rubia desleída apenas sacaba un cuatro en el baremo de Antolín. O sea que suspendía.&lt;br /&gt;Cuando la pareja se marchó, él satisfecho y con algo menos de dinero en la cartera, y ella con sesenta euros más, pero un tanto escocida, Antolín le pidió a su madre que lo acompañara al salón de estar. “Tengo que enseñarte una cosita”, le sonrío como un memo. “Ya estás otra vez con tus majaderías y simplezas. Madura, hijo, que tienes una edad”, se quejó la anciana, pero se dirigió con él a la sala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvywOHwSfI/AAAAAAAAAqM/F6y0aYpvfl4/s1600-h/calle+de+noche.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114948712047593970" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvywOHwSfI/AAAAAAAAAqM/F6y0aYpvfl4/s200/calle+de+noche.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  “Siéntate en esta silla, madre. Quiero que estés cómoda. Verás que sorpresa”, le dijo Antolín cariñoso, mientras le sacaba una silla de las que flanqueaban la mesa del comedor. La mujer se sentó mascullando improperios. Sintió frío; había empezado el otoño y, como siempre, el frío había irrumpido sin avisar. “Date prisa, Antolín, que no tengo toda la noche para perder en tus gilipolleces”, soltó a vieja.&lt;br /&gt;“Cierra los ojos, madre, cierra los ojos”, suplicó Antolín. Este chico es tonto y no tiene remedio, se auto compadeció in mente la incomprendida madre.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvyweHwSgI/AAAAAAAAAqU/ZGAwagCiP1s/s1600-h/psicosis.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114948716342561282" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvyweHwSgI/AAAAAAAAAqU/ZGAwagCiP1s/s200/psicosis.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Una mano fuerte, la mano de alguien que trastea con bultos y paquetes pesados todos los días, le metió de golpe en la boca una toallita; una mordaza muy eficaz. Una de esas toallitas que usan las putas para limpiarse los bajos cuando no consiguen convencer al cliente de que es mejor hacerlo con preservativo. En la casa había muchas de ésas. La vieja intentó gritar, pero no logró exhalar ni un gruñido. Y no hubo más.&lt;br /&gt;Un estrecho y agudo estilete (tal vez un hortera abrecartas), afilado para la ocasión,  había penetrado veloz y silencioso en la nuca de la mujer. ¡Sssssssssssssssssmmmmmmmmmmmm! En menos de un segundo, la madame pasó de puta vieja retirada a cadáver. Se convirtió en nada.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvywuHwShI/AAAAAAAAAqc/5KdvvWplrhE/s1600-h/Mujer+muerta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114948720637528594" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvywuHwShI/AAAAAAAAAqc/5KdvvWplrhE/s200/Mujer+muerta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Un delgado reguero de roja sangre, que se oscurecía por momentos al combinarse con el oxígeno del aire, se deslizó sin demasiadas prisas por la viejuna espalda, aprovechando el escote trasero. El cuerpo ya sin vida de la vieja, privado de toda energía, se escurrió por la silla de recto respaldo hacia el suelo como un fardo informe, siguiendo fielmente la ley de la gravedad. Antolín sujetó lo que quedaba de su madre y acompañó la suave caída del cadáver. Entonces lloró, lloró con un sentimiento herido y profundo. Lloró durante mucho rato hasta que casi se le secaron los lagrimales. Porqué él no quería matarla. ¿Cómo iba a querer si era su madre?&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rvvyw-HwSiI/AAAAAAAAAqk/V6-RD-mzNU8/s1600-h/orgia+en+clÃ¡sico.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114948724932495906" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rvvyw-HwSiI/AAAAAAAAAqk/V6-RD-mzNU8/s200/orgia+en+cl%C3%A1sico.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Pero su madre se portó mal con él, muy mal. Primero ese sucio negocio que se obstinaba en mantener, aunque no lo necesitaba para vivir. Y que le había destrozado la vida, dominándolo, decidiendo por él. Y para que perdiera la virginidad, organizó una orgía con tres putas con las que ella tenía más confianza. “Para que te espabiles de  una vez, atontado, que estás atontado y te van a salir calostros ahí de no usarlo”.&lt;br /&gt;Nunca había pasado tanta vergüenza, sobre todo cuando una de las chicas, una mulata de tetas enormes y culo en  pompa, se rió de él, porque dijo que tenía el pene pequeño. ¿No decían que el tamaño no importa si mide más de siete centímetros? Él lo había oído en la tele y el suyo medía ocho y medio; lo había comprobado con un pie de rey de cuando estudiaba oficial tornero.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvyxOHwSjI/AAAAAAAAAqs/b4fkg5EEmD4/s1600-h/momia.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5114948729227463218" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvyxOHwSjI/AAAAAAAAAqs/b4fkg5EEmD4/s200/momia.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Sin embargo, aunque su madre se portó mal con él, él fue considerado, fue un buen hijo hasta el final. Sabía que una puñalada certera en la nuca era instantánea, fulminante. Él no quería que mamá sufriera y no había sufrido. Ya se había preocupado él de ensayar los días anteriores con una sandía pequeña.&lt;br /&gt;Había pasado casi un año y aún no había conseguido eliminar el mal olor, a pesar de usar todo tipo de ambientadores, incluso cal viva, pero ni por esas. Claro que él hacía de tripas corazón y todas las tardes se sentaba a su lado y tenía su charla con mamá; total en la tele no daban nada que valiera la pena. Aunque él sabía que no servía de nada,  porque siempre había sido muy tozuda. A las putas que llamaban para pedir la habitación les decía que mamá se había ido a Canarias, porque el clima allí siempre es verano.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-6205108004715026283?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/6205108004715026283/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=6205108004715026283' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6205108004715026283'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6205108004715026283'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/09/mam-no-sufri-dios-gracias.html' title='Mamá no sufrió, a Dios gracias'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvvzjeHwSpI/AAAAAAAAArc/5EW42BVPhPY/s72-c/piso+semi+a+oscuras.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-4822639110768864518</id><published>2007-09-22T20:46:00.000+02:00</published><updated>2007-09-22T21:19:04.022+02:00</updated><title type='text'>La tentación de la carne y la liberación</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjyeHwSdI/AAAAAAAAAp8/xKz6NIG6Big/s1600-h/el+grito.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113102670679263698" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjyeHwSdI/AAAAAAAAAp8/xKz6NIG6Big/s200/el+grito.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; De nuevo las angustias le oprimen el pecho. Parece que se tambalea, se detiene asustado y apoya la mano en un castaño de los que flanquean la calle. Otra vez no, otra vez no. ¿Cuándo se acabará esta tortura? Respira muy hondo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjyeHwSeI/AAAAAAAAAqE/TqOyc1s_C7A/s1600-h/Silueta+hombre.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113102670679263714" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjyeHwSeI/AAAAAAAAAqE/TqOyc1s_C7A/s200/Silueta+hombre.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Cierra los ojos y parece recuperar el equilibrio. Con suma cautela, los abre de nuevo con lentitud, adelanta el pie derecho con prudencia, se separa del sostén del árbol y reanuda la andadura sin prisas. Parece que está bien. Suspira y mira al frente.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjoeHwSYI/AAAAAAAAApU/YpW4nm39FEc/s1600-h/Maciza+minifaldera.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113102498880571778" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjoeHwSYI/AAAAAAAAApU/YpW4nm39FEc/s200/Maciza+minifaldera.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La mujer joven le ha sobrepasado con garbo. El tipo ha estado siguiéndola, pero yendo por delante, con disimulo, manteniendo la misma distancia desde que la ha descubierto, sin que ella se diera cuenta. Ella viste ceñida y escotada, y lleva una escueta minifalda que permite contemplar dos muslos tersos dorados por el sol.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjoeHwSZI/AAAAAAAAApc/qoM59rLjkak/s1600-h/Lobo+aullando.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113102498880571794" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjoeHwSZI/AAAAAAAAApc/qoM59rLjkak/s200/Lobo+aullando.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El hombre la ha adelantado antes para enredarse los ojos en el pecho contundente. Al andar, las nalgas se le mueven a la hembra con brío y ritmo de bailongo latino. El hombre se pone en marcha acelerado y, cuando está cerca de nuevo, apenas dos metros tras ella, afloja prendado, agitado, excitado, vencido, la mirada atrapada en el sensual trajín de nalgas, en el taconeo alegre. Él nota una clara alteración, un movimiento que crece en el vértice donde se unen las piernas. Se irrita, se agita, cabecea con ira, ronca, se para. La mujer se aleja a su aire, despreocupada, ignorante de la tormenta que desata.El hombre, cuarenta y muchos otoños más o menos vividos, acelera el paso de nuevo, se siente ridículo y se arrepiente de ir tras la mujer como garañón tras la yegua, hasta sobrepasar con creces a la joven por segunda vez. Unos metros más allá, se vuelve, como si hubiera olvidado algo, se recuesta en un farol y la mira, perdido, vencido, entregado, salido, ardiente.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjouHwSbI/AAAAAAAAAps/Wou1AbnW2Nw/s1600-h/bustazo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113102503175539122" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjouHwSbI/AAAAAAAAAps/Wou1AbnW2Nw/s200/bustazo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjouHwScI/AAAAAAAAAp0/EX2v3rRvwRc/s1600-h/piernas+hombre+corren.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113102503175539138" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjouHwScI/AAAAAAAAAp0/EX2v3rRvwRc/s200/piernas+hombre+corren.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La moza, espléndida, tentadora, arrebatadora, busto erguido muy escotado, continúa su marcha sin parar mientes en la borrasca que desencadena. El hombre deja que lo rebase, babeante, fascinado por la salvaje belleza de la muchacha. Como si estuviera cataléptico, mete ambas manos en sendos bolsillos del pantalón y sujeta con rabia el ya erecto falo. Pero parece despertar y arranca a correr con mirada trastornada. Pierde el equilibrio y, como tiene ambas manos muy ocupadas, no puede aminorar el golpe y se da un leñazo de impresión. ¡Que ostión, Jesús! Deja un par de piños sobre la acera y se endereza sin darle importancia. Ignora la compasiva solicitud de los viandantes que pretenden socorrerlo y, sangrante y dolorido, continúa su desquiciada carrera.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjX-HwSTI/AAAAAAAAAos/i94WcXjLHFM/s1600-h/escaleeeeeeras.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113102215412730162" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjX-HwSTI/AAAAAAAAAos/i94WcXjLHFM/s200/escaleeeeeeras.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Llega al portal de su casa, saca la llave y apenas consigue abrir. Sube como alma que lleva el diablo por las escaleras, sin sosiego para esperar el ascensor. Dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho pisos más arriba, el hombre, que por cierto se llama Mariano, desfallece, resopla como un cachalote en celo cuando tiene cerca la cachalote hembra, y se entrevé que los pulmones pugnan por huir por el morro boqueante. Derrengado, exhausto, derretido, consumido y deslomado, llama al timbre de la segunda puerta de la derecha, sin ganas, ánimo ni tiempo para seleccionar el llavín de casa del manojo de llaves que lleva. Una mujer bajita, redondeada, de cabeza cana y mirada despistada, abre la puerta. “Has vuelto a olvidarte la llave, hijo. ¿Qué te pasa?”, añade asombrada y asustada por el rostro sudoroso y perturbado del hombre. Éste no le hace caso y va como una exhalación, sacando fuerzas de flaqueza, hacia la puerta que resulta ser el cuarto de baño. Entra y se cierra por dentro.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjX-HwSUI/AAAAAAAAAo0/dF5-weVBfZk/s1600-h/navaja+barbera.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113102215412730178" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjX-HwSUI/AAAAAAAAAo0/dF5-weVBfZk/s200/navaja+barbera.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “¡Señor! ¿Otra vez lo mismo? Hijo, que eres muy mayor para hacer según qué. Anda, déjalo ya”. “Nunca más, madre, nunca más” se oye entre sollozos agónicos y, a continuación un grito feroz de dolor, de sumo sufrimiento, de tortura, de compunción.&lt;br /&gt;La madre empuja la puerta, a sabiendas de que es una débil mujer, pero como el cerrojo lleva ni se sabe cuanto tiempo estropeado, que tendría que haber avisado al cerrajero hace meses, a ver si mañana lo llama de una puñetera vez, la puerta cede.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjYOHwSVI/AAAAAAAAAo8/kRwH2VCsRX0/s1600-h/puerta+baÃ±o+cerrada.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113102219707697490" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjYOHwSVI/AAAAAAAAAo8/kRwH2VCsRX0/s200/puerta+ba%C3%B1o+cerrada.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjYOHwSWI/AAAAAAAAApE/JxCy-DSpksw/s1600-h/mancha+sangre.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113102219707697506" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjYOHwSWI/AAAAAAAAApE/JxCy-DSpksw/s200/mancha+sangre.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Sentado en la bañera, roja de sangre, como rojo también el suelo, su hijo la mira hipnotizado. En la mano derecha, la sanguinolenta navaja de afeitar; en la izquierda, el pene de su vástago, limpiamente sajado; en la conjunción de ambas piernas un chorro de sangre ni demasiado intenso ni tampoco lento.&lt;br /&gt;“Madre, avisa a un médico, no vaya a quedarme sin sangre”, solicita atontado y debilitado. “¿Qué locura has hecho, hijo?" dice horrorizada la anciana. “Ya no volveré a pecar. Nunca”, proclama triunfal, pero decaído, el ya eunuco que vive con su santa madre a sus casi cincuenta años.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjYOHwSXI/AAAAAAAAApM/f288i52hU0c/s1600-h/operando.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5113102219707697522" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjYOHwSXI/AAAAAAAAApM/f288i52hU0c/s200/operando.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “¡Hijo, eres imbécil! Y perdona que sea tan directa. ¿Qué pecado ni qué otra gilipollez? Sabía que no te convenía ir con esos tíos que salvan el mundo. A ver como te apañas  sin eso. ¿Y a quién vas a salvar, alma de cántaro, por estar capado? Y con lo que debe doler”, finaliza compasiva. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y la mujer se acerca suspirando, desconcertada, confundida, llorosa y sin prisas al teléfono y marca el teléfono de urgencias, mientras su hijo se desangra con lentitud y elegancia.&lt;br /&gt;Mariano fue ingresado en el hospital a tiempo y salvó la vida, pero no el pene. Se quedó sin rabo delantero, un órgano que, como es sabido, si se pierde (sea cual fuere la causa), es irrecuperable. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-4822639110768864518?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/4822639110768864518/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=4822639110768864518' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/4822639110768864518'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/4822639110768864518'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/09/la-tentacin-de-la-carne-y-la-liberacin.html' title='La tentación de la carne y la liberación'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RvVjyeHwSdI/AAAAAAAAAp8/xKz6NIG6Big/s72-c/el+grito.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-3713278136402300242</id><published>2007-09-18T10:43:00.000+02:00</published><updated>2007-09-18T11:09:01.684+02:00</updated><title type='text'>Más natural</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QVoNGcFI/AAAAAAAAAoM/c_PIoo0-NBs/s1600-h/dibujo+tio+leyendo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111462803332821074" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QVoNGcFI/AAAAAAAAAoM/c_PIoo0-NBs/s200/dibujo+tio+leyendo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Vislav y Dromovic estaban en el bar de siempre. Dromovic, con un café ante sí, leía un grueso mamotreto de folios encuadernados con una espiral. Vislav bebía una jarra de cerveza.&lt;br /&gt;“Fíjate, Vislav, en México se han encontrado y estudiado más de veinte mil huesos de hombres mujeres y niños”. “Qué interesante”, dijo Vislav sin el menor interés. “Oye esto: un nutrido equipo de antropólogos han estudiado extrañas marcas en esos huesos”. “Apasionante”, eructó el gas cervecero Vislav sin prestarle la menor atención”.&lt;br /&gt;Dromovic lo miró con cierta desesperación y continuó leyendo sin hacer comentarios hasta que lanzó un sonoro ¡joder!&lt;br /&gt;“¿Qué pasa ahora? ¿Te has pillado un huevo con la silla?”.&lt;br /&gt;“Escucha” e iba a leer en voz alta, pero se interrumpió y miró a Vislav con fijeza. “¿Tú no ibas a estudiar Antropología? No entiendo por qué no te interesa esto.” “No exáctamente, listo. Voy a matricularme en Antropología, que no es lo mismo, para que mi padre deje de darme la brasa”&lt;br /&gt;“¿Y eso?”&lt;br /&gt;“Si no estoy matriculado en algo, el viejo me retira la pasta, y como esa carrera es la que hubiera estudiado de haber podido…!&lt;br /&gt;“Eres un jeta.&lt;br /&gt;“No más que otros, pero si te has de sentir mejor, cuéntame el rollo de los huesos. Igual aprendo algo”.&lt;br /&gt;“Los antropólogos han llegado a una conclusión: las marcas en los huesos son de mordiscos”.&lt;br /&gt;“De fieras, de leones y otros bichos, claro”, intentó Vislav simular que le interesaba el tema.&lt;br /&gt;“No, tío. Marcas de bocados humanos”.&lt;br /&gt;“¡Anda ya! Estás pedo, tío”&lt;br /&gt;“No, el que pronto lo estará eres tú”, replicó el otro al observar la segunda jarra que un camarero ponía ante su amigo. “Se comían unos a otros. Eran caníbales.”&lt;br /&gt;“Me estás vacilando, tío”.&lt;br /&gt;“En absoluto, dijo muy serio Dromovic. Eran caníbales a tiempo completo, no sólo de vez en cuando”.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QVoNGcGI/AAAAAAAAAoU/Cj9oUA84U9g/s1600-h/excavaciÃ³n.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111462803332821090" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QVoNGcGI/AAAAAAAAAoU/Cj9oUA84U9g/s200/excavaci%C3%B3n.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “Joder, joder” susurró Vislav ya sin tomárselo a chacota.&lt;br /&gt;“Aseguran que el canibalismo era normal en América antes de la llegada de los españoles. Total, hace seiscientos años mal contados. En México, por ejemplo, se ofrecían los corazones de las víctimas a los dioses, pero el resto del cuerpo no. Lo cocían con maíz y el guiso se repartía entre los que participaban en el acto ritual. Incluso han encontrado recetas de cocina para carne humana. ¡Qué fuerte! Ah, y la carne humana no se comía asada; la ponían en una especie de cocido. Según un fraile de la época, la carne humana ‘sabía como la de cerdo’. Oye ¿como leches lo sabía ese fraile?”&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QV4NGcHI/AAAAAAAAAoc/Ra4VBtUPuIA/s1600-h/canibalismo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111462807627788402" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QV4NGcHI/AAAAAAAAAoc/Ra4VBtUPuIA/s200/canibalismo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QDoNGcBI/AAAAAAAAAns/fRV1F6ftVjI/s1600-h/cerveza+mÃ¡s+grande.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111462494095175698" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QDoNGcBI/AAAAAAAAAns/fRV1F6ftVjI/s200/cerveza+m%C3%A1s+grande.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Vislav fue veloz hacia la barra y regresó con otra jarra de cerveza, pero de litro. “Joder, me dan ganas de potar, tío. Cállate de una puta vez”. Pero Dromovic, que se lo estaba pasando de cine, continuó leyendo párrafos de lo que a su amigo le sonaba a vomitivo relato &lt;em&gt;gore&lt;/em&gt;. “¡Ay va, la ostia! También han descubierto más de 2.000 herramientas hechas con huesos humanos. Punzones, arpones, instrumentos musicales…Toda una industria artesana." Y el muchacho reía con el mal rato de su compañero, quien siempre era el fuerte, el lanzado.&lt;br /&gt;Varias jarras de &lt;em&gt;birra&lt;/em&gt; después, Vislav regresaba a casa haciendo eses. Estaba muy borracho, pero un rastro de lucidez le indicaba que si llegaba a casa en ese estado, su padre lo pondría a caldo. Al caer en la cuenta de la frase hecha que le había venido a la mente, tuvo una intensa arcada y vomitó lo que no está en los escritos.&lt;br /&gt;Caminaba vacilante junto a una valla enrejada de gruesos y artísticos barrotes, apoyándose en ella hasta que la mano con la que se guiaba encontró vacío y Vislav cayó cuan largo era. Se levantó blasfemando y continuó dando tumbos. “Buscaré un rincón para dormir un poco”, dijo a nadie, pues estaba solo en medio de alineados árboles y cuidados matorrales, que flanqueaban bien trazados caminos de tierra apretada.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QEINGcCI/AAAAAAAAAn0/09ed1hofCOI/s1600-h/dibujo+de+borracho.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111462502685110306" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QEINGcCI/AAAAAAAAAn0/09ed1hofCOI/s200/dibujo+de+borracho.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Topó con otra reja, de barrotes más delgados y no tan artísticos como la primera, y subió con esfuerzo por unas rocas que había a un lado y formaban una especie de escalera natural. Arriba perdió pie y cayó al otro lado de la reja. Blasfemó, se enderezó y fue dando tumbos hacia un lugar que le pareció resguardado. Se desnudó, dobló la ropa, la colocó a un lado y se estiró. Le pareció oír una especie de gruñido en algún lugar, pero estaba tan trompa que se durmió de inmediato.&lt;br /&gt;Tal vez por eso no se percató de que &lt;em&gt;Antón&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Antonia&lt;/em&gt; lo observaban.&lt;br /&gt;No decían nada, ciertamente, sólo lo miraban. Tampoco hubieran podido decir un carajo, porque &lt;em&gt;Antón&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Antonia&lt;/em&gt; era una pareja de osos pardos, residentes en el zoológico de la ciudad, traídos de la Europa central.&lt;br /&gt;Sin prisas, agarraron con sus garras al beodo y dormido Vislav de los pies y lo arrastraron hasta un rincón del enrejado lugar.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QEYNGcDI/AAAAAAAAAn8/MTfssUba59k/s1600-h/Osos+pardos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111462506980077618" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QEYNGcDI/AAAAAAAAAn8/MTfssUba59k/s200/Osos+pardos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; A la mañana siguiente, cuando Moreno y Morales, dos inmigrantes ecuatorianos con contratos temporables, fueron a la jaula de los osos pardos para echarles la comida, como hacían cada día, palidecieron. Palidecieron tanto que parecían personajes de cómic sin colorear. En el rincón donde solían comer &lt;em&gt;Antón &lt;/em&gt;y &lt;em&gt;Antonia&lt;/em&gt;, estaba la sanguinolenta cabeza de Vislav, varios enrojecidos huesos desperdigados con restos de carne y una desigual mancha de sangre que oscurecía. En otro punto de la jaula, había un montoncito de ropa doblada y un par de zapatos.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QEoNGcEI/AAAAAAAAAoE/EQIXmOlQXRc/s1600-h/Hombre+devorado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5111462511275044930" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QEoNGcEI/AAAAAAAAAoE/EQIXmOlQXRc/s200/Hombre+devorado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Cuando Moreno y Morales penetraron en la jaula para recuperar lo que restaba del cadáver de Vislav, adecuada y reglamentariamente protegidos y armados con sendos palos con un tridente en la punta, los osos se cabrearon mucho. Se cabrearon, porque quienes les daban la comida cada día pretendían interrumpir el desayuno con los restos de la cena de la noche anterior, una cena conseguida por ellos, como cuando estaban en las montañas.&lt;br /&gt;Vislav estaría contento de haber podido saber cómo había acabado: se lo habían comido unos osos, que era algo más natural.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-3713278136402300242?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/3713278136402300242/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=3713278136402300242' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/3713278136402300242'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/3713278136402300242'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/09/ms-natural.html' title='Más natural'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ru-QVoNGcFI/AAAAAAAAAoM/c_PIoo0-NBs/s72-c/dibujo+tio+leyendo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-33671549848935772</id><published>2007-09-15T20:02:00.000+02:00</published><updated>2007-09-15T20:17:20.137+02:00</updated><title type='text'>En el nombre de Dios</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgooNGb-I/AAAAAAAAAmk/qW7c48lx0wk/s1600-h/Nabil+Belkac.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5110495559517892578" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgooNGb-I/AAAAAAAAAmk/qW7c48lx0wk/s200/Nabil+Belkac.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Nabil se hace llamar de otro modo, pero eso da igual. Es irrelevante, porque no pretende pasar por otro ni tampoco camuflarse. No se sabe porque cambia de nombre, porque el suyo real no lo ha ocultado. Se ha hecho una fotografía. Posa ante la cámara con gesto risueño, nada chulesco ni amenazante. En realidad, tiene cara de buena persona. Esto parece banal, pero no lo es; el rostro de un ser humano es como una placa de nitrato de plata, de las usadas antes en fotografía, porque el rostro siempre está expuesto. El rostro humano no está expuesto a la luz  un segundo o menos aún, como las placas de nitrato, sino a la vida. Y lo que pasa en esa vida deja marca. Dolor, angustia, miedos, golpes, decepciones, alegrías, esperanzas, humillaciones, necesidad, sufrimiento… ¿Qué significa que Nabil parezca buena persona en la fotografía? ¿Se siente feliz? ¿Se siente en paz? Eso hace todo más incomprensible.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ruwgo4NGb_I/AAAAAAAAAms/-wJwA0AIErQ/s1600-h/madre+llorando.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5110495563812859890" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Ruwgo4NGb_I/AAAAAAAAAms/-wJwA0AIErQ/s200/madre+llorando.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  En algún lugar modesto de Argelia, su madre, deshecha en un llanto inacabable, asegura que es un buen hijo. Le gustaba jugar al fútbol y era muy educado con todo el mundo. También solía ir a la mezquita muchos días, además de los viernes cuando iban todos, pero no era un intolerante. A veces bebía coca cola y no protestaba cuando en casa ponían en la televisión un programa  francés, italiano o español, captado por satélite. Tampoco reñía a sus hermanas si salían a la calle sin velo o vestían falda corta. La madre dice que no era fanático, aunque sí, muy piadoso.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgeINGb5I/AAAAAAAAAl8/rCGStQUmdXM/s1600-h/orando.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5110495379129266066" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgeINGb5I/AAAAAAAAAl8/rCGStQUmdXM/s200/orando.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Nabil sonríe cuando se hace la foto y sujeta un kalashnikov, pero no parece amenazante; simplemente lo lleva, aunque da la impresión de que el fusil le hace sentirse mejor. Nabil se fue de casa hace unos meses. No discutía con sus padres ni su vida le parecía insoportable, como suspira tanto adolescente. No lo había dicho nunca. Él hacía lo que le mandaban y se llevaba bien con todos. Pero se fue. Una noche dijo que se quedaría a dormir en la mezquita y no regresó a casa. Al día siguiente, al atardecer, llamó por teléfono a su madre y le dijo que no se preocupara, que estaba bien, que volvería; luego no supieron más de él.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgeYNGb6I/AAAAAAAAAmE/vO-1FXn__RY/s1600-h/furgoneta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5110495383424233378" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgeYNGb6I/AAAAAAAAAmE/vO-1FXn__RY/s200/furgoneta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  Nabil sube a la furgoneta. El tipo que se sienta en el asiento de al lado la ha cargado con paquetes hasta unos cientos kilos. Son paquetes raros. Nabil pone en marcha el vehículo. No es muy moderno, más bien es un trasto viejo, pero servirá. Nabil introduce la primera marcha con un gruñido de metales que se rozan y acelera con suavidad. La furgoneta sale del solar vallado donde estaba hasta llegar al asfalto. Sin prisas.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgeYNGb7I/AAAAAAAAAmM/i2QAXEoQ_2g/s1600-h/el+mar.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5110495383424233394" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgeYNGb7I/AAAAAAAAAmM/i2QAXEoQ_2g/s200/el+mar.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  La furgoneta avanza a buen ritmo cerca del mar. Nabil mira durante unos segundos las azules aguas  roturadas por grueso trazos de espuma blanca y luego se concentra en la conducción. Quizás ha sido una mirada melancólica, tal vez con miedo. Al final de la calle, un muro blanco rodea un par de edificios también blancos. Nabil se dirige a ese lugar y, a medida que se acerca, acelera poco a poco.&lt;br /&gt;En el lado que da a la calle, el muro blanco se convierte en fachada con una puerta ancha abierta, ante la que hay un hombre uniformado de blanco. Nabil gira hacia esa puerta y dirige la furgoneta hacia el interior, hacia el espacio más allá del dintel. El joven uniformado de blanco, armado con una metralleta que sujeta con el brazo derecho al desgaire, levanta la mano izquierda, conminando al vehículo a detenerse, pero sin prisa ni preocupación. Nabil, cuando está en la trayectoria recta, acelera.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgeoNGb8I/AAAAAAAAAmU/0AqX1AJ2Y9M/s1600-h/ExplosiÃ³n.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5110495387719200706" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgeoNGb8I/AAAAAAAAAmU/0AqX1AJ2Y9M/s200/Explosi%C3%B3n.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;  ¡Ala akbar! ¡Dios es grande!, tal vez haya oído el centinela, que se aparta a un lado, porque la furgoneta no se ha detenido ni siquiera ha reducido la marcha.&lt;br /&gt;Una atronadora explosión detiene el tiempo, y un estrellado globo de luz deslumbra a quienes están cerca, incluidos Nabil y su copiloto, antes de enviar a todos a las tinieblas, a la nada.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgeoNGb9I/AAAAAAAAAmc/mr6jv8bw9mA/s1600-h/el+escenario+despuÃ©s.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5110495387719200722" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgeoNGb9I/AAAAAAAAAmc/mr6jv8bw9mA/s200/el+escenario+despu%C3%A9s.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; En el cuartel de la Marina argelina en Dellyl, una pequeña ciudad junto al Mediterráneo, quedan en el suelo treinta personas muertas o lo que resta de ellas. Cincuenta o sesenta más están seriamente heridas.&lt;br /&gt;¡En el nombre de Dios!&lt;br /&gt;Nabil sólo tenía 15 años. ¡Qué heroicos son ciertos profetas si quien  pierde la vida siempre es otro!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-33671549848935772?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/33671549848935772/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=33671549848935772' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/33671549848935772'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/33671549848935772'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/09/en-el-nombre-de-dios_15.html' title='En el nombre de Dios'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuwgooNGb-I/AAAAAAAAAmk/qW7c48lx0wk/s72-c/Nabil+Belkac.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-1186991293326964625</id><published>2007-09-10T11:15:00.000+02:00</published><updated>2007-09-10T18:59:57.575+02:00</updated><title type='text'>Por ser negro</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuUL8y7zvgI/AAAAAAAAAkc/CruJyLiGgik/s1600-h/hombre+negro.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108502491414380034" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuUL8y7zvgI/AAAAAAAAAkc/CruJyLiGgik/s200/hombre+negro.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Tuani hace días que no quiere comer, los ojos casi siempre cerrados, como si durmiera. Tuani nació en algún lugar del centro de África y tiene la piel negra casi azul, muy, muy oscura. Llegó hace años en avión y se quedó. Consiguió trabajo, consiguió papeles, trajo a la mujer y a los hijos. Había vivido mal que bien, había prosperado. Ahora su vida no es vida. Desde aquel día. No come, no quiere abrir los ojos. ¿Para qué?&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuUL8y7zvhI/AAAAAAAAAkk/BUXeUuEdQmc/s1600-h/mujer+negra.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108502491414380050" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuUL8y7zvhI/AAAAAAAAAkk/BUXeUuEdQmc/s200/mujer+negra.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Debes hacer un esfuerzo; hazlo por los niños, por mí, le suplica Mirena, su esposa, no tan negra, pero del mismo trozo africano. Llora la mujer un llanto silencioso que no cesa hasta que no quedan lágrimas en el lagrimal. Resiste con ansiolíticos, pero no consigue dormir, tampoco puede comer. Sólo solloza y se conduele, pero sin ruido, para que su marido, que no quiere abrir los ojos, no se entere de su dolor, de su tristeza.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuUL8y7zviI/AAAAAAAAAks/4stt1sCcqJ8/s1600-h/silla+de+ruedas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108502491414380066" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuUL8y7zviI/AAAAAAAAAks/4stt1sCcqJ8/s200/silla+de+ruedas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Tuani vive en un centro de parapléjicos, las personas que no controlan sus piernas o todo su cuerpo, en el peor caso. Como Tuani. Los que están peor no son vegetales, como se dice. Está como un vegetal. No es verdad, no son vegetales, ya quisieran. Una planta crece, reverdece, saca flores, luego se seca y vuelta a empezar. Ellos sólo respiran, los alimentan, orinan, defecan. Nada más. No se mueven si no los mueven. Sólo están. Y muchos, muchas veces, sufren por no morir.&lt;br /&gt;Mirena empuja el sillón especial con ruedas hacia el jardín. Hace bueno, el sol animará a Tuani, espera la mujer contra esperanza. El sol me da en los ojos, Mirena. Porque Tuani sí puede hablar. Para pedir, para exhalar su aflicción. Y la mujer, solícita, le gira el cuello con suavidad, como el de un muñeco, para que el sol no le deslumbre.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuUL8y7zvjI/AAAAAAAAAk0/9WPCAf08DKE/s1600-h/mat+adentro.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108502491414380082" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuUL8y7zvjI/AAAAAAAAAk0/9WPCAf08DKE/s200/mat+adentro.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Tuani vio hace tiempo aquella película, ‘Mar adentro’. Le emocionó, pero no entendió el afán de Ramón por morir. La que organizó aquel hombre que se rompió el cuello en la playa y todo el trabajo que se dio. La lealtad de los amigos, la tenacidad del paralizado para irse. Ahora sí lo entiende en su carne y una pregunta le martillea: ¿Por qué? ¿Por qué él?&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuUL9C7zvkI/AAAAAAAAAk8/ahxTssb8dgc/s1600-h/Estatua+estilizada+de+negro+en+el+suelo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108502495709347394" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuUL9C7zvkI/AAAAAAAAAk8/ahxTssb8dgc/s200/Estatua+estilizada+de+negro+en+el+suelo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Unos policías lo encontraron sanguinolento, estirado en aquella senda, avanzada la noche. Era lugar poco transitado a las horas del retorno del trabajo, especie de parquecillo sin pretensiones. Él solía hacer camino por el medio, porque ahorraba minutos y llegaba antes a casa. Su casa era su hogar, con Mirena, con los chicos.&lt;br /&gt;Nunca había ocurrido nada, nunca había escuchado que ocurriera nada. Aquel era un pueblo tranquilo. Hasta aquel anochecer de marzo.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuULrS7zvcI/AAAAAAAAAj8/sRSfQN1Z6QY/s1600-h/botas+de+media+caÃ±a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108502190766669250" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuULrS7zvcI/AAAAAAAAAj8/sRSfQN1Z6QY/s200/botas+de+media+ca%C3%B1a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Hacía frío, el sol se había puesto hacía un par de horas. Tuani se subió el cuello de la chaqueta para evitar el zurriagazo frío en la nuca. En casa tomaría un te caliente. Encogió el cuello para ofrecer menos espacio al viento helado, y aceleró el paso.&lt;br /&gt;¿Dónde vas negro? ¿Dónde vas, orangután?&lt;br /&gt;Dos hombres jóvenes, blancos, pelo rapado, cazadoras de cuero y botas negras claveteadas de media caña aparecieron en su trayecto. Tuani no quería problemas. Se desvió hacia la derecha, dejando el camino y entrando en el césped y los matorrales.&lt;br /&gt;Mono, ¿no sabes que no se puede pisar el césped? En tu país salvaje sois todos unos chimpancés que no sabéis de normas. No quiero problemas, señor, quiso ser conciliador Tuani, sólo regreso a casa después del trabajo.&lt;br /&gt;¿Cómo va a trabajar un orangután como tú? Vuelve a tu país, mono de mierda, no te queremos.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuULry7zvdI/AAAAAAAAAkE/wWGgBUHFm9M/s1600-h/silueta+hombre+desnudo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108502199356603858" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuULry7zvdI/AAAAAAAAAkE/wWGgBUHFm9M/s200/silueta+hombre+desnudo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Y empezaron los golpes. Continuos, crueles, contundentes, incesantes, dolorosos.&lt;br /&gt;Tuani cayó derribado al suelo y los bárbaros le dieron puñetazos y le patearon. En medio de un intenso dolor, intentó defenderse, alzó ambos brazos para evitar los golpes, hizo un esfuerzo y se enderezó para huir.&lt;br /&gt;El bestia que más le había apaleado le dio un tremendo golpe en la base de la nuca. Tuani cayó al suelo como un fardo, pero su agresor lo pateó más y más en la espalda, la cabeza y el cuello. Tuani se desmayó.&lt;br /&gt;Vámonos, dijo la otra bestia, la que no había hablado, la que apenas había pateado a Tuani. Me he de cargar a esta basura, le replicó el verdugo, y continuó pateando el cuerpo inanimado del hombre tendido e inconsciente.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuULry7zveI/AAAAAAAAAkM/sCzxzpCqln8/s1600-h/pintura+de+silla+de+ruedas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108502199356603874" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuULry7zveI/AAAAAAAAAkM/sCzxzpCqln8/s200/pintura+de+silla+de+ruedas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; ¿Qué ocurre aquí? Dos policías de ronda ordinaria aparecieron en un extremo del camino. Los dos salvajes huyeron veloces y se perdieron en la negrura nocturna.&lt;br /&gt;En el centro de urgencias reanimaron a Tuani, le pusieron suero con sedantes y analgésicos y lo enviaron en ambulancia al hospital.&lt;br /&gt;El diagnóstico de Tuani especificó que había recibido muchos golpes y que, a causa de los mismos, se habían fracturado varias cervicales y la médula espinal estaba gravemente lesionada.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuULry7zvfI/AAAAAAAAAkU/lmecKm20zCg/s1600-h/escultura+cabeza+negra.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5108502199356603890" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuULry7zvfI/AAAAAAAAAkU/lmecKm20zCg/s200/escultura+cabeza+negra.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Aún no hay sentencia. El racista con alma de asesino dijo al juez que es inocente, que estuvo cerca del parque, pero él no vio nada. Alguien sí lo vio a él. Habrá que esperar a que la justicia haga justicia. Tal vez.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Desde entonces, Tuani vive en un centro de parapléjicos, pero no es un hogar. En silla de ruedas de por vida. Ni siquiera podría pulsar un botón para ponerla en marcha, si la silla fuera de motor. Nada puede mover por debajo del cuello. Tuani nunca olvidará el rostro del matón cobarde que lo redujo a tronco inerte.&lt;br /&gt;Por ser negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-1186991293326964625?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/1186991293326964625/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=1186991293326964625' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/1186991293326964625'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/1186991293326964625'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/09/por-ser-negro.html' title='Por ser negro'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RuUL8y7zvgI/AAAAAAAAAkc/CruJyLiGgik/s72-c/hombre+negro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-7603217233434715873</id><published>2007-09-05T09:42:00.000+02:00</published><updated>2007-09-05T09:57:41.727+02:00</updated><title type='text'>El giro postal</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eZi7zvbI/AAAAAAAAAj0/0fBzQw5eGiI/s1600-h/galeria+carcel.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5106622820452122034" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eZi7zvbI/AAAAAAAAAj0/0fBzQw5eGiI/s200/galeria+carcel.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El &lt;em&gt;Tumbao&lt;/em&gt; está encerrado en &lt;em&gt;el tigre&lt;/em&gt;, los retretes, en la jerga carcelaria. El &lt;em&gt;Tumbao&lt;/em&gt; es un puto preso y está agitado. Oye pasos al otro lado. No quería haber llegado a esto.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eTC7zvWI/AAAAAAAAAjM/zUilIvt9AXM/s1600-h/jeringuilla.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5106622708782972258" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eTC7zvWI/AAAAAAAAAjM/zUilIvt9AXM/s200/jeringuilla.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Él no se mete con nadie en la cárcel. Fuera… es otra cosa. Pero nunca hizo daño a nadie; daño como pegar o herir. No recuerda como empezó, pero un día hace mucho tiempo se pinchó un &lt;em&gt;pico&lt;/em&gt; de &lt;em&gt;jaco&lt;/em&gt;. ¡Joder que buena la heroína! ¡Qué paz tú! Y, desde entonces, para pagarse las &lt;em&gt;papelinas&lt;/em&gt;  de &lt;em&gt;caballo, &lt;/em&gt;robó a viejas con el bolso diciendo cógeme, a tenderos acojonados, a jovencitos con ropa de marca que se iban por la pata abajo cuanto les sacaba la jeringuilla. Pero en la jeringa no había nada. Un truco que le contó un colega. “Se cagan si ven una aguja. Piensan que les pegarás un sidazo”. Le cogieron porque le quitó el bolso a una tía que era poli. ¡Qué cosas!&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eTC7zvXI/AAAAAAAAAjU/ZNlYKLbUK3M/s1600-h/apalizado+en+carcel.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5106622708782972274" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eTC7zvXI/AAAAAAAAAjU/ZNlYKLbUK3M/s200/apalizado+en+carcel.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; En prisión no vivía mal del todo. Tres comidas al día, el educador lo colocó en el programa de metadona y no tenía que preocuparse por conseguir un pico. No vivió mal hasta que el &lt;em&gt;Guapo&lt;/em&gt; le dio una paliza en el gimnasio del módulo. Porque sí. El &lt;em&gt;Guapo&lt;/em&gt; es mala gente. Abusa de otros presos, pero nadie le planta cara. Fuera se dedicaba al trapicheo, pero no está por eso; lo encerraron porque mató a una mujer, el muy cabrón. Él no le ha hecho nada, pero el &lt;em&gt;Guapo&lt;/em&gt; es un hijo de puta que disfruta jodiendo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eTS7zvYI/AAAAAAAAAjc/Ic-6KwPQCjo/s1600-h/brazos+a+traves+de+rejas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5106622713077939586" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eTS7zvYI/AAAAAAAAAjc/Ic-6KwPQCjo/s200/brazos+a+traves+de+rejas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El &lt;em&gt;Tumbao&lt;/em&gt; deambulaba por el patio con un papel encerrado en el puño derecho. Va a la peluquería. Un hombre bajito de cara pálida corta el pelo con afición y escasa habilidad a un joven negro que es puro charol. “¿Tienes algo?”, le susurra el &lt;em&gt;Tumbao&lt;/em&gt; a la oreja del esquilador y el otro asiente. El &lt;em&gt;Tumbao&lt;/em&gt; se sienta en una silla de tijera y espera. Cuando el descolorido peluquero acaba, el negro prieto da las gracias, se levanta y sale al patio. El &lt;em&gt;Tumbao&lt;/em&gt; se acerca al rapabarbas, abre el puño derecho y le muestra el resguardo de un giro postal de 40 euros que le ha enviado su madre. “¿Cuántas &lt;em&gt;papelinas&lt;/em&gt; puedes fiarme? Te pago con el giro. “¿Quieres hacerme la competencia?” le dice el macilento entre bromas y veras. No, no, le dice el &lt;em&gt;Tumbao&lt;/em&gt;, es para mí. Quiero tener reservas, porque estoy hasta los huevos de la metadona. “La metadona es una mierda”, sentencia el otro y le vende cuatro &lt;em&gt;papelinas&lt;/em&gt; de &lt;em&gt;caballo&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eTS7zvZI/AAAAAAAAAjk/0L59s4zntOg/s1600-h/urinarios.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5106622713077939602" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eTS7zvZI/AAAAAAAAAjk/0L59s4zntOg/s200/urinarios.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El &lt;em&gt;Tumbao&lt;/em&gt; repite la operación a lo largo de la mañana. Sabe a quién dirigirse. Les muestra el resguardo del giro materno como garantía. A la hora de comer, ha conseguido siete papelinas.&lt;br /&gt;Se dirige al comedor y espera. Los presos hacen cola pertrechados de bandejas. Llega el &lt;em&gt;Guapo&lt;/em&gt;, adelanta a todo el mundo y se planta ante el mostrador con su bandeja; los presos que atienden el &lt;em&gt;office&lt;/em&gt; le sirven. No quieren líos. El &lt;em&gt;Guapo&lt;/em&gt; se sienta en su mesa y se dispone a comer patatas guisadas con costilla de cerdo y pescado frito. “Vaya mierda de comida”, dice, pero se dispone a devorarla.&lt;br /&gt;El &lt;em&gt;Tumbao&lt;/em&gt; se acerca con sigilo y saca de la camisa un pincho agudo que se ha fabricado con paciencia y odio del asa metálica de un cubo de fregar. Sentado, con una cuchara en la mano derecha y un trozo de pan en la izquierda, el &lt;em&gt;Guapo&lt;/em&gt; encaja 23 puñaladas del &lt;em&gt;Tumbao&lt;/em&gt; antes de saber qué está pasando.&lt;br /&gt;Luego el Tumbao huye veloz al &lt;em&gt;tigre&lt;/em&gt; y se &lt;em&gt;chapa&lt;/em&gt;. Y ahí está, recordando.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eTS7zvaI/AAAAAAAAAjs/C5awC0E1Omk/s1600-h/cadaver.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5106622713077939618" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eTS7zvaI/AAAAAAAAAjs/C5awC0E1Omk/s200/cadaver.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Saca las siete &lt;em&gt;papelinas&lt;/em&gt; de heroína de un bolsillo del chandal, las rasga con cuidado una tras otra y vierte en la boca abierta el polvillo blanco que contienen. Traga. Se amorra al grifo de un lavabo y bebe con el ansia de quien ha atravesado un desierto. Luego se sienta en el suelo con la espalda apoyada en la pared.&lt;br /&gt;Cuando los funcionarios de azul logran abrir la puerta de los retretes, el &lt;em&gt;Tumbao &lt;/em&gt;agoniza, se le va la vida a ojos vista, pero sonríe. En la enfermería, donde han llevado al agredido, el &lt;em&gt;Guapo&lt;/em&gt; ha muerto hace rato.&lt;br /&gt;El peluquero se queja para dentro “¿Quién me paga a mí el &lt;em&gt;caballo&lt;/em&gt; fiado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-7603217233434715873?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/7603217233434715873/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=7603217233434715873' title='22 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/7603217233434715873'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/7603217233434715873'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/09/el-giro-postal.html' title='El giro postal'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rt5eZi7zvbI/AAAAAAAAAj0/0fBzQw5eGiI/s72-c/galeria+carcel.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-3338824439055832724</id><published>2007-09-03T09:49:00.000+02:00</published><updated>2007-09-04T07:58:45.304+02:00</updated><title type='text'>A mordiscos</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rtu9xy7zvII/AAAAAAAAAhc/bBWUCcQrNmA/s1600-h/mujer+por+la+calle.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105883265738456194" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rtu9xy7zvII/AAAAAAAAAhc/bBWUCcQrNmA/s200/mujer+por+la+calle.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Teresa había sufrido en los últimos años cuatro atracos y estaba más quemada que un hereje en la Edad Media. ¡Ya estaba bien! ¿Qué esperaban encontrar esos desgraciados en su establecimiento? Esto no es un banco ni una joyería, leche, es un puñetero estanco que, desde que la ministra aquella levantó su cruzada contra el tabaco, ya no es lo que era.Ese día, además, se había levantado de mal pie. Era uno de “esos días” y estaba hasta el occipital de los dolores y malestares que la atormentaban durante las primeras jornadas menstruales. Tomó un café, que le pareció agua de bellotas en el bar de la esquina, y abrió el estanco con más ganas de meterse en la cama que otra cosa, pero el deber…&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rtu9xy7zvJI/AAAAAAAAAhk/qkFsZTdDJsY/s1600-h/Estanco.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105883265738456210" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rtu9xy7zvJI/AAAAAAAAAhk/qkFsZTdDJsY/s200/Estanco.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Pasaron tediosas las horas, vendió un par de cartones de rubio, unos puros baratos, algunas revistas frívolas, tres abonos de transporte público y unos pocos sellos. Por la tarde, más de lo mismo, y los puñeteros dolores que no cesaban. Hacia las siete, aflojó el personal y pensó que mejor se iba a casita, aunque fuera antes de la hora habitual de cierre, y se empiltraba con una bolsa de agua caliente como analgésico de urgencia.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rtu9yS7zvKI/AAAAAAAAAhs/YOxAYJhE2-4/s1600-h/hombre+delgado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105883274328390818" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rtu9yS7zvKI/AAAAAAAAAhs/YOxAYJhE2-4/s200/hombre+delgado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Cuando ya había superado los inevitables remordimientos por marcharse antes del tajo y había cogido el bolso para tomar las de Villadiego, entró un tipo joven con pinta de anoréxico, o eso consideró ella. “Necesito cargar el móvil”, le dijo. Muy bien, qué número, preguntó, y cuántos euros de recarga.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rtu9yS7zvLI/AAAAAAAAAh0/ZbUZH4MlCNY/s1600-h/mujer+con+jaqueca.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105883274328390834" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rtu9yS7zvLI/AAAAAAAAAh0/ZbUZH4MlCNY/s200/mujer+con+jaqueca.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El joven macilento vaciló. “Es que no me sé el número de memoria. Voy a preguntarle a mi colega que está fuera, que seguro que él sí lo sabe, porque él me llama, no yo a mí mismo”. Y soltó una risita tonta que hizo que Teresa dudara de la integridad mental del jovenzano.&lt;br /&gt;Farfulló la mujer sobre su irritante mala suerte y rebuscó en un cajón por si había abandonado allí en otro tiempo algún paliativo.El flacucho regresó con su colega, que era alto y amontonado como un armario ropero. Teresa, que no cree en brujas, espíritus ni mundos esotéricos, tuvo un pálpito. “Estos hijos de su madre vienen a robarme. Otra vez no”. Pero ella es una débil mujer, ¿qué hacer con dos tíos hechos y derechos, uno de los cuales es grande como un camión?&lt;br /&gt;Los dos individuos merodearon por el estanco, pero no le daban el número del dichoso móvil. ¿No quería usted cargar el móvil?, preguntó al delgaducho, pero no respondía. Pues váyanse, que he de cerrar. Entonces ambos sujetos se abalanzaron sobre la mujer, bramando esa vulgaridad de “danos todo el dinero que tengas”, propia de gentes sin ley ni orden.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rtu9yS7zvMI/AAAAAAAAAh8/8tPeLVCaeeI/s1600-h/hombre+armario.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5105883274328390850" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rtu9yS7zvMI/AAAAAAAAAh8/8tPeLVCaeeI/s200/hombre+armario.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; ¡A bodas me convidas! Teresa, que aún doloridos era una mujer con muchos ovarios, abrió la boca como una gárgola y agarró lo que le pilló más cerca, el antebrazo del armario. La dentellada fue de las que hacen época y logró que el enorme delincuente se alejará con grandes lamentaciones de las fauces devoradoras y de su estanco. El flacucho quedó inmóvil, espantado, y una nueva tarascada no le arrancó de cuajo la mejilla, porque apenas tenía carne que agarrar. Como una leona hambrienta, Teresa se dirigió feroz para rematar el dentellado ataque, pero se quedó con las ganas, porque los mangantes pusieron tierra de por medio con el mísero botín de un tubo de fijador de pelo cogido al azar en su veloz retirada, valorado en un euro con noventa y cinco céntimos, pues sabido es que, ante la crisis que el descenso de la venta de tabacos causa a los estancos de las Españas, muchos de estos establecimientos han optado por abrir el abanico de su oferta comercial.&lt;br /&gt;Un tiempo y algunos &lt;em&gt;saldevas&lt;/em&gt; después contra las menstruales molestias, cuando el policía que le tomó la denuncia le expresara su admiración, al tiempo que le advertía de que había sido un tanto imprudente, Teresa respondió escueta. “No saben esos capullos la fuerza y la rabia que una regla dolorosa genera en una mujer madura”.&lt;br /&gt;Y el policía asintió sin decir ni mu.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-3338824439055832724?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/3338824439055832724/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=3338824439055832724' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/3338824439055832724'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/3338824439055832724'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/09/mordiscos.html' title='A mordiscos'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rtu9xy7zvII/AAAAAAAAAhc/bBWUCcQrNmA/s72-c/mujer+por+la+calle.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-4289096968908800244</id><published>2007-08-07T21:16:00.000+02:00</published><updated>2007-08-08T09:36:31.404+02:00</updated><title type='text'>Por narices</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjGPSnwTmI/AAAAAAAAAfs/3moHr7PJefo/s1600-h/carbonizado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040944368635490" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjGPSnwTmI/AAAAAAAAAfs/3moHr7PJefo/s200/carbonizado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Frito. Quién en vida atendía por Mariano, ahora estaba frito. Muerto, mayormente. Quién había sido varón de estatura mediana y fuerte complexión se había convertido en una momia ennegrecida con los brazos extendidos, cuál pontífice saludando a fieles enfervorizados en la plaza de San Pedro, con los carbonizados brazos y manos uniendo aún sendos cables pelados del tendido eléctrico del convento de Santa María Auxiliadora. Fue sor María de la Alegría quien encontró el cuerpo crepitante de Mariano y avisó al servicio de urgencias, pero no había urgencia que atender, solo orar por su alma. Mariano estaba muerto y muy muerto. Achicharrado. Tanto que, con un par de meneos, el quemado se convertiría en ceniza y la familia se ahorraría la incineración.&lt;br /&gt;Mariano era el administrador -y hábil chapucero para reparaciones domésticas- del convento de las hermanas de no recuerdo qué sagrado corazón de qué santo, en el que acogían niñas huerfanitas y abandonadas por sus descastados o menesterosos progenitores, que de todo hay en la viña del Señor.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjGPSnwTnI/AAAAAAAAAf0/7lwS_nCnwTM/s1600-h/cables+pelados.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040944368635506" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjGPSnwTnI/AAAAAAAAAf0/7lwS_nCnwTM/s200/cables+pelados.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Tras el levantamiento del cadáver por la autoridad judicial, la Guardia Civil determinó que el deceso y tránsito de Mariano se debió a un lamentable accidente cuando reparaba un enchufe en el refectorio de las monjitas; el enchufe que recibía el cable de la lámpara de flexo que iluminaba el libro ejemplarizante que, colocado sobre un atril, leía una sor para amenizar el obligatorio y devoto silencio de los refrigerios de la comunidad. Las monjitas aceptaron resignadas la desaparición de quién les resolvía los entuertos caseros y rumiaron a quién contratarían para sustituir a Mariano. Todas, menos sor Piedad, la monjita que cumplía las funciones de mayordoma o hermana cillerera. Sor Piedad se quedó con la mosca tras la oreja, pues había solicitado a Mariano que reparara el enchufe de la lámpara del refectorio, porque la conexión flojeaba y la luz iba y venía dificultando la lectura, y así lo había hecho sin problemas el plural y eficaz administrador, pero días antes del electrizante deceso. ¿Por qué razón Mariano reparó lo reparado?&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjGPSnwToI/AAAAAAAAAf8/leT4hCq0hWk/s1600-h/flexo+y+atril.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040944368635522" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjGPSnwToI/AAAAAAAAAf8/leT4hCq0hWk/s200/flexo+y+atril.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Con el ánimo lleno de oscuros e inquietantes presagios, sor Piedad decidió hurgar en los efectos personales del fallecido antes de entregarlos a posibles parientes o a los pobres, en caso de no haberlos. No supo muy bien por qué, aparte de una irresistible y tal vez pecaminosa curiosidad, pero se dijo que acaso entre las cosas del finado encontraría alguna señal que aliviara la desazón que tan terrible e inexplicable muerte le causaba.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjGPinwTpI/AAAAAAAAAgE/Jeqg6PUliHw/s1600-h/monja+de+espaldas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040948663602834" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjGPinwTpI/AAAAAAAAAgE/Jeqg6PUliHw/s200/monja+de+espaldas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Con leve malestar por la conciencia de pecado venial que cometía, sor Piedad registró la maleta del finado, que prudentemente había sacado de la casita exterior al convento propiamente dicho, donde residía Mariano en vida, y trasladado a su celda después de que las monjitas se hubieron recogido en sus austeros aposentos tras el rezo de completas.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Iniciado el cacheo de las pertenencias de Mariano, Sor Piedad reprimió un grito escandalizado. Tras calzoncillos limpios (usados y deshilachados), calcetines y camisas, encontró oculta una cajita de impuros condones así como dos revistas con exuberantes mujeres desnudas en obscenas posturas. Ella nunca había tenido una caja de preservativos en las manos, pero había visto un anuncio en la televisión. Sor Piedad murmuró una jaculatoria pero, pensándolo mejor, musitó una breve oración por el alma del obsceno y finado Mariano, y continuó su labor registradora, no sin antes haber echado una atenta mirada a las revistas. Para combatir el pecado, hay que conocerlo, pensó. &lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjF9inwTjI/AAAAAAAAAfU/TLQg3iOFuL0/s1600-h/maleta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040639425957426" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjF9inwTjI/AAAAAAAAAfU/TLQg3iOFuL0/s200/maleta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjF9inwTkI/AAAAAAAAAfc/oKw8WbrK37M/s1600-h/cuadernos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040639425957442" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjF9inwTkI/AAAAAAAAAfc/oKw8WbrK37M/s200/cuadernos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Resistió la tentación de abrir uno de los sobrecitos contenedores de condones y se centró en la tapa superior de la modesta maleta, en cuyo bolsillo interior, la monjita encontró una libreta escolar nueva, un cuaderno rayado para facilitar la escritura con una fecha en la cubierta. ¡La fecha del letal accidente de Mariano!&lt;br /&gt;Sor Piedad se persignó, colocó una toalla frente a la rendija del suelo de la puerta de la monjil celda, para que no se viera luz desde el exterior, y se dispuso a leer el cuaderno, escrito con letra insegura, pero legible:&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjF9ynwTlI/AAAAAAAAAfk/-a0hRiUr4dk/s1600-h/coche+siniestrado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040643720924754" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjF9ynwTlI/AAAAAAAAAfk/-a0hRiUr4dk/s200/coche+siniestrado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; “Me pongo a escribir sin ser muy consciente de por qué tengo necesidad de contar lo terrible que me ha ocurrido en los últimos tiempos. Tal vez porque la escritura expresa nuestra necesidad de inmortalidad, como dicen cursis y pedantes. Aunque, bien mirado, sí lo sé. Necesito que quién yo sé es el responsable real de mi muerte -aunque ningún fiscal ni tribunal pueda relacionarlo directamente- pagué por ello de una forma u otra. Doctores tiene la iglesia y jueces los tribunales. Tengo muy presente el momento en el que subí a mi Seat Ibiza y me dirigí hacia la autopista, de regreso hacia el pueblo. ¡Ojala nunca hubiera salido! Estaba nervioso, pero, al mismo tiempo, frío por dentro, no sé si me explico. Cómo no iba a estar nervioso si acababa de matar a un hombre, aunque ese hombre me hubiera causado una desdicha imposible de soportar. Eso creía en ese momento. Pero lo que me puso nervioso de verdad, histérico, fue que, circulando a buena marcha por la autovía, me sobrepasara un automóvil de la Guardia Civil y se colocara ante mi coche. ¿Por qué un vehículo de la Benemérita me adelanta para continuar a la misma velocidad que yo? No sé qué pasó por mi cabeza, pero se me nubló la razón y salí zumbando por la siguiente salida. Recuerdo que lo hice a toda velocidad, mirando por el espejo retrovisor para ver si el coche de los civiles me seguía, y, cuando menos lo esperaba, me encontré frente a un sólido muro de piedras de color rojizo, a todas luces la alta tapia de un chalet.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjFpCnwTcI/AAAAAAAAAec/dpY4rGzZXXk/s1600-h/operacion+mogollon.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040287238639042" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjFpCnwTcI/AAAAAAAAAec/dpY4rGzZXXk/s200/operacion+mogollon.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Lo siguiente que recuerdo como en sueños fue una luz intensa sobre mi cabeza y alguien, hombre o mujer, con media cara tapada y el cabello cubierto por un gorro de tela verde, que parecía prestarme mucha atención. Luego, mucho más tarde, cuando recobré algo la conciencia, supe que me habían llevado con urgencia a un Hospital cercano al lugar del accidente.&lt;br /&gt;Estuve sumergido en el territorio indefinido de la inconsciencia que linda con la muerte durante días y días. Cuando desperté, aún estuve postrado varias semanas más, pero de lo que fui consciente de inmediato fue que tenía la cara vendada por completo, salvo los ojos y los agujeros de la nariz. Nadie me dijo que ocurría, nadie me explicó nada, salvo que vivía de milagro.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjFpSnwTdI/AAAAAAAAAek/KRG_MRNcFqY/s1600-h/narizotas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040291533606354" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjFpSnwTdI/AAAAAAAAAek/KRG_MRNcFqY/s200/narizotas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Me sorprendió que ningún policía ni guardia civil custodiara la habitación y me extrañó aún más que nadie viniera a interrogarme, hasta que concluí que, incomprensiblemente, no se me relacionaba con el tiroteo en una clínica de postín. ¿Cómo era posible? En aquel hospital, yo sólo era una víctima más de la plaga de accidentes de tráfico. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando, tras darme el alta por superar con éxito la convalecencia después de las complejas operaciones que me salvaron la vida, me informaron que sería trasladado a la clínica “Los Eucaliptos”, donde sería operado de nuevo. ¿Por qué?, pregunté temiendo lo peor. Un interno confesó vacilante que era la mejor clínica de cirugía plástica y allí repararían sin duda las terribles cicatrices que las graves heridas causadas en el accidente me habían convertido en un ecce homo. Vivía, pero era un monstruo. Lo leí en la mirada asustada del joven médico.&lt;br /&gt;¡Qué paradoja de vida! ¡Que absurda! ¡Qué porquería! El accidente de tráfico había sido el terrible colofón que cerró un trágico recorrido iniciado con una operación de cirugía plástica. El contrasentido devino broma feroz cuando, ya en “Los Eucaliptos”, entró en mi habitación de candidato al quirófano de reparación plástica el elegante doctor Orestes. El hombre que yo había matado.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjFpSnwTeI/AAAAAAAAAes/OpILuDyLF4w/s1600-h/operando,+dibujo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040291533606370" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjFpSnwTeI/AAAAAAAAAes/OpILuDyLF4w/s200/operando,+dibujo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Orestes era el encargado de operarme para devolverme un rostro humano, visible, que no provocara horror. ¿Cómo sobrevivió a seis disparos?Me vino como un rayo el momento en que entré en esta misma clínica meses antes. Recuerdo que lo hice decidido y lleno de ira. Allí había sido operado de la nariz dos semanas antes y lo más caritativo que se podía decir fue que el resultado había sido muy poco satisfactorio. Lo cierto es que, tras la operación plástica, que me practicó el eminente doctor Orestes, en lugar de una cara presidida por una enorme nariz, ahora tenía un rostro de cerdito. Mi vida empezó a ser molesto purgatorio. ¡Qué miraditas! ¡Que guasas! ¡Qué bromitas! Salvo las monjitas, claro, obligadas por el mandato de practicar la caridad. Quedé mucho peor que cuando la gente del pueblo se me reía en las narices (nunca mejor dicho) y me felicitaba por tan magnífico picaporte. A fin de cuentas, una narizota parece algo más aceptable, aunque sea objeto de chanzas, que lo era, pero tener cara de cerdo…&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjFpinwTfI/AAAAAAAAAe0/NfRjhbvqixo/s1600-h/cerdito.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040295828573682" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjFpinwTfI/AAAAAAAAAe0/NfRjhbvqixo/s200/cerdito.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Al reducir el tamaño de la nariz, el cirujano calculó mal, porque me había dejado los orificios nasales en posición frontal, con todo el aspecto de un verdadero morro de gorrino. Desesperado, telefoneé al cirujano plástico, suplicándole que me operara de nuevo, que arreglara el entuerto, que, si no podía mejorarme, me dejara como antes, pero el muy miserable me respondió que no me quejara, que había quedado muy bien, que no me comportara como un histérico. Y añadió con pitorreo que antes de la intervención plástica yo era tan feo que incluso con pinta de cerdo (que no negaba) estaba mucho mejor. Se habrá dado cuenta, añadió, de que muchas mujeres operadas de la nariz tienen un gracioso aspecto de cerditas. A fin de cuentas, los cerdos, además de aprovechar de ellos hasta los andares, como dice el refrán, son bichos que caen bien; incluso son utilizados en otros países como mascotas de compañía.&lt;br /&gt;Me tragué la respuesta, pero no la rabia. Y decidí matarlo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjFpynwTgI/AAAAAAAAAe8/0Kbsrg234u0/s1600-h/disparos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5096040300123540994" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjFpynwTgI/AAAAAAAAAe8/0Kbsrg234u0/s200/disparos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; No lo pensé mucho y al día siguiente me puse en camino hacia la clínica. Las decisiones graves, cuantos antes se cumplan, mejor. Pasé por delante del mostrador de recepción sin que se fijaran en mí, llegué hasta la consulta del cirujano felón, entré y, sin decir palabra, saqué el revólver que me había agenciado y le vacié todo el tambor en el cuerpo. Cayó como un fardo y me fui con la misma calma con la que había entrado. Recuerdo que memoricé en mi tranquila huida hacia mi coche que el doctor Orestes, al caer, sangraba con abundancia, incluso por la cara. También me percaté de que nadie intentó detenerme y de que la gente de la clínica iba a sus cosas, como si nada hubiera pasado. La angustiosa sensación de irrealidad que sufrí entonces, resurgió de nuevo con fuerza ante un sonriente Orestes que entraba en mi habitación de “Los Eucaliptos”. Debería estar muerto, pero no lo estaba.&lt;br /&gt;- Vaya, vaya, ¿a quién tenemos aquí? - me dijo el cirujano plástico mientras agitaba suavemente la carpeta de color azul con la ficha del paciente.- Naturalmente, no te he reconocido porque haya visto tu fea cara, afortunadamente cubierta por una venda en beneficio de la estética y la armonía, sino por tu ficha. Ahora tu faz está hecha unos zorros, en realidad peor que nunca lo ha estado, que ya es decir. Tampoco puedo comprobar tu expresión de asombro, con tanta venda, pero estoy seguro de que estás tan sorprendido, fascinado diría yo, como si se te hubiera aparecido tu putísima madre que, creo recordar, me dijiste había muerto. Como puedes ver, no estoy muerto ni soy un fantasma, aunque algunos digan a mi espalda que sí lo soy. Envidias, como puedes imaginar. ¿Cómo sigo vivo, te preguntarás, después de seis tiros? – Se me acercó y susurró hacia donde debió ubicar mi fajada oreja izquierda -. Me siento generoso y te lo voy a contar, pues estás en mis manos sin remedio. ¿Comprendes? Estás en mis expertas manos y no tienes escapatoria. He tomado las medidas pertinentes. Quedé helado cuando entraste aquel día en la consulta y sacaste un revólver del bolsillo. Casi me jiño del susto, lo reconozco, pero eres tan inútil que fallaste el primer tiro. ¿Casualidad? No, patética impericia, porque el segundo disparo sólo me hizo la raya en medio, si me permites la chanza. Se supone que ese tiro debía horadarme la frente, pero no. ¿Ves esta calva longitudinal que tapo con mi sedoso cabello? Único vestigio de un disparo que se desvió hacia arriba y sólo me afeitó una reducida área de cuero cabelludo. ¡Qué mala suerte la tuya! Los tiros tres y cuatro fueron mejor dirigidos, pero desafortunados, pues sólo me atravesaron limpiamente el brazo izquierdo y el muslo derecho. Para tu desgracia, no interesaron parte vital alguna y las heridas cicatrizaron sin problemas poco tiempo después. El quinto disparo podría haberme causado algún perjuicio, lo reconozco, pero sólo perforó el hombro sin tocar hueso, igual que les ocurre a los protagonistas de las películas bélicas, y curé la herida sin problemas. Y el sexto -¡ah, el sexto tiro!- podría haberte hecho feliz, porque fue directo al corazón, pero -dislates de la fortuna- se detuvo en el acero de la bruñida petaca metálica que llevó en el bolsillo interior izquierdo de mi chaqueta para echar un traguito de ron jamaicano cuando las tensiones profesionales se hacen poco llevaderas. ¿Comprendes el sentido de todo esto? Soy un protegido de los dioses. O, si lo prefieres, tengo baraka, suerte a prueba de bomba, como dicen los árabes. Y ahora te tengo a mi merced. Puedo hacer contigo lo que me plazca y puedes estar seguro de que lo haré. Podría dejar que murieras en el quirófano. Sabido y aceptado es que, a pesar de los increíbles avances de la medicina, ocurren accidentes e imponderables que causan lamentables e inevitables muertes en el curso de las intervenciones quirúrgicas. Pero no temas, no morirás, aunque me siento legitimado para acabar con tu vida. Ley del Talión. Sin embargo, una muerte rápida sería un dulce regalo. Si hiciera que murieras en el quirófano, sólo obtendría una fugaz y pasajera satisfacción cuando la línea ondulada del monitor conectado a tu corazón se convirtiera en recta, señal inequívoca de óbito. Pero no sufrirías. Sencillamente, dejarías de existir y es poco para mí. Quiero que sufras, porque te odio. Necesito que vivas para que desees morir. Si te mueres, no puedo odiar un recuerdo. No se odia una sombra. Necesito que vivas para odiarte. Con odio inmisericorde y destructor. Y no intentes escapar a tu suerte, porque todo está previsto. Mañana es día de venganza.&lt;br /&gt;Lo recuerdo como si lo oyera ahora. También recuerdo que un atroz escalofrío me recorrió las venas y arterias. Tal vez fue la conciencia de que el odio destruye a quién odia. Como ahora me destruirá a mí. El final fue trágico, o tragicómico, pero feroz. Cruel. Orestes había conseguido que padeciera una prolongada afonía aguda, que me impidió comunicarme con nadie para intentar salvarme. Y, tampoco imagino cómo, me inutilizó ambas manos, con lo que no pude escribir el terror que me atenazaba y denunciar lo que haría conmigo. Intenté huir, pero un potente sedante, cuya inoculación no pude evitar, me impidió cualquier movimiento de fuga. Finalmente, y ante mi desesperación, me condujeron al quirófano. Recuerdo a Orestes mirándome con fijeza con medio rostro cubierto por la careta aséptica, mientras el anestesista me enviaba a la región de los sueños. El resultado fue que si yo era un feo de nariz prominente y me convertí en ridículo cerdito, tras la primera operación, después de la segunda, ningún humano tiene un rostro tan desagradable como el mío. No sé como lo ha hecho Orestes, pero todos me ven con cara de culo. No es una frase hecha. Tengo una cara de culo por antonomasia. Y si costaba vivir con una narizota como cuenta el poema de Quevedo, “érase un hombre a una nariz pegado”, más aún con un rostro que parece un desnudo trasero. El doctor Orestes no quería que yo muriera, pero se va a joder”.&lt;br /&gt;La hermana Piedad cerró el cuaderno entre sollozos. La monjita no lloraba por el terrible drama de Mariano, sino porque el que fuera administrador del convento había muerto en pecado mortal. Doble pecado mortal. Uno por haber intentado matar a un hombre, eminente cirujano, y otro por quitarse la vida, sin contar los pensamientos impuros que las revistas obscenas le debieron provocar. Esos dos pecados mortales –intento de homicidio y pensamientos impuros- podrían ser confesados y absueltos, pero el suicidio es el único pecado que no se puede perdonar, porque uno muere sin tiempo para la absolución. Aunque si entre el acto suicida y la muerte misma, el suicida tiene tiempo de arrepentirse en una fracción de segundo con un acto de contrición… Sor Piedad decidió consultar al capellán sobre tan delicada y controvertida cuestión teológico-moral. Tal vez valiera la pena ofrecer misas por la eterna salvación de Mariano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-4289096968908800244?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/4289096968908800244/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=4289096968908800244' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/4289096968908800244'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/4289096968908800244'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/08/frito.html' title='Por narices'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrjGPSnwTmI/AAAAAAAAAfs/3moHr7PJefo/s72-c/carbonizado.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-6102675722999105467</id><published>2007-08-02T20:07:00.000+02:00</published><updated>2007-08-02T20:24:27.964+02:00</updated><title type='text'>Soledad absoluta</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIehynwTXI/AAAAAAAAAd0/Km_KHbalY94/s1600-h/silla+enea.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094167694382484850" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIehynwTXI/AAAAAAAAAd0/Km_KHbalY94/s200/silla+enea.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El hombre arrastraba una vieja silla de enea con cierta naturalidad por la zona alta de la ciudad. Cogió la destartalada silla y se la cargó a la espalda. Pero no pasaba desapercibido. No, en esos barrios elegantes de jardines cuidados y poca gente por la calle.&lt;br /&gt;Bajo la barba gris amarillenta del hombre de cincuenta o sesenta años se ocultaba un rostro arrugado y agrietado por el dolor y la desesperanza. Grises eran los sucios cabellos que surgían grasientos y en desorden de un zarrapastroso sombrero sin forma; grises también los ojos que reflejaban cansancio infinito, gris también la piel del rostro que asomaba, y ennegrecida a ronchas la que se veía por las mangas del deshilachado y pringoso chaquetón. Iba vestido con ropa más que vieja con rotos y remiendos, y calzaba botas de cuero sin forma, como las que solían poner antaño a los paralíticos pobres en silla de ruedas.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIehynwTYI/AAAAAAAAAd8/KGfxHT0YOaE/s1600-h/callejÃ³n+2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094167694382484866" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIehynwTYI/AAAAAAAAAd8/KGfxHT0YOaE/s200/callej%C3%B3n+2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; ¿Cuánto tiempo desde que había descendido por el pozo sin fondo que lo arrojó a la calle? No se es vagabundo sin techo de la noche a la mañana. ¿Cuándo empezó el declive? Tenía un empleo, uno de tantos, para el que no es preciso saber nada. Acaso en un almacén trasteando con paquetes y cajas; en una oficina sentado horas ante una vieja, pero robusta máquina de escribir; tras un mostrador vendiendo con sonrisa impuesta, o en una fábrica operando automáticamente en alguna máquina. Un trabajo. Tenía también una novia, que no era guapa, con la que pensaba casarse, aunque no sabía cuando. Un día se quedo sin trabajo y sin la incierta seguridad que proporciona un salario exiguo. Se lo tomó por el lado bueno: tendría más tiempo para no se sabe qué y encontraría otro empleo. Pasaron semanas y meses. El trabajo no llegaba y todo se complicó cuando la novia lo dejó, porque no tenía futuro. Tras un tiempo, resignado al incontestable paro, dejó incluso de ver a la familia a la que frecuentaba poco; fiestas navideñas, entierros y bautizos. Se aisló un poco más.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeiCnwTZI/AAAAAAAAAeE/CXOXzRuvnAE/s1600-h/Vagabundo+barbudo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094167698677452178" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeiCnwTZI/AAAAAAAAAeE/CXOXzRuvnAE/s200/Vagabundo+barbudo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;No se atrevió a salir con ninguna otra mujer. Era uno de esos tantos. Cuando se quedó sin empleo, recibió una pequeña indemnización y papeleó para que el Estado le pagara cada mes tres cuartas partes de lo poco que ganaba cuando trabajaba. Eso duró un par de años y, cuando se acabó el subsidio, a medida que se deslizaban lentas y grises las semanas, se instaló en la desesperanza y ante él se abrió un paisaje yermo que antes no conoció ni siquiera en su pobreza de asalariado modesto. Sobrevivió con chapuzas. No era muy hábil, pero tenía voluntad.&lt;br /&gt;Se acostumbró a las copas, porque le hacían sentirse bien. Era otro. Cuando bebía, no tenía problemas. Y de las copas en los bares, pasó a beber solo en el reducido piso en el que vivía, porque le cundía más. Así dejó de ver a la media docena de personas que no eran sus amigos, pero charlaban con él de cómo marchaba la liga, de mujeres o de algo de la televisión.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeiCnwTaI/AAAAAAAAAeM/2_MVDrDx7ng/s1600-h/Indigentes+en+la+calle.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094167698677452194" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeiCnwTaI/AAAAAAAAAeM/2_MVDrDx7ng/s200/Indigentes+en+la+calle.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Dejaron de llamarle para hacer chapuzas y continuó con trabajos ínfimos: limpiar puestos de pescado del mercado municipal, acarrear basuras, echar una mano en la descarga de mercancías de madrugada... Hasta entonces había mantenido un aspecto casi decoroso; se lavaba y planchaba la ropa, aunque no con pericia y el resultado era un varón razonablemente aseado. La peculiaridad de los insignificantes trabajos en el mercado le disuadió de dedicar tiempo a la limpieza de su limitado vestuario porque, a fin de cuentas, siempre olía a pescado y a fruta podrida, con manchas aquí y allá.Pronto dejaron de pagarle en dinero los trabajillos y se conformó con menudos o despojos de carnicería, algunas verduras o frutas tocadas, un jersey con tara, incluso unos zapatos casi nuevos y, a veces, unos euros en efectivo. No pareció importarle, pero abandonó el piso, porque lo iban a echar, y alquiló una habitación fosca, estrecha y mohosa, donde compartía con chinches y pulgas un escaso jergón sobre cama desvencijada.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeiCnwTbI/AAAAAAAAAeU/wqbg6MMUsAE/s1600-h/Sin+techo+ebrio.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094167698677452210" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeiCnwTbI/AAAAAAAAAeU/wqbg6MMUsAE/s200/Sin+techo+ebrio.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Compartía con otros huéspedes, poco afortunados como él, un cuarto de baño sucio tan reducido que no imaginaba como habían podido colocar los adminículos de aseo y evacuación. Todo en una pensión lúgubre de mala muerte en una calle estrecha de la parte más vieja y abandonada de la ciudad. El escaso atractivo del cuarto de baño comunal lo indujo a dejar de afeitarse y dejó crecer una densa barba, profusamente salpicada de pelos blancos. Dejó de beber por no poder comprar botellas de coñac, cuya marca había descendido con el tiempo. Comprobó que le costaba estar sin beber; se encontraba muy mal. Creyó que tenía una gripe, pero cuando vio que la gripe no avanzaba ni se curaba, concluyó que era otra cosa. Antes de preocuparse por alguna enfermedad innombrable, descubrió el origen del malestar. Un camionero generoso, al que ayudó a descargar cajas muy pesadas, le dio veinte euros y le invitó a una copa.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeMinwTSI/AAAAAAAAAdM/IHCqsWezQ4o/s1600-h/Picado+de+mercado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094167329310264610" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeMinwTSI/AAAAAAAAAdM/IHCqsWezQ4o/s200/Picado+de+mercado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Cuando el alcohol llegó al flujo sanguíneo, se encontró bien como hacía tiempo no lo estaba. Sumó dos y dos y, puesto que no le alcanzaba para comprar coñac, se habituó al vino tinto de pelea en envase de cartón, más asequible para su arruinada economía. Pronto fue costumbre ver al maduro barbudo con una caja de cartón de vino tinto en el holgado bolsillo del desgajado chaquetón que llevaba en tiempo desapacible o en una bolsa de plástico de supermercado sujeta al cinturón en épocas de temperatura grata. No necesitaba demasiado dinero para tan barata necesidad y, cuando no lo obtenía en el mercado municipal, mendigaba cerca de una iglesia los domingos y festivos de guardar con un pedazo de cartulina en el que pedía para comer. Siempre había piadosos ciudadanos con mala conciencia que, monedita a monedita, le proporcionaban el dinero para vino peleón.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeMynwTTI/AAAAAAAAAdU/NsGJp5P14y0/s1600-h/Sin+techo+con+carrito.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094167333605231922" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeMynwTTI/AAAAAAAAAdU/NsGJp5P14y0/s200/Sin+techo+con+carrito.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El vino pasó a ser sillar principal en la vida del desastrado y, puesto que las escasas monedas sólo alcanzaban para comprarlo, abandonó la habitación húmeda y mohosa en la que reposaba del escaso trabajo y dormía las frecuentes borracheras. Al principio se quedaba en el mercado y, cuando el personal había desaparecido, se acomodaba en cualquier rincón y se hacía una especie de cama con un cobertor que había conservado de cuando vivía en el piso; eso y cuatro cosas más guardaba en un carrito de compra de plástico descuajeringado que rescató de un contenedor de cascotes.&lt;br /&gt;Llegó un momento en el que le dijeron que no se podía quedar por las noches en el mercado. El barbudo se encogió de hombros, tiró de su carrito y sentó sus reales en el vestíbulo del escaparate de una tienda de zapatos, suficientemente recogido frente a frío y viento. Por la mañana, antes de que las gentes de orden lo avistaran, se levantaba en medio de vapores de cogorza y, con paso inseguro, arrastraba el carrito hasta el mercado para ganarse un par de pescados aplastados, una coliflor no muy cristiana o menudos de cerdo o ternera que, prestamente cambalacheaba por uno cartón de vino tinto.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeMynwTUI/AAAAAAAAAdc/zj_xFObY7jA/s1600-h/Sin+techo+duerme+en+la+calle.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094167333605231938" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeMynwTUI/AAAAAAAAAdc/zj_xFObY7jA/s200/Sin+techo+duerme+en+la+calle.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Pero llegó el día en el que no le encargaron trabajo alguno por mísero que fuera y, como porfiara tozudo para conseguirlo y permaneciera en el lugar, alguien avisó a los guardias que, a empujones y puñadas, lo metieron en una furgoneta, lo llevaron hasta los descampados del fin de la ciudad y lo dejaron allí, advirtiéndole muy seriamente de que, si molestaba a gente de bien, le darían una paliza de la que no se olvidaría.El hombre avanzaba sin prisa calle arriba con la silla a la espalda. Si pasaba alguien a su lado, éste apresuraba el paso y luego se giraba a medias mirándolo con asco o temor. Pero el vagabundo barbudo caminaba como si estuviera solo en el mundo, su último habitante. Y acaso así era. Cambiaba de mano la silla contra la espalda, para que no se le entumeciera el brazo. Más abajo se oía un conjunto de rumores indefinidos: eran fiestas.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeNCnwTVI/AAAAAAAAAdk/jkdzoSAYkMs/s1600-h/Contenedor+basura.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094167337900199250" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeNCnwTVI/AAAAAAAAAdk/jkdzoSAYkMs/s200/Contenedor+basura.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Hacia el centro de la ciudad, las calles se iluminaban con bombillas de colores que formaban figuras y arabescos, y las gentes se apresuraban porque hacía frío y regresaban con sus compras o iban a hacerlas. Nada importaba al barbudo, envejecido o viejo, que cargaba una silla a la espalda. Las fiestas no parecían ser visibles para la zona alta, pues ahí no se veían dibujos hechos con bombillitas de colores. De tarde en tarde, una estrella con cola o sin ella colgaba a la puerta de alguno de los escasos comercios del barrio dando escasa fe de las fechas.&lt;br /&gt;Tras la experiencia con los guardias, el hombre barbudo no se atrevió a volver al mercado, la parte de la ciudad más parecida a un hogar que pudiera esperar. Vagó por calles en las que hubiera gente a la que tender la mano con la esperanza de que le dieran alguna moneda que cambiar por vino. Dormía en los quicios de portales, en recovecos de callejuelas, cubierto por cartones sucios o periódicos leídos y desechados. En algún cubo de basura encontró un paraguas medio roto y lo incorporó al ajuar para cubrirse las noches de lluvia y no empaparse mucho.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeNSnwTWI/AAAAAAAAAds/BVdGA9-3G3w/s1600-h/Escaparate+roto.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094167342195166562" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIeNSnwTWI/AAAAAAAAAds/BVdGA9-3G3w/s200/Escaparate+roto.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Con el paso de los días, su aspecto era más amenazador, aunque sabía Dios, si algún dios había para saberlo, que era incapaz de matar una mosca. Las gentes se apartaban cuando se acercaba con la mano extendida y la frase, apenas oída, de “limosna, por caridad”. Los días caían uno tras otro y no conseguía monedas para comprar un cartón de vino. Una vez, un tendero, entre cínico y temeroso, le regaló una botella de litro de tinto, tan peleón como el de envase de cartón, a condición de que se alejara de su comercio. Aquel día se sintió mejor, pero la botella apenas le duró una hora y los efectos, primero euforizantes y luego sedantes del vino, un par más. Intentó vender el casco en un comercio de la parte vieja, cerca de mercado, pero no tanto como para que lo encontraran los municipales. La oronda mujer del establecimiento se rió en sus morros y lo echó a escobazos. Siguió con su vagar y empezó a hurgar en los contenedores por las noches, antes de que pasaran los camiones que recogían las bolsas de plástico en las que la gente de bien de la ciudad arrojaba su porquería. Sobrevivió así sin llegar a la inanición, con restos mezclados y sucios de cocinas de personas de toda clase, pero la falta de vino le hacía sentirse mal, tanto que una noche se arriesgó a romper la luna del escaparate de un pequeño colmado con la intención de proveerse para varios días. Se había agenciado una bolsa de plástico, porque había abandonado el carrito desvencijado con sus pertenencias, y esperaba llenarla de cartones de vino tinto. Era una de esas tiendas, antes llamadas de ultramarinos, en un barrio de clase media y obreros cualificados. Rompió la luna con el menor estrépito posible, ignorante el barbudo vagabundo de que incluso aquel pequeño pero desconfiado comerciante había instalado una alarma conectada con algún lugar en el que había quien avisaría a la autoridad competente. En plena tarea de llenar la bolsa de plástico con los cartones de vino que pudiera, se presentó la policía municipal. Al vagabundo le parecieron los mismos que lo habían echado de la ciudad, pero no estaba seguro, porque todos los guardias le parecían iguales.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrId2SnwTNI/AAAAAAAAAck/QDU3S-aacXs/s1600-h/Polis+con+furgoneta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094166947058175186" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrId2SnwTNI/AAAAAAAAAck/QDU3S-aacXs/s200/Polis+con+furgoneta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Los municipales ni siquiera consideraron llevarlo a un calabozo. Lo subieron en el automóvil de luces azules, lo llevaron al límite de la ciudad, le dieron una paliza de órdago y lo dejaron tirado. El vagabundo estuvo días postrado entre matojos secos, tierra polvorienta y cascotes. Creyó morir, pero no murió. Nunca supo como, pero una pareja lo llevó a un albergue municipal para personas como él. Un tiempo vivió en estado de trance. Recordaba vagamente unas monjitas que lo atendían. Un par de mocetones con bata lo desnudaron, lo metieron en una bañera, lo lavaron y le curaron las heridas. Le dieron de comer, aunque no tenía hambre. A los pocos días se había recuperado. Una noche, vistió sus desastradas ropas, ahora limpias tras el esfuerzo de la lavandera del albergue, burló al portero y huyó. Salió a la fría noche de la parte vieja y miró al cielo, pero no vio las estrellas, porque las luces de la ciudad lo impedían.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrId2ynwTOI/AAAAAAAAAcs/uftx6ZgrvsU/s1600-h/Indigente+sobre+banco.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094166955648109794" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrId2ynwTOI/AAAAAAAAAcs/uftx6ZgrvsU/s200/Indigente+sobre+banco.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Durante varias noches callejeó tembloroso y atemorizado, hurgando en los grandes contenedores de cascotes de obras. Durante el día se iba al límite de la ciudad y se ocultaba entre matojos mirando al cielo. La sexta o séptima noche de peregrinar encontró lo que buscaba: una vieja y sólida silla de enea. También hurgó en las bolsas de basuras con la esperanza de encontrar algún cartón de vino con un sorbo, porque sabía que había gente de orden que bebía el mismo vino peleón que lo mantenía vivo. No hubo suerte. Entonces cuando se puso en marcha hacia la parte alta de la ciudad, con la silla a la espalda para llamar menos la atención.&lt;br /&gt;Se detuvo y recuperó el aliento, porque la calle era empinada. Había un solar, un solar tan valioso como si el dueño hubiera encontrado petróleo en sus entrañas. El barbudo caminó sin prisa, indiferente al agudo frío que le mordía rostro y manos. A ambos lados, silenciosos edificios de pisos de lujo flanqueaban su paso como insólita guardia de honor.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrId2ynwTPI/AAAAAAAAAc0/6Vy9vkzy_U0/s1600-h/dibujo+silla.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094166955648109810" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrId2ynwTPI/AAAAAAAAAc0/6Vy9vkzy_U0/s200/dibujo+silla.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El mendigo dejó la silla e inspeccionó el lugar. El solar estaba vallado, pero los chavales habían roto parte de los paneles entre piletas que formaban la valla y se podía entrar. Un último esfuerzo y se metió dentro, añadiendo al chaquetón churretes y manchones blancos. Cogió la silla a través del hueco y la arrastró.&lt;br /&gt;Enormes pilares de cemento de casi tres metros de altura se vislumbraban repartidos y daban fe de la obra iniciada. De aquellos pilares parecían escapar gruesas varillas de hierro que armaban el hormigón. El vagabundo barbudo se dirigió a tientas arrastrando la silla de enea hacia la puerta frente a la que estaba el pilar más alejado del agujero convertido en ilícita entrada. En el solar, la oscuridad era más densa que en la calle.Cerca de aquella puerta, colocó la silla pegada al pilar situado metros antes, asegurándose de que permanecía estable. Miró unos segundos al cielo sin ver las estrellas y, lentamente, sacó del bolsillo del desgastado chaquetón un cable eléctrico recubierto de plástico amarillento, un cable vulgar y corriente.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrId2ynwTQI/AAAAAAAAAc8/Zk0erU4tN1Q/s1600-h/solar.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094166955648109826" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrId2ynwTQI/AAAAAAAAAc8/Zk0erU4tN1Q/s200/solar.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Lentamente, con movimientos ralentizados, se subió encima de la silla y comprobó que estaba bien asentada. Casi por tanteo, a causa de la oscuridad apenas alterada por el reflejo del alumbrado público exterior al vallado, ató el cable eléctrico a una gruesa varilla oxidada que sobresalía de la parte superior del pilar de cemento. Hizo varios nudos. Tiró del cable y vio que eran firmes y que la varilla aguantaba. Suspiró, dio la vuelta con cuidado y miró a su alrededor desde aquel escaso altozano; no había mucho que ver a la luz de las farolas de fuera: cascotes, un profundo agujero que solo era negrura, en el que se derramarían cimientos, una pequeña excavadora amarilla en un extremo, un desordenado montón de plásticos, latas, algunos envases de vidrio...&lt;br /&gt;El vagabundo de barba enmarañada hizo entonces un nudo corredizo en el cable eléctrico por el extremo que tenía en las manos, rápido, con habilidad. En la oscuridad reinante, se colocó con la espalda contra el pilar y, a duras penas por la justa longitud del cable, pasó el nudo corredizo por la cabeza, lo colocó alrededor del cuello, lo ciñó y tiró con cuidado del mismo, comprobando que estaba bien sujeto a la varilla.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrId3CnwTRI/AAAAAAAAAdE/gJeOWdZDT1U/s1600-h/Descampado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5094166959943077138" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrId3CnwTRI/AAAAAAAAAdE/gJeOWdZDT1U/s200/Descampado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Completamente quieto, estuvo un tiempo mirando fijamente los techos de pizarra de los edificios de lujo frente al solar, y se sintió totalmente ajeno al mundo. Desplazó bruscamente la silla con los pies y la silla cayó al suelo, privándole de la base que lo sostenía.&lt;br /&gt;El vagabundo quedó colgado por el cuello.&lt;br /&gt;Solo unos centímetros, apenas treinta, separaban los pies del hombre colgado del suelo irregular sembrado de cascotes que la noche no permite ver; suficientes para que el cable estrangule al mendigo barbudo y lo conduzca a la muerte. Pero tuvo mala suerte.&lt;br /&gt;Nadie le había dicho que la muerte en una horca puede ser lenta, salvo que la caída sea brusca, la cuerda, gruesa, y el lazo hecho para partir el cuello. Y aquel cable, que lo asfixiaba morosamente, no le quebraría la nuca por su endeble diámetro. Casi lo degollaría.&lt;br /&gt;Durante inacabables minutos, el vagabundo pataleó desesperado porque sufrir durante el último tiempo de vida no entraba en sus planes. Roncos estertores testimoniaron que continuaba vivo hasta que, tras un tiempo interminable, las piernas dejaron de patalear, el cuerpo cesó de agitarse y las manos ya no intentaron aflojar en vano sanguinolentas y desesperadas el lazo de cable eléctrico que le sumía en un tormento del infierno. Colgado, el cuerpo quedó relajado y el cuello, rojizo y sangrante por la herida circular. Algo de orina empapó la parte delantera del pantalón al soltarse el esfínter por la angustia de la dolorosa muerte no esperada.&lt;br /&gt;El vagabundo había muerto.&lt;br /&gt;Alguien vio el cadáver y avisó a la policía. Cuando algún periodista telefoneó a la oficina de prensa de Jefatura de Policía para saber qué había ocurrido en la noche urbana –oficio obliga-, fueron escuetos.&lt;br /&gt;- No ha pasado nada. Esta madrugada se ha encontrado un vagabundo colgado por el cuello en un solar en construcción.&lt;br /&gt;Algún diario publicó un breve de cinco líneas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-6102675722999105467?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/6102675722999105467/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=6102675722999105467' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6102675722999105467'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6102675722999105467'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/08/soledad-absoluta.html' title='Soledad absoluta'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RrIehynwTXI/AAAAAAAAAd0/Km_KHbalY94/s72-c/silla+enea.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-1589988381453713064</id><published>2007-07-29T21:26:00.000+02:00</published><updated>2007-07-29T21:37:02.185+02:00</updated><title type='text'>Cutre ajuste de cuentas</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqfSnwTKI/AAAAAAAAAcM/V_LcpWZtFwg/s1600-h/calle+nocturna.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092703101944614050" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqfSnwTKI/AAAAAAAAAcM/V_LcpWZtFwg/s200/calle+nocturna.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El señor Paco, como le gustaba que le llamaran, se consideraba un hombre de negocios. Vendía heroína en cantidades que le permitían ganar un buen dinero, bastante más que cuando acarreaba ladrillos en la obra. Pero sólo era un traficante de medio pelo, aunque creyera ser gran mafioso. La droga no la vendía él mismo; tal como él veía las cosas, hubiera sido imprudente y poco digno. Utilizaba una redecilla de camellos propios, adictos de baja estofa que llevaban papelinas arriba y abajo para poder picarse gratis una vez al día.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqfSnwTLI/AAAAAAAAAcU/fAuq5Nubq4o/s1600-h/Al+Capone.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092703101944614066" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqfSnwTLI/AAAAAAAAAcU/fAuq5Nubq4o/s200/Al+Capone.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Estaba convencido de que era un traficante importante y no se mezclaba con la chusma, que era su clientela. Soñaba con una organización poderosa que funcionara como un reloj suizo. Algún día, quizás. Había visto una docena de veces una película sobre la vida de Capone, una en blanco y negro, y había tomado buena nota, pero no era fácil. Aquello no era América, pero tenía una banda de matones de tres al cuarto como guardia pretoriana de la que estaba muy orgulloso. Le otorgaba pedigrí de jefe importante - eso creía - que le distinguía de otros chorizos, rateros, revientapisos, sirleros, peristas y otras gentes de mal vivir. Lo hacía por la cosa de la imagen pública, pero también para inspirar un sano temor a los yanquis que le distribuían papelinas, no fueran caer en la tentación. El señor Paco despreciaba a aquellos desgraciados que suspiraban un día sí y otro también por un pinchazo o dos, pero eran su negocio y uno no mezcla sentimientos con trabajo.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092703106239581378" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqfinwTMI/AAAAAAAAAcc/l1dC9KEqD_E/s200/bar+de+barrio.jpg" border="0" /&gt;Jamás se le había ocurrido chutarse la mercancía que vendía y no por no ser de calidad -en eso era muy escrupuloso- sino porque sabía que era droga para gentuza. De vez en cuando aspiraba una rayita de cocaína, que era otra cosa, como los publicitarios, los políticos, los abogados de campanillas, los arquitectos, los artistas y otras gentes de postín.&lt;br /&gt;El negocio nunca funcionaba con normalidad, siempre había historias que resolver. Unas veces se retrasaba el suministro y los consumidores se le amontonaban; otras, algún incompetente cortaba la heroína con lo que no debía y había algún muerto. No convenía, porque periódicos, la tele y la radio daban la vara con el asunto, la Policía se ponía nerviosa y se sentía obligada a actuar con mayor contundencia.&lt;br /&gt;Una vez, la policía detuvo al primo que traía un kilo de heroína de Turquía y tuvo que comprar caballo a la competencia, porque la clientela se le alborotó y la pagó casi a precio de yonqui. Siempre problemas. Ahora, unos camellos se habían pasado de listos: un par de hermanos adictos habían vendido papelinas y no le habían liquidado esas ventas tras descontar su comisión. Le debían bastante dinero. Había tenido la debilidad de proporcionarles caballo a crédito y los tipos no pagaban, ni siquiera se excusaban y prometían pagar. Seguro que se habían inyectado ellos la heroína. Si no escarmentaba a los dos hermanitos, correría la voz y le perderían el respeto. Y eso sí que no. En cualquier negocio, el respeto es media inversión. Si le pierden el respeto a uno, se le desmonta el tinglado: la gente preferiría coger papelinas de fiado en lugar de arriesgarse a una sirla, un tirón, un supermercado o robarle los ahorros a la madre, para poder pagar lo que se inyectaban.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqPSnwTFI/AAAAAAAAAbk/uEkNxti0xeg/s1600-h/picandose+plano+medio.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092702827066707026" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqPSnwTFI/AAAAAAAAAbk/uEkNxti0xeg/s200/picandose+plano+medio.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Paco levantó el auricular del teléfono modelo imperial que había comprado en una de las tiendas más caras de la ciudad y marcó un número. Le había dado vueltas a la cuestión después de cepillarse a una jovencita pelirroja a la que había prometido unas rayas de coca. Una voz escasamente modulada respondió.&lt;br /&gt;- ¿Sí?&lt;br /&gt;- Soy yo - dijo con la seguridad de quien espera ser reconocido, escuchado y obedecido -. Os tenéis que ocupar de ese par de hermanos, ya sabes.&lt;br /&gt;Al otro lado se oyó un carraspeo para aclarar la voz.&lt;br /&gt;- ¿Un aviso o algo definitivo? - imitó el fulano a algún personaje de telefilme.&lt;br /&gt;- Un aviso bastará. Y que corra la voz. - y colgó el teléfono.&lt;br /&gt;El hombre al otro lado de la línea colgó también, uno de esos aparatos vulgares de color marfil sucio, y se levantó de la cama en calzoncillos y camiseta como la que usan los peones de albañil. Era un hombre grueso de más de cuarenta años con cara de poquísimos amigos. Se fue hasta el cuarto de baño, echó una meada en la taza del retrete sin tirar de la cadena y se lavó la cara en el lavabo; luego se vistió unos tejanos negros ceñidos que le hacían desbordar la tripa por encima del cinturón y una camisa grisácea; se calzó unas zapatillas deportivas, parecidas a las que usan los jugadores de baloncesto, y se sentó en la cama. Marcó el teléfono.&lt;br /&gt;- Tenemos trabajo - habló cuando le contestaron al otro lado -. Avisa a los otros.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqPinwTGI/AAAAAAAAAbs/bHumUnA373s/s1600-h/ciudad+de+noche.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092702831361674338" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqPinwTGI/AAAAAAAAAbs/bHumUnA373s/s200/ciudad+de+noche.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Veinte minutos después, un Mercedes del setenta y tantos se detenía ante un portal de carpintería de aluminio en un barrio popular que jamás conoció tiempos mejores. Uno de los bergantes del coche -cuatro en total- bajó, llamó a uno de los timbres del interfono y regresó al automóvil. A los pocos minutos salió el señor Paco vestido con traje marrón oscuro de chaqueta cruzada y atufando a colonia de litro; se sentó en el asiento del copiloto y el coche arrancó&lt;br /&gt;Durante una hora la cuadrilla recorrió las calles del barrio donde la ciudad perdía su buen nombre. El ritual era siempre el mismo; llegaban cerca de algún bar o cafetería, el automóvil se detenía a diez o quince metros, bajaban dos de los matones, echaban un vistazo al bar y volvían al coche cabeceando. Durante el trayecto de un punto a otro, los matasiete miraban a la gente que iba por las aceras. El invierno no estaba siendo duro, en fin, todo lo duro que puede serlo al lado del Mediterráneo que no es mucho, y la gente aún andaba a cuerpo gentil. Aquel era un trabajo fácil para el que sólo se requería paciencia y mala leche. Paco dijo algo al barrigón. El grupo de matones bajó del coche y se dividió en dos, unos iban en un sentido de la calle y otros en el contrario. Hacía rato que habían encendido el alumbrado público y la calle se entreveía fantasmal, porque por aquel barrio no se habían gastado demasiado dinero municipal en puntos de luz. Dos de los soplagaitas que iban hacia arriba entraron en un bar con puertas pintadas de verde; tenían alrededor de veinticinco años, mala jeta y cabellos pringados de brillantina. Uno, que tenía una cicatriz en la mejilla, se dirigió muy seguro de sí al cincuentón en mangas de camisa que había tras la barra.&lt;br /&gt;- ¿Has visto al Fernandito o a su hermano? - el hombre de la barra se puso a secar vasos y denegó con la cabeza. Sus gestos, expresión y actitud le decían al chuleta que él no se metía en la vida de los demás. Y también que, si tenía ganas de jaleo, lo iba a encontrar y del bueno.&lt;br /&gt;El otro pinchauvas se acercó y cogió a su colega por el codo.&lt;br /&gt;-Oye, ¿no es aquel el Nandito? - y señalaba a un hombre no muy joven, delgado y con pinta de desnutrido. El de la cicatriz asintió y ambos, con los contoneos que creían propios de sicarios de altura, se dirigieron hacia el individuo que tomaba una copa de coñac sin adivinar la que se le venía encima.&lt;br /&gt;- Hola, Nandito, cuanto tiempo sin verte - dijo el de la cicatriz que era el más gallito.&lt;br /&gt;El hombre apuró el coñac, se levantó y se dirigió a la salida sin dignarse siquiera mirar a los dos bergantes, ignorándolos por completo. Los matones, tras la primera sorpresa, se apresuraron a seguir al tipo. Al salir a la calle aceleraron el paso y le alcanzaron; el de la cicatriz le cogió por el brazo y lo hizo girar en redondo.&lt;br /&gt;- ¿Dónde está tu hermano Fede?&lt;br /&gt;- No lo sé - contestó el hombre, sin mostrar el menor temor, tras mirar con fijeza unos segundos al hombre que lo sujetaba por el brazo.&lt;br /&gt;- Eres un embustero - dijo el de la cicatriz con lo que creyó era sonrisa sardónica-. Esto es para que no abuséis de la buena fe del señor Paco.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqPynwTHI/AAAAAAAAAb0/MGD46tg8r4o/s1600-h/paliza+en+calle.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092702835656641650" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqPynwTHI/AAAAAAAAAb0/MGD46tg8r4o/s200/paliza+en+calle.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Y el bárbaro le atizó un rodillazo de reglamento en salva sea la parte. Al ver la acción de su compañero el otro gamberro se lió a dar puñetazos donde alcanzaba al llamado Nandito que cayó lentamente al suelo por el intenso dolor del primer golpe en tan sensible y blanda zona orgánica. Cuando se cansaron de darle, los dos cretinos violentos se agarraron las correas del cinturón y se estiraron los pantalones.&lt;br /&gt;- Es un aviso amistoso. Si no pagáis en veinticuatro horas, tu hermano y tú iréis a hacer compañía a tu madre que en paz descanse.&lt;br /&gt;El llamado Fernando se desmayó con la cara sangrante y tumefacta y alguna costilla rota.&lt;br /&gt;Paco no volvió a tener noticia de los hermanos deudores. A pesar de que había enviado de nuevo a sus matones a buscarlos, no hubo manera de saber nada de ellos; parecía que se los hubiera tragado la tierra. Levemente satisfecho su amor propio, por la huída de los hermanos, Paco decidió olvidarse de aquel par de desgraciados. Su imagen de hombre duro con el que no valían bromas había quedado intacta. No había cobrado, pero los que le debían dinero habían puesto pies en polvorosa.&lt;br /&gt;Un par de semanas después, dos hombres rondaban por las calles del barrio, entrando en bares y garitos abiertos. Uno de aquellos hombres, el que parecía mayor, tenía la cara llena de marcas, como si le hubieran dado de mamporros. El otro, más bajo y joven, tenía un sorprendente parecido con el primero.&lt;br /&gt;Con paciencia y sin llamar la atención, los dos hombres entraron y salieron de numerosos tugurios en los que nada bueno se cocía. Llegaban, echaban un vistazo al local, uno iba a los guarrísimos servicios mientras miraba distraídamente a todas partes, el otro se acercaba a la barra y pedía una copa que apuraba rápidamente.&lt;br /&gt;Llevaban casi una hora de ronda cuando vieron al señor Paco. Estaba en una mesa de un rincón comiéndose un filete de ternera y a su lado había una rubita teñida a la que se tiraba desde hacía unos días, cuando conseguía una erección decente. El Paco sabía que un buen jefe de banda que se precie cena en un tugurio, en una mesa del rincón desde la que domina el local, acompañado por una zorrita aparente que le haga mimos de vez en cuando.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqPynwTII/AAAAAAAAAb8/v7FKS1L_WAE/s1600-h/disparando.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092702835656641666" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqPynwTII/AAAAAAAAAb8/v7FKS1L_WAE/s200/disparando.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Enfrascado con la carne, la que masticaba y la que palpaba de vez en cuando, no se percató de la llegada de los dos hermanos. Levantó sorprendido la cabeza cuando oyó que le llamaban.&lt;br /&gt;- Paco, hemos venido a pagar lo que te debemos.&lt;br /&gt;El que había hablado era el mayor, el de la cara llena de ostias y, aunque no parecía compungido por haber tardado tanto en satisfacer sus deudas, tampoco se le veía en plan chulo ni enfurecido. Paco suspiró interiormente, pues se había llevado un susto mayúsculo, compuso el mejor gesto duro que pudo y cabeceó como diciendo que era comprensivo y perdonaba la tardanza.&lt;br /&gt;- Me alegro de que seáis razonables - dijo el Paco, ahora más seguro de sí, incluso magnánimo -. Más vale tarde que nunca. No sé si os volveré a dar trabajo, pero olvidaré el incidente.&lt;br /&gt;- ¿Te importa si salimos? - dijo el hombre de la cara marcada por golpes - No me gusta que vean lo que te he de pagar.&lt;br /&gt;- Claro, hombre. Prudencia - apostilló Paco -. Ahora vuelvo, reina -dijo el traficante dirigiéndose a la rubita teñida, más para presumir ante los dos hombres que porque le importara un carajo dejar sola a la muchacha.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqPynwTJI/AAAAAAAAAcE/XZTWHGNU990/s1600-h/muerto+en+calle.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092702835656641682" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqPynwTJI/AAAAAAAAAcE/XZTWHGNU990/s200/muerto+en+calle.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Salieron los tres hombres, mientras la putita seguía bebiendo lánguidamente una coca cola, dejando bien claro que nada de aquello iba con ella. En la calle Paco encendió un cigarrillo sin invitar a los hermanos deudores. No tuvo tiempo de hacer una segunda calada al pitillo. Fernando, llamado Fernandito o Nandito, el de las señales de ostias en la cara, sacó un revólver del bolsillo de la cazadora que vestía y le disparó tres tiros seguidos sobre el pecho.&lt;br /&gt;- Esto es lo que te debíamos - dijo con voz tranquila el hombre cuando acabó de disparar. Limpió el revólver con un pañuelo mugriento y lo dejó caer al lado del traficante que se extinguía por momentos.&lt;br /&gt;Sobre la acera sólo había un cuerpo sangrante ya sin vida y numerosos curiosos que se acercaban. Paco murió con la boca abierta, no se sabe si por la sorpresa o por haber intentado gritar algo en el último momento de su equívoca vida. Al día siguiente, los diarios dijeron que había habido un ajuste de cuentas. La noticia apareció en página par -ya se sabe, menos importante, según los periodistas- y no alcanzaba ni veinte líneas; además, iba sólo a una columna. La tele ni lo citó. Paco no era tan importante como se creía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-1589988381453713064?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/1589988381453713064/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=1589988381453713064' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/1589988381453713064'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/1589988381453713064'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/07/cutre-ajuste-de-cuentas.html' title='Cutre ajuste de cuentas'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqzqfSnwTKI/AAAAAAAAAcM/V_LcpWZtFwg/s72-c/calle+nocturna.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-1973281700709585662</id><published>2007-07-23T13:40:00.000+02:00</published><updated>2007-07-23T13:53:19.228+02:00</updated><title type='text'>Respeto</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUwSnwTDI/AAAAAAAAAbU/DMfOuXHvFqU/s1600-h/madre+maruja.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090357036188716082" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUwSnwTDI/AAAAAAAAAbU/DMfOuXHvFqU/s200/madre+maruja.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Catorce años que treinta, da igual, si uno se hace respetar. No entendía el por qué de tanto escándalo. Su padre estaba destrozado, incluso le parecía haberlo visto llorar. Él no lloraba. No tenía nada contra el viejo, pero tampoco nada a su favor. Sólo era el tipo mayor con el que vivía. De vez en cuando le decía algo que tenía qué hacer o dejar de hacer. Sólo eso. También era quién traía el dinero a casa para comer, pagar la hipoteca, la luz y lo demás. Dormía con su madre y veía en la tele partidos de fútbol.&lt;br /&gt;Su madre era diferente. Le preparaba la comida, le lavaba y planchaba la ropa y parecía que se preocupaba por él. Sin embargo, era una histérica que gritaba que la iba a matar a disgustos. También lo defendía, si los profesores del colegio se metían con él. Y le daba algún dinero para gastar.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUwinwTEI/AAAAAAAAAbc/9CF2ZsQYqTw/s1600-h/Aula.jpg"&gt;&lt;/a&gt;Aquel fulano con traje marrón lo había mareado con preguntas. ¿Por qué tanta curiosidad?&lt;br /&gt;En cambio los policías de camisa blanca, pantalón azul y gorra de plato no habían dicho nada; ni una palabra. Le pareció que lo miraban con recelo. Ve a saber. Uno le había dicho, sin gritar ni nada, que los acompañara. El otro abrió la puerta de atrás del coche con luces azules para que entrara y se sentó a su lado. El que le había dicho que los acompañara conducía el automóvil. Le hubiera gustado que hiciera sonar la sirena, pero sólo condujo el coche, sin correr ni pasar ningún semáforo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUlSnwS-I/AAAAAAAAAas/Am1YC-5q234/s1600-h/Silueta+joven.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090356847210154978" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUlSnwS-I/AAAAAAAAAas/Am1YC-5q234/s200/Silueta+joven.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Habían llegado a la escuela dos hombres vestidos de calle, con ropa normal. Uno era el del traje marrón y el otro, más joven y con pelo largo, vestía cazadora y tejanos. El del traje llevaba bigote fino y le dijo que eran policías, pero no le enseñaron la placa ni le mostraron la pistola. Parecían hombres normales, como oficinistas Luego los policías de camisa blanca y pantalones azul oscuro le habían hecho subir al coche con luces.&lt;br /&gt;El coche lo llevó a comisaría; lo leyó el cartel sobre la puerta con bandera española roja y amarilla. Los polis de uniforme lo entregaron al del traje y al de la cazadora, que iban en otro coche, y entraron todos. El joven le dio una coca cola, le hizo entrar en una salita pequeña y se sentó a su lado, pero no habló. La salita tenía una ventana que no daba a la calle sino a un pasillo con otra ventana desde la que se podía ver una sala más grande con mesas y más policías con camisa blanca y pantalón azul oscuro.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUlSnwS_I/AAAAAAAAAa0/ILVbfacBwu0/s1600-h/llorica+2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090356847210154994" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUlSnwS_I/AAAAAAAAAa0/ILVbfacBwu0/s200/llorica+2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Se bebió la coca cola y pasó rato sin que ocurriera nada. Luego vio como su padre montaba el número en la sala mayor, lamentándose como una vieja; entonces el policía mayor que iba con traje y tenía bigote fino lo fue a buscar y lo llevó también a la sala grande. Le pareció que su padre había llorado. No dijo nada y a él se lo llevaron de nuevo a la salita más pequeña con el policía joven de tejanos y cazadora, pero entonces llevaba sólo una camisa negra. Pasó un rato y empezó a aburrirse. ¿Qué querían? Luego, entraron el policía más viejo y su padre, ya más tranquilo. El policía del traje y bigote se había quitado la chaqueta y le preguntó a su padre si tenía abogado o prefería uno de oficio pagado por el Estado.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUlSnwTAI/AAAAAAAAAa8/6FytMHEnho0/s1600-h/Sombra+persigue+a+otra.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090356847210155010" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUlSnwTAI/AAAAAAAAAa8/6FytMHEnho0/s200/Sombra+persigue+a+otra.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;El policía de los tejanos puso papel en una impresora y se sentó ante el teclado de un ordenador no demasiado antiguo. Escribió un buen rato, luego imprimió lo escrito y puso las hojas delante de su padre, mientras el policía mayor le decía que firmara y que quedaba enterado de los derechos de su hijo. Salieron todos y entró un policía con uniforme. Pasó más tiempo sin que ocurriera nada. Empezó a aburrirse y a tener miedo. No estaba seguro de qué le iba a pasar, pero no podía ser nada malo; sólo tenía catorce años.&lt;br /&gt;Volvieron a entrar en la salita los policías de calle y otro con uniforme de camisa blanca y pantalón azul oscuro; también entró su padre con cara de viernes y un señor con chaqueta de cuadros, camisa rosa y corbata de colores. El hombre de la chaqueta de cuadros y su padre se sentaron detrás y los policías de calle, delante; el policía de uniforme se quedó junto a la puerta sin mirar a nadie, como si estuviera allí porque no tenía nada mejor que hacer. El policía de paisano más joven volvió a sentarse ante el teclado del ordenador.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUlinwTBI/AAAAAAAAAbE/g1JcNvo61Eg/s1600-h/navaja+albaceteÃ±a.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090356851505122322" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUlinwTBI/AAAAAAAAAbE/g1JcNvo61Eg/s200/navaja+albacete%C3%B1a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Querían saber qué había pasado y cómo había empezado todo.&lt;br /&gt;¡Qué pesados! La cosa ya duraba demasiado. Una broma está bien, pero tocar las narices cada día es otra cosa. No recordaba cómo empezó, pero sí que quién más se metía con él era el Edu. Edu era muy fanfarrón, un chulito. Le daba empujones por los pasillos, como si tropezara. No hizo caso porque, aunque no le hacía gracia, podía comprender que algunos hicieran gilipolleces, porque en el cole todo era un peñazo aburrido y había que pasar el rato. También estaban los que iban al servicio, se encerraban en un retrete y se la pelaban como monos. Él prefería pensar otras cosas, aventuras o luchas en las que siempre vencía.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090356851505122338" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUlinwTCI/AAAAAAAAAbM/JBfqaoPt5xA/s200/cuadro+goya+apu%C3%B1alamiento.jpg" border="0" /&gt;Primero los empujones por los pasillos, pidiendo perdón con cara de palo, luego las risitas cada vez que un profesor lo nombraba o le preguntaba algo. Lo de las risitas le cabreó. Luego las risitas ya eran en el patio o en los pasillos. El mierda del Edu iba rodeado de sus lameculos. El Edu era alto y fuerte, pero él no le tenía miedo. Él no se metía con nadie y no le gustaba que se metieran con él. Las cosas ya fueron demasiado lejos una tarde en la que el grupito con Edu al frente le esperó a la salida del colegio y le llamaron enano y otras cosas. Él no era tan bajo, pero el Edu era más alto. Y le montaron el numerito cuando pasaban unas chicas del colegio de monjas de más arriba.&lt;br /&gt;- ¡Enanito!, ¿vas a buscar a Blancanieves?&lt;br /&gt;Conteniendo lágrimas de rabia y apretando los puños se fue corriendo, perseguido por los gritos del Edu y de sus lameculos.&lt;br /&gt;-¡Llorica!&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUOynwS5I/AAAAAAAAAaE/W8jX7oOMh-g/s1600-h/cadaver+tapado+en+calle.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090356460663098258" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUOynwS5I/AAAAAAAAAaE/W8jX7oOMh-g/s200/cadaver+tapado+en+calle.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Los insultos y risas lo persiguieron hasta cuando ya no los oía. Llegó a casa y se encerró en el cuarto de baño donde lloró de rabia hasta congestionarse. Su madre se acercó a la puerta.&lt;br /&gt;- ¿Te pasa algo, hijo? - preguntó solícita y preocupada.&lt;br /&gt;Le contestó a gritos y la mujer regresó a la cocina. Cuando se calmó, se secó las lágrimas y, mirándose fijamente en el espejo que había sobre el lavabo, decidió que tenía que vengarse. No podía con todos, pero cogería por su cuenta al Edu, aunque fuera más alto. El colegio entero le respetaría.&lt;br /&gt;Salió del cuarto de baño, cogió las rebanadas de pan bimbo con crema de chocolate que le había preparado su madre y encendió el televisor. Se sentó en el sofá y comió la merienda sin darse cuenta de lo que comía; tampoco prestaba atención a la serie de dibujos animados japoneses.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090356460663098274" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUOynwS6I/AAAAAAAAAaM/wcx3IBUir9s/s200/coches+policia+nacional.jpg" border="0" /&gt;El Edu se iba a enterar. Nunca jamás nadie le llamaría enano.&lt;br /&gt;Al día siguiente se levantó como todos los días. Desayunó sin hacer caso de la cháchara de su madre, cogió su mochila y salió hacia el colegio. Antes, mientras su madre le preparaba el tazón de leche con cacao soluble, había cogido cosas que necesitaba de los cajones de su padre, que había marchado un par de horas antes a trabajar.&lt;br /&gt;Llegó al colegio justo para entrar en clase, porque así lo calculó.&lt;br /&gt;Durante las clases, escuchó y no hizo ninguna de las cosas que solía hacer. No quería llamar la atención y que le castigaran obligándole a quedarse media hora más. No salió al patio durante el recreo y simuló que pasaba apuntes a limpio para que no le molestara ningún profe.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUPCnwS7I/AAAAAAAAAaU/Gymi9RCBAv0/s1600-h/comisaria.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090356464958065586" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUPCnwS7I/AAAAAAAAAaU/Gymi9RCBAv0/s200/comisaria.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;A la una sonó el timbre que señalaba la hora de salida, recogió sus cosas, las guardo en la mochila y salió al exterior con calma. En la calle, junto a la esquina, como otras veces, le esperaban el Edu y su grupo de pelotas. Simuló que no los veía y continuó andando hasta llegar a su altura.&lt;br /&gt;El Edu le llamó enano de nuevo y fue coreado de inmediato por el resto de capullos, mientas el imbécil simulaba que dirigía una orquesta.&lt;br /&gt;No se puso nervioso, porque lo que iba a hacer lo había decidido con calma y sabía que no tenía otra salida. Se detuvo ante el Edu y lo miró, mientras el otro continuaba llamándole enano.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUPCnwS8I/AAAAAAAAAac/tw9no8Vtp5g/s1600-h/teclado+ordenador+y+manos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090356464958065602" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUPCnwS8I/AAAAAAAAAac/tw9no8Vtp5g/s200/teclado+ordenador+y+manos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Se metió la mano en el bolsillo del anorak y sacó la navaja de Albacete que había cogido del cajón de su padre. La abrió de un golpe y se lanzó sobre el Edu.&lt;br /&gt;El muy imbécil no se lo esperaba. Puso enorme cara de sorpresa y miedo, y calló de repente; los otros gilipollas también dejaron de insultarle.&lt;br /&gt;Le clavó la navaja varias veces en el pecho y en el vientre hasta que el Edu cayó sangrando como gorrino en el matadero. Los pelotas huyeron.&lt;br /&gt;Limpió la navaja con un papel higiénico que había cogido en la escuela, la cerró, se la guardó en el bolsillo del anorak y se fue a casa sin mirar al Edu, que gorgoteaba en el suelo en medio de un charco de sangre.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUPCnwS9I/AAAAAAAAAak/YfE3OS3Z4nI/s1600-h/joven+muerto+en+deposito.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5090356464958065618" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUPCnwS9I/AAAAAAAAAak/YfE3OS3Z4nI/s200/joven+muerto+en+deposito.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Al cabo de un rato lo fueron a buscar los polis de paisano y los de camisa blanca y pantalón azul oscuro en un coche con luces azules. Entonces se enteró de que el Edu había muerto, pero no entendía por qué; no quería matarlo, sólo darle un escarmiento para que no se metiera más con él y lo respetara. Y ahora aquel hombre mayor de bigote fino lo mareaba con preguntas y más preguntas. Estaba harto.&lt;br /&gt;En el depósit0, el Edu ya estaba rígido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-1973281700709585662?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/1973281700709585662/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=1973281700709585662' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/1973281700709585662'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/1973281700709585662'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/07/respeto.html' title='Respeto'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RqSUwSnwTDI/AAAAAAAAAbU/DMfOuXHvFqU/s72-c/madre+maruja.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-2509873609918714152</id><published>2007-07-19T19:44:00.000+02:00</published><updated>2007-07-19T19:52:59.205+02:00</updated><title type='text'>Atracadora</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jdraDVSI/AAAAAAAAAY0/nNDzRpB7-b4/s1600-h/Silueta+mujer.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088965834215478562" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jdraDVSI/AAAAAAAAAY0/nNDzRpB7-b4/s200/Silueta+mujer.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Un agente de la Policía Nacional indica a la mujer el camino hacia la puerta. Juana sabe donde la llevan y cuanto tiempo tardará en salir.&lt;br /&gt;Parece una eternidad, pero sólo unas horas antes, esa mujer corría como alma que lleva el diablo, perdiendo el aliento a cada paso. Los peatones se apartaban de su camino ante la negra pistola que esgrimía en su mano derecha y el gesto desesperado del rostro. En la otra mano, la izquierda, una bolsa de deportes se balanceaba al ritmo de la carrera.&lt;br /&gt;Tras la mujer, gritos de alarma y miedo. Un hombre de mediana edad, bien vestido con un traje gris, con aspecto apoplético por el rostro enrojecido por el esfuerzo pulmonar, perseguía a la fémina armada, sin reducir la distancia que les separaba.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jdraDVTI/AAAAAAAAAY8/TEurCxNGf9c/s1600-h/FurgÃ³n+policial.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088965834215478578" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jdraDVTI/AAAAAAAAAY8/TEurCxNGf9c/s200/Furg%C3%B3n+policial.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La mujer de la pistola se enfrentó a una calle con tráfico intenso; echó una rápida ojeada y se lanzó entre la barahúnda de coches. Frenazos bruscos, bocinazos y alguna que otra blasfemia la acompañaron en la frenética carrera hasta la otra acera.&lt;br /&gt;La mujer se detuvo en seco. Un policía municipal tembloroso la apuntaba con su revólver. Otro policía local se acercaba corriendo, mientras se sacaba unas esposas del cinturón con la mano izquierda y con la derecha desenfundaba una pistola automática.&lt;br /&gt;- ¡No te muevas!– grita nervioso el primer guardia sin dejar de apuntarle.&lt;br /&gt;La mujer deja caer al suelo con suavidad bolsa y pistola, como si no quisiera dañarlas, y levanta los brazos. Se siente calmada, vacía. El segundo guardia la esposa con brusquedad. El primero aún la apunta, pero a las piernas. Acciona un transmisor.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jd7aDVUI/AAAAAAAAAZE/uQ7XhyedGwk/s1600-h/Bajorrelieve+mujer+huyendo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088965838510445890" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jd7aDVUI/AAAAAAAAAZE/uQ7XhyedGwk/s200/Bajorrelieve+mujer+huyendo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Los minutos siguientes transcurren con la escena congelada. La mujer perseguida, erguida con ojos cerrados y manos adelantadas, como cuando las expuso al guardia para que la esposara. El primer policía todavía sujeta su arma, apuntando al suelo, y no sabe donde mirar; el segundo ha enfundado su automática y mira a la mujer detenida. Metros más allá, varias personas contemplan la inhabitual escena, temerosas y curiosas. Aparece un automóvil zeta de la Policía Nacional que se hace cargo de la detenida y la conduce a comisaría.&lt;br /&gt;Juana tal y tal, veintiocho años, nacida en tal y tal, hija de Miguel y de Carmen, madre de…, residente en tal y tal. Antecedentes: detenida en… acusada de robo con intimidación. Se le han ocupado una pistola automática del calibre 6,35 y una bolsa de deportes que contiene tres mil cuatrocientos euros.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jd7aDVVI/AAAAAAAAAZM/DCMVq6aCdW8/s1600-h/Banco.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088965838510445906" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jd7aDVVI/AAAAAAAAAZM/DCMVq6aCdW8/s200/Banco.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El teclado del ordenador suena rítmicamente mientras el inspector de guardia escribe el atestado de la detención. Juana, la mujer que corría pistola en la mano, sentada ante el policía con la espalda erguida, contesta como un autómata. Preguntas rutinarias, rituales. Y, casi sin darse cuenta, piensa. ¿Qué hará Ignacio, "el Gatillo", con el que había preparado el atraco? El Ignacio la ha dejado tirada al primer problema, cuando el director de la oficina bancaria ha empezado a gritar histérico. ¿En qué agujero se habrá escondido? Y Nico, que se supone es su compañero, ¿imaginará por lo que pasa ahora? Nico, que vuelve a estar encerrado tras fugarse de un furgón de la Guardia Civil en un traslado al juzgado para una rueda de reconocimiento, había vuelto a dejarla sola por meterse en fregados estúpidos. Si andas huido, ¿cómo trapicheas con tarjetas de crédito falsas? Lo trincaron enseguida con las manos en la masa. Entre el quebranto de condena, la pena anterior y la que le caerá, Nico se hará viejo en el “talego” y ella, viuda de hecho. Piensa en Enrique y Juanita, sus dos hijos pequeños. Ahora no está segura de si hubiese sido preferible fregar pisos y despachos, como tantas otras del barrio, aunque se gana bastante menos que atracando bancos, pero lo piensa ahora.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jd7aDVWI/AAAAAAAAAZU/uXNvhyA8iyI/s1600-h/Mujer+con+pistola.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088965838510445922" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jd7aDVWI/AAAAAAAAAZU/uXNvhyA8iyI/s200/Mujer+con+pistola.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Siempre ha estado preparada para este momento; sabía a qué se exponía. La vida es una mierda, pero hay que vivir. No se queja, pero le jode. Hubiera querido tener otros padres, vivir en otro barrio, ir a la universidad… Y conocer a un tío que valiera la pena. Pero eso está difícil, más que lo de atravesar un camello el ojo de una aguja, que dijo no sé quien. Lo de los tíos está fatal.&lt;br /&gt;El inspector escribe calmoso, mientras dos policías uniformados rondan por la estancia y los dos guardias urbanos que la han detenido esperan. El hombre bien vestido, con aspecto acoquinado, es el director de la agencia bancaria atracada. También espera sentado en un incómodo banco de madera sin saber qué hacer ni que postura adoptar.&lt;br /&gt;Y Juana divaga, mientras contesta al policía con la frialdad y falta de interés de esas horribles muñecas con un disco con varias frases en su interior para simular que hablan.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jQLaDVNI/AAAAAAAAAYM/Q64UxPoqbbw/s1600-h/TrÃ¡fico.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088965602287244498" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jQLaDVNI/AAAAAAAAAYM/Q64UxPoqbbw/s200/Tr%C3%A1fico.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Juana suspira. De ésta no se escapa. La primera vez, hace años, fue eso: la primera vez. Su abogada, Charo, una joven bondadosa y tenaz que le tocó de oficio, consiguió que el juez no la enviara a prisión preventiva y la pusiera en libertad sin fianza. Luego en el juicio, las cosas fueron mejor y Charo consiguió que le impusieran una pena reducida y no entró en la cárcel. Esta vez, no. Por suerte que tuviera pasaría encerrada unos años. Y su abogada -prefiere abogadas- no podrá argumentar que ha intentado robar un banco para comprar caballo, porque es una adicta enferma. Ella odia la maldita heroína y todas las putas drogas. No las ha tomado ni las piensa tomar. Atraca bancos para ganarse la vida, para sacar adelante a sus dos hijos, para vivir. Y, si es posible, mejor que hasta ahora; sin derroches ni caprichos irresponsables, pero mejor. No hay atenuantes, salvo que el juez acepte lo del estado de necesidad, pero más bien no. Los magistrados lo tienen en cuenta cuando uno no tiene donde caerse muerto y, aunque no es rica, lo suyo es un medio de salir adelante, una forma elegida de ganar el sustento. No tiene porque inclinarse ante nadie para ganar un sueldo de mierda. No ha hecho nunca daño a nadie ni piensa hacerlo. No le va. ¡Qué fácil hubiera sido pegarle un tiro al director del Banco –un blandengue- cuando se puso! Pero ni siquiera llevaba una bala en la recámara. Se lo tenía que decir a su abogada. Quizás el juez lo tuviera en cuenta.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jQLaDVOI/AAAAAAAAAYU/9ctxEEi-JPU/s1600-h/Polis+locales.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088965602287244514" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jQLaDVOI/AAAAAAAAAYU/9ctxEEi-JPU/s200/Polis+locales.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Una furgoneta de la policía había recogido a Juana. El juez de guardia al que la llevaron los policías se limitó a decretar prisión incondicional. La furgoneta blanca y azul oscuro la llevó hasta la cárcel de mujeres.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jQLaDVPI/AAAAAAAAAYc/ygBw4a6uhf0/s1600-h/Mujer+contra+la+pared.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088965602287244530" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jQLaDVPI/AAAAAAAAAYc/ygBw4a6uhf0/s200/Mujer+contra+la+pared.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Al día siguiente, cuando la celadora abre la puerta de la celda de ingresos por la mañana, Juana esta sobre la cama y en el suelo hay varias tiras alargadas, rasgadas, de tela negra.&lt;br /&gt;-¿Qué haces con las piernas al aire? ¿Qué ha pasado aquí? –inquiere severa la funcionaria, señalando las bandas de paño negro.&lt;br /&gt;- Un mal pensamiento – sonríe Juana -, pero ya pasó.&lt;br /&gt;- No me vengas con bromas y cuéntame - amonesta la funcionaria.&lt;br /&gt;- Esta noche me he desesperado. Desesperada de verdad. ¿Sabe lo que le digo? Yo no he estado antes en la cárcel.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jQbaDVQI/AAAAAAAAAYk/oLLdJ0qQxBQ/s1600-h/Manos+esposadas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088965606582211842" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jQbaDVQI/AAAAAAAAAYk/oLLdJ0qQxBQ/s200/Manos+esposadas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - No te entiendo –le dice confundida la mujer uniformada.&lt;br /&gt;- Pensé que podría colgarme y acabar de una puta vez –cuenta Juana relajada-. Me iba a fabricar una cuerda con la falda hecha tiras. Me he pasado la noche rasgándola a mano y no ha sido fácil, pero, cuando estaba a punto de trenzar la cuerda con los trozos y hacerlo, me he parado a pensar que tengo más ovarios que todo eso. Quizás al cortar la falda se me ha ido la depre.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jQbaDVRI/AAAAAAAAAYs/7gY-LlJHlac/s1600-h/celda.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5088965606582211858" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jQbaDVRI/AAAAAAAAAYs/7gY-LlJHlac/s200/celda.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - Vaya – dice la funcionaria sin saber cómo reaccionar.&lt;br /&gt;- Pero ya me había quedado sin falda, y no tengo otra. No lo hago por exhibirme, señorita, aunque tengo buenas piernas. Ha sido un accidente, una estupidez. Lo siento.&lt;br /&gt;- Ponte algo –replica la funcionaria con cara de póquer, y añade con voz más suave-. Vas a pasar revisión médica antes de ir al módulo y no irás con los muslos al aire. No sé nada ni he visto nada – y la funcionaria de prisiones cierra la celda con cuidado y se va cabeceando.&lt;br /&gt;Juana sonríe y se cubre las piernas con una sábana corta, algo ajada y raída, que anuda alrededor de la cintura.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-2509873609918714152?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/2509873609918714152/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=2509873609918714152' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/2509873609918714152'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/2509873609918714152'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/07/un-agente-de-la-polica-nacional-indica.html' title='Atracadora'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rp-jdraDVSI/AAAAAAAAAY0/nNDzRpB7-b4/s72-c/Silueta+mujer.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-6900890168169752021</id><published>2007-07-15T19:24:00.000+02:00</published><updated>2007-07-15T19:58:35.790+02:00</updated><title type='text'>Atracadores virtuales</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppZKLaDVAI/AAAAAAAAAWk/YvqHYt8EV6o/s1600-h/revolver.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5087476760464020482" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppZKLaDVAI/AAAAAAAAAWk/YvqHYt8EV6o/s320/revolver.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Todo empezó en una localidad a cuarenta kilómetros de la ciudad. Unos delincuentes de tres al cuarto robaron un coche. No era un gran automóvil ni nuevo, pero era un coche. Los delincuentes se llamaban Genaro, Carlota y Andrés. Y robaban lo que podían. Sólo eran rateros de tres al cuarto, pero se creían los reyes del mambo.&lt;br /&gt;Los chorizos, propiamente dichos, eran Genaro y Andrés. Carlota era ratera consorte; era la novia de Genaro, pero mandaba más que los otros dos juntos, porque tenía más bemoles, aunque no formara parte de la banda, estrictamente hablando. Los tres reventaban cajas de cabinas de teléfonos, cogían algún que otro bolso a viejas despistadas y robaban radiocasetes y otros objetos del interior de automóviles aparcados en zonas oscuras. El robo del automóvil le dio la idea a la Carlota.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppZKLaDVBI/AAAAAAAAAWs/O_HzUhaaJY8/s1600-h/coche+pasma.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5087476760464020498" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppZKLaDVBI/AAAAAAAAAWs/O_HzUhaaJY8/s320/coche+pasma.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - Hemos de dejar estos trabajos de mierda. No sacamos ni para pipas.&lt;br /&gt;- ¿Y qué hacemos? - quiso saber Andrés. Genaro no preguntó nada porque le parecía que desmerecía si su chica era la que llevaba la voz cantante y pensó que si guardaba silencio, parecería que tenía una actitud inteligente.&lt;br /&gt;- Ahora que tenemos el coche para ir donde queramos y escapar, demos un buen golpe - explicó excitada.&lt;br /&gt;- Eso está muy bien - sentenció Genaro.&lt;br /&gt;- Vale. Pero ¿cómo? Es más fácil decirlo que hacerlo - quiso saber Andrés.&lt;br /&gt;- ¿Quieres ser un miserable toda tu vida? - inquirió belicosa la muchacha.&lt;br /&gt;- No seas negativo, Andrés; procura ver las cosas con mejor ánimo – intervino Genaro, que vio la ocasión pintada para dejar sentada su autoridad como jefe.&lt;br /&gt;- Vale, pero ¿qué hacemos? - insistió el otro sin siquiera intentar plantar cara a Carlota, porque significaría discutir o algo más con Genaro que bebía los vientos por ella. No era muy guapa, tenía los ojos demasiado juntos y la frente muy estrecha, pero tenía un par de buenas tetas y un culo prieto y alto que seducían al jefecillo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppZKLaDVCI/AAAAAAAAAW0/peiC3VznOjs/s1600-h/cabina+telefonica+ruinosa.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5087476760464020514" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppZKLaDVCI/AAAAAAAAAW0/peiC3VznOjs/s320/cabina+telefonica+ruinosa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - Atraquemos un banco - respondió Carlota sonriente.&lt;br /&gt;- ¡Ostia! - exclamaron admirados los dos mangantes, pero al momento vieron alzarse un muro de dificultades, tal vez insuperables. No era nada fácil atracar un banco.&lt;br /&gt;- Necesitamos un plan - sentenció Genaro, nada dispuesto a quedar disminuido por el empuje de su novia. Una cosa era que él la quisiera, que la quería de verdad, y otra que él no estuviera en su lugar de jefe de la cuadrilla.&lt;br /&gt;- Lo que necesitamos es una pistola y no la porquería de destornilladores que utilizamos - contestó picada la muchacha -. ¿Nos van a dar el dinero por nuestra cara bonita?&lt;br /&gt;- Claro que no. Tienes razón; necesitamos una pistola, pero también hay que planificar el golpe - dijo orgulloso porque la frase le salió redonda.&lt;br /&gt;- Déjate de historias, Genaro, cariño - dijo la chica dulcificando la dureza de la respuesta -. Si conseguimos una pipa, entramos en un banco, apuntamos a la gente, les exigimos el dinero de las cajas y salimos zumbando en el coche en el que nos estará esperando Andrés con el motor en marcha.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppZKbaDVDI/AAAAAAAAAW8/KOEAvtQQot4/s1600-h/amanecer.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5087476764758987826" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppZKbaDVDI/AAAAAAAAAW8/KOEAvtQQot4/s320/amanecer.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - Es un buen plan - contestó Genaro aprobando lo dicho -. A eso me refería.&lt;br /&gt;- ¿Y cómo conseguimos una pistola? - dijo Andrés, poniendo un toque de realismo en la conversación.&lt;br /&gt;- La robamos, coño, que eres un agonías - contestó a gritos Carlota-. Ponéis pegas para todo.&lt;br /&gt;Pero no era fácil. Estuvieron acechando de lejos a un policía nacional y luego a un policía local, que les parecía menos peligroso, pero no se atrevieron.&lt;br /&gt;- Es muy difícil - dijo Genaro y esta vez su novia no le replicó -. Tendremos que ir a la ciudad y comprar una.&lt;br /&gt;Fueron a la ciudad y Andrés habló con un amigacho que se dedicaba a pasar papelinas de heroína, quién les dijo que fueran a ver a un tipo que robaba en tiendas grandes y almacenes, quién, a su vez, les remitió a otro que compraba objetos robados.&lt;br /&gt;- Vuestro hombre es Mario - les explicó cuando comprobó que eran de fiar.&lt;br /&gt;Encontraron al Mario en un bar de putas del barrio antiguo.&lt;br /&gt;- Tengo lo que necesitáis - dijo misterioso -. Pero os costará doscientos euros.&lt;br /&gt;No protestaron; doscientos parecía un precio razonable por una buena pipa. Durante tres días se dedicaron a su actividad de siempre, pero con más intensidad y entusiasmo si cabe. Reventaron un par de docenas de cabinas de teléfonos. Les quitaron el bolso a tres viejas y le robaron la bicicleta a un niño que se había olvidado de sujetarla con cadena y candado. Cuando vendieron la bicicleta, con lo que les dieron por ella, habían conseguido ciento ochenta euros.&lt;br /&gt;- Sólo tenemos ciento sesenta - le dijo Genaro al bribón que les vendía el arma, porque descontó veinte euros para pagar los tres menús de la comida de ese día en casa Manolo más un paquete de rubio -, pero vamos a dar un buen golpe y, con lo que saquemos, te acabamos de pagar la pipa.&lt;br /&gt;- De acuerdo, pero entonces serán sesenta euros más cuando me paguéis.&lt;br /&gt;- Son más de doscientos; es un abuso - saltó Carlota.&lt;br /&gt;- No, son negocios. Os estoy fiando, fiar es un riesgo, y un riesgo vale dinero - dijo el desgraciado como si fuera Rotschild.&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppZKbaDVEI/AAAAAAAAAXE/wXOLx7jkA4A/s1600-h/cabina+telefonica.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5087476764758987842" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppZKbaDVEI/AAAAAAAAAXE/wXOLx7jkA4A/s320/cabina+telefonica.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Aceptaron. Andrés le entregó los ciento sesenta euros de los que más de la mitad estaban en monedas pequeñas.&lt;br /&gt;- ¡Joder cuánta moneda! ¿Os dedicáis a limpiar parabrisas de coches en los semáforos?&lt;br /&gt;- No te pases de gracioso - le avisó Carlota.&lt;br /&gt;El truhán les entregó un paquete envuelto en papeles de periódico y sujeto con gomitas finas de color verde y rosa. - ¿Y la munición? - preguntó Genaro.&lt;br /&gt;- Está también dentro del paquete - contestó y se marchó rápidamente.&lt;br /&gt;Los tres aprendices de atracadores de bancos se metieron en el coche que habían robado para estar al abrigo de miradas indiscretas, y desenvolvieron lo papeles de periódico. Un revólver algo oxidado del año de maricastaña y seis balas aparecieron ante sus sorprendidos ojos.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppY0LaDU7I/AAAAAAAAAV8/V7ZHbMiTvSE/s1600-h/coche+en+la+noche.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5087476382506898354" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppY0LaDU7I/AAAAAAAAAV8/V7ZHbMiTvSE/s320/coche+en+la+noche.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - ¡La madre que lo parió! - gritó Genaro.&lt;br /&gt;- Ese mierda nos ha tomado el pelo - se cabreó Carlota.&lt;br /&gt;- Comprobemos si funciona, igual no es tan malo como parece - intentó consolarlos Andrés.&lt;br /&gt;- ¿Cómo quieres que funcione esta antigualla? - saltó Genaro - Este revólver lo llevaban los soldados del séptimo de caballería en el Oeste.&lt;br /&gt;- Probémoslo - insistió Andrés -. De perdidos, al río.&lt;br /&gt;Genaro cedió el arma a su compañero mientras rezongaba por lo bajo. Andrés cogió el revólver y lo abrió, le dio una vuelta al tambor, lo cerró y accionó el gatillo. El tambor corrió y el percutor se abatió con siniestro clic.&lt;br /&gt;- Lo ves - dijo Andrés -, tiene mala pinta, pero funciona.&lt;br /&gt;- Probemos las balas - dijo Genaro impaciente.&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppY0baDU8I/AAAAAAAAAWE/xkpEpJPCSUI/s1600-h/coche+en+la+noche.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppY0baDU9I/AAAAAAAAAWM/zeXp4db1xDM/s1600-h/zeta+desde+coche.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5087476386801865682" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppY0baDU9I/AAAAAAAAAWM/zeXp4db1xDM/s320/zeta+desde+coche.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - ¿Estás loco? - intervino Carlota - ¿Quieres ponerte a disparar a las cinco de la madrugada?&lt;br /&gt;- No, mujer - contestó Genaro paciente. Sólo quiero comprobar si las balas son del calibre adecuado para este revólver.&lt;br /&gt;Lo eran. Genaro metió las seis balas en los seis agujeros del tambor, luego lo empuñó, deleitándose con su propia figura de peligroso atracador revólver en mano. Se sintió fuerte y poderoso y casi tuvo una erección.&lt;br /&gt;- Estamos a punto - blandió el arma.&lt;br /&gt;- No, todavía no - le enfrió Carlota -. ¿Dónde quieres ir a las cinco de la mañana? Los bancos abren a las ocho. Tenemos que esperar.&lt;br /&gt;Estaban aparcados en una de las calles de la ciudad, apenas transitada a pesar de que a aquellas horas, obreros y empleados madrugadores ya andaban por ahí con cara de sueño. Andrés se puso a dormitar y Carlota cerró los ojos, aunque por su respiración ligera era evidente que no dormía. Genaro se puso a soñar despierto.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppY0raDU-I/AAAAAAAAAWU/s3dO7-pl_0A/s1600-h/interrogatorio.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5087476391096832994" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppY0raDU-I/AAAAAAAAAWU/s3dO7-pl_0A/s320/interrogatorio.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; ¿Cuánto podrían conseguir de un golpe? No estaba seguro; creía haber oído que fuera de la caja fuerte no solían tener demasiado dinero, pero seguro que habría ocho o diez mil euros para atender al personal que entraba y salía. Y con unos miles de euros se pueden hacer maravillas. Llevaría a Carlota a Canarias; siempre había querido ir a las islas donde siempre es verano. Y se compraría un equipo de música guapo y también ropa buena. Ropa de pijo.&lt;br /&gt;Genaro se bañaba en agua de rosas pensando en lo bien que viviría a partir de ahora. No calculó que un robo en una oficina bancaria no da para mucho. No pensó que tras el primer golpe tendría que haber otros más y el riesgo aumentaría en progresión geométrica. Los hermosos sueños de futuro adormecieron por fin a Genaro. Carlota hacia rato que dormía el sueño de los justos o de los injustos sin el menor remordimiento de conciencia, que para el caso es lo mismo, y Andrés roncaba suavemente.&lt;br /&gt;A un centenar de metros del lugar donde estaba estacionado el automóvil azul oscuro de los perdularios que esperaban la apertura de las oficinas bancarias, asomó por una esquina el morro de un coche zeta de la Policía Nacional de patrulla nocturna ordinaria. Algo les atrajo la atención del automóvil aparcado en la calle, el caso es que el zeta avanzó lentamente y estacionó a unos metros del coche robado de los futuros atracadores. El policía sentado al lado del conductor salió con la intención de pedir los documentos de identidad a quienes se adivinaba dentro del automóvil. En ese momento Carlota abrió los ojos, quizás avisada por un sexto sentido, acaso agitada por alguna pesadilla.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppY07aDU_I/AAAAAAAAAWc/-Nl5wM495Wk/s1600-h/silueta+tras+rejas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5087476395391800306" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppY07aDU_I/AAAAAAAAAWc/-Nl5wM495Wk/s320/silueta+tras+rejas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - ¡Mierda, la poli! - gritó cuando vio al agente uniformado dirigirse a ellos con calma.&lt;br /&gt;- ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? - se despertó sobresaltado Genaro.&lt;br /&gt;- ¡Joder! - gritó Andrés que, también despierto, se hizo cargo de la situación.&lt;br /&gt;- Vamos, leche, arranca -, gritó histérica Carlota.&lt;br /&gt;Y, mientras Genaro aterrizaba en la dura realidad, Andrés ponía el coche en marcha, metía la primera velocidad y salía a toda pastilla gastando con generosidad goma de las cubiertas.&lt;br /&gt;El policía que se acercaba tranquilo al automóvil, quedó sorprendido por la reacción. Echo mano a su pistola automática PK 28, la sacó de la funda, le quitó el seguro y disparo dos tiros al aire.&lt;br /&gt;- ¡Alto! ¡Alto!&lt;br /&gt;Su compañero asomaba ya la cabeza por la ventanilla.&lt;br /&gt;- ¡Sube, vamos tras ellos!&lt;br /&gt;El coche azul de los aprendices de atracador ya giraba la esquina de la calle con una travesía más ancha y el zeta salió tras ellos. Durante unos tres largos, larguísimos minutos, el coche de la policía persiguió al automóvil azul. Los conductores de los escasos vehículos con los que se cruzaban o a los que sobrepasaban a toda velocidad miraban sorprendidos a todos los lados, esperando ver cámaras de cine o televisión. Al llegar a la gran avenida de la ciudad, insólitamente vacía de tráfico rodado, el automóvil azul de los revienta cabinas telefónicas enfiló hacia el norte a ciento veinte kilómetros por hora.&lt;br /&gt;- Provocarán una desgracia - dijo el policía que no conducía.&lt;br /&gt;Asomándose por la ventanilla y aprovechando el tramo rectilíneo de la avenida, apuntó con cuidado y disparó dos veces seguidas.&lt;br /&gt;¡Bang! ¡Bang!&lt;br /&gt;Una de las ruedas traseras del coche azul estalló y el automóvil empezó a hacer extraños culebreos. En el cruce con la calle transversal siguiente había una rotonda con la estatua de un presunto gran hombre. Contra ese pétreo monumento se estrelló el coche de los chorizos.&lt;br /&gt;A las ocho de la mañana, cuando abrían sus puertas las oficinas bancarias, Genaro, Andrés y Carlota esperaban asustados en los calabozos de la Jefatura de Policía de la ciudad.&lt;br /&gt;Hubieran tenido suerte. Al no cometer delito alguno, la posesión ilegal de una pistola casi de la guerra de independencia y la huída temeraria en automóvil no les hubiera reportado más que algunas molestias, quizás una ostia de reglamento y tal vez una multa. Pero el bravo Genaro se fue por la pata abajo y confesó lo que todavía no habían hecho. Y los entrullaron.&lt;br /&gt;Además de ser unos pringados, habían visto demasiadas películas de serie B que los habían convertido en atracadores virtuales.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-6900890168169752021?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/6900890168169752021/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=6900890168169752021' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6900890168169752021'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6900890168169752021'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/07/atracadores-virtuales.html' title='Atracadores virtuales'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RppZKLaDVAI/AAAAAAAAAWk/YvqHYt8EV6o/s72-c/revolver.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-3388868295503704552</id><published>2007-07-12T18:22:00.000+02:00</published><updated>2007-07-12T18:38:15.942+02:00</updated><title type='text'>La muerte no buscada</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZWHbaDU4I/AAAAAAAAAVk/871jbhlQqGc/s1600-h/Silueta+mujer+arrodillada.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5086347514777654146" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZWHbaDU4I/AAAAAAAAAVk/871jbhlQqGc/s320/Silueta+mujer+arrodillada.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El edificio (gris, enorme y feo) ya no era un correccional; las monjitas lo habían transformado en residencia de señoritas: señoritas de provincias de quiero y no puedo. La mujer detuvo el utilitario y contempló la casona. Cerca había un instituto de bachillerato, al que llegaban apresurados alumnos tardones, y al otro lado de la calle, una de esas discotecas ruidosas, absurdamente iluminada por dentro, ahora silenciosa y cerrada.&lt;br /&gt;La mujer vislumbró un hueco en la fila de vehículos alineados junto a la acera, puso en movimiento su pequeño automóvil, lo estacionó y salió del coche. Le dio como un vahído y tuvo que apoyarse en la puerta del coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZWHraDU6I/AAAAAAAAAV0/VwsuY1ZW5j4/s1600-h/Mujer+tras+rejas.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5086347519072621474" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZWHraDU6I/AAAAAAAAAV0/VwsuY1ZW5j4/s320/Mujer+tras+rejas.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Los recuerdos, intensos aunque confusos, se amontonaban en la mente, pugnando por llegar a la zona del cerebro en la que se afianza la conciencia nítida de las cosas. Muchos años atrás, en otro lugar de la ciudad, dos muchachas parloteaban excitadas mientras se dirigían hacia la estación del metro. Eran las cuatro de la madrugada y habían pasado una noche de fin de año estupenda con juergas y risas. Habían bailado sin descanso, se habían desgañitado, coreando los estribillos de las canciones que la orquestina acometía con más buena voluntad que arte, y habían reído hasta que les dolieron los costados. Y, además, les había tocado en suerte una gran botella de cava, de esas con las que los campeones de las carreras automovilísticas espurrean a admiradores y mirones cuando suben al podio.&lt;br /&gt;Una chica era menudita y graciosa con un pecho espectacular, aunque tal vez no había cumplido los dieciséis; la otra, morena atractiva, lucía un tipo voluptuoso que acentuaba el vestido ceñido y corto que llevaba; debía sumar algo más de dieciocho, era una mujer. Ambas mozas caminaban ligeras y confiadas, a pesar de lo avanzado de la hora y la soledad de la calle. Quizás porque era la última noche del año y uno no imagina que le pueda ocurrir nada malo; también porque en muchas calles de la ciudad se veía mucha más gente de lo habitual. Parecía como si hombres y mujeres de toda edad y condición tuvieran necesidad de agotar la noche, esa última noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZV4raDUzI/AAAAAAAAAU8/NHixYK15G8g/s1600-h/Rejas+y+manos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5086347261374583602" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZV4raDUzI/AAAAAAAAAU8/NHixYK15G8g/s320/Rejas+y+manos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Las chicas andaban ligeras, charlando por los codos, comentando la fiesta, riendo escandalosas, ajenas a cualquier cosa que no fuera su propia felicidad.&lt;br /&gt;- ¡Vaya tetas más divinas! - una voz ronca por el exceso de alcohol e inmadura por la adolescencia restalló como un látigo de carretero en los oídos de las muchachas.&lt;br /&gt;Un grupo de cuatro gansos rondando la veintena, se había materializado como por ensalmo ocupando la acera e impidiéndoles el paso. Las muchachas descendieron bruscamente del pequeño paraíso de recuerdos inmediatos, con el que prolongaban la felicidad de la fiesta, y se detuvieron tensas.&lt;br /&gt;Algunas botellas vacías por el suelo incrementaron la desazón de las chicas. Aquellos tipos estaban como cubas. El que había hablado era un gamberro de cabeza rapada con cazadora gruesa, jersey de cuello de cisne de color negro y pantalones caqui. Tenía la pinta de ser el jefe del grupito. Una cara llena de granos y unos dientes desiguales le proporcionaban un aspecto repulsivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZV47aDU0I/AAAAAAAAAVE/9peVpn0esGE/s1600-h/Silueta+busto+mujer.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5086347265669550914" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZV47aDU0I/AAAAAAAAAVE/9peVpn0esGE/s320/Silueta+busto+mujer.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - Dejadnos pasar, por favor- dijo serenamente la mayor de las dos muchachas, la del tipazo, tras respirar hondo para controlar la ira mezclada con temor que le ascendía por las entrañas.&lt;br /&gt;- Estás muy buena, tía. Muy buena –. Gruñó el que parecía cabecilla de la panda- Anda, sé amable y ven conmigo un ratito a uno de estos portales; verás que bien nos lo pasamos.&lt;br /&gt;La muchacha del minivestido lo miró con olímpico desprecio. La otra chica, la más menuda se apartó instintivamente, alejándose del grupo.&lt;br /&gt;- Tú deliras, gilipollas - contestó desabrida y sin ninguna amabilidad la morena -. Dejadnos pasar de una vez.&lt;br /&gt;El grupo se echó a reír como dementes, al tiempo que un par hacían gestos obscenos frotándose con fruición los genitales y relamiéndose los labios. La menudita empezó a sollozar.&lt;br /&gt;- ¡Hostia, tú, qué tetazas tiene la pequeña! - gritó uno de los zangolotinos simulando el movimiento del coito. Y se lanzó con otro gamberro junto a la menuda, sujetándola entre ambos y sobándole el pecho.&lt;br /&gt;La morena se revolvió como leona herida, dirigiéndose a los tipos que manoseaban a su amiga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZV47aDU1I/AAAAAAAAAVM/Z5vmT_cUBR8/s1600-h/Nochevieja+en+calle.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5086347265669550930" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZV47aDU1I/AAAAAAAAAVM/Z5vmT_cUBR8/s320/Nochevieja+en+calle.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;- ¡Dejadla, hijos de puta! ¡Dejadla u os rajo! - y blandía la enorme botella de cava con una expresión de furia tal que los violadores en potencia se apartaron.&lt;br /&gt;La menudita se dejó caer suavemente al suelo llorando en silencio. La morena aún blandía la botella y el jefe de la pandilla de indeseables tomó cartas en el asunto.&lt;br /&gt;- Esperad -detuvo a sus correligionarios. Luego se dirigió lentamente hacia la mayor de las muchachas con andares que posiblemente había copiado del protagonista de alguna infumable película americana de serie B-. La pequeña puede esperar. Primero me voy a follar a esta tía buena y luego nos follaremos a la bajita tetuda. No te resistas, nena, que me lo vas a agradecer. Será la mejor nochevieja de tu vida.&lt;br /&gt;- Estás borracho, además de ser un imbécil de marca mayor - siseó la muchacha morena, conteniéndose a duras penas -. Dejemos las cosas como están y será mejor para todos. ¡Vamos, tú! - se dirigió enérgica a la menudita.&lt;br /&gt;Pero la chica continuaba llorando en estado de choque mental, quizás, y el jefecillo de los gamberros estaba ya cerca de la morenaza, bajando y subiendo la cremallera de la bragueta de los pantalones, mientras sonreía mostrando los dientes desiguales.&lt;br /&gt;- Vaya, la chica valiente se quiere ir. Ya es demasiado tarde, reina. Voy a follarte como nadie te ha follado jamás. ¡Ahora mismo! Y luego me follaré a esa amiga a quien tanto proteges. ¿O eres bollera y te la quieres follar tú? – y el inconsciente rió a carcajadas, como si hubiera dicho algo gracioso, coreado por sus pandilleros.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZV5LaDU2I/AAAAAAAAAVU/G3WsTQ1rdE4/s1600-h/Nochevieja+en+calle.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZV5LaDU3I/AAAAAAAAAVc/-OmDrBAMKd4/s1600-h/Gamberros.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5086347269964518258" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZV5LaDU3I/AAAAAAAAAVc/-OmDrBAMKd4/s320/Gamberros.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La morena esperaba tensa, sujetando la botella de cava por el cuello como si fuera una maza. El jefe de los gamberros se bajó definitivamente la cremallera de la bragueta de los pantalones.&lt;br /&gt;- No des un paso más o me obligarás a hacer algo que no quiero - advirtió extrañamente serena la muchacha. Luego se dirigió a su amiga -. Levántate y ven a mi lado. Nos vamos.&lt;br /&gt;-Si te enfadas, me excitas más, nena - soltó el ganso de la cabeza al rape, siguiendo un guión que solo él conocía y nada tenía que ver con lo que ocurría.&lt;br /&gt;La muchacha morena retrocedió un paso enarbolando la botella da cava y el gamberro avanzó otro. Se detuvo y hurgó en el interior de la bragueta extrayendo el pene erecto.&lt;br /&gt;- Todo para ti, mi vida - susurró el inconsciente. El resto de la pandilla hacia gestos guarros y animaba a su jefe, mientras la menudita volvía a llorar.&lt;br /&gt;De repente, la morena se giró y, en la mejor tradición de las peleas cinematográficas, rompió la botella de cava contra un coche aparcado, quedándose en la mano con la mitad de la misma convertida en peligroso instrumento cortante, mientras el burbujeante líquido se desparramaba por la acera y salpicaba a la muchacha.&lt;br /&gt;- Te he dicho que no des ni un paso más, imbécil. Habló en serio - dijo con voz concentrada la muchacha.&lt;br /&gt;Toda la pandilla quedó impresionada por el gesto de la chica. Incluso el jefe, pero reaccionó enseguida y echó a broma la acción de la joven.&lt;br /&gt;- Prepárate, cariño, porque te lo vas a pasar muy bien - le dijo mientras agitaba el pene tieso y se acercaba a la muchacha. Alargó un brazo y rozó un pecho de la joven.&lt;br /&gt;Fue un grave error.&lt;br /&gt;La morena de tipo voluptuoso con vestido corto y ceñido lanzó su mano derecha armada con parte de la botella de cava hacia la garganta del que quería violarla.&lt;br /&gt;Los afilados bordes del vidrio desgarraron en un instante los músculos del cuello y seccionaron limpiamente la vena yugular provocando una fatal sangría. El frustrado violador se desplomó con una expresión de sorpresa inacabable. EI resto de gamberros quedaron petrificados unos segundos, para arrancar a toda velocidad, alejándose del lugar mientras gritaban "asesina".&lt;br /&gt;La muchacha morena no se movió, sujetando aún el fragmento de botella convertido en arma mortal. La menudita se sentó en el suelo, llorando silenciosamente de nuevo, intuyendo lo que se les venía encima.&lt;br /&gt;Pasaron unos minutos largos y la escena continuó sin alterar. La morena con la botella en la mano y la mirada fija no se sabe donde, el pretendido violador desangrándose en el suelo y la chica menuda llorando, sentada. Luego las cosas se precipitaron. Apareció un coche zeta de la Policía Nacional, un coche que acudía para evitar que unos gamberros les hicieran nada malo a un par de chicas, como había pedido por teléfono una anciana insomne, testigo lejano desde la oscuridad de la ventana del saloncito.La muchacha menuda no volvió a saber de su amiga morena, a la que la policía condujo por orden del juez de guardia a la prisión de mujeres. Tenía años suficientes para ser encarcelada. La pequeña fue llevada al correccional por no tener edad penal, le explicaron. El juicio se vio mucho tiempo después y, aunque ella nocompareció, porque los hechos ocurrieron cuando no tenía la edad para comparecer ante un tribunal ordinario, supo que su amiga morena había sido absuelta. El tribunal dijo que había actuado en legítima defensa y que la muerte no había sido un fin buscado sino la consecuencia de una acción desesperada ante la inminencia de la violación de las dos muchachas. Pero la muchacha supo que su amiga morena, la del tipo voluptuoso, estuvo casi tres años en prisión, porque el juez que instruyó su caso nunca accedió a las peticiones de libertad provisional de la abogada de la chica.&lt;br /&gt;Como si hubieran apartado una nube densa y negra que ocultara el sol, la mujer se alejó del antiguo correccional, hoy residencia de señoritas, sin entrar como fue su primera intención. Era una mujer treintañera, agradable, menuda y con un pecho espectacular.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-3388868295503704552?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/3388868295503704552/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=3388868295503704552' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/3388868295503704552'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/3388868295503704552'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/07/la-muerte-no-bucada.html' title='La muerte no buscada'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpZWHbaDU4I/AAAAAAAAAVk/871jbhlQqGc/s72-c/Silueta+mujer+arrodillada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-3419608462281861193</id><published>2007-07-08T19:03:00.000+02:00</published><updated>2007-07-08T19:23:05.504+02:00</updated><title type='text'>El linchamiento</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEaE-D1wDI/AAAAAAAAASE/sTs0XuqNSSc/s1600-h/Icono+minusvalidos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084874126958903346" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEaE-D1wDI/AAAAAAAAASE/sTs0XuqNSSc/s320/Icono+minusvalidos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Pipo corría como alma que lleva el diablo; tan aterrado que temió irse por la pata abajo mientras corría. Treinta metros atrás, un centenar de airados hombres y mujeres lo perseguía enarbolando palos, bastones y un paraguas.&lt;br /&gt;Vivía hace años en aquel barrio ‘tristemente conocido por la venta de droga’, como escribían los diarios cuando se referían al mismo. Él se presentaba a todo el mundo como Pipo. No se sabía a qué se dedicaba y siempre rondaba por el barrio. Se le veía ocioso, pero tenía dinero suficiente para invitar a una cerveza o jugar en las tragaperras. Era bajo, feo, fuerte y cuadrado. Como un dado. Solía vestir pantalón de pana negro y camiseta gris de cuello redondo; en invierno llevaba además cazadora tejana forrada con piel de oveja.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEaE-D1wEI/AAAAAAAAASM/v-XWTyz3RGM/s1600-h/Ojo+de+cristal.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084874126958903362" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEaE-D1wEI/AAAAAAAAASM/v-XWTyz3RGM/s320/Ojo+de+cristal.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Pipo vivía en un bloque del barrio, en el sexto, y, aunque el piso no era grande, era su casa. Tenía cuarenta y cuatro metros cuadrados bien distribuidos. Lo más incómodo era que, cuando el ascensor se estropeaba, había que subir los seis pisos a patita. Cuando Pipo comprobaba que el ascensor no funcionaba, daba un profundo suspiro y subía los escalones, pero no se cagaba en nada; lo aceptaba con resignación. Era un modo de hacer ejercicio, porque había llegado a esa edad en la que no hacer ejercicio físico es un riesgo para el corazón. Se los habían dicho en Urgencias, cuando fue por una piedra en el riñón.&lt;br /&gt;- Nada de tabaco, pocas grasas, menos alcohol y bastante ejercicio físico – le dijo la médico de Urgencias, una rubia seria teñida que no estaba nada mal -. Está usted en una edad crítica y no puede jugar con sus arterias.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZ6eD1v-I/AAAAAAAAARc/kjBe4Mnhvhc/s1600-h/Edificio+varios+pisos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084873946570276834" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZ6eD1v-I/AAAAAAAAARc/kjBe4Mnhvhc/s320/Edificio+varios+pisos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pipo supo entonces que tenía arterias, pero no le dio importancia. Pensó que aquella médico, si se arreglara y no le importaría darle un revolcón, pero sabía que era inalcanzable.&lt;br /&gt;La vida resultaba casi plácida para Pipo, porque no aspiraba a mucho, hasta que empezó a ver cosas raras. Se mosqueó cuando un par de tíos de la asociación de vecinos lo miraron en el bar más de la cuenta y se pusieron a cuchichear. Les hubiera preguntado de qué iban, pero, como no le gustaban los líos, lo dejó. Él no iba por la asociación de vecinos, porque le parecía una pérdida de tiempo.&lt;br /&gt;La siguiente señal de alarma la recibió al salir del bar: le seguía un jovencito con pinta achulada. Era del barrio, porque lo había visto antes. Como era de buen conformar, tampoco le dio importancia. Otra vez le pareció que le seguían, pero no se inquietó, porque la gente podía ir por donde quisiera. Se preocupó cuando Antonio, el del bar, le dijo que la asociación preparaba una asamblea movida. Y le guiñaba un ojo. Tampoco le hubiera importado lo de la asamblea ni el guiño del ojo.&lt;br /&gt;- ¿Por qué me lo cuentas? – le dijo -. Yo no voy a las asambleas. Son un coñazo.&lt;br /&gt;- Tu sabrás – sonrió Antonio.&lt;br /&gt;Pero le aconsejó que se fuera del barrio una temporada.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZ6eD1v_I/AAAAAAAAARk/INq9umR8j6g/s1600-h/Escalera+bloque.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084873946570276850" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZ6eD1v_I/AAAAAAAAARk/INq9umR8j6g/s320/Escalera+bloque.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;- ¿Lo dices en serio? – preguntó confundido.&lt;br /&gt;- Esta vez no harán campaña de prensa como otras veces – le explicó Antonio y bajó la voz con tono confidencial – Quieren pasar a la acción.&lt;br /&gt;- ¿Qué acción?&lt;br /&gt;Pipo no entendía nada, pero le olía mal.&lt;br /&gt;- Creen que la policía les toma el pelo. Lo van a resolver ellos. Te lo digo – le susurró el del bar -, porque no me importa lo que hagas. Te considero un amigo.&lt;br /&gt;Y Antonio se puso a secar vasos mientras de nuevo le guiñaba un ojo.&lt;br /&gt;- Cada uno a lo suyo y Dios en casa de todos – le dijo sin venir a cuento, confundiendo el refrán.&lt;br /&gt;Pipo abandonó el bar inquieto, sin saber qué le había querido decir Antonio. Se fue abatido a casa. Subió resoplando hasta el sexto piso, porque el ascensor volvía a estar estropeado, y se cerró en casa con doble vuelta de llave, aunque no sabía por qué. Pipo, como tantos vecinos de barrios de aluvión, se había gastado sus buenos dineros en una hermosa y sólida puerta blindada para proteger un piso de mierda.&lt;br /&gt;Se sentó en el sofá de polipiel que imitaba bastante bien cuero de mediana calidad. Cogió el mando a distancia y puso en marcha la tele. Pasó de un canal a otro hasta que, aburrido y desasosegado, sin vencer la desazón, se levantó, se preparó una generosa ración de whisky a palo seco y la bebió en tres tragos. El efecto ansiolítico del alcohol le hizo sentirse mejor. Antonio el del bar se había vuelto loco. Entonces recordó los tipos aquellos de la asociación de vecinos y el joven chulito.&lt;br /&gt;Algo se cocía, aunque no sabía qué. Los de la Asociación no debían tener nada mejor qué hacer. Intentó distraerse y se puso a leer un artículo en un diario deportivo afín al Real Madrid. Un periodista espabilado especulaba sobre el futuro de un jugador, aunque no había ocurrido nada para dar pie a la conjetura. Dejó irritado el diario. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZ6uD1wAI/AAAAAAAAARs/JJPMjbpe3yM/s1600-h/Dibujo+linchamiento.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084873950865244162" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZ6uD1wAI/AAAAAAAAARs/JJPMjbpe3yM/s320/Dibujo+linchamiento.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pipo decidió ir al videoclub a buscar unas películas para pasar la tarde: una de karatekas y otra de terror con mucha sangre y mondongos, los dos géneros que más le gustaban. Salió a la calle tras bajar deprisa los seis pisos mientras pensaba que luego tendría que subirlos. El aire era fresquito. Se fue a paso ligero hacia el video club, cinco calles más arriba. Estuvo en el video club un cuarto de hora hasta que se decidió por Kickboxer IX, una cinta de un grupo de justicieros que dominaban las artes marciales y corrían a golpes a docenas de delincuentes, y La matanza de Texas VIII, un filme sobre una carnicería en una granja abandonada en medio del campo donde habían ido a pasar el fin de semana un grupo de jóvenes de ambos sexos con intenciones lúbricas. Con los dos vídeos Pipo regresó distraído.&lt;br /&gt;Casi tropieza con un nutrido grupo de personas que marchaban apiñadas por el medio de la calle. Una manifestación, pensó. A eso se refería Antonio al decir que los de la asociación preparaban algo. Como no quería líos, aceleró el paso y sobrepasó al centenar de vecinos. Avanzó deprisa y se colocó unos metros por delante.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZ6uD1wBI/AAAAAAAAAR0/AXSchkOMNog/s1600-h/Pasma+en+pie+de+guerra.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084873950865244178" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZ6uD1wBI/AAAAAAAAAR0/AXSchkOMNog/s320/Pasma+en+pie+de+guerra.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;- ¡Es él! – gritó una señora de pelo canoso recogido en un moño, calzada con zapatillas de fieltro y vestida con bata acolchada de color azul.&lt;br /&gt;Y, como si fuera una contraseña, el grupo se puso a gritar.&lt;br /&gt;- ¡Al paredón! ¡Al paredón!&lt;br /&gt;Pipo se quedó de una pieza; le pasó como a la mujer de Lot, que se giró cuando huía de una Sodoma abrasada con fuego por cortesía de Yahvé, y el siempre cabreado Dios de los judíos la convirtió en estatua de sal por fisgona. Pipo quedó así: paralizado por el pánico. Con los adentros inmovilizados, como si su organismo se hubiera parado. Pero parte del cerebro de Pipo envió órdenes desesperadas para que despertara el instinto de supervivencia. La adrenalina se vertió en cantidades industriales e hizo reaccionar al cuerpo entontecido. Sus piernas salieron de la parálisis y corrió como un loco hacia su portal, al tiempo que los intestinos se soltaban y empezaban una agitada danza que le hicieron temer lo peor. La masa encolerizada salió disparada.&lt;br /&gt;Pipo corrió y, por algún milagro, consiguió ponerse a salvo en el vestíbulo de su escalera. Cerró el cerrojo del portal con dos vueltas y miró alucinado a las docenas de vecinos que se lanzaban ciegamente contra el cristal del portal como mosquitos contra bombillas y faroles en noche de verano.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZ6uD1wCI/AAAAAAAAAR8/EXOL-u8sovc/s1600-h/Polis+deteniendo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084873950865244194" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZ6uD1wCI/AAAAAAAAAR8/EXOL-u8sovc/s320/Polis+deteniendo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;En algunos rincones del barrio se trapicheaba con heroína: algunos yonquis acudían al barrio para pillar sus papelinas del caballo de cada día. No se metían con nadie, pero la vida de las gentes decentes de un barrio es gris y monótona, y transformarse en cruzados contra el trapicheo (al que llamaban narcotráfico porque lo habían oído en la tele) daba dimensión épica a sus tediosas vidas. Periódicamente los vecinos más lanzados convocaban una asamblea de barrio donde se despotricaba contra los narcotraficantes y contra la ineficacia de la policía. Decidían escribir una carta al concejal del distrito y se le exigía dureza. El concejal no solía hacer caso en primera instancia, entonces los vecinos se reunían otra vez y llamaban a algunos periodistas. Si no había noticias más jugosas, las radios, alguna tele de medio pelo y un par de periódicos de tiraje discreto enviaban a becarios a hacer de redactores, que publicaban lo cabreados que estaban los vecinos con el concejal por las drogas. El concejal se enteraba y le decían que se habían metido con él en la tele. Temeroso de que la dirección del partido lo llamara al orden, visitaba al comisario de policía y le exigía severo hacer algo con las drogas. El comisario no se inmutaba, pero consultaba con Jefatura. Desde Jefatura le decían que hiciera algo, pero sin generar horas extras, porque no había presupuesto. Entonces el comisario lanzaba a sus policías a la calle a detener a una docena de camellos con despliegue de coches con luces azules y sirenas. Siempre detenían a los mismos y algún que otro nuevo. Los interrogaban y los llevaban ante el juez, que, tras escuchar aburrido a unos y otros, soltaba a la mayoría de los detenidos. Al resto lo enviaba a la cárcel, de donde, pagada la fianza, salían a los dos o tres meses a la espera del juicio que tardaba un par de años, cuando ya nadie se acordaba. Volvía la calma entre las gentes decentes y, al cabo de dos o tres meses, los camellos vendían de nuevo papelinas y la vida cutre del barrio recuperaba su pulso normal hasta el siguiente cabreo vecinal.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZkeD1v5I/AAAAAAAAAQ0/j6gDSYbwiSo/s1600-h/Vecinos+alborotados.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084873568613154706" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZkeD1v5I/AAAAAAAAAQ0/j6gDSYbwiSo/s320/Vecinos+alborotados.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero esta vez se habían enfadado de verdad y querían disfrutar de su cuarto de hora de gloria, como Andy Warhol concedió a todo ser humano. Unos encolerizados vecinos se desgajaron del furioso magma justiciero que asediaba a Pipo para buscar un objeto contundente con qué forzar a golpes el portal. Alguien empezó a tocar todos los timbres con la pretensión de que algún vecino abriera, pero, como era habitual, el telefonillo no funcionaba y ningún habitante del bloque se atrevió a abrir sin saber a quién facilitaba la entrada. Pipo salió del marasmo cataléptico que lo había dejado clavado en el portal ante la ira vecinal y subió las escaleras de dos en dos hasta el sexto piso, al que llegó echando los pulmones por la boca. No conseguía meter la llave en el cerrojo de seguridad, pero al final entró en casa, cerró la puerta blindada y le dio todas las vueltas de llave que pudo. Ahora estaba en su castillo y nadie podría sacarlo. Fue hasta la cocina y comprobó las provisiones que tenía en la nevera para resistir un asedio prolongado: restos de espaguetis de hacía dos días, un yogur de fresa, otro de melocotón, una manzana pocha, una lata de sardinas abierta que olía mal y un par de huevos que no recordaba desde cuando estaban allí. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZkeD1v6I/AAAAAAAAAQ8/hRvUBUDkeRY/s1600-h/asamblea+vecinos.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084873568613154722" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZkeD1v6I/AAAAAAAAAQ8/hRvUBUDkeRY/s320/asamblea+vecinos.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Se acercó a la ventana y miró hacia abajo. Achatados por la altura, más de un centenar de vecinos enfurecidos se agolpaban ante el portal, miraban hacia arriba y agitaban lo puños o los garrotes que esgrimían. Pipo se apartó de la ventana y se sentó en el suelo. ¿Qué pasaba? ¿Qué hacer? Creyó sufrir una pesadilla y se pellizco las mejillas con pasión. El súbito dolor le reveló que no se trataba de ningún desvarío onírico. Se enderezó y caminó atemorizado y sin sentido por el interior del salón.&lt;br /&gt;¡El teléfono! Pipo se lanzó sobre el aparato góndola del año de Maricastaña. Levantó el auricular y comprobó con angustia que no daba tono. Entonces se acordó de que no había pagado el recibo de Telefónica que el banco había devuelto por error. Abajo, cuatro jóvenes sujetaban un tablón de madera, quizás cogido de alguna obra cercana, y lo utilizaban como ariete contra el portal. Pipo fue a la reducida habitación que utilizaba como dormitorio, que daba al exterior por la parte trasera del edificio, y comprobó con espanto que desde un sexto piso no había escape. Desesperado, buscó una cuerda con la desquiciada esperanza de poder deslizarse hasta el segundo piso, por lo menos, pero sólo tenía cordeles para tender la ropa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZkeD1v7I/AAAAAAAAARE/Dbh7olaIc-A/s1600-h/Vecinos+cabreados.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084873568613154738" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZkeD1v7I/AAAAAAAAARE/Dbh7olaIc-A/s320/Vecinos+cabreados.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ocho minutos después -Pipo cronometró neuróticamente el tiempo- cuatro coches zeta de la policía estacionaban frente al edificio con escándalo de sirenas y centelleo de luces azules. Más de la mitad de potenciales linchadores huyeron que se las pelaban por calles adyacentes y el resto lo hizo cuando vieron salir de los coches a los agentes porra en ristre. Los guardias detuvieron a media docena de alborotadores a los que soltaron enseguida porque no tenían ganas de meterse enpapeleos.&lt;br /&gt;Pipo nunca hubiera imaginado que se alegraría de ver llegar a la policía, como si fuera el Séptimo de Caballería en auxilio de los colonos, sitiados por los indios. Media hora después, en comisaría, Pipo se enteró. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZkuD1v8I/AAAAAAAAARM/aiU3ddDc5TQ/s1600-h/Calle+de+noche.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5084873572908122050" style="margin: 0px 10px 10px 0px; float: left;" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEZkuD1v8I/AAAAAAAAARM/aiU3ddDc5TQ/s320/Calle+de+noche.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los que llevaban las riendas de la asociación vecinal habían decidido dar un escarmiento a los camellos del barrio y ahuyentarlos para siempre, pero nada duchos en información, planificación y represión, los traficantillos se habían enterado y marchado del barrio, a la espera de tiempos mejores. Frustrados, pero decididos a seguir, el vecindario beligerante contra las drogas, empecinado y puesto en pie de guerra, lo había escogido como camello, porque no trabajaba y tenía suficiente dinero para vivir. Juzgado y sentenciado: si no trabajaba ni cobraba el paro, era un camello. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Tengo una pensión de invalidez –dijo Pipo con hilo de voz, temeroso de que también los polis creyeran que era un traficante – y otros ingresos modestos, pero legales.&lt;br /&gt;- Lo sabemos – le aclaró un inspector de policía -. La invalidez es porque tienes un ojo de cristal, tan bueno que parece de verdad. Y los otros ingresos son de un puesto de cupones de lotería de minusválidos que te dieron también por lo del ojo; el puesto lo lleva un primo tuyo y os repartís los beneficios a partes iguales.&lt;br /&gt;Pipo no denunció a nadie, pero desde entonces dejó de confiar en la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-3419608462281861193?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/3419608462281861193/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=3419608462281861193' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/3419608462281861193'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/3419608462281861193'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/07/pipo-corra-como-alma-que-lleva-el.html' title='El linchamiento'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RpEaE-D1wDI/AAAAAAAAASE/sTs0XuqNSSc/s72-c/Icono+minusvalidos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-7845266768514360280</id><published>2007-07-04T18:59:00.000+02:00</published><updated>2007-07-04T19:17:49.154+02:00</updated><title type='text'>A domicilio</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RovSXeD1vvI/AAAAAAAAAPk/olpLqzn59Ik/s1600-h/Atendiendo+telefono.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5083387905065729778" style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RovSXeD1vvI/AAAAAAAAAPk/olpLqzn59Ik/s320/Atendiendo+telefono.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El teléfono sonaba con insistencia. Pepe cogió el aparato. &lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿Sí?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿El señor José Ramírez? - se oyó una voz bronca.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Soy yo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Tenemos un paquete para usted.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿Un paquete? ...¿De qué? - preguntó Pepe sorprendido.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- No lo sabemos, señor. Sólo somos una empresa de mensajeros.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Estoy en casa y no pienso salir-. Pepe iba a colgar cuando se le ocurrió algo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿Quién me envía el paquete?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Pero al otro lado de la línea ya no había nadie. Regresó al cómodo sillón y&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;volvió a contemplar el televisor. Emitían un partido de fútbol.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Pepe estaba irritado. Le irritaban los enigmas, por pequeños que fueran y un paquete no esperado no le agradaba. ¿Quién coño le enviaría un&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;paquete?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Se distrajo viendo el fútbol.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; Pasó el tiempo hasta&lt;span style="font-size:+0;"&gt; &lt;/span&gt;que e&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;l timbre de la puerta sonó insistente. Pepe se levantó de nuevo del sillón con&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;evidente malhumor,&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿Quién molesta ahora? - Ya no se acordaba del paquete de marras.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Abrió la puerta y se encontró con dos individuos que rondaban la treintena, con tejanos y chaquetas de chándal de color azul oscuro; también llevaban&lt;span style="font-size:+0;"&gt; &lt;/span&gt;sendas gorras de visera como las de los jugadores de béisbol. Uno, más bajo y con cabeza gorda, sostenía un paquete&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;mal envuelto. Estuvo a&lt;span style="font-size:+0;"&gt; &lt;/span&gt;punto de cerrar la puerta de golpe, pero pudo más la curiosidad.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Ustedes son los del paquete, ¿no? - dijo con la máxima autoridad de que fue capaz. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Sí - interrumpió sus pensamientos el más alto que tenía una cara que recordaba la de un caballo -. Es éste -señaló al bulto que llevaba su compañero.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Dénmelo y ya está - dijo Pepe con falsa alegría. En cuanto se fueran, metería el paquete en la bañera y llamaría a la policía, por si acaso, aunque no se le&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;ocurría quien podía enviarle un paquete sospechoso, un sencillo apoderado de oficina bancaria que no se metía en política ni en nada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Tiene usted que firmar el recibo - dijo el más alto metiendo la mano en uno de los bolsillos del chándal.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RovSXeD1vwI/AAAAAAAAAPs/bu6rV-PQQ3Y/s1600-h/abriendo+puerta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5083387905065729794" style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RovSXeD1vwI/AAAAAAAAAPs/bu6rV-PQQ3Y/s320/abriendo+puerta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Pepe miró a su alrededor buscando un bolígrafo, pero en el estrecho recibidor no había ninguno. Iba a preguntarle al repartidor si tenía un bolígrafo cuando comprobó con asombro que el de cara de caballo no había sacado recibo alguno del bolsillo sino un revólver. De verdad. Como el que había tenido una vez en la mano, cuando un vigilante de seguridad le permitió ver y tocar su arma reglamentaria.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El hombre más alto le empujó hacia el interior del piso mientras se dirigía a su&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;compañero.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Entra ya pasmarote y cierra la puerta de una puta vez. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Ambos bergantes empujaron a Pepe por el corto pasillo y fueron los tres a parar al reducido salón-comedor.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Siéntate y pon las manos sobre la cabeza - le ordenó el del revólver.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Pepe obedeció como un autómata pensando que se había quedado dormido viendo el aburrido partido de fútbol y tenía una pesadilla. Se pellizcó.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Las manos sobre la cabeza, coño - gritó el del revólver. El otro compinche, el cabezón, no decía nada, pero miraba lo que hacían en la tele.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Déjate de tele, y procura estar por la labor - le increpó su colega.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El más bajo dejó el paquete sobre una silla y fue a apagar el televisor, mal interpretando el exabrupto como una orden.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Deja el televisor en marcha; así no se nos oirá. Estos pisos tienen paredes de cartón. Pero no te quedes embobado mirando la pantalla; tenemos trabajo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Pepe pensó que quizás iban a torturarle.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿Qué van a hacerme? - dijo con voz temblorosa.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿A ti? Nada, si no molestas ni haces el burro.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿Qué quieren?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿Qué queremos? Ésta si que es buena - rió el de cara de caballo -. Dinero, joyas, todo lo que tengas de valor y podamos llevarnos sin llamar la atención.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;¿Esto...es un robo? - preguntó Pepe que volvió a creer que soñaba.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Que cosa más absurda.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¡Nos ha jodido el premio Nóbel! - rió de nuevo el del revólver -. ¿A ti qué te parece? Es un robo, tonto del culo. A nuevos tiempos, nuevos métodos. Somos los pioneros del atraco a domicilio. ¿Cómo lo ves?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RovSXuD1vxI/AAAAAAAAAP0/xaPc3rpubok/s1600-h/Mano+empuÃ±a+revÃ³lver.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5083387909360697106" style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RovSXuD1vxI/AAAAAAAAAP0/xaPc3rpubok/s320/Mano+empu%C3%B1a+rev%C3%B3lver.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Pepe veía visiones. Ya no sabía si tenía miedo o estaba a punto de quedar catatónico. ¿De verdad le estaba pasando eso? &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- No tengo mucho dinero en casa En la cartera debo llevar cincuenta o sesenta euros; se los daré - explicó Pepe más sereno -, pero no tengo joyas. Vivo solo. Llévense el televisor y el vídeo, pero son antiguos, no creo que les den mucho.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Pepe hizo el gesto de levantarse para ir a buscar la cartera prometida, pero el de cara de caballo blandió el revólver ante sus narices,&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿Quieres tomamos el pelo? - dijo con suavidad, demasiada suavidad para su gusto.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Pégale un tiro en las pelotas - intervino riendo el otro. Tenía la voz atiplada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Pepe se quedó helado. Bromeaba. No podían hablar en serio. El de la pistola pareció leerle el pensamiento.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- No estamos de guasa, amigo. Un pajarito nos ha dicho que tienes una&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;caja fuerte escondida - y le daba golpecitos en la nariz con el cañón del revólver.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Pero, ¿qué dice? - aquel sujeto estaba loco. ¿Qué ocurrencia?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;¿Para qué iba a querer una caja fuerte en casa? - Miren por toda la casa. No encontrarán nada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El hombre de cara de caballo con revólver se volvió hacia su compañero.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿Ésa es la mierda de información que puedes conseguir, cretino?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Oye, no des por bueno lo que dice este fulano - replicó el atiplado-.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; E&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;charemos un vistazo. Tú no te muevas, cabrón - dijo apuntando con el dedo al pobre Pepe que no sabía qué pensar ni qué temer. Pero no se movió.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Durante un cuarto de hora, los dos chorizos removieron Roma con Santiago. Giraron cuadros, levantaron alfombras, hurgaron en todos los cajones e incluso hasta descuajeringaron el pequeño armario del cuarto de baño. Nada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Eres un gilipollas - aseveró el de cara de caballo a su cómplice y se sentó en el sofá al lado de Pepe.- ¿De dónde has sacado que este tío tenía una caja fuerte?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Trabaja en un banco y es de los que manda.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RovSXuD1vyI/AAAAAAAAAP8/i2_F4hKlR-g/s1600-h/paquete.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5083387909360697122" style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RovSXuD1vyI/AAAAAAAAAP8/i2_F4hKlR-g/s320/paquete.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Ya sé que trabaja en un banco. ¿Eso significa que tiene una caja fuerte? ¡Serás estúpido! Oye, ¿y esas pelas&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;qué tenías en la cartera? - preguntó dirigiéndose a Pepe.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Unos minutos después los dos chorizos de poca monta se largaban por la escalera con los cincuenta y cinco euros que Pepe tenía en el billetero, tras advertirle que no se le ocurriera gritar ni llamar a la policía, porque le pegarían un tiro en los huevos. Pepe fue corriendo al cuarto de baño y vació los intestinos sueltos, cuyo impulso retenía desde hace rato. Cuando se hubo aliviado,&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;volvió al salón sin creer todavía lo que le había pasado. Sobre la silla estaba el paquete mal envuelto que había servido de excusa para entrar en el piso. Sonrió.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RovSXuD1vzI/AAAAAAAAAQE/S1C4_b2pq1Q/s1600-h/ExplosiÃ³n.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5083387909360697138" style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RovSXuD1vzI/AAAAAAAAAQE/S1C4_b2pq1Q/s320/Explosi%C3%B3n.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Se levantó y lo sacó tras leve resistencia. Dentro había una nota escrita a máquina.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Cabrón de mierda, al sacar el sobre has activado la bomba que he preparado para ti. Me negaste un crédito para la empresa que había soñado&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;i&gt;durante los meses que estuve en el Frenopático. Sólo prestáis a los que ya tienen, mamones. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Y, mientras una deslumbrante explosión se llevaba por delante el salón comedor y lo que en él había, Pepe dispuso de unas fracciones de segundo para pensar que eso no le podía estar ocurriendo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-7845266768514360280?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/7845266768514360280/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=7845266768514360280' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/7845266768514360280'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/7845266768514360280'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/07/domicilio.html' title='A domicilio'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RovSXeD1vvI/AAAAAAAAAPk/olpLqzn59Ik/s72-c/Atendiendo+telefono.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-6194241997350266221</id><published>2007-06-28T17:35:00.000+02:00</published><updated>2007-06-28T17:49:36.861+02:00</updated><title type='text'>Lo arreglamos ahora</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RoPVueD1vcI/AAAAAAAAANM/DDnA4s8muYA/s1600-h/Viejo+malo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081139798923918786" style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RoPVueD1vcI/AAAAAAAAANM/DDnA4s8muYA/s200/Viejo+malo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El hombre mayor, setenta o algo más, se puso un abrigo que el tiempo y el uso habían tornado delgado. A finales de octubre, hacia el anochecer, ya hace frío. O a partir de ciertas edades se siente más. Salió a la calle decidido, como quién conoce muy bien a dónde va, pero antes de abandonar el poco confortable piso entró en la cocina y cogió algo después de mirar en los cajones de la alacena.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Con paso firme, el hombre mayor avanzó sin tener en cuenta a la gente que había a su alrededor. Las tiendas estaban cerradas desde hacía rato y sólo algunos bares y cafés reflejaban sus amarillentos interiores en los no demasiado bien iluminadas calles de aquel barrio extremo de la ciudad. El hombre mayor aún tenía tiempo, pero de hoy no pasaba. No le tomarían más el pelo. Era mejor hacer frente al problema de una vez para siempre y luego que fuera lo que Dios quisiera.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El hombre mayor andaba y andaba. No muy deprisa, pero tampoco como si fuera de paseo. Tenía tiempo suficiente para hacer lo que debía y que sólo él puede hacer.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RoPVueD1vdI/AAAAAAAAANU/cwcqNV1BzzA/s1600-h/CallejÃ³n+B+y+N.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081139798923918802" style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RoPVueD1vdI/AAAAAAAAANU/cwcqNV1BzzA/s200/Callej%C3%B3n+B+y+N.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Las calles del barrio extremo de la ciudad van quedando vacías, pero el hombre mayor de abrigo delgado no parece darse cuenta. Mira la placa con el nombre de una calle y se detiene. Ya esta cerca. Busca un lugar en el que su presencia sea discreta, se coloca en el quicio de un portal y espera.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Desde otro lugar del barrio, otro hombre mayor regresa a casa; es algo chaparro y se cubre con una racial boina negra. De dónde viene no tiene importancia ni tampoco qué ha estado haciendo. Ahora ya no. El hombre va abrigado con un chaquetón de piel vuelta, rematado con una pelliza de lana marrón porque el frío arrecia. El hombre mayor piensa, como ha hecho tantas veces en los últimos meses.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Piensa en que le queda muy poco tiempo para abandonar el trabajo, para jubilarse. En menos de quince días atravesará la sutil frontera de los sesenta y cinco años que separa a un hombre activo de otro en barbecho permanente. Todo continuará aparentemente igual, pero todo será diferente. Eso le desazona. Ahora las cosas tienen para él una importancia relativa y muchas quedan por el camino sin resolver. Qué más da.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El hombre mayor de boina negra apresura el paso porque nota que el frío se le mete en los huesos. Sube por la calle empinada y llega a la esquina de un pasaje estrecho. Ahí vive.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Se detiene algo sorprendido. En el quicio de la puerta de su casa hay una sombra, la sombra de alguien que está quieto, esperando.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Buenas noches, hombre - dice el hombre mayor de unos setenta años y abrigo casi ralo que surge de la oscuridad -. No tengas tanta prisa.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El hombre mayor tirita porque también el siente la traidora humedad de la anochecida que se mete dentro de uno sin avisar, sobre todo a ciertas edades.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Hola, hola - dice el otro aliviado al ver quién era el que le hablaba -, no te había conocido. Me has dado un buen susto. Ven, hombre, entra en casa que aquí hace un relente que te deja tieso. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Y el hombre saca la llave del bolsillo del chaquetón y se dispone a abrir el portal.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- No - le interrumpe el otro -. Hemos de hablar.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- De acuerdo - concede el segundo hombre mayor, pero no tanto -, pero hagámoslo dentro donde estaremos más calentitos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- No - insiste el hombre que se ocultaba en el quicio del portal -, ha de ser ahora mismo y aquí. Yo no tengo frío y, si lo tengo, me aguanto, como te vas a aguantar tú. No puedo esperar más, no voy a ningún otro sitio a hablar. Hay que arreglarlo ahora.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El hombre mayor del chaquetón se queda mirando al que ha hablado con cierta sorpresa y una sombra de temor. ¿Qué puñeta le pasa? Siempre se habían llevado bien. ¿A qué vienen esas urgencias?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Escucha - le responde un poco amostazado -, si te has vuelto loco, lo siento. Si&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;quieres hablar y no quieres entrar en mi casa, vayamos a un bar, pero yo no me quedo en medio de la calle. ¡Hala, adiós!&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Y, tal como lo dice, el hombre mayor que va abrigado con un chaquetón empieza a andar, queriendo dejar atrás al furibundo hombre del abrigo raído.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RoPVu-D1vfI/AAAAAAAAANk/vx0vuLB6Ke4/s1600-h/Polis+y+muerto.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081139807513853426" style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RoPVu-D1vfI/AAAAAAAAANk/vx0vuLB6Ke4/s200/Polis+y+muerto.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;Durante un segundo el tiempo se detiene y luego se emborrona como si la escena se aguara y desfigurara. El hombre mayor del abrigo gastado ha sacado un cuchillo de cocina del bolsillo y ha apuñalado repetidamente la espalda del otro hombre de edad avanzada con un rictus de rabia que le desfigura el rostro.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Te digo que esto lo arreglamos ahora - repite con voz ronca mientras clava el cuchillo una y otra vez en el cuerpo sorprendido del hombre del chaquetón que finalmente se derrumba lentamente sobre la acera ensangrentada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El mundo vuelve a detenerse un instante y el agresor se queda quieto, encogido, con el cuchillo que sujeta con la mano derecha goteando rojo, mirando el cuerpo inerte del anciano del chaquetón. Una llamada histérica de teléfono alerta a la policía. "¡Han matado a un hombre!". Y una sirena suena a los pocos minutos y las luces parpadeantes tiñen de azul la escena del hombre con el cuchillo en la mano y el otro tendido a sus pies. Desde los portales y los establecimientos, y desde las ventanas de los pisos de cincuenta metros, acechan entre miedosos y fascinados los ojos curiosos de los vecinos. Como en un sueño, el hombre del abrigo raído es esposado, metido en un coche policial y conducido a la comisaría. Una ambulancia llega con estrépito inútil y parpadeos amarillentos para recoger el cuerpo del hombre del chaquetón.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RoPVu-D1vgI/AAAAAAAAANs/aANR1SBDXG8/s1600-h/esposado.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5081139807513853442" style="FLOAT: left; MARGIN: 0pt 10px 10px 0pt; CURSOR: pointer" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RoPVu-D1vgI/AAAAAAAAANs/aANR1SBDXG8/s200/esposado.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;En un cuartucho de comisaría, el hombre del cuchillo de cocina espera sin esperanza mientras se inician las idas y venidas, las preguntas, las miradas y el papeleo que le llevarán a un pasillo oscuro del que no puede ver el final. Uno de los guardias uniformados que le vigilan le ofrece un cigarrillo y, aunque hace tiempo que lo dejó, el hombre lo acepta, lo enciende, tose y aspira sin placer. Se acerca un hombre de paisano de unos cuarenta años y mirada cansada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- El hombre que usted ha apuñalado no ha llegado vivo al hospital. ¿Me oye? Lo han ingresado ya muerto.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El hombre mayor que está fumando no dice nada ni mira al policía que le ha hablado. La salita se llena de un silencio agrio.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿Por qué? - pregunta suavemente el policía de paisano.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Me tomaba el pelo. Me quería engañar - responde con voz quebradiza.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¿Engañar? - insiste el poli.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- Le compré un piso hace un tiempo y nunca encontraba el momento para t escritura de compraventa ante el notario - explica con una sombra de ira.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;-&lt;span style="font-size:+0;"&gt; &lt;/span&gt;¿Y eso es motivo para matar a un hombre? - pregunta sorprendido el policía.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;El hombre mayor del abrigo raído le mira lleno de rabia.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;- ¡Nadie me toma el pelo!&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="LINE-HEIGHT: 16pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;En el depósito de cadáveres el cuerpo del hombre que iba con chaquetón empezaba a ponerse rígido.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:'Trebuchet MS';font-size:11;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-6194241997350266221?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/6194241997350266221/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=6194241997350266221' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6194241997350266221'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6194241997350266221'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/06/lo-arreglamos-ahora.html' title='Lo arreglamos ahora'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RoPVueD1vcI/AAAAAAAAANM/DDnA4s8muYA/s72-c/Viejo+malo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-8837694138553832420</id><published>2007-06-24T20:22:00.000+02:00</published><updated>2007-06-24T20:50:28.537+02:00</updated><title type='text'>Ensañamiento</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rn62_YsKaBI/AAAAAAAAAL0/_jOD8geHAJg/s1600-h/enfermera+con+paciente.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5079698629796194322" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rn62_YsKaBI/AAAAAAAAAL0/_jOD8geHAJg/s200/enfermera+con+paciente.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; -¿Ha forzado el brazo?&lt;br /&gt;- No, creo que no. Nunca me había pasado algo así.&lt;br /&gt;El hombre, treinta y pico años, cicatriz en mejilla izquierda, está sentado en una camilla del centro de urgencias del barrio; un centro de chicha y nabo.&lt;br /&gt;- Pues no lo entiendo - dice la enfermera, una mujer madura que ha visto más de lo que hubiera deseado -. Sufres una dislocación del brazo de lo más curiosa.&lt;br /&gt;- Pues será curiosa, pero me duele un montón- le replica el sujeto de la cicatriz.&lt;br /&gt;- Ahora lo arreglamos. Tienes que haber forzado mucho este brazo.&lt;br /&gt;La mujer indica a la auxiliar, una jovencita lánguida con pelo de rubio paja, que prepare todo. Un chaval de once años asoma por la puerta del consultorio.&lt;br /&gt;- Mamá, me voy a jugar al parque.&lt;br /&gt;La mujer madura se vuelve hacia el chico con expresión severa.&lt;br /&gt;- ¿Qué haces aquí? Tendrías que estar en casa haciendo los deberes. ¿No te tengo dicho que no vengas a interrumpirme al trabajo?&lt;br /&gt;Pero el chaval ya no la escucha y ha salido disparado hacia la calle. En la acera, dos colegas de su edad con las mismas caras de pillo.&lt;br /&gt;- Vamos - dice el muchachuelo. Y salen los tres a la carrera al parque a cien metros.&lt;br /&gt;El parque merecía tal nombre cuando fue inaugurado por el alcalde, años atrás. Entonces, además de los grupitos de árboles, había amplias extensiones de césped japonés, espesos matorrales que daban hermosas flores en primavera, bancos de madera y alguna que otra fuente. Hoy es un bosquecillo ralo con matorrales descontrolados, enormes calvas de tierra seca y no queda un banco entero ni por caridad. Pero los chavales disfrutan de lo lindo, porque el desangelado parque es un buen escenario de imaginadas aventuras.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rn622IsKZ_I/AAAAAAAAALk/ltZzLErIduU/s1600-h/NiÃ±os+tremendos+ByN.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5079698470882404338" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rn622IsKZ_I/AAAAAAAAALk/ltZzLErIduU/s200/Ni%C3%B1os+tremendos+ByN.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Los tres pillastres llegan al parque a la carrera. Se dirigen a un árbol muerto y bien muerto, que conoció mejores tiempos y aún no se ha derrumbado, de cuyo hueco sacan unos trozos de madera que, con algo de imaginación, utilizan como si fueran fusiles o metralletas. Corriendo uno tras otro, los chicos se adentran en un grupito de chopos desmochados que hay en una pequeña hondonada.&lt;br /&gt;- ¡Hostia! - el exabrupto ha surgido espontáneo de la boca del hijo de la madura enfermera del centro de urgencias.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa Gabriel? - pregunta el más larguirucho de los tres.&lt;br /&gt;- ¡Hostia, hostia! - responde el chaval con voz de espanto.&lt;br /&gt;Los otros dos compinches se acercan y comprueban con pavor qué aterra a su compañero. En el fondo de la pequeña hondonada hay un hombre estirado con la cara, la cabeza y el pecho destrozados y ensangrentados. Los tres muchachuelos se acercan cautos y temblorosos, pero el hombre no se mueve.&lt;br /&gt;- ¿Está muerto? - pregunta sin tenerlas todas consigo el tercero del grupo, un chico gordito con el pelo del color de las zanahorias.&lt;br /&gt;Y, como obedeciendo a una consigna, los tres arrancan a correr gritando como locos.&lt;br /&gt;- ¡Un muerto, un muerto!&lt;br /&gt;El coche zeta de la Policía Nacional circula a treinta por hora por el barrio. Es lo reglamentario, cuando están de patrulla ordinaria. El conductor echa una ojeada que otra a su alrededor de vez en cuando, pero el que mira con atención a ambos lados de la calle es el agente que se sienta a su lado,&lt;br /&gt;- Esos chicos... - cabecea el policía del asiento del copiloto.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa? - pregunta el conductor.&lt;br /&gt;- Tres chavales que van voceando como energúmenos. ¡Jodidos críos! Van a topar con alguien con mala leche y se van a ganar lo que no está escrito... Espera.&lt;br /&gt;- ¿Qué?&lt;br /&gt;- Que esos chicos no están jugando. Para.&lt;br /&gt;El policía sale apresuradamente del automóvil antes de que su compañero lo haya detenido del todo y se dirige hacia los tres amigos que corren por la acera, pero, en cuanto ven al agente uniformado, frenan y se miran entre sí, sin saber qué hacer.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Un tiempo después, varios coches de policía, una ambulancia y un coche del juzgado han entrado en el desarbolado parque del barrio y se han estacionado cabe la pequeña hondonada. Unos funcionarios se mueven arriba y abajo, se supone que haciendo su trabajo. Un inspector contempla sorprendido el cadáver ensangrentado.&lt;br /&gt;- En mi puta vida he visto cosa igual - dice en voz baja, como si estuviera en una iglesia llena de gente rezando -. Y eso que he visto... ¡Dios!, la de cosas que he llegado a ver.&lt;br /&gt;- Como Falstaff de Shakespeare, supongo, pero nunca se acostará sin saber una cosa más - le dice el forense que, tras examinar el muerto, se ha puesto a su lado.&lt;br /&gt;- ¿Qué? - pregunta confundido el inspector que no ha captado la culta e irónica insinuación del forense. Ese forense siempre lo lía todo -. ¿De que me habla?&lt;br /&gt;- Falstaff, un personaje de Shakespeare, solía decir que había que ver cuanto había visto en su azarosa vida – le esclarece el forense.&lt;br /&gt;- Y eso ¿qué tiene que ver con lo que tenemos aquí? – dice irritado el policía.&lt;br /&gt;- No tiene nada que ver. Disculpe. Si quiere coger al autor de esta carnicería, sepa quién haya hecho el trabajito probablemente sufra unos severos problemas osteomusculares - afirma muy serio el forense.&lt;br /&gt;- ¿Qué quiere decirme, coño? - inquiere algo mosca el inspector, al que no le gustan los tecnicismos de los médicos y no se acostumbra a ellos.&lt;br /&gt;- Esa cara y ese cráneo machacados sólo han podido quedar así dándole a este tipo unos golpes de la rehostia - explicó el forense, bastante mal hablado para ser médico y funcionario judicial -. Golpes para los que ha tenido que echar el brazo hacia atrás de tal manera, con tanta brusquedad, que casi seguro se le ha resentido.&lt;br /&gt;- ¿Habla en serio? - pregunta el inspector, que no sabe si el forense se cachondea.&lt;br /&gt;- Muy en serio. Pero han tenido que ser dos necesariamente para conseguir ese resultado. Uno lo ha apuñalado a gusto unas diecisiete veces y el otro lo ha golpeado hasta que no ha podido más con un objeto contundente, pero muy irregular.&lt;br /&gt;- ¿Irregular?&lt;br /&gt;- Algo que tenía cantos, esquinas o salientes puntiagudos.&lt;br /&gt;Inspector y forense han llegado hasta los coches estacionados. Junto a un coche zeta, hay dos policías nacionales uniformados, los que vieron correr y gritar como locos a los tres niños que descubrieron el fiambre, y, al lado, los chavales.&lt;br /&gt;- Así que he de buscar a un tipo con el brazo dolorido - comenta irónico el inspector. El forense se encoge de hombros -. Bueno, eso es fácil, sólo tengo que preguntar a todos los médicos y enfermeras del barrio y avisar a las comisarías de la ciudad para que estén atentos a todos los tíos que vayan a los hospitales o ambulatorios con severos problemas musculares en los brazos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rn62qYsKZ7I/AAAAAAAAALE/5d9enmQQR6A/s1600-h/Muerto+sobre+asfalto.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5079698269018941362" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rn62qYsKZ7I/AAAAAAAAALE/5d9enmQQR6A/s200/Muerto+sobre+asfalto.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El comisario interrumpe su sarcástico discurso. Gabriel, aunque el policía no sabe que se llama así, intenta atraer su atención tironeándole del extremo de la chaqueta.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa, chico? Oíd - se dirige a la pareja uniformada - deberíais llevar a estos muchachos a la asistenta social, a ver si necesitan atención psicológica o lo que sea.&lt;br /&gt;- Yo he visto un hombre al que le dolía mucho el brazo - dice Gabriel con voz tan clara que los cuatro adultos lo oyen a la perfección.&lt;br /&gt;- ¿Qué dices, chaval? - pregunta de inmediato el forense.&lt;br /&gt;- Hace un rato, en el centro de urgencias. Mi madre trabaja allí como enfermera - explica ufano el mocoso - Había un hombre que le dolía muchísimo el brazo. Lo tenía...&lt;br /&gt;- Dislocado - completa el médico judicial.&lt;br /&gt;- Eso. Se lo oí decir a mi madre. Y tenía una cicatriz en la cara.&lt;br /&gt;Mala suerte. Mira por donde, por un chavalín se le cae a uno el pelo. Luís Antonio González González fue detenido muy pocas horas después de cometer su delito en compañía de su cómplice Ramón Gómez Gómez, que, naturalmente, fue trincado porque el primer apresado no estaba dispuesto a comerse el marrón el solito.&lt;br /&gt;- ¿Han cantado? - pregunta al inspector el policía uniformado que vio a los chicos.&lt;br /&gt;- Más que Pavarotti y Plácido Domingo juntos. Nada, una banda de mierdas que traficaba al por menor con &lt;em&gt;caballo&lt;/em&gt; y el muerto quiso pasarse de listo, quedándose con una parte para venderla por su cuenta. Los otros le invitaron a unas copas y después de una tarde de juerga fraternal lo machacaron vivo. El Gómez lo apuñaló y el otro le trabajó la cara y el cráneo con una especie de bate de béisbol.&lt;br /&gt;- ¡Qué bestias!&lt;br /&gt;- Pues no lo sabes todo. Previamente al trabajito, habían clavado tachuelas en el extremo del bate de béisbol. Para joder más.&lt;br /&gt;- ¡Rehostia!&lt;br /&gt;- Y has de saber que el bate con tachuelas quedó astillado.&lt;br /&gt;El policía uniformado sale precipitadamente hacia el lavabo sin ver la sonrisa sardónica del inspector. A los pocos minutos regresa con la tez pálida:&lt;br /&gt;- ¿Cómo es posible? - pregunta con voz debilitada.&lt;br /&gt;- La condición humana - sentencia el inspector.&lt;br /&gt;- ¡Joder con la condición humana!&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rn62qYsKZ8I/AAAAAAAAALM/PlpFzI61BSY/s1600-h/Maleza+2.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rn62qosKZ9I/AAAAAAAAALU/_VE_Kmo9zDE/s1600-h/NiÃ±os+tremendos+ByN.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rn62qosKZ-I/AAAAAAAAALc/p8lrrVEFqsw/s1600-h/enfermera+con+paciente.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-8837694138553832420?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/8837694138553832420/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=8837694138553832420' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/8837694138553832420'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/8837694138553832420'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/06/ensaamiento.html' title='Ensañamiento'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rn62_YsKaBI/AAAAAAAAAL0/_jOD8geHAJg/s72-c/enfermera+con+paciente.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-7140556165845427096</id><published>2007-06-21T20:24:00.000+02:00</published><updated>2007-06-21T20:31:05.831+02:00</updated><title type='text'>Desnudo</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDNIsKZpI/AAAAAAAAAI0/YLDPGoysRiw/s1600-h/vigilante.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5078586160252085906" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDNIsKZpI/AAAAAAAAAI0/YLDPGoysRiw/s200/vigilante.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Un trabajo basura como otro. Vigilante nocturno es vivir al revés del mundo. Los demás duermen y tú, despierto. Pero a los cuarenta y pico años, un empleo es un milagro. En la empresa de toda la vida, lo pusieron de patitas en la calle. Uno al que conocía de la taberna, le comentó que Automóviles Jogarpi (ingeniosa combinación de las silabas iniciales de José García Pino) buscaba un hombre maduro para vigilante. Le hicieron contrato de seis meses y se lo habían renovado un par de veces. No le pagaban mucho, sólo un día de fiesta semanal, sin pagas extraordinarias y no le habían hablado de vacaciones, pero cada mes entraba algún dinero.&lt;br /&gt;El vigilante mataba el tiempo divagando. No había mucho que hacer. El dueño era un concesionario de automóviles de lujo, que vivía en el ático del mismo edificio. La cercana presencia del dueño convertía el trabajo en inquietante, porque el tal Jogarpi –un sesentón achulado que presumía de mucha pasta y de mujer de bandera- podía intentar sorprenderlo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDNIsKZqI/AAAAAAAAAI8/SzrBDOAlIbc/s1600-h/venta+coches.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5078586160252085922" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDNIsKZqI/AAAAAAAAAI8/SzrBDOAlIbc/s200/venta+coches.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El vigilante se dispuso a hacer una ronda. Oyó un ruidito.&lt;br /&gt;-¡Mierda! – susurró.&lt;br /&gt;Se acuclilló, sintió un preocupante crujido en la espalda y avanzó a cuatro patas hacia el ruido, mientras se acordaba de la madre y demás familia del dueño quien había jurado que en su casa no habría armas. Si hubiera tenido una pistola… Un fulano intentaba abrir un automóvil.&lt;br /&gt;Retrocedió a cuatro patas y se dirigió como un gato hacia donde estaba el teléfono. Muy despacito marcó el número de la policía.&lt;br /&gt;- Policía, dígame - contestó una voz grave.&lt;br /&gt;Le dio la impresión de que se oía por todo el establecimiento.&lt;br /&gt;- Soy el vigilante nocturno de Jogarpi.&lt;br /&gt;- ¿Qué dice? - preguntó el guardia mosqueado, temiendo ser víctima de un bromista nocturno.&lt;br /&gt;El vigilante casi deletreó el mensaje: alguien intentaba robar un coche. Esta vez el policía lo entendió.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDDIsKZkI/AAAAAAAAAIM/yr-gP_IQTrw/s1600-h/patio+talego.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5078585988453393986" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDDIsKZkI/AAAAAAAAAIM/yr-gP_IQTrw/s200/patio+talego.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - Ahora se dirige hacia allí un coche patrulla - informó.&lt;br /&gt;- No utilicen la sirena cuando lleguen, - susurró el vigilante.&lt;br /&gt;- ¿Cree usted que somos tontos? - se cabreó el policía.&lt;br /&gt;El vigilante colgó el teléfono y, de nuevo a gatas, se dirigió a la puerta de la calle y la abrió con cuidado, mirando hacia la avenida por donde llegaría el coche policial.&lt;br /&gt;Tres minutos y medio después, que al atemorizado vigilante le parecieron una hora, un automóvil zeta de la policía apareció, muda la sirena.&lt;br /&gt;El coche se detuvo en silencio ante la puerta del establecimiento. Dos policías bajaron también en silencio del vehículo con la mano sobre la funda de la pistola automática.&lt;br /&gt;- ¿Dónde está el sospechoso? - preguntó el uniformado más joven.&lt;br /&gt;- En el patio - explicó el vigilante.&lt;br /&gt;- Vamos allá - dijo el otro poli.&lt;br /&gt;Pistola en mano, se dirigieron cautelosos como gatos hacia el patio, seguidos por el vigilante.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDDIsKZlI/AAAAAAAAAIU/wJZMGJIGpWg/s1600-h/coche+polisial.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5078585988453394002" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDDIsKZlI/AAAAAAAAAIU/wJZMGJIGpWg/s200/coche+polisial.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - Ahí está - susurró el vigilante, al ver erguida la sombra que lo había atemorizado. Pero no era una sombra. Era una figura pálida, demasiado blanca en noche cerrada.&lt;br /&gt;- ¡Leche – no pudo evitar el grito un policía! - ¡Está en pelotas!&lt;br /&gt;Y, mientras aseveraba tal cosa, guardó la pistola, convencido de que el sospechoso no llevaba encima nada que supusiera amenaza.&lt;br /&gt;Un hombre aún joven corría desnudo por el patio buscando la salida. Los dos polis fueron tras el nudista.Tras unas fintas, como si jugaran a rugby, los policías se lanzaron sobre el hombre que pretendía huir, pero con esa prudencia táctil propia de todo varón heterosexual obligado a entrar en contacto con el cuerpo desnudo de alguien del propio sexo.&lt;br /&gt;- ¡Estate quieto, leche! - gritó el guardia de más edad, sujetándolo por los brazos con poca convicción, evitando tocar según qué partes del cuerpo del perseguido como si fueran material incandescente.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDDYsKZmI/AAAAAAAAAIc/6QRauDdXX8A/s1600-h/silueta+hombre+desnudo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5078585992748361314" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDDYsKZmI/AAAAAAAAAIc/6QRauDdXX8A/s200/silueta+hombre+desnudo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El hombre se revolvió y le dio al policía un mordisco de armas tomar.&lt;br /&gt;- ¡Me ha mordido! - gritó el agente de la ley, como si no fuera evidente.&lt;br /&gt;La feroz mordedura ahuyentó los últimos escrúpulos de los policías y el más joven agarró con fuerza al presunto ladrón por una zona corporal masculina especialmente dolorosa.&lt;br /&gt;La resistencia acabó al instante.&lt;br /&gt;Al policía mayor tuvieron que ponerle ocho puntos en el brazo y el fulano desnudo fue a parar a los calabozos de Jefatura, pero no dijo ni mu.&lt;br /&gt;- A ése lo ha abducido un OVNI y luego lo ha soltado – comentó sarcástico el policía más joven.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDDYsKZnI/AAAAAAAAAIk/u1IGvH9RJsA/s1600-h/noshe.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5078585992748361330" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDDYsKZnI/AAAAAAAAAIk/u1IGvH9RJsA/s200/noshe.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Pero no. El despelotado fue a parar a preventiva prisión, hasta pagar la fianza de tres mil euros impuesta por el juez. Su señoría lo procesó por allanamiento y robo frustrado con agravante de nocturnidad, desestimando la de escándalo público.&lt;br /&gt;En la relativa salvaguarda del patio del módulo cuatro, el misterioso nudista, decentemente vestido, confesó a un colega (encerrado por intentar pasar como equipaje de viaje por Barajas una maleta con quince kilos de cocaína), que no pretendía robar ningún automóvil, sino marchar a casa sin problemas. Y vengarse.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDDYsKZoI/AAAAAAAAAIs/_sSNbZGzHNY/s1600-h/retozando.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5078585992748361346" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDDYsKZoI/AAAAAAAAAIs/_sSNbZGzHNY/s200/retozando.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; No era un muerto de hambre; tenía un digno empleo de representante de adornos y colgantes para automóvil. El despelotado había retozado con la señora de García Pino, a la que conoció y sedujo en el ejercicio de su comercial tarea y, habiendo sido descubierto por el ofendido concesionario, éste le sustrajo la ropa, que arrojó a la caldera de calefacción.&lt;br /&gt;¿Cómo iba a ir desnudo hasta el otro extremo de la ciudad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-7140556165845427096?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/7140556165845427096/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=7140556165845427096' title='50 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/7140556165845427096'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/7140556165845427096'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/06/desnudo.html' title='Desnudo'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnrDNIsKZpI/AAAAAAAAAI0/YLDPGoysRiw/s72-c/vigilante.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>50</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-7190338579390661728</id><published>2007-06-14T13:32:00.000+02:00</published><updated>2007-06-15T20:15:42.245+02:00</updated><title type='text'>Se llamaba Matildo</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnEn4IsKZGI/AAAAAAAAAEc/QQdD3ndDVlY/s1600-h/Mujer+y+arbol.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5075882100382131298" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnEn4IsKZGI/AAAAAAAAAEc/QQdD3ndDVlY/s200/Mujer+y+arbol.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Se llamaba Matildo y pertenecía a una raza en extinción. Algo de lo que sin duda él no era consciente. Tal vez por eso no esperaba su muerte y la muerte le sobrevino sin aviso alguno. Como a tantos.&lt;br /&gt;Un día apareció frío y yerto. Maritza, que lo quería más que a su vida, se desesperó. Maritza vivía con él y era una mujer entrada en carnes, pero aún de buen ver, que rondaba la frontera de la infertilidad; esa época femenina de sofocos y molestias con turbaciones varias. Quizás por eso, Maritza había puesto toda su ilusión en Matildo. Casi con exceso. La muerte del macho la sumió en la desesperación, en la pena más negra y honda, pero, tras casi ahogarse en llanto y estar en un tris de agotar el lagrimal, Maritza empezó a hacerse preguntas. Y a responderse.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnEn4YsKZHI/AAAAAAAAAEk/XSkyVslkdy8/s1600-h/Silueta+mujer+sobre+muro.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5075882104677098610" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnEn4YsKZHI/AAAAAAAAAEk/XSkyVslkdy8/s200/Silueta+mujer+sobre+muro.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La muerte de Matildo no había sido natural. Matildo estaba sano y fuerte. Matildo se alimentaba bien (ya se cuidaba ella de que así fuera), descansaba sus horas, se daba sus gustos y caprichos y no tenía más tareas ni trabajos que elegir lugares frescos donde dejarse adormecer por el sol tibio de las tardes primaverales. Era obvio que vivía como un rajá y gozaba de excelente salud.&lt;br /&gt;Y Maritza llegó a la terrible conclusión: habían asesinado a Matildo. ¿Quién podía tener el malvado interés de acabar con la vida de un ser tan maravilloso?&lt;br /&gt;Maritza no tuvo que recorrer muchos vericuetos mentales para sospechar quién había podido cometer tan horrible crimen. Sólo dos personas podían ser responsables de la muerte de Matildo. Sólo dos personas muy cercanas, brujas, torticeras y envidiosas podían haberse atrevido a atentar contra Matildo.&lt;br /&gt;¿Qué ganaban con la muerte de Matildo? Era absurdo, pero claro, diáfano, pensó Maritza: no resistían que, pared por pared, alguien fuera feliz, en tanto ellas se hundían día tras día en la más zafia, vulgar y tediosa vida. Una vida sin amor, sin ternura, sin el menor aliciente.&lt;br /&gt;Cuando estuvo convencida de que así había sido, Maritza enterró profundamente toda la tristeza que la invadía y una sola idea la penetró con ferocidad. Un solo motivo la mantendría viva. Uno solo: la venganza.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnEn4YsKZII/AAAAAAAAAEs/iYdpt8pb8Fg/s1600-h/Mujer+en+banco.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5075882104677098626" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnEn4YsKZII/AAAAAAAAAEs/iYdpt8pb8Fg/s200/Mujer+en+banco.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Se puso la faja que le reducía la figura (comprada en una teletienda), se vistió con su mejor vestido, se calzó sus zapatos más caros, se maquilló suavemente y se dirigió al juzgado.&lt;br /&gt;- Quiero denunciar una muerte violenta – proclamó segura y serena al oficial que la recibió.&lt;br /&gt;Ella era una señora y su venganza sería con todas las de la ley. Absolutamente legal. La ley daría su merecido a aquellos seres tan inicuos.&lt;br /&gt;Un rato después, un juez venerable de blanca barba y ni un pelo de tonto ni tampoco de los otros en la monda cabeza, tras escucharla con atención, le aseguró que se haría justicia. La primera diligencia que ordenó su señoría fue realizar la autopsia del cadáver del fallecido Matildo.&lt;br /&gt;A Maritza se le encogió el corazón, porque sabía que eso significaba despanzurrar a Matildo, pero también sabía que era el primero de los pasos dolorosos a dar para que quienes habían cometido tan horrible fechoría comparecieran ante la justicia y pagaran. Maritza ya le había dicho al juez que la mayor sospecha del delito recaía sobre sus vecinas de tantos años, Milagros y Milagritos, madre e hija, dos seres deleznables con los que no había tenido problemas porque ella había hecho caso omiso a vejaciones y provocaciones.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnEn4osKZJI/AAAAAAAAAE0/OE1r77UGlcU/s1600-h/Autopsia+de+Cezanne.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5075882108972065938" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnEn4osKZJI/AAAAAAAAAE0/OE1r77UGlcU/s200/Autopsia+de+Cezanne.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Maritza, corazón fuerte, quiso estar cerca de Matildo cuando lo redujeran a despojos y montó silenciosa y respetuosa guardia cerca del establecimiento en el que un profesional abría de arriba abajo y de un lado a otro al llorado Matildo. No transcurrió demasiado tiempo cuando salió del lugar un hombre alto con gafas de gruesos vidrios colocándose bien la chaqueta.&lt;br /&gt;- ¿Qué…? – le preguntó Maritza, en tanto sofocaba un sollozo que pugnaba por romper y surgir.&lt;br /&gt;- Sus sospechas de muerte provocada eran fundadas, señora. Envenenado con matarratas. Sin la menor duda; no soy experto en venenos, pero de éste tengo alguna experiencia, porque algunos de mis clientes han muerto por ingerirlo. Sobre todo perros falderos, que suelen ser muy glotones y han perdido buena parte del instinto de conservación.&lt;br /&gt;Y don Herminio, el veterinario más antiguo del pueblo, se dirigió al juzgado a informar a su señoría de su hallazgo.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnEn4osKZKI/AAAAAAAAAE8/IwUAIJ5OFQ0/s1600-h/Gallo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5075882108972065954" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnEn4osKZKI/AAAAAAAAAE8/IwUAIJ5OFQ0/s200/Gallo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Maritza se sentó en un banco de la plaza próxima. Ahora la denuncia continuaría su curso y sus vecinas lo pagarían muy caro. Lo pagarían caro porque a ella Matildo (un excepcional gallo semental) le había costado sus buenos euros. Confiaba en que el juez fuera justo e implacable y condenara a madre hija a pagar una elevada indemnización, por el perjuicio que la habían causado a su negocio de cría de pollitos.&lt;br /&gt;Tal vez así, pudiera consolarse de la pérdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(&lt;span style="font-family:courier new;font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Nota del autor: No es ficción. Ocurrió en un pueblo del nordeste de España que un juez ordenó hacer la autopsia de un gallo, muerto en circunstancias raras&lt;/span&gt;)&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-7190338579390661728?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/7190338579390661728/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=7190338579390661728' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/7190338579390661728'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/7190338579390661728'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/06/se-llamaba-matildo.html' title='Se llamaba Matildo'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RnEn4IsKZGI/AAAAAAAAAEc/QQdD3ndDVlY/s72-c/Mujer+y+arbol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-2706272661983352240</id><published>2007-06-06T09:01:00.000+02:00</published><updated>2007-06-13T18:35:38.030+02:00</updated><title type='text'>Puñetera testosterona</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmZcXosKZBI/AAAAAAAAAD0/vwQ5L3WQz3g/s1600-h/CallejÃ³n+B+y+N.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5072843591408837650" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmZcXosKZBI/AAAAAAAAAD0/vwQ5L3WQz3g/s200/Callej%C3%B3n+B+y+N.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Era una mujer joven, rubia teñida y casi desnuda. En realidad, sólo era el cuerpo exánime de una mujer joven, rubia teñida y casi desnuda. Había sido bonita y lo visible era un cuerpo voluptuoso. Quién fuera la había dejado de cualquier manera junto al interior del portal de entrada de un edificio de pisos de la calle N. Unos vecinos, que regresaban de juerga prolongada hasta las seis de la mañana, la descubrieron. En realidad la descubrió una pareja de Policía Municipal, porque los vecinos no podían entrar, pues el cadáver extendido impedía abrir el portal. Sin saber qué ocurría, reclamaron la ayuda de los guardias. Los policías locales avisaron a los de la secreta.&lt;br /&gt;Los inspectores de Policía no sabían quien era. Además de estar medio desnuda, en la escasa ropa conservada no había nada que la identificara. Los policías se pusieron a trabajar, a buscar huellas, indicios, restos de sangre, algún cabello que otro; esas cosas. Escudriñaron el portal y subieron por la escalera, husmeando todos los rincones, para que no se les pasara nada por alto.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmZcXosKZCI/AAAAAAAAAD8/mhRAcBtmvbY/s1600-h/Mujer+muerta.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5072843591408837666" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmZcXosKZCI/AAAAAAAAAD8/mhRAcBtmvbY/s200/Mujer+muerta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - El cuerpo ha sido arrastrado desde la primera puerta del tercer piso - habló el inspector más veterano -. El que haya hecho esta faena es bastante burro.&lt;br /&gt;Llamaron con energía a la puerta sospechosa, poniéndose cada policía a un lado por si las sorpresas, pero no creyeron necesario sacar sus armas. Aporrearon la madera, pero no respondió nadie.&lt;br /&gt;- Hay que entrar - dijo el más veterano y el otro se fue. Sacó un cigarrillo negro y lo encendió con parsimonia. Subió un tramo de escalera y se sentó en un escalón desde el que podía controlar la puerta de marras. Nueve cigarrillos después, el compañero regresó con una autorización judicial para allanar aquella vivienda.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmZcX4sKZDI/AAAAAAAAAEE/YloQ-wqgZSo/s1600-h/Maciza+rubia.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5072843595703804978" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmZcX4sKZDI/AAAAAAAAAEE/YloQ-wqgZSo/s200/Maciza+rubia.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - Lo siento, no he podido llegar antes - se excusó el policía al ver la cara de mala gaita del compañero -. Hay un tráfico del copón. Ahora vienen del juzgado.&lt;br /&gt;Era un piso sencillo, tirando a cutre. Linóleo pringoso de un color dudoso en el suelo para que se disimularan las abundantes manchas, papel estampado agobiante en paredes y muebles de baratillo, incluido un sofá de algún material plástico de chillón color rojo que imitaba la piel muy mal.&lt;br /&gt;En el salón había una chaqueta femenina, una blusa transparente desgarrada y un sujetador de mujer de color negro tirado de cualquier manera y con el cierre roto. En el suelo de linóleo, bajo un mueble ajado, había una fotografía medio rota, hecha en una sala de fiestas, en la que se veía a una mujer joven con cara de mala leche, muy parecida a la que ahora era sólo cadáver. El policía veterano cogió la fotografía y se la guardó en un bolsillo de la chaqueta.&lt;br /&gt;No hacía falta ser muy agudo para deducir que en aquel saloncito había pasado algo. Había algunas manchas de sangre, un par de sillas tumbadas en el suelo, el sofá de material plástico movido, un florero horrible roto, y un pie de lámpara de mesa con manchas de sangre y algunos cabellos; la pantalla de la lámpara estaba en un rincón. Los policías husmearon como podencos y recogieron cabellos, ropa, restos del jarrón y el pie de lámpara, por si las huellas. Lo metieron todo con orden en bolsas transparentes de plástico en las que escribieron números con lápiz graso rojo y sus firmas. El forense y el representante del juez de guardia llegaron después. El forense, con la imperturbable actitud de los de su ramo, y el representante del juez con cara de pocos amigos.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmZcX4sKZEI/AAAAAAAAAEM/coUiQ9GprTA/s1600-h/Puta+y+coche.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5072843595703804994" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmZcX4sKZEI/AAAAAAAAAEM/coUiQ9GprTA/s200/Puta+y+coche.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La muerta había estado en aquel piso, murmuró el del juzgado, aunque eso lo veía hasta el más lerdo, y el forense explicó, provisionalmente, claro, que la mujer había muerto a causa de varios golpes contundentes en la cabeza, algo también bastante evidente.&lt;br /&gt;Los vecinos no sabían nada, no habían visto nada y no habían oído nada. Los inspectores patearon la calle para averiguar quién era el dueño o arrendatario del piso.&lt;br /&gt;Supieron por el censo de viviendas arrendadas de la cámara urbana, que el piso de marras estaba alquilado por un ciudadano llamado Leandro con sus correspondientes apellidos. Los policías volvieron de nuevo al edificio de la calle N e interrogaron a los vecinos de la escalera donde había aparecido el cadáver. Esta vez las preguntas se formularon con mayor energía. Algunos vecinos explicaron que sí, que en aquel piso vivía un hombre de unos cuarenta y tantos años. Un hombre discreto, que no se metía con nadie. Ya, pero ¿cómo era? ¿A qué se dedicaba? Normal, un hombre normal, explico una vecina gruesa con pelo teñido de rubio ceniza y rizos de permanente. Normal. Pelo oscuro, no sé, normal. Sin bigote. ¡Ah!, cojea bastante. No era el mejor retrato robot del mundo, pero era algo. Sin embargo, los vecinos ignoraban todo sobre la víctima. Continuaba siendo el cadáver anónimo de una mujer semidesnuda. Durante todo el día, una emisora de radio difundió de vez en cuando una detallada descripción de la muerta a partir de la fotografía hallada bajo el mueble pringoso del salón, y de lo que se pudo adivinar del cadáver con algún que otro aderezo morboso. Dio resultado.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmZcX4sKZFI/AAAAAAAAAEU/8vXONg7mUkw/s1600-h/callejÃ³n+3.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5072843595703805010" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmZcX4sKZFI/AAAAAAAAAEU/8vXONg7mUkw/s200/callej%C3%B3n+3.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Se presentaron en comisaría unas que dijeron ser compañeras de trabajo de la difunta, dos mujeres de edad indefinida, que no habían llegado a los cuarenta o los habían sobrepasado, vestidas con faldas ceñidas y cortas y bustos abundantes, mostrados con generosidad, que blandían bolsos con asa larga para sujetarlos en bandolera.&lt;br /&gt;La muerta ya tenía identidad. Y oficio.&lt;br /&gt;Se llamaba María Begoña, de treinta y seis años, gallega de origen, soltera y camarera de discoteca. La policía rebuscó en su memoria colectiva, que es la memoria más fértil posible, sobre lo que sabía de aquel lugar. Era una discoteca en la zona donde la ciudad se convierte en barrio bajo. La policía había intervenido por causas diversas: denuncia vecinal por tráfico de heroína, alguna bronca con navajas, malos tratos de chulos a protegidas e incidencias similares.&lt;br /&gt;- Un sitio entre puticlub y mercadillo de chorizos de poca monta - aseguró el veterano.&lt;br /&gt;En el garito, los inspectores encontraron el bolso de la muerta con su documentación personal y todas las cosas que llevan las mujeres en un bolso. Lo tenía el encargado de la barra, un tipo anémico y de pelo ralo.&lt;br /&gt;- Me dijo que lo guardara - contestó nervioso. Inquietarse ante la poli iba con el sueldo.&lt;br /&gt;La fallecida se dedicaba a buscarse la vida, en frase del desvaído hombre de la barra, lo que significaba que podía estar en el local bebiendo té con agua que simulaba ser whisky (cobrando comisión por las copas de presunto whisky que consiguiera hacer beber a sus acompañantes) como prostituyéndose cuando le venía en gana.&lt;br /&gt;De quien no se sabía el paradero era del presunto homicida cojo. La policía había montado una discreta vigilancia en torno al portal de aquel piso tercero, primera puerta, sin más resultado que ver entrar y salir a la mujer de los rizos rubio ceniza, a un matrimonio de jubilados que salía a pasear un perro de raza indefinida muy feo, a una familia con cuatro hijos -en la que el padre rondaba la cincuentena, estaba en paro y la mujer fregaba despachos- y a otras especies urbanas. Los policías habían comprobado que el tal Leandro carecía de antecedentes penales y tampoco figuraba en sus archivos.&lt;br /&gt;Habría que continuar vigilando el piso de la calle N, unos días más. La Policía no suele estar tan sobrada de gente como para dedicar personal por tiempo indefinido a un delito que apenas ocupa diez líneas en los periódicos. El inspector veterano pidió a los vecinos que le avisaran si Leandro volvía y se comunicó a los guardias que patrullan por la ciudad a pie y en coche que se fijaran en los varones cojos con aspecto sospechoso. Varios cojos fueron molestados por la policía, pero ninguno era Leandro.&lt;br /&gt;Una pareja que hacía su ronda por la Rambla vio a un hombre con barba de varios días, aspecto de haber dormido con la ropa puesta y que cojeaba. Lo arrestaron.&lt;br /&gt;El interrogatorio del ciudadano Leandro no fue arduo ni difícil. Reconoció haber dado muerte a la muchacha, aunque añadió que había sido sin querer. No quería matarla, sólo follarla. Fue un accidente.&lt;br /&gt;Hacía tiempo que rondaba a Begoña: le gustaba mucho, tanto que llegó a robarle una fotografía del bolso, una foto hecha con polaroid y con luz fatal, pero la muchacha no le hacía ni caso. El día de autos, Leandro la invitó a su piso.&lt;br /&gt;- Beberemos unas cervezas y comeremos jamón que he comprado en la charcutería. Además, tengo un poco de caballo buenísimo - le doró la píldora Leandro.&lt;br /&gt;Begoña mordió el anzuelo, porque hacía tiempo que le daba a la aguja, aunque aún con cierta mesura, y no estaban los tiempos como para rechazar un buen pico. Cuando llegaron al piso del hombre cojo, la muchacha comprobó que el caballo sólo existía en la imaginación del ardiente Leandro y se cabreó mucho. Ni siquiera vio las cervezas y el jamón, aunque quizás estuvieran en la cocina. Lo único real era un hombre salido que se moría de ganas de meterle mano a las tetas y alguna cosa más en otro lugar. Begoña dijo que ni hablar, mientras el hombre suplicaba y prometía el paraíso.&lt;br /&gt;- Luego iremos a comprar caballo, te lo prometo. Conozco a un moro que lo tiene de primera - suplicaba el lujurioso Leandro con una dolorosa erección que no desmayaba.&lt;br /&gt;Como las súplicas no surtieron efecto, Leandro pasó a los forcejeos, intentando tomar por fuerza bruta lo que se le negaba por las buenas. Pero Begoña resistió el envite con una fortaleza física que nadie hubiera imaginado en aquella joven voluptuosa. Entonces el hombre, irritado y henchido de deseo despechado, la golpeó en la cabeza una y otra vez con lo primero que pilló a mano -la lámpara- hasta que la mujer perdió la vida. Cuando Leandro recuperó la serenidad, pensó qué había hecho, Dios mío. La poderosa erección se mantenía inútil y doliente. Luego, como casi todos los homicidas que en el mundo han sido, pensó que tenía que deshacerse del cadáver. Eran más de las cuatro de la madrugada y por la calle no pasaba un alma. Leandro calculó dejar la muerta en un contenedor de basura lo más alejado de su casa, pero tardó en decidirse, porque le urgía hacer desaparecer la erección que le proporcionaba un notable dolor testicular. Se alivió con el viejo método de Onán y se dispuso a hacer desaparecer la prueba de su delito.&lt;br /&gt;El cadáver empezaba a quedar rígido. Bajarlo por la escalera sin ascensor desde un tercer piso, siendo uno cojo, fue tarea más ardua y penosa de lo que había imaginado. Agotado cuando llegó al portal, Leandro renunció a alejar más el cuerpo de la mujer que tanto había deseado, y lo dejó apoyado contra la pared junto a la salida. Salió entonces a la calle con la intención de ir a beber lo más fuerte que encontrara, esperando que nadie relacionara a la muerta con él o que fuera lo que Dios quisiera. Al cerrar la puerta, el cadáver cayó hacia delante y se convirtió en obstáculo que impedía entrar en el portal.&lt;br /&gt;Finalizada la declaración, Leandro, el hombre cojo muy salido, suspiró profunda e intensamente. No era un delincuente con la gramática parda de los que quebrantan la ley, pero sabía que pasaría unos diez años encerrado en la cárcel. Todo por un polvo que no llegó a echar. ¡Ni siquiera le metió la lengua en la boca! ¡Puñetera testosterona!&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-2706272661983352240?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/2706272661983352240/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=2706272661983352240' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/2706272661983352240'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/2706272661983352240'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/06/era-una-mujer-joven-rubia-teida-y-casi.html' title='Puñetera testosterona'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmZcXosKZBI/AAAAAAAAAD0/vwQ5L3WQz3g/s72-c/Callej%C3%B3n+B+y+N.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-1634508151057059351</id><published>2007-06-03T08:42:00.000+02:00</published><updated>2007-06-03T10:10:35.016+02:00</updated><title type='text'>Ya estaba muerto</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmJ3WisKLQI/AAAAAAAAADs/ZglqUKQ-LVU/s1600-h/Miembros+cuarteados.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5071747359525448962" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmJ3WisKLQI/AAAAAAAAADs/ZglqUKQ-LVU/s200/Miembros+cuarteados.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Estaba sentada en un deslucido banco de madera, brillante por la cantidad de culos y espaldas que sobre él habían posado. La mujer, alrededor de setenta años, bajita, gruesa, pelo corto recio a lo chico, con gruesas gafas tras las que miraban dos ojillos miopes, pero astutos, suspiró dando lugar a que se agitara su enorme pecho firmemente sujeto por grandes sostenes reforzados con ballestas de plástico.&lt;br /&gt;Baldomera, que así se llama la buena mujer, no escucha el sonsonete del caballero de negro, pero daba igual, porque, aunque lo hubiera hecho, no hubiera entendido nada. Suspiró de nuevo, movió con discreción el considerable trasero sobre la dura madera y se reclinó sobre el respaldo al tiempo que se cruzaba el chaquetón negro de imitación de algún animal con pelo. No tenía nada mejor qué hacer, hasta que aquellos señores acabaran sus discursos, y Baldomera se puso a pensar. Baldomera se puso a recordar.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmJjaisKLMI/AAAAAAAAADM/wFpe5iVREec/s1600-h/carnicera.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5071725438012370114" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmJjaisKLMI/AAAAAAAAADM/wFpe5iVREec/s200/carnicera.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; También era invierno, aunque no podía decirse que hiciera frío de verdad, y ella, como siempre, dale que te dale, siempre hasta las narices de trabajo. Era una tarea ingrata, desagradable más bien, pero había qué hacerla. ¡No había más remedio! Los pobres tienen pocas ocasiones de elegir qué quieren o no quieren hacer. Señor, señor, que desgracia ser vieja y verse en estos tragos. Así pensaba Baldomera entonces, mientras continuaba troceando la carne sobre la mesa de mármol agrietado de la pequeña terraza, convenientemente protegida de miradas indiscretas de los vecinos fisgones por el extendido toldo verde, que no era verde ni nada parecido después de tantos años de aguantar rayos de sol.&lt;br /&gt;La mujer gruesa utilizaba el hacha que había en casa para partir troncos y ocasionalmente huesos de jamón, aunque hacía bastantes años que no se cortaban troncos y qué te diré de los huesos de jamón, en la prehistoria de la memoria. Un par de chasquidos secos y seguidos anunciaron a Baldomera que daba en hueso. Levantó el hacha con fuerza y asestó un único golpe que partió un fémur, aunque la gorda señora no sabía que se llamara así ni que estuviera en aquel lugar; ella actuaba por intuición, no por ciencia u oficio, Siguió incansable con el ingrato trabajo hasta que la mesa de mármol amarillento estuvo ensangrentada y llena de trozos de carne perfectamente separados unos de otros.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmJjaisKLNI/AAAAAAAAADU/VFkPJ4JTfeM/s1600-h/Mujer+con+paquete.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5071725438012370130" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmJjaisKLNI/AAAAAAAAADU/VFkPJ4JTfeM/s200/Mujer+con+paquete.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Volvió a suspirar y a quejarse interiormente. Qué duro es ser pobre y desvalida anciana. Que cruz, perder la juventud. Y otros pensamientos quejosos de ese jaez. Baldomera se lavó un las manos y los antebrazos y cogió de debajo de la cocinilla un montón de periódicos viejos que solía guardar para colocar sobre el suelo después de fregar. Tras empaquetar toda la carne se iba a quedar sin papeles, tendría que pedirle a la vecina de enfrente cuando fregara el piso el sábado por la mañana.&lt;br /&gt;Sin dejar de suspirar, la mujer gruesa volvió a la terracita y se dispuso a empaquetar los diversos trozos de carne, algunos huesos partidos y las vísceras que había sobre la mesa.&lt;br /&gt;Dedicó casi media hora a hacer paquetes que colocaba en bolsas grandes de plástico de las de grandes almacenes. Sólo le quedaba la pieza más gorda y, cuando iba a envolverla, casi le da un vahído de lo cansada que estaba.&lt;br /&gt;Reposó un momento y se sentó en una silla de plástico blanco de esas que los pobres ponen en sus minúsculas terracitas y se hacen la ilusión de que son de resina blanca como las de las gentes de posibles en los jardines de sus chalés adosados. Se quedó mirando la cabeza, que iba a envolver con las páginas de un periódico que contaban que la sequía aún duraría y que el sistema de pantanos no era suficiente para hacer frente a esa amenaza cíclica que se cernía sobre España cada vez más a menudo.&lt;br /&gt;Las cabezas siempre le causaban cierto repeluzno y ésta también; bueno, ésta tal vez más. Cuando compraba conejo para guisar al ajillo o hacerlo con arroz lo troceaba ella, naturalmente, pero nunca sabía qué hacer con la cabeza y solía echársela a los gatos. Pero, claro, ésta no iba a dársela a los mininos, aparte de que era más grande que la de un conejo. Sin dejar de suspirar, Baldomera cogió las hojas de periódico y envolvió cuidadosamente la cabeza con doble hoja para ponerla luego en una de las grandes bolsas de plástico.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmJjaisKLOI/AAAAAAAAADc/VfVzsyCsxyg/s1600-h/Tribunal.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5071725438012370146" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmJjaisKLOI/AAAAAAAAADc/VfVzsyCsxyg/s200/Tribunal.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La mujer gruesa dio un respingo. Casi se había dormido pensando y recordando. El señor aquel tan pesado de negro había acabado de hablar, pero había otro, tan incomprensible como el primero, que explicaba no sé qué. Baldomera se volvió hacia el joven de camisa blanca y cazadora y pantalón de color azul oscuro que había a su lado.&lt;br /&gt;- ¿Me permite? He de ir al baño, me estoy haciendo pis, susurró.&lt;br /&gt;Pero el joven, que parecía muy agradable, se puso colorado, miró al frente y no se movió. ¡Qué juventud! Baldomera pensó que se había equivocado al juzgarlo; le había parecido un muchacho bien educado y mira lo descortés que era el tío. Sentado al otro lado de la mujer gruesa había un señor mayor, calvo y con bigote gris; también vestía de azul oscuro y tenía la mirada adusta y gesto avinagrado permanente propio de quienes sufren del estómago. Baldomera ni siquiera se atrevió a pedirle paso para ir al servicio. Tendría que esperar, menos mal que no le pasaba como a la Filomena que no se podía aguantar y tenía que ir todo el santo día con pañales absorbentes como los niños de teta. Se reclinó de nuevo sobre el respaldo de madera y cerró los ojos.&lt;br /&gt;Se aburría con toda aquella pesadez y es que siempre iba de cándida por la vida. Tenía que haber sido más zorrona, más astuta, haber actuado de otro modo, pero estaba tan cansada... En fin, a lo hecho, pecho; ya no había remedio.&lt;br /&gt;A fin de cuentas, ella no había hecho nada malo, absolutamente nada, por más que en el barrio la miraran como si fuera... qué sé yo, un monstruo. Menudas hipócritas las del barrio, tan modositas y persignándose cuando se cruzaban con ella y diciendo todas aquellas cosas. Si yo les contara qué clase de mujeres son, se iban a enterar. La Antonia, una arpía, y la Ramona, sin ir más lejos, que había engañado al tonto de su marido hasta que fue vieja. Eso es lo que le había dicho su cuñada Rosario, un día que se pasaron un poco bebiendo anís porque su Romualdo no estaba en casa y decidieron que podían alegrase un poco. Romualdo, otro que tal. Mira que era poco decidido el hombre. A fin de cuentas él tenía la culpa de todo lo que ocurría. En primer lugar, por no haberse cuidado un poco más, y mira que se lo tenía dicho. Romualdo ve al médico, que tú no estás bien. Y luego, cuando a fuerza de rogar y rogar consiguió que fuera al ambulatorio a regañadientes: haz caso a lo que te dice el doctor, hombre; deberías beber menos, que te estás matando. Y encima, los pulmones malos. Jesús, Jesús, qué hombre. Y luego, no había sido nada previsor. Sabiendo lo delicado que estaba de salud, tenía que haber hecho algo, no sé, un seguro, un testamento, lo que fuera. Pero no, él tenía qué hacer siempre su santa voluntad y si no quería hacerle ni puñetero caso al médico, pues no se lo hacía y luego pasó lo que pasó. Señor, Señor, qué disgustos. Y ahora toda esta gente que no sé qué quiere de mí. Pero ¿qué hecho yo, Dios mío? ¿No permitirán que pase los últimos años de mi vejez en paz?&lt;br /&gt;Una reducida lágrima se deslizó por la mejilla de Baldomera. El hombre joven que había a su izquierda la miró de soslayo, incluso hizo un gesto como si quisiera decirle algo, quizás consolarla, pero desistió y continuó mirando al frente. La mujer gruesa se removió sobre el banco de madera y miró fijamente al señor de negro que hablaba. ¿Qué decía?&lt;br /&gt;-... &lt;em&gt;y aunque ha quedado probado que Romualdo Sánchez murió por causas naturales, tal hecho no elimina la responsabilidad de...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Vaya la que armaban por nada. A fin de cuentas ella había enterrado a Romualdo, que es lo cristiano. ¿No? Lo había enterrado detrás del antiguo lavadero, cerca de la casa. ¿Antes no enterraba la gente a sus seres queridos cerca de sus casas sin tanta monserga? Pues eso. Y le rezó un padrenuestro. Bien es cierto, que, como no podía pagar una lápida de mármol, ella misma había cubierto la tumba con una bonita capa de cemento; ella, una débil mujer. Desde luego, era lo menos que podía hacer por él después de tantos años juntos, aunque nunca le perdonaría que no se hubiera querido casar; claro que para eso se hubiera tenido que divorciarse de la bruja de su ex-mujer y él no había hecho el menor intento. Siempre le decía que las cosas estaban bien así, que era mejor no remover nada, pero la que pagaba el pato finalmente era ella, Baldomera. Él se había muerto por ser un irresponsable y ella se había quedado sin nada, peor, con deudas. Y ahora le echaban en cara que ella se hubiera preocupado un poco por su vejez. A fin de cuentas el préstamo lo había pedido Romualdo. Si no hubiera sido por sus parientes, a estas horas nadie le estaría complicando la vida, pero tenían que ir con la murga a la policía. Que si no es normal, que si nuestro tío o primo suele venir a vemos a menudo, que hace muchos días que no le vemos. Ella les había dicho que se había ido de viaje. ¿O no era verdad? A fin de cuentas lo que pasara entre Romualdo y ella era cosa de los dos, de nadie más. Y si Romualdo se había muerto por tener mal el hígado y los pulmones de tanto beber y fumar, tampoco era para armar ese escándalo. Y luego que ¿por qué no lo había enterrado como Dios manda? ¿Y cómo manda Dios? Mejor estaría en el viejo lavadero, que estaba tan cerca de casa, fresquito en verano, y podía ir cada día a su tumba. Que si era un monstruo por lo que había hecho. ¿Y cómo querían que lo llevara hasta el lavadero una pobre mujer como yo? ¿Un hombre tan grande como él? Pues de esa manera había sido más fácil, aunque buen trabajo le había dado. Además, ¿no se iba a pudrir como todos y convertirse en polvo? Entonces, qué más daba si lo enterraba entero o a trozos.&lt;br /&gt;Otro señor de negro se había levantado y leía un papel con aire solemne. Baldomera se dispuso a escuchar, de puro aburrimiento.&lt;br /&gt;- ...&lt;em&gt;quedando probado que la encausada, Baldomera González Morales, no comunicó la muerte de su compañero sentimental, Romualdo Sánchez Sánchez, para poder continuar percibiendo la pensión de ochenta mil pesetas a la que éste tenía derecho por haber cotizado los años precisos a la seguridad social, pensión que era transferida por el organismo competente a la cuenta corriente conjunta que habían abierto en el banco Tal los citados Romualdo y Baldomera. Baldomera González no sólo no informó sobre la muerte de Romualdo sino que con notable sangre fría descuartizó su cadáver en la terraza del inmueble que compartían y lo enterró ilegalmente en un lugar próximo a su domicilio. Todo lo cual constituye los delitos de falsificación de documento oficial, estafa e inhumación ilegal.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Baldomera sacudió la cabeza. ¡Estaban haciendo una montaña de un grano de arena!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmJjaysKLPI/AAAAAAAAADk/8IPmCVLa4UU/s1600-h/Tribunal.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-1634508151057059351?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/1634508151057059351/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=1634508151057059351' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/1634508151057059351'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/1634508151057059351'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/06/ya-estaba-muerto.html' title='Ya estaba muerto'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RmJ3WisKLQI/AAAAAAAAADs/ZglqUKQ-LVU/s72-c/Miembros+cuarteados.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-4315493261545140972</id><published>2007-05-30T08:30:00.000+02:00</published><updated>2007-05-30T08:43:22.150+02:00</updated><title type='text'>El simulacro</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rl0bkSsKLKI/AAAAAAAAAC8/sV2UE6oaoCs/s1600-h/Silueta+hombre.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5070239065795341474" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rl0bkSsKLKI/AAAAAAAAAC8/sV2UE6oaoCs/s200/Silueta+hombre.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Se miró las manos casi admirado, como si las viera por primera vez, con la misma sorpresa con la que se las miran los bebés recién nacidos cuando ya abren los ojos. Pero las suyas eran manos sujetas por esposas de acero cromado.&lt;br /&gt;El hombre, cerca de sesenta, bajo, recio, pelo entrecano y despeinado, alzó levemente los brazos. A pocos metros se oía un murmullo, un sonsonete tedioso y adormecedor, como si alguien rezara el rosario o algo parecido. El hombre dejó caer la cabeza y apoyó la barbilla en el pecho, resignado, vencido. La voz de la mujer joven de rostro agradable, con gafas de concha oscura y gruesa, vestida de negro, leía cansinamente sin que nadie, le prestara demasiada atención. Era un rito y había de cumplirse. Quizás un par de periodistas prestaban atención, sentados entre el público anheloso de emociones fuertes vividas en piel ajena.&lt;br /&gt;-... siendo reducido. Al oír los gritos...&lt;br /&gt;El hombre se cubrió la cara con las manos, en un gesto inútil para alejarse de aquella atroz realidad en la que era protagonista. Un día de mayo. Todo había empezado un fresco y soleado día de mayo. O tal vez había acabado. Los problemas, cocidos casi un año atrás.&lt;br /&gt;Soplaban malos tiempos en la empresa donde Julián trabajaba. La crisis. Y metieron mano por las buenas en la plantilla. O por las malas. Julián había cumplido cincuenta y ocho años y entró en el lote de los que se iban a casa a esperar la jubilación oficial, cobrando el ochenta por ciento del sueldo todos los meses.&lt;br /&gt;Había ocultado a la familia los problemas de la empresa, aunque los periódicos habían hablado, pero en su casa sólo se leía un diario deportivo los lunes y ahí no escriben de empresas en crisis. No les contó nada de lo para no preocuparlos sobre el paro sin remisión ni redención que se avecinaba. Pero las cosas no habían ido tan mal. Casi contento, Julián llegó a casa armado con su nueva condición de prejubilado.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rl0awisKLJI/AAAAAAAAAC0/yc50mBjqzd4/s1600-h/Tribunal.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5070238176737111186" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rl0awisKLJI/AAAAAAAAAC0/yc50mBjqzd4/s200/Tribunal.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; - ¡Ni hablar! - le espetó airada su mujer, Antonia -. Tú no vas a decir a nadie que te han dado el retiro antes de tiempo.&lt;br /&gt;- Pero, mujer, que más da. Además, sólo me faltan unos pocos años para jubilarme de verdad.&lt;br /&gt;- Ahí le duele - continuó histérica la mujer, elevando la voz -. Si los vecinos saben que te han prejubilado, adivinarán tu edad. Y también la mía. Todo el mundo sabe a cuantos años dan el retiro anticipado a los obreros. ¡Hasta ahí podríamos llegar!&lt;br /&gt;Julián creyó vivir un mal sueño, un sueño raro como los cuadros de aquel pintor loco, Dalí, que había visto una vez en un museo cuando fueron de vacaciones a la Costa Brava y se acercaron a Figueras.&lt;br /&gt;- No tengo alternativa, mujer - intentó explicar a su esposa con paciencia -. No lo elijo yo, sino la empresa. Acepto o de patitas a la calle.&lt;br /&gt;- Antes parado que prejubilado - gritó desesperada la mujer.&lt;br /&gt;Julián decidió contemporizar, a pesar de no entender nada. Sabía que Antonia temía confesar su edad, reconocérsela, porque le horrorizaba envejecer, pero, esto era una locura.&lt;br /&gt;- Antonia, si me voy al paro, sólo cobró dos años, en cambio, prejubilado, cobró durante siete hasta que me den la pensión de jubilación.&lt;br /&gt;- ¡No repitas esa palabra! -gritó la mujer de nuevo.&lt;br /&gt;- Está bien, mujer, dime qué quieres que haga -consintió Julián, esperando que no le pidiera la barbaridad de renunciar a la prejubilación.&lt;br /&gt;Antonia lo miró. Julián sintió un sobresalto. ¿Se habría vuelto loca? Antonia levantó la mano derecha con los dedos recogidos en puño, salvo el índice, enhiesto y acusador dirigido hacia su marido.&lt;br /&gt;- Tú no estás prejubilado ni en el paro. ¿De acuerdo? Tú sigues trabajando en la fábrica.&lt;br /&gt;- Pero, Antonia, cómo voy...&lt;br /&gt;- Cállate. Saldrás de casa cada día a tu hora y volverás a tu hora. Harás vacaciones y tendrás tus días festivos y de baja cuando te encuentres mal. Igual que cuando trabajabas. ¿Está claro?&lt;br /&gt;No estaba claro. Nada claro. Julián quedó tan sorprendido por aquel disparate que no supo reaccionar. Cuando se le pasara la primera impresión por la inesperada noticia, Antonia entraría en razón. Sonrió. Vaya por Dios, tendría que madrugar unos días más. Pero no fueron unos pocos días más. Fue el preludio de un infierno.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rl0alSsKLHI/AAAAAAAAACk/rEE3XHGeg2Q/s1600-h/Interior+bar.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5070237983463582834" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rl0alSsKLHI/AAAAAAAAACk/rEE3XHGeg2Q/s200/Interior+bar.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Pasaron los días, las semanas, los meses y Antonia, inflexible. Julián salía cada día de buena mañana con su carterita con la comida y regresaba hacía el anochecer, como había hecho durante tantos años. Antonia estaba contenta. Julián, no. Cada día que pasaba estaba más hundido en un pozo oscuro de tristeza y desaliento.&lt;br /&gt;Al principio, cuando creía que aquella esquizofrenia duraría unos pocos días, incluso le divertía. Iba a pasear por la Rambla y por el puerto, leía el periódico al sol en un banco del parque, se tomaba un vino blanco con gambitas saladas al mediodía, comía en alguna taberna y veía la tele después mientras tomaba café y copa; incluso había ido al cine alguna vez. ¡Con el tiempo que hacía que no veía una película que no fuera en la tele! Pero llegó el tiempo desapacible, el viento y el frío, la lluvia, la oscuridad temprana y Julián no supo donde ir. Peregrinó de cafetería en taberna para no llamar la atención en un mismo lugar y gastó demasiado dinero en cortados y cañas de cerveza que bebía sin ganas.&lt;br /&gt;Antonia se mantuvo inflexible. ¡Ni se le ocurriera andar por el barrio! Tenía que alejarse de los lugares en los que hubiera estado a gusto, donde hubiera podido tomar cañas con los amigos, en bares en los que no le hubiera importado estar horas frente a la taza vacía y pringosa de un cortado. Julián se entristecía más y más, pero Antonia era de hierro en su determinación. El hombre tenía que salir cada día a la hora de ir a trabajar y regresar a la hora del fin de la jornada laboral. Los hijos del matrimonio, un mozo de veinte años y una muchacha de un par de años más, contemplaban sorprendidos el surrealista espectáculo. Pero no se atrevían a intervenir. No querían líos.&lt;br /&gt;Julián se consumía a ojos vistas, tanto, que, por fin, Antonia le concedió que se quedara en casa; luego explicó a las vecinas que su marido estaba con la baja. Julián fue al médico que le diagnosticó una depresión de tamaño natural; le recetó unos ansiolíticos de calibre medio, pero no quiso entrar en el fondo del asunto, eso de simular que trabajaba y vagar por ahí. Entre marido y mujer, nadie se debe meter, meditó.&lt;br /&gt;Las pastillas levantaron algo el ánimo del destartalado Julián, lo suficiente como para qué Antonia decretara que se había acabado la baja y debía volver al trabajo. Julián se resistió débilmente, pero volvió a hacer la santa voluntad de su mujer. Otra vez a caminar sin sentido por las calles.&lt;br /&gt;Julián ya no tenía ánimo ni para cambiar de taberna y se instalaba en un tugurio de la parte vieja de la ciudad bebiendo cerveza tras cerveza con la vista fija en nada. Si se aturdía con alcohol, las penas serían menos. Un día el hijo le propuso aprovechar el tiempo. ¿Por qué no se matriculaba en algún curso para gente mayor que organizan el ayuntamiento y la comunidad autónoma? Alguna cosa que le hubiera gustado, pero nunca se atrevió. Julián no reaccionó; el quebranto ya era considerable. Quizás si se lo hubiera sugerido al principio...&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rl0alSsKLII/AAAAAAAAACs/X0S9ZaoAorE/s1600-h/Hombre+en+banco+calle.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5070237983463582850" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rl0alSsKLII/AAAAAAAAACs/X0S9ZaoAorE/s200/Hombre+en+banco+calle.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Llegó la primavera muy revuelta, como para alterar los ánimos y los adentros incluso de las personas sólidas. Julián salía cada mañanita de casa y regresaba hacia el final de la tarde. Puntual como un lord británico, si es que esos señores tan estirados son tan puntuales como se dice. Y empezaron las discusiones con Antonia. Julián se rebelaba, pero estaba demasiado débil de ánimo como para superar la granítica determinación de su mujer. Antonia lo amenazó con dejarlo si se quedaba en casa y permitía que la gente supiera que estaba prejubilado.&lt;br /&gt;Un día de mayo, Julián llegó más cansado que de costumbre. Los días se prolongaban, pero eso no mejoraba su estado de ánimo. Después de cenar, el matrimonio se entronó frente a la televisión, el hijo salió, la chica fue a su habitación y Julián cogió el toro por los cuernos.&lt;br /&gt;- Antonia, esto se ha acabado. No saldré por la mañana a hora fija ni regresaré por la tarde para dar vueltas como un zascandil todo el día.&lt;br /&gt;La mujer dejó de mirar la pantalla y contempló a su marido como si hubiera dicho una locura.&lt;br /&gt;- Ni hablar - zanjó por lo sano.&lt;br /&gt;Julián insistió, porfió, argumentó, incluso amenazó, pero la mujer se mantuvo en sus trece. No estaba dispuesta a que los vecinos supieran que lo habían jubilado, no estaba dispuesta a que la gente maliciara la edad que tenía, deducida con facilidad por que él ya estaba jubilado. ¿Qué culpa tenía ella de que lo hubieran retirado antes de tiempo?&lt;br /&gt;- ¿Crees que voy a estar siete años saliendo cada día para no ir a ninguna parte hasta que cumpla los sesenta y cinco? ¡Estás loca!&lt;br /&gt;Pero, ni siquiera ante tan terrorífico argumento, que también era súplica e imprecación, se doblegó la decisión de la mujer.&lt;br /&gt;- ¿Sigues con tu egoísmo de que todos se enteren de que estás prejubilado? A partir de ahora dormirás donde te de la gana, porque conmigo no te acuestas. O como si no te acostaras.&lt;br /&gt;Julián se fue bufando a la habitación de matrimonio y se echó medio vestido sobre la cama. La cabeza le daba vueltas. Finalmente se calmó, quieto, con la vista fija en el techo. Un par de horas después, Antonia apagó la tele, hizo sus abluciones, se lavó los dientes, se desnudó, se puso el camisón y se acostó. Como si nada hubiera pasado, como si nada pudiera pasar, como si no hubiera nadie en aquel lecho. Quizás en su imaginación no se acostaba al lado del marido, tal como había amenazado. Julián estaba despierto, pero no reaccionó, no hizo el menor gesto. Ni traza de ademán. Inmóvil. Estático. Hacía tiempo que habían desaparecido la complicidad y la ternura que se expresan en la intimidad. Y ahora Antonia eliminaba también el sexo; lo poco que quedaba de sexo.&lt;br /&gt;A las seis, una luz débil y escasa se filtró por las ranuras de la persiana de plástico de la ventana del dormitorio conyugal. Julián se levantó con lentitud y fue hasta el salón, se sentó en el sofá y allí estuvo hasta pasadas las ocho con la vista fija en algún punto del apagado televisor. Todos dormían. El chico había regresado no sabía cuando, pero seguro que tarde, y la muchacha descansaba. Antonia, también. En la calle crecían los rumores y sonidos cotidianos.&lt;br /&gt;Julián se levantó cansinamente del sofá con el cuerpo entumecido. Fue con pasos lentos hasta la cocina y hurgó en el cajón de los cubiertos. Miraba sin ver, los hombros caídos y la boca desgajada. Cogió un cuchillo de los de punta, casi sin mirarlo, y salió.&lt;br /&gt;Apenas cuatro metros le separaban de la puerta de la habitación de matrimonio. Hacia allí se dirigió Julián y entró. Una vez dentro, miró a Antonia, dormida profundamente, arrebujada con sábana y cobertor, porque la mañana era fresca; con el sueño tranquilo de los justos o de quienes creen serlo. Julián se acercó al lecho, como si fuera a acostarse, lo rodeó y se puso frente a Antonia yaciente.&lt;br /&gt;El hombre levantó el brazo armado. Sin prisas. Tres contundentes puñaladas, profundas y silenciosas, enviaron para siempre a Antonia al mundo del que no se puede despertar. La mujer partió sin un ay, sin enterarse,  hacia el mundo de los muertos.&lt;br /&gt;Goteando sangre el cuchillo, Julián fue por el corredor sin prisas hasta la habitación de la hija. Abrió la puerta y se dirigió hacia la muchacha. Ésta, sueño ligero, abrió los ojos para ver, medio adormilada, a su padre empuñando un ensangrentado cuchillo de cocina. Gritó y gritó hasta la histeria, sin saber si sufría una pesadilla. Los gritos y manoteos de defensa no evitaron la puñalada, pero la hicieron incierta, al igual que otras cinco cuchilladas que Julián asestó a su hija, carne de su carne, sangre de su sangre, derramada sobre la estrecha cama de soltera.&lt;br /&gt;Los chillidos de pánico alertaron al hijo que acudió en socorro de su hermana y golpeó, desarmó y redujo a su padre. Julián no resistió más. Mientras el muchacho atendía a la sangrante joven, llamaba a una ambulancia y se hacía cargo de la situación, Julián se dirigió hacia la habitación de matrimonio y se acostó junto a la extinta Antonia. En la escalera bullían los vecinos, alarmados por los gritos, morbosos por saber qué había ocurrido.&lt;br /&gt;Cuando llegó la policía, los agentes encontraron a Julián estirado sobre el lecho en la misma posición, mirando hacia arriba sin ver, al lado del cadáver ensangrentado de su esposa que se enfriaba. Uno de los policías boqueó de nauseas y otro hizo el signo de la cruz. Después, se llevaron esposado al prejubilado Julián.&lt;br /&gt;La mujer de la toga negra había finalizado su monótono discurso. Julián se miró de nuevo las esposas y sonrió. Nunca más tendría que levantarse por las mañanas y simular que iba a trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-4315493261545140972?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/4315493261545140972/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=4315493261545140972' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/4315493261545140972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/4315493261545140972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/05/el-simulacro.html' title='El simulacro'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rl0bkSsKLKI/AAAAAAAAAC8/sV2UE6oaoCs/s72-c/Silueta+hombre.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-6029086852643059094</id><published>2007-05-21T09:47:00.000+02:00</published><updated>2007-05-21T15:41:36.275+02:00</updated><title type='text'>El asalto</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RlFPsSsKLDI/AAAAAAAAACE/dBnFh1ckZzs/s1600-h/Interior+bus+byn.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5066918678118411314" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RlFPsSsKLDI/AAAAAAAAACE/dBnFh1ckZzs/s200/Interior+bus+byn.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Esperaban calmosos en la parada del autobús. Así, al pronto, no inspiraban confianza. Hacia el mar, allí donde años antes había descampados de matojos, piedras y polvo, luego chabolas y barracas, y ahora enormes y desangelados bloques de pisos, el enorme autobús rojo hacía su ruta sin prisa, sin pausa y se acercaba a la parada. El conductor los vio. De lejos le parecieron pasajeros corrientes y molientes, pero, ya más cerca, pensó que mostraban aspecto poco tranquilizador. Tres mujeres y tres hombres, ahí por la cuarentena. Aún sin fijarse mucho, se adivinaba que formaban grupo, que eran un equipo. Una de las inquietantes féminas, muy gruesa ella, muy morena, levantó el brazo cansinamente para indicar que deseaban subir al autobús. El conductor accionó la palanquita del cambio automático, retiró el pie del acelerador y pulsó suavemente el freno. El bamboleante autobús de color rojo se detuvo en medio de un leve concierto de ruidos extraños. El conductor gordo y casi calvo movió otro artilugio y abrió la puerta delantera con un chuuuuf-chuuuffffff escandaloso. El grupo subió y el chofer puso el vehículo de nuevo en marcha.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RlFPPysKLCI/AAAAAAAAAB8/KRKtm2K3BC4/s1600-h/Interior+bus.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5066918188492139554" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RlFPPysKLCI/AAAAAAAAAB8/KRKtm2K3BC4/s200/Interior+bus.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Los tres hombres y las tres mujeres pasaron de largo ante la pequeña repisa que el conductor tenía a su derecha con la maquinita automática de expender billetes y un cajetín de plástico con hendeduras para monedas. Por el espejo retrovisor, el hombre del volante y también cobrador vio que aquellas gentes rebasaban el artilugio en el que los pasajeros responsables introducían y picaban sus abonos de diez viajes de uno en uno. El hombre gordo y casi calvo sintió la tenue tentación de llamarlos al orden, pero lo pensó mejor y se concentró en el volante. Una amplia experiencia aseveraba que más valía rematar el servicio cotidiano con el importe de seis billetes de menos que con una cara rota de más.&lt;br /&gt;Los hombres y mujeres que habían subido a la brava se sentaron hacia la mitad del autobús sin decir palabra. Era un día cualquiera del mes de julio, cuando el tórrido verano ya estaba perfectamente instalado en la ciudad. Eran más de las ocho y media del atardecer, esos atardeceres que el cambio horario europeo prolonga con sol hasta las diez de la noche, noche con excesiva luz, que no es noche ni es nada. El ambiente ya no era tan sofocante, pero el día había sido de aúpa y el asfalto expulsaba lentamente el calor absorbido durante horas. Aquella línea de autobuses iniciaba su trayecto en lo más céntrico de la ciudad, en la zona comercial, y acababa unos cuantos kilómetros al sur, en el extrarradio, en el lugar en el que el aluvión de la inmigración, la necesidad de techo, la codicia, el mangoneo munícipe y la especulación habían amasado una indeseable amalgama de ladrillos y hormigón de baja calidad que conformaban un barrio hostil y agobiante. Como es zona poblada, aquellos coches públicos no paraban en toda la jornada.&lt;br /&gt;En la parte trasera del autobús viajaba un nutrido grupo de mujeres que habían subido en el barrio del centro y regresaban a la casa que intentaban fuera un hogar; mujeres de obreros que hablaban entre ellas sin esperar a que callara la otra, organizando una escandalera de gallinero. Ocupaban varios asientos con sus orondas humanidades y otros tantos con bolsas de plástico con el logotipo de unos grandes almacenes, repletas de lo que se adivinaban prendas de vestir de todo tipo y color. Esas mujeres del fondo no se habían dado cuenta de que había nuevos pasajeros, o de que habían pasado sin pagar, porque no les habían prestado la menor atención y seguían con la algarabía.&lt;br /&gt;El conductor miraba constantemente su reloj de pulsera barato. Ganas de finalizar el turno. Guiaba el vehículo con el automatismo seguro que sólo proporciona la rutina de muchos años. El viaje siguió sin más, pero cuando el coche se acercó al extrarradio, aquellos hombres y aquellas mujeres de pinta algo perturbadora se levantaron de los asientos. Un bergante con cara de muy pocos amigos y una mujer con nariz afilada y ojos de mirada endurecida se separaron del grupo y se dirigieron hacia el conductor. El resto retrocedió poco a poco, como el que no quiere la cosa, hasta el lugar en el que las amas de casa parloteaban sin atender a nada de lo que les rodeaba, enfrascadas en su charloteo. Que mira tú la princesa de tal, con lo modosita que se le ve, la que ha montado saliendo en la tele; que hay que ver la cantante esa con uno mucho más joven que ella y encima es amiga de su madre; pues mira tú, mi Rosi, que sólo tiene diecisiete, con un hombre de treinta y seis; y lo de esa presentadora que se ha vuelto a operar para quitarse lo que se puso y ahora dice que no sabe si se casa; oye, pues la ministra esa no estaba casada, vivían juntos, pero no estaba casada; fíjate, con lo simpático que parecía y lo hace con niños, el muy cerdo, que sí, que lo dijeron en la tele; pues yo he comprado la misma talla que el año pasado, la misma, y apenas me aprieta, de verdad; pero yo creo que la culpa es de su marido, que ha estado tonteando toda la vida con la otra, con lo mona que es ella; eso sí, él tiene un buen trabajo fijo, pero que quieres que te diga, tantos años de diferencia; me dijeron que se había puesto unas tetas tan grandes que le reventaron yendo en avión; para qué se va a casar, si ya da igual; nada, que va para ocho meses que acabó la efepé y sigue sin encontrar trabajo; toda la vida en la cárcel es poco para esos sinvergüenzas, te lo digo yo; un par de kilos más si que he engordado, pero la talla es la misma; y salían los pobrecitos negritos tan delgaduchos que daban una pena, si es que no hay derecho, ¿porque no van ahí los de la onu y les dan de comer?; por cierto, voy a dejar de comer pan, a ver si así me quito ese par de kilos, chica; anda que no se le nota ni nada que no es suyo, todas esas se arreglan por lo menos una vez al año; ahora dice la chica que va a hacer de mensajera, pero a mí me da un poco de miedo, tantos años estudiando para eso; fíjate que ni sabe cantar ni nada, pero como ha salido en la tele varias veces, pues ahí está ganando dinero y sin saber hacer la o con un canuto; a mí me cae bien, aunque sea tan golfo, que quieres que te diga, pero se ve que es inteligente, no es como el resto de pringados del programa; a la pobre se le ha indigestado el éxito y ahí está sin voz y sin nada y con muchos kilos de sobra, si es que es buena chica y para estar ahí hay que tener mucha mala leche; quien tiene la culpa es el gobierno porque no hace nada por dar trabajo a los jóvenes y mira a qué precio están los pisos, así no hay chico que se case y organice una familia, por eso se lían a tomar pastillas; tenía trabajo en una cafetería de esas de una cadena, pero estaba harto de que le cambiaran el turno porque no podía ir a clase o sea que ahora no sé que va a hacer, pero algo tendrá que ser; a ése fresco poca vergüenza le da enseñar el culo en la tele, pero bien que cobra por ello, aunque reconozco que es listo; entonces fue a un programa de esos de tarde para buscar novio y la vergüenza que le dio a sus padres, con lo formales que son, cuando todo el mundo supo que era maricón; no sé a qué fin tiene que quiera ser concejala si su marido manda mucho, pero esta gente nunca tiene bastante...En la parte trasera del autobús rojo seguía el alboroto; en la delantera, el hombre y la mujer llegaron a la altura del conductor gordo y miraron hacia el exterior, como si quisieran saber en qué lugar estaban.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RlFOxisKLAI/AAAAAAAAABs/O7WaCDWwo_w/s1600-h/AutobÃºs+rojo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5066917668801096706" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RlFOxisKLAI/AAAAAAAAABs/O7WaCDWwo_w/s200/Autob%C3%BAs+rojo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Se acercaban a una desolada parada en medio de una campa con naves medio desvencijadas y feos edificios industriales, ahora vacíos por el fin del turno laboral. Cerca de la marquesina llena de pintadas de grafiteros sin talento, un hombre anciano, tocado con una de esas gorras horteras de jugador de beisbol, agitaba la mano derecha con insistencia.&lt;br /&gt;- Continúa como si nada y no detengas el autobús.&lt;br /&gt;El que había hablado, suavemente sin dejar de mirar al frente, era el bergante con pinta de no tener ningún amigo. Una prolongada experiencia en el trato con todo tipo de personal permitió al grueso conductor oler enseguida que pintaban bastos y asintió cabeceando mientras miraba fijamente el asfalto que se metía incesante bajo las ruedas. El vehículo pasó raudo ante el viejo que se retiró rezongando bajo el escaso resguardo de la deteriorada marquesina. No era la primera vez, ni sería la última, que un conductor de autobús se hacía el loco y no paraba porque iba justo de tiempo.&lt;br /&gt;Los otros hombres y mujeres se acercaron tranquilamente hasta las charlatanas, como si fueran cambiar de asiento, luego los machos sacaron de no se sabe donde unas descomunales navajas, de ésas en las que la hoja sale por un lado del mango de asta y se abren con un creeeec-creeec poco tranquilizador. Las amas de casa que iban al extrarradio no se dieron cuenta de la que estaba cayendo, pero no tuvieron la menor duda de que algo iba mal al oír la ronca voz de uno de los salteadores.&lt;br /&gt;- Señoras, no hagáis el burro y no pasará nada. Dadnos todo lo que tengáis de valor: relojes, joyas y dinero.&lt;br /&gt;Los hombres que habían subido en la última parada exhibían ahora sin ningún pudor grandes y amenazadoras navajas con brillantes hojas de acero que mantenían pegadas a los muslos para que no fueran visibles desde el exterior.&lt;br /&gt;- ¡Deprisa! - amenazó uno de los navajeros.&lt;br /&gt;Las mujeres de la trasera estaban pálidas, ahora completamente silenciosas. Casi desmayadas entregaron apresuradamente relojes baratos, pretendidas joyas de bisutería quizás con baño de oro y algunos billetes, muy pocos, de curso legal. Los forajidos cogieron también las bolsas de plástico con la marca de grandes almacenes llenas de prendas diversas. En la parte delantera del autobús, el conductor simulaba que no se enteraba y miraba fijamente a la carretera, las manos aferradas al volante, como si le fuera la vida. Qué quizás le iba o un buen tajo, cuanto menos.&lt;br /&gt;- Esto no vale nada - voceó uno de los cacos- ¿Por qué salís de casa con tan poco dinero, joder? - se dirigió irritado el saqueador a las temblorosas mujeres.&lt;br /&gt;- Lo hemos gastado en las rebajas - confesó una de las amas de casa con un hilo de voz rota por sollozos contenidos por cierta dignidad, pero sobre todo por miedo.&lt;br /&gt;- Vamos - dijo una de las mujeres atracadoras -. Éstas son unas muertas de hambre.&lt;br /&gt;Todo el grupo de mangantes se dirigió sin prisa hacia la puerta delantera. El conductor grueso y casi calvo, ahora completamente sudoroso, detuvo el vehículo y abrió la puerta sin dejar de mirar al frente y sin esperar a que se lo ordenaran. Los hombres y mujeres del alarmante grupo bajaron raudos.&lt;br /&gt;- ¡Mierda de rebajas! - escupió uno de los truhanes.&lt;br /&gt;- Primero las tarjetas de crédito y ahora esto - apostilló otro facineroso - Aquí no lleva dinero encima ni dios.&lt;br /&gt;- La próxima vez, lo hacemos en el autobús de ida, coño - sentenció una de las mujeres.&lt;br /&gt;- Antes de que las desplumen en las rebajas –remachó una segunda.&lt;br /&gt;- ¡Jodida competencia! – concluyó la más vieja.&lt;br /&gt;Y desaparecieron por una calle lateral mientras el autobús rojo se perdía calle abajo con su conmocionado pasaje. Por lo menos aquellas mujeres tendrían algo emocionante que explicar de por vida. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-6029086852643059094?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/6029086852643059094/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=6029086852643059094' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6029086852643059094'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6029086852643059094'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/05/el-asalto.html' title='El asalto'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RlFPsSsKLDI/AAAAAAAAACE/dBnFh1ckZzs/s72-c/Interior+bus+byn.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-8607458361140542016</id><published>2007-05-19T10:06:00.000+02:00</published><updated>2007-05-19T10:10:38.392+02:00</updated><title type='text'>Odio</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rk6wSSsKK-I/AAAAAAAAABc/R3K4lr3bWjU/s1600-h/CaserÃ&amp;shy;o.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5066180459139574754" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rk6wSSsKK-I/AAAAAAAAABc/R3K4lr3bWjU/s200/Caser%C3%ADo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; El coche, un veterano cuatro latas de color amarillo, se estrelló contra un árbol. Una rama baja golpeó el cristal delantero y lo astilló sin llegar a romperlo. La parte delantera del vehículo se abolló por el impacto contra el árbol, una vieja encina centenaria, testigo de más de lo que hubiera querido recordar de haber podido. A su alrededor, numerosos árboles de su misma especie, pero también robles y castaños, aguantaban impávidos bajo el cielo que empezaba a tornarse azul oscuro, casi negro. Juan Tigre, un hombre joven de aspecto primitivo, descendió del automóvil por la puerta del copiloto y la cerró de golpe.&lt;br /&gt;- ¿Ya está?&lt;br /&gt;La que preguntaba era una mujer de treinta y tantos años que debió ser atractiva., probablemente antes de haber sufrido todo lo que había llovido. Llevaba un vestido rosa con pequeñas flores blancas, ajado por demasiadas lavadas.&lt;br /&gt;- Sí - contestó escueto Juan. Se pasó la mano por los cabellos.&lt;br /&gt;En el interior del estrellado coche, Andrés, cuarenta y pico años mal llevados, había quedado apoyado sobre el volante con los brazos colgando. Tenía la cabeza ensangrentada y los ojos cerrados. La mujer se acercó hasta la ventanilla del lado del conductor y miró al muerto. Un odio intenso emanó de sus ojos con la fuerza del agua que sale de la manguera del barrendero que riega de madrugada las calles desiertas de la ciudad. La mujer se acercó aún más y escupió.&lt;br /&gt;- Ya está bien, Juana. Ha terminado - le dijo Juan Tigre nervioso -. Vamos. Hemos de denunciar el accidente.&lt;br /&gt;Juana y Juan Tigre subieron a un viejo seiscientos de color blanco y arrancaron en dirección a la pequeña ciudad. Juana cerró los ojos y se reclinó sobre el asiento. Juan Tigre conducía con la vista fija en la carretera, mirando la estela delantera que los débiles faros del cochecito pintaban sobre el irregular asfalto.El caserío no daba para todos y Juan trabajó como peón de albañil para un vecino rico de un pueblo cercano. Suerte tuvo porque aquella obra (un chalet ostentoso) duró más de dos años y, al quedarse sin trabajo, tuvo derecho a cobrar subsidio de desempleo unos meses. Las largas y plácidas jornadas en la taberna, bebiendo potes y jugando al dominó, no contribuyeron a eliminar el resentimiento de Juan Tigre contra todo lo que se movía a su alrededor. Ser pobre no es una desgracia, pensaba, es una maldición. Cuando dejó de percibir el subsidio fue a ver a su primo Andrés, que tenía un caserío con bastante tierra, pero la trabajaba solo.&lt;br /&gt;Andrés empleó a Juan en cuanto éste le contó en qué situación se encontraba. Juan Tigre nunca le perdonó esa generosidad. Luego siguieron las prolongadas jornadas de siembra, abono, aspersión contra insectos y plagas, cosecha y cuidado de los animales. Juan Tigre comía en el caserío, pero luego, al anochecer, Andrés lo llevaba hasta la casa de sus mayores, donde dormía, para ir a buscarlo a la mañana siguiente.&lt;br /&gt;-  Juan, es una tontería que te lleve cada noche a casa de tus padres para ir a buscarte a la mañana siguiente -dijo un buen día Andrés-. Podrías quedarte en la habitación de abajo.&lt;br /&gt;A Juan Tigre le pareció bien, pero tampoco perdonó a su primo aquel nuevo gesto de largueza. Andrés y Juana, su mujer, prepararon un cuarto que utilizaban por desidia para guardar algunos trastos. Los sacaron y los llevaron al desván, que era su lugar, de donde rescataron una vieja cama donde dormía la abuela hasta que murió a los noventa y cinco años. Los primeros días de su nueva vida, Juan Tigre apenas vio a la mujer de su primo ni a los tres hijos de éstos, porque, en cuanto acababa el trabajo, cogía un trozo de pan y algo de queso o embutido y una cerveza, y se encerraba en su habitación. Ni siquiera veía la televisión. Más adelante, por insistencia de la mujer de su primo, empezó a convivir con ellos como uno más de la familia. Juan Tigre notó que el resentimiento contra su primo aumentaba y esta vez ya no porque hubiera sido generoso sino porque tenía lo que le faltaba: una buena propiedad y una mujer. Los hijos le daban igual, pero una mujer en la cama, y, más aún, una mujer todavía joven, voluptuosa, de grandes tetas y fuertes caderas, con gruesos labios, hubiera colmado bien sus apetitos. Juan no tenía novia ni hacía nada por tenerla. Solía ir de vez en cuando a visitar a las prostitutas de la ciudad, pero cada vez le daba más pereza, porque, aunque la capital estaba sólo a veinte kilómetros, no le gustaba nada la ciudad.&lt;br /&gt;El rencor se acumulaba con lentitud en el corazón de Juan Tigre, como el poso en un depósito de vino viejo, con la sola razón  de que su primo tenía aquello de lo que él carecía: tierras, una casa y una mujer. La situación fue más llevadera cuando Juan comprobó que su prima, la mujer de su primo, se insinuaba cuando coincidían solos. Le costó darse cuenta de lo que ocurría, porque era algo duro de mollera, pero, cuando estuvo seguro, una mañana en la que los niños estaban en la escuela y Andrés había ido a la ciudad para comprar repuestos para el tractor, Juan Tigre abandono sin dudar la tarea en el campo, se dirigió presuroso a la cocina donde se encontraba Juana y, sin mediar palabra, se abalanzó con furia sobre ella y le levantó nervioso y con prisa las faldas. Juana ni siquiera hizo como que resistía, dejó que desbordara la pasión anidada y abrazó furiosamente a Juan Tigre, al tiempo que le metía la lengua salvajemente en la boca. Juan le arrancó la blusa, mientras se abría la bragueta, y ella se quitó las bragas, se tiró sobre la mesa y se abrió de piernas. Juan Tigre penetró a su prima política con ferocidad y Juana arremetió con violentos empujones para sentir más intensamente el pene de su primo, hasta que ambos rugieron de placer al unísono.&lt;br /&gt;Fue la primera vez, pero no la única. A partir de entonces, siempre que Andrés se ausentaba, los amantes clandestinos se veían para hacer el amor con frenesí. Apenas hablaban, no dejaban lugar a romanticismo alguno, a caricias ni suavidades. Follaban con furia.&lt;br /&gt;Quizás el amo del caserío algo intuyó, el caso es que al mes o así, ya no volvió a ir a la ciudad ni al pueblo y organizaba el trabajo del campo de modo que su primo Juan Tigre siempre estuviera cerca de él. Entonces los amantes se atrevieron a encontrarse de noche. Juana esperaba con impaciencia hasta que Andrés estaba profundamente dormido y entonces bajaba a la habitación de Juan Tigre donde permanecía haciendo el amor violentamente hasta que casi apuntaba al alba. En silencio.&lt;br /&gt;Las cosas continuaron así unas semanas, pero Juan aún odió más a su primo, pues Juana le explicó que, para que el marido no sospechara, cuando Andrés la solicitaba, ella siempre accedía. Juan Tigre no quería compartir la mujer con su primo.&lt;br /&gt;Un mal día, Andrés se despertó antes de su hora habitual por una digestión pesada y se sorprendió al encontrar vacío el otro lado de la cama. Sin vestirse se dirigió a la planta baja donde encontró a Juana que se disponía a subir al dormitorio.&lt;br /&gt;- ¿Dónde estabas? - preguntó amostazado.&lt;br /&gt;- He bajado a beber agua. Tenía sed y no podía dormir - contestó la mujer.&lt;br /&gt;Como la había sorprendido cerca de la puerta de la cocina, Andrés dio por buena la explicación. Subieron ambos y antes de llegar a la cama, sin cerrar la puerta, Andrés penetró a su mujer con grandes aspavientos y gritos de pasión y rabia. En la planta baja, Juan Tigre, relajado en su cama, se tapó la cabeza con la almohada para no tener que oír los gemidos de placer.&lt;br /&gt;Al día siguiente, los tres se encontraron alrededor de la mesa para desayunar como si nada hubiera sucedido, aunque los tres sabían que sabían. La jornada transcurrió con normalidad, pero al finalizar Andrés se dirigió a su primo.&lt;br /&gt;- Creo que es mejor que vuelvas a dormir a tu casa. Estarás más cómodo que en esa habitación pequeña. Además, ayer que me follé a mi mujer y me pareció que te desperté con mis gritos. Nosotros necesitamos un poco de intimidad y tu tranquilidad. ¿No?&lt;br /&gt;Juan Tigre nada dijo. Recogió sus cosas y, como antaño, subió al viejo cuatro latas de su primo.&lt;br /&gt;Al poco de iniciar el viaje hasta el caserío de los padres de su pariente, Andrés se puso a despotricar. Le echó en cara su poca hombría, su falta de gratitud, su sinvergonzonería. Juan no decía nada, no porque estuviera arrepentido ni avergonzado; prefirió dejar crecer el odio.&lt;br /&gt;Cuando se acercaban al caserío de la familia Tigre, pero aún no se divisaba, Juan pidió a su primo que detuviera el vehículo, que iban a arreglar aquella situación como hombres. Andrés estacionó el coche a un lado de la carreterita nada transitada y se dispuso a dar una buena lección a base de puños a su primo traidor, pero no tuvo ocasión. Juan Tigre bajó rápidamente del vehículo, cogió una rama gruesa desgajada que había en el suelo y, antes de que su primo hubiera tenido tiempo de cerrar la puerta del coche, le asestó un golpe feroz en la cabeza. Andrés cayó inconsciente y sangrante al suelo. Juan se arrodilló a su lado inseguro de si vivía o no. Marchó corriendo hacia la vieja cabina telefónica sita a unos doscientos metros de la carretera, que tantas veces habían utilizado los del caserío, pues nunca quiso su padre instalar un teléfono. Le costó más de un cuarto de hora conseguir hablar con Juana y todas las monedas sueltas que llevaba, pues en el caserío de Andrés tampoco había teléfono y su amante había sido avisada por el vecino más cercano con teléfono.&lt;br /&gt;- Juana, deja los niños con alguien, que ahora te vengo a buscar.&lt;br /&gt;Fue un ir y venir. Juan Tigre metió a Andrés en el cuatro latas, para que no fuera visto por alguno de los raros conductores que circulaban por esa carretera, y se acercó corriendo hasta el caserío de sus padres. Sin dar explicaciones, cogió el viejo seiscientos de la familia y marchó hasta el caserío de Andrés para recoger a Juana. En el camino de regreso hasta el Renault “cuatro latas”, Juan le explicó el plan.&lt;br /&gt;- Diremos que ha tenido un accidente, que nos preocupaba que no regresara a su hora, que hemos salido a buscarlo y lo hemos encontrado muerto en el coche - le explicó Juan Tigre.&lt;br /&gt;Cuando llegaron al lugar en el que estaba el viejo automóvil amarillo ya era noche cerrada. Con la ayuda de los débiles faros del seiscientos, Juan y Juana sacaron a Andrés de la parte trasera del Renault cuatro latas para colocarlo en el asiento del conductor.&lt;br /&gt;- Está vivo, todavía respira - dijo Juana más asustada que sorprendida.&lt;br /&gt;Juan Tigre, que sujetaba lo que creía el cadáver de su primo por las axilas, dejó caer el cuerpo de Andrés. Con ira incontenible que le irradiaba del rostro, cogió de nuevo el tronco con el que lo había malherido y le asestó varios golpes en la cabeza.&lt;br /&gt;- Ahora, no. Ahora ya no respira.&lt;br /&gt;Se detuvo, se arrodilló a su lado y puso la oreja sobre el pecho del ensangrentado Andrés para comprobar si le latía el corazón.&lt;br /&gt;- Está muerto.&lt;br /&gt;El puesto de la Cruz Roja apareció de repente ante los ojos de Juan Tigre. Estacionó el seiscientos y bajaron para explicar, tal como habían urdido Juan y Juana, lo que pretendían que había ocurrido.&lt;br /&gt;- Ha habido un accidente - explicó Juan Tigre, mientras Juana lloraba, no sabemos si porque actuaba o porque tenía tanto miedo que no podía evitarlo -. Creemos que mi primo está muerto&lt;br /&gt;Casi una hora después los agentes de la Ertzaintza y voluntarios de la Cruz Roja se llevaron el cadáver de Andrés, previa autorización del juez. El médico comprobó con una mirada que la cabeza de Andrés había sido machacada a conciencia. &lt;br /&gt;- ¿De verdad creíste, tarugo, que nos tragaríamos que había sufrido un accidente de carretera con la cabeza destrozada a golpes? – le preguntó un sargento de la Ertzaintza.&lt;br /&gt;- Lo vi en una película en la tele y allí sí se lo creyeron - contestó Juan Tigre confundido y lleno de odio.&lt;br /&gt;Cuando tiempo después, le comunicaron la sentencia de quince años de cárcel, aún creía que sólo había tenido mala suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-8607458361140542016?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/8607458361140542016/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=8607458361140542016' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/8607458361140542016'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/8607458361140542016'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/05/odio.html' title='Odio'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/Rk6wSSsKK-I/AAAAAAAAABc/R3K4lr3bWjU/s72-c/Caser%C3%ADo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-6277687947336381300</id><published>2007-05-16T17:29:00.000+02:00</published><updated>2007-05-16T17:39:37.422+02:00</updated><title type='text'>Beodo</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RkslSCsKK8I/AAAAAAAAABM/JOxHYjomQX0/s1600-h/Persiana+noche.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5065183197798214594" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RkslSCsKK8I/AAAAAAAAABM/JOxHYjomQX0/s200/Persiana+noche.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Está parado ante una persiana metálica fijada con un candado a un gancho que emerge del suelo y mira con fijeza el rótulo: Restaurante El Cocido Madrileño. Cualquiera pensaría que está pensando si entrar o no a comer. Pero no. Con la mano derecha sujeta bajo la chaqueta sin forma una palanqueta y con la izquierda acaricia unas tenazas que lleva en el bolsillo del pantalón de pana con bolsas en las rodillas.&lt;br /&gt;Además, es noche cerrada, casi de madrugada. Todo está oscuro, negro como boca de lobo, que se dice, aunque sería más aproximado, negro como culo de nigeriano, pongamos por caso, pero entonces te llamarían grosero o racista, aunque sólo se diga con intención metafórica. En fin, estaba todo muy oscuro, apenas iluminado por un farol lejano, porque el resto de presuntas luminarias públicas o tenían fundidas las bombillas o las habían escacharrado a pedradas. Quizás por cabreo impotente.&lt;br /&gt;Por esa calle no pasa nadie, salvo Cornelio. Cornelio es un tipo normal, no demasiado boyante, dicho sea de paso, de unos treinta y cinco años, o menos, pero mal llevados. La mala vida.&lt;br /&gt;Hace una temperatura agradable, aunque, a decir verdad, no son horas para pasear. Pero Cornelio tiene otras intenciones que las de disfrutar de una noche grata o combatir el insomnio con una saludable paseo. Tiene trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mira a ambos lados de la calle y comprueba que no se ve ni un alma o, puestos ya, ni un cuerpo. Saca las tenazas del bolsillo del pantalón, se inclina sin prisa y coloca la palanqueta que mantiene en la mano derecha sobre el suelo. Entonces, y sólo entonces, tras un delicado trabajo manual con las tenazas, salta el candado que sujeta la persiana metálica al suelo. Cornelio coge la palanqueta del suelo, se endereza, guarda las tenazas de nuevo y se frota la mano con la que ha realizado la operación sobre la pernera del pantalón, y, con sumo cuidado, procurando hacer el menor ruido posible, levanta la persiana. Apenas un ssssssrrrroooofffffff poco audible acompaña al movimiento del cierre metálico hacia arriba; por fortuna el dueño del restaurante debe ser un tipo cuidadoso que mantiene la persiana perfectamente engrasada.&lt;br /&gt;Tras la persiana hay una especie de pequeño vestíbulo, mero pretexto formal antes de entrar en el restaurante propiamente dicho. Cornelio se enfrenta ahora a una sólida puerta de madera de doble hoja, cuya parte superior son dos cristales biselados. Asoma la cabeza hacia la calle, comprueba que sigue sin pasar ni dios y cierra la persiana metálica con el mismo cuidado que la ha subido, ajustándola hasta el suelo, pero sin el candado que, por no dejar pistas en el exterior, ha dejado junto a la puerta de madera y cristal. El hombre saca una linterna pequeña y cilíndrica de otro bolsillo del pantalón, la enciende y la sujeta con la boca, iluminando la puerta que se opone a que acceda al interior del restaurante. Ayudado de la palanqueta, abre la de madera saltando la cerradura con un crrraacc seco y breve. Cornelio aguza el oído, pero nada parece turbar la paz de la calle. Transcurrido casi un minuto, tranquilizado en cuanto a que algún transeúnte despistado haya podido oír el ruido de la fractura de la puerta de madera, Cornelio la abre con parsimonia y entra en el restaurante, iluminando el camino con la pequeña linterna. La sala es bastante amplia y hay una docena de mesas de madera, cubiertas por manteles de tela a cuadros azules y blancos, con sus correspondientes sillas semiocultas bajo los faldones de los manteles. Cornelio, que no está para contemplaciones nostálgicas, se dirige decidido hacia un pequeño mostrador que vislumbra al fondo de la estancia, junto a la puerta que se adivina al lado más que verse y que, presumiblemente, conduce a la cocina. Sobre ese mostrador está la caja registradora. Con calma chicha, sin prisas, Cornelio inicia la cuidadosa tarea de abrir la caja registradora con el menor ruido. Sabe que ese restaurante cierra tarde y, en sus planes, ha deducido que, a esas horas de la noche, el dueño no se arriesgara a llevar consigo la recaudación del día por las inseguras calles de la ciudad. Tras unos minutos de tanteo y un leve forcejeo abre la caja.&lt;br /&gt;- ¡Mierda!&lt;br /&gt;El exabrupto, nada elegante, rompe el silencio, porque Cornelio comprueba decepcionado que la caja está vacía. Ni un sello de correos. Se desliza suavemente hasta el suelo y se sienta apoyando la espalda en el mostrador. Piensa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Se han llevado la recaudación? Quizás el cuco del dueño la ha escondido, precaviendo que algún amigo de lo ajeno visitara el local en su ausencia. Cornelio sonríe. A él no se la pegan. Se levanta con energía y registra con orden y sistema todo el establecimiento.&lt;br /&gt;Las mesas cubiertas por manteles de cuadros azules, las lámparas con pantalla china que penden del techo, la cocina, la despensa, el refrigerador adjunto, una pequeña habitación que debe ser utilizada para cambiarse de ropa los camareros y la gente de la cocina, los lavabos, todo lo registra con método. Nada. Ni una triste moneda de un euro que le hubiera caído a algún cliente del bolsillo. Cornelio se desespera. Vuelve a sentarse con la espalda apoyada en el mostrador.&lt;br /&gt;- Esto sólo me pasa a mí - se dice a sí mismo. Y es que Cornelio, que disfruta de escasa vida interior, le ocurre como a tantas personas con ese problema: tiene necesidad de oír su propia voz en las ocasiones en las que considera que el Destino le juega una mala pasada.&lt;br /&gt;- Hay que joderse - continúa con su soliloquio que algo le consuela, haciendo gala de su escasa educación -, con el trabajo que me ha costado llegar hasta aquí.&lt;br /&gt;Esa reflexión en realidad es una auto justificación, fruto también de su limitada capacidad de comprensión de la realidad circundante, pareja a su pobre vida interior, porque lo cierto es que apenas le ha costado descerrajar el restaurante y entrar en él como quien pasea por la Rambla.&lt;br /&gt;De pronto Cornelio se da cuenta de que tiene hambre y sed. Natural, son las cuatro de la madrugada pasadas y hace un montón de horas que ha bebido la última cerveza y no digamos que ha masticado el último bocado, allá por las ocho de la tarde. Y de repente se acuerda de la pequeña despensa así como del refrigerador adjunto, habitáculos ambos que ha registrado meticulosamente buscando el presunto escondite de la recaudación nocturna del restaurante, no teniendo ojos entonces más que para el posible botín en forma de billetes de banco, que acaso sólo existiera en su imaginación. Y con el recuerdo de la despensa y del refrigerador adjunto, le viene a la mente la imagen de las ricas viandas allí guardadas.&lt;br /&gt;- ¡Pues yo no me voy de vacío! - dice Cornelio a nadie, insistiendo en su solitario a la par que estéril monólogo.&lt;br /&gt;Y con una sonrisa de oreja a oreja por no haber perdido la noche, el allanador de restaurantes con alevosía, fractura y nocturnidad enciende la lamparita de la despensa para tener suficiente iluminación y no romperse la crisma, pero no tanta que alerte a nadie que pase por el exterior. A continuación, traslada hasta la mesa más próxima a la despensa todo lo que se le antoja de la pequeña despensa y refrigerador que no sea necesario calentar o guisar. No es cuestión de encender fogones a esas horas, aparte de que Cornelio tiene serias dudas sobre su capacidad culinaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamón, embutidos varios, diversos tipos de quesos, patés, un par de tartas, frutos en vino y varias exquisiteces más se acumulan en breve sobre la mesa con mantel a cuadros azules. Luego, Cornelio procede a coger un par de botellas de vino tinto que descorcha por el radical método de romperles el cuello de vidrio. Se apropia luego de tenedor, cuchara y cuchillo, e incluso se agencia un vaso grande de los de agua y una fuente de loza que utiliza como plato, y se dispone a satisfacer el hambre creciente en su rugiente estómago. Se sienta a la mesa y ataca con entusiasmo el improvisado banquete, regándolo profusamente con tragos de vino tinto.&lt;br /&gt;A medida que las ricas viandas disminuyen sobre la mesa, así como también el contenido de la primera y luego segunda botella de vino, aumenta el buen humor de Cornelio.&lt;br /&gt;¡Coño, no hay mal que por bien no venga! - dice el asaltante frustrado en voz algo más alta de lo que una elemental prudencia aconsejaría e insistiendo en su lenguaje malsonante.&lt;br /&gt;Y es que, en los casos de seres humanos con tan escasa capacidad de introspección, cual sería el de Cornelio, siempre acaba lloviendo sobre mojado. El ahora convertido en ladrón de víveres al consumo continúa trasegando sabrosos entrantes y vino tinto hasta que, perdida toda precaución por la equívoca euforia que el alcohol proporciona, se pone a dar vueltas y más vueltas por el establecimiento en una especie de vals sin gracia ni pareja que es interrumpido constantemente por los encontronazos con las mesas y sillas del local, en la poco recomendable compañía de una botella de coñac, añejo de varios años, cuyo contenido desciende de forma evidente.&lt;br /&gt;Casi una hora más tarde, Cornelio esta completamente borracho, sentado en medio del restaurante en compañía de la botella de coñac mediada, cantando canciones de Manolo Escobar a voz en grito, hecho con el que manifiesta además su escasa sensibilidad musical.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de que el local está cerrado, pues Cornelio había tenido la precaución de volver a bajar la persiana metálica exterior, algunos rayos de luz diurna se cuelan por diversos resquicios de aquí y allá y es que, a lo tonto, a lo tonto, ha amanecido y se ha hecho presente el nuevo día. Cornelio sigue dándole a la botella; bebe tragos cortitos sin prisa, pero sin pausa. Se encuentra en la gloria y no recuerda que está en casa ajena y, además, sin permiso del dueño. Tampoco oye el rugido de un motor de automóvil que se acerca y se detiene de repente muy cerca, ni mtampoco los golpes secos de puertas de coche al abrirse y cerrarse, como no oye la persiana al alzarse ni el leve quejido de la puerta de madera y cristales biselados al ser abierta con prudencia. Tal vez por eso se lleva una sorpresa enorme cuando comprueba que no está solo y a duras penas vislumbra a dos tipos vestidos de azul oscuro con gorra de plato, que parece le apuntan con algo que sujetan con ambas manos.&lt;br /&gt;Unas horas después, Cornelio tiene un enorme dolor de cabeza y una desagradable sensación de nausea que un par de aspirinas efervescentes disueltas en agua no han conseguido eliminar. Ha recuperado el poco sentido común que suele tener y -pobre vida interior a fin de cuentas-, incapaz de hacer una autocrítica que merezca tal nombre, habla consigo de nuevo en voz alta.&lt;br /&gt;- ¡Enchiquerado por borracho! ¡Hay que joderse!&lt;br /&gt;Un guardia que pasa cerca del calabozo, asoma la cara por el ventanuco de la puerta de la celda:&lt;br /&gt;- ¿Qué dices?&lt;br /&gt;- Que soy gilipollas - contesta el confuso Cornelio.&lt;br /&gt;- Tú sabrás.&lt;br /&gt;Y Cornelio deja caer apesadumbrado la cabeza sobre el pecho.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-6277687947336381300?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/6277687947336381300/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=6277687947336381300' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6277687947336381300'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/6277687947336381300'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/05/beodo.html' title='Beodo'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RkslSCsKK8I/AAAAAAAAABM/JOxHYjomQX0/s72-c/Persiana+noche.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-5107009471642898839</id><published>2007-05-15T09:55:00.000+02:00</published><updated>2007-05-15T10:01:31.413+02:00</updated><title type='text'>Zorra brava</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RkloqKbWsaI/AAAAAAAAAA8/b178t3bqAeg/s1600-h/Zorra+brava+2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5064694329517715874" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RkloqKbWsaI/AAAAAAAAAA8/b178t3bqAeg/s200/Zorra+brava+2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RklnuKbWsYI/AAAAAAAAAAs/b_eqnjhk8Os/s1600-h/Encruzilhada[1].jpg"&gt;&lt;/a&gt; La Eloisa hacía la calle, el oficio más antiguo del mundo, aunque eso no lo he entendido nunca. Uno tiene idea de que el oficio más antiguo del mundo debe ser el de cazador o campesino, pero parece que no, que antes de que hubiera cazadores y labradores, hubo putas. La Eloisa, por tanto, es una prostituta, que suena más fino que puta, pero los clientes no la conocen por ese nombre. Me parece que su ‘nombre de guerra’ es Vanesa, o alguna cursilería parecida. A mí me parece que eso de ‘nombre de guerra’ no es muy preciso; debería ser mejor ‘nombre de amor’, si es que lo de las putas es amor, aunque a veces seguro que hay amor, como me pasó a mí, pero acaso no era amor y sólo pasión. No sé, esas cosas de los sentimientos y las partes bajas son complicadas cuando se mezclan. Quizás lo más propio sería decir ‘nombre de folleteo’, pero no sonaría fino. ‘Nombre de guerra’ suena mejor.&lt;br /&gt;La Eloisa, o la Vanesa como queráis, aún no había cumplido los treinta y era lo que se dice una tía buena. En realidad, una tía muy buena. Uno cree en su ingenuidad que si una mujer se dedica a ese oficio, tiene que estar buena. Pues no. He visto montones de putas ante las que uno se queda de piedra pensando que pueda haber tíos que paguen para ir a la cama con ellas, detrás de una tapia o en el asiento trasero de un coche, me da igual. O son unos cromos de tíos a los que las rameras normales rechazan o van tan quemados que se tirarían cualquier cosa. Mi abuelo, que era un hombre que había vivido mucho y era muy golfo, decía que hay tíos que les pones delante un olivo con faldas y se lo cepillan.&lt;br /&gt;A mi me gustaba mucho la Vanesa. Y aún me gusta, a pesar de lo que pasó. Yo, como tantos, me solía mover por las calles a derecha e izquierda de la parte baja de la Rambla, la calle más concurrida de Barcelona. Solía estar por esa zona porque la pensiones son baratas, aunque estén llenas de mierda, pero también porque por esa parte casi todos somos desgraciados en el mismo grado y nadie nos mira por encima del hombro. Cuando llegué a Barcelona pasé unas semanas gastándome los pocos ahorros que había llevado cosidos en el interior del forro de la chaqueta hasta que encontré trabajo cuidándome de las tareas más guarras en uno de los restaurantes de la parte baja de la Rambla que, aunque sigue teniendo fama de barrio poco recomendable, lo frecuentan abogados, intelectuales y gentes de dinero. En ese restaurante, que tenía fama, por cierto, me pasaba todo el día quitando mierda, sacando las basuras y, cuando se había largado el último cliente, limpiando el comedor y la cocina hasta que quedarán brillantes.&lt;br /&gt;Supongo que por eso me aficione a la vida nocturna, porque era el único momento del día en el que dejaba de ser un jodido moro, mientras frecuentaba uno y otros bares de esos que las gentes decentes dicen de mala nota. Porque yo soy moro, no sé si lo había dicho ya. Nací en un pueblecito cerca de Nador, en Marruecos, al otro lado del estrecho que cruzaban las pateras, y tampoco he cumplido los treinta, como la Vanesa. Me llamo Ibrahim ben Abdalla, pero por aquí todo el mundo me llama Mohamed y ya me he resignado a responder por ese nombre; lo prefiero a Mustafá, que parece de chiste.&lt;br /&gt;Como iba diciendo a mí me gusta la Vanesa. Mucho. La conocí en un bar de la calle Escudellers, una calle muy curiosa en la que puedes ver en perfecta armonía parejas o grupos de hombres y mujeres jóvenes, bien vestidos y bien hablados, probablemente profesores o gente empleada en bancos o compañías de seguros, con putas, chulos, algún que otro camello y los inevitables policías de uniforme o de paisano.&lt;br /&gt;Entré en el tugurio y la vi sentada en un taburete alto junto a la barra, con el bolso de larga correa sobre el mostrador. Es como una especie de marca, en los bares sólo ves así a las putas o a las separadas o divorciadas con muchas ganas de ligar e ir al grano sin perder el tiempo en chorradas románticas, con la diferencia de que esas mujeres no suelen llevar bolsos con correas largas para sujetarlos por el hombro en bandolera; esa parece ser la marca propia de las putas.&lt;br /&gt;Decía que la Vanesa me gustó en cuanto la vi. Supe enseguida que era una puta, pero no me importó, al contrario; sabía que pagando conseguiría al momento lo que buscaba en ella. ¿Y qué buscaba yo? Muy sencillo, un buen polvo. Las cosas fueron bien al principio, quiero decir que no hubo problemas. Yo la reclamaba, nos íbamos a una de aquellas rancias habitaciones que había cerca de la iglesia de Santa Mónica, le pagaba y follábamos. Siempre se portó bien y jamás hizo ascos por el hecho de que yo fuera moro. También he de decir que soy un moro apañado y que me gusta ir bien vestido y muy limpio. En realidad no sé porque tenemos fama de sucios, cuando nosotros, los árabes, ya nos bañábamos varias veces al día cuando los cristianos se revolcaban en su propia mierda. Ya sé que ocurrió hace varios siglos, pero es igual, algo queda. El caso es que la Vanesa cumplía como buena trabajadora del sexo (se lo oí decir a una asistenta social hablando de una puta) e incluso me expresó alguna simpatía que iba más allá de la estricta relación profesional. Y ahí empezaron mis problemas, porque me enamoré perdidamente de la Vanesa. O por lo menos, eso me pareció. Empecé a sentir cosas que no había experimentado. Suspiraba a todas horas, me quedaba de un aire pensando en ella y, cada vez más, deseaba ardientemente estar con ella. Comprendí entonces que no me había enamorado de Vanesa, sino de Eloisa, la mujer que se camuflaba tras aquel nombre de guerra.&lt;br /&gt;Tanto Vanesa como Eloisa estaban buenísimas, pero Eloisa era tierna, alegre, sensible, o así me lo parecía, frente a la dureza y la implacabilidad de Vanesa. Y no es que yo la criticara por eso, comprendo que una prostituta debe acorazarse si quiere sobrevivir en un mundillo peligroso, difícil, lleno de chulos, maniáticos y pervertidos. Pero Eloisa era otra cosa.&lt;br /&gt;En alguno de los momentos en los que habíamos hablado tras echar un buen polvo (Vanesa no solía meterme prisa para que me fuera), me había dicho que ella era de un pueblecito de la provincia de Murcia. Yo me imaginaba a la jovencita Eloisa en el campo con unos padres que era unos honrados pero humildes labradores que no podían ofrecer a sus numerosos hijos el sustento y la educación necesarios, hasta que un día la muchacha me confesó que su padre había intentado violarla cuando ella tenía dieciséis años y por eso se había marchado del hogar familiar, dulce hogar. En Barcelona fue a parar a casa de una prima suya, viuda de un cobrador de tranvías, que le dijo que no podría estar mucho tiempo con ella porque a duras penas podía sobrevivir con la pensión de viudedad que le había quedado. Fue su prima la que le sugirió que podía ganarse la vida espléndidamente con aquel cuerpo y aquella cara, pero como fuera que Eloisa entendiera que su querida pariente se brindaba a administrarle sus ganancias, le dio con la puerta en las narices y se instaló en una pensión de la calle Nueva de San Francisco. Cómo estaba sin un duro y necesitaba dinero, cuanto menos para pagar la cutre habitación en la que dormía, la Eloisa se lanzó a la calle y el primer día ganó más de veinte mil pesetas. Llevaba once años en el negocio y nunca se había arrepentido de haberse dedicado al sexo.&lt;br /&gt;Una de las cosas de las que más celosa era la Vanesa, o la Eloisa, era su independencia, su libertad. Decía siempre que si había enviado a freír monas a su padre, que era su padre, menos iba a aguantar a un chulo de mierda. A mí aquello me gustaba, que ella fuera tan independiente, pero el problema cada vez mayor era que yo estaba más y más enamorado, hasta que incluso le propuse que dejara ese oficio, el que dicen que es el más antiguo del mundo, y que se viniera a vivir conmigo, que yo correría con todos los gastos.&lt;br /&gt;Estás loco, me contestó entre carcajadas. Se lo tomaba como una broma.&lt;br /&gt;Continué frecuentando a Vanesa, y pagando cada encuentro religiosamente, claro, pero ya no era como antes. Yo, cada vez más apasionado, me encendía en cuanto la veía y ella hacía lo que todas las rameras del mundo: fingir que se lo pasan bien contigo. Eso está bien cuando no eres más que un cliente, aunque seas un cliente fijo, pero si estás enamorado, es amargo, deprimente. Cuando reclamas los servicios de una prostituta, porque estás más caliente que un gato en celo, te da igual que finja o que cante, bueno, quizás que cante, no. Incluso agradeces los falsos jadeos y los no menos falsos grititos de placer, porque ambientan, incluso te excitan más. Pero cuando estás enamorado, esos gritos y jadeos espurios son como dardos que se te clavan en el corazón. No sé exactamente qué significa eso, pero me lo dijo un español que hace poesías en sus ratos libres y que trabaja recogiendo mierda, como yo, en el mercado de la Boquería.&lt;br /&gt;Tanto me dolían esos falsos gritos de placer que le rogué que prescindiera de ellos. Vanesa me miró como si me hubiera vuelto loco, pero me hizo caso, aunque entonces fue peor, porque ella, sin el auto estímulo profesional de sus gritos y jadeos, no hacía otra cosa que comportarse como una muñeca de goma. Y empezaron las discusiones. Yo le insultaba y le echaba en cara todo lo que se me ocurría y ella contestaba que me fuera a tomar viento, que yo sólo era un cliente, nada más que un cliente, y que ella tenía la culpa por haber confiado en mí y haberme dado un poco de cariño. Tanto y tanto discutimos una madrugada que me dijo que ni siquiera me quería como cliente, aunque reconocía que había sido de los buenos.&lt;br /&gt;Así quedaron las cosas y durante bastante tiempo yo no volví a ver a la Vanesa, pero, contra lo que esperaba, no conseguí olvidarla, al contrario, cada vez era más fuerte y loco mi amor por ella. Por esa época me quedé sin trabajo. La Policía o los de la inspección de trabajo o quienes fueran, se estaban poniendo duros con los inmigrantes ilegales y, como mi jefe me tenía sin papeles ni nada, me echó a la calle para no tener problemas, con la promesa, eso sí, de que, en cuanto pasara aquella racha, me aceptaría de nuevo para quitar la mierda de su restaurante.&lt;br /&gt;Las preocupaciones redujeron un tanto mi pasión por Vanesa. Era urgente que encontrara alguna manera de ganarme la vida sin arriesgarme a que la Policía me expulsara. Yo había llegado a conocer bien el ambiente de la parte baja de la Rambla y sabía que difícilmente encontraría un trabajo normal, incluso aquellos que sólo se atreven a desempeñar mis paisanos u otros inmigrantes ilegales aún más oscuros que llegan de más al sur de África. Y, por fin, se me ocurrió la idea. Ya he dicho que soy un moro limpio y con buen aspecto. Pensé que quizás podía proteger a alguna prostituta y compartir los beneficios de su trabajo, sin abusar. En un par de semanas conseguí dos prostitutas, que no estaban mal, a las que protegía y daba calor y afecto cuando lo necesitaban. A cambio, ellas me dejaban administrar lo que ganaban, lo que me permitía vivir con cierta dignidad; desde luego disponía de más dinero que el que ganaba quitando mierda en el restaurante típico en el que trabajaba antes.&lt;br /&gt;Yo trataba bien a mis pupilas, pues no me parece decente pegar a una mujer, y ellas sabían que nadie se metería con ellas mientras estuvieran bajo mi protección. Me acostaba con ellas por rigurosos turno y procuraba darles el calor que no encontraban en los clientes habituales. Aunque las dos estaban bastante bien, desde luego no era igual que hacer el amor con la Vanesa, pero tampoco estaba mal.&lt;br /&gt;En fin, podría decirse que había conseguido instalarme con cierta dignidad: tenía dinero suficiente para vivir bien y dos mujeres a las que tenía que cuidar y follar periódicamente. Además, la Policía no me molestaba y no corría el riesgo de ser expulsado, porque vestía con elegancia y era evidente que tenía algún tipo de negocio suficientemente rentable. Pero yo no conseguía quitarme a Vanesa de la cabeza. Un buen día, mejor dicho, una buena noche, la busqué por todos los bares y tugurios de la calle Escudellers hasta que la encontré. Se me había ocurrido una idea genial y parece mentira que hubiera tardado tanto en ocurrírseme. Cuando llegué al bar en el que estaba junto a la barra, sobre un taburete alto, como la primera vez, no sonrió, pero yo sabía que se alegraba de verme. Me senté a su lado y le expliqué casi telegráficamente lo que se me había ocurrido para armonizar mi amor por ella y el hecho de que ella no quisiera abandonar el más viejo oficio del mundo.&lt;br /&gt;- Trabaja para mí y todo solucionado. Ya tengo dos mujeres, pero tú serás la favorita y tendrás un trato especial, te lo juro.&lt;br /&gt;Lo que ocurrió después lo recuerdo confusamente, pero creo que la Vanesa mostró una expresión de mala leche de aúpa, bajó del taburete alto donde reposaba su muy bien formado culo, se levantó la corta falda mostrando un muslo aun más fascinante y extrajo de la liga, como corresponde a la mejor tradición... No eso no es verdad, me he dejado llevar por mi imaginación calenturienta. Lo que ocurrió es que Vanesa soltó unas cuantas palabrotas y maldiciones, llamándome de todo; lo más suave que recuerdo era "macarra de mierda" e "hijo de la gran puta", luego, abrió el bolso que siempre llevaba y sacó una navaja de buen tamaño que abrió con una pericia que no le hubiera atribuido y me cosió a puñaladas.&lt;br /&gt;Afortunadamente sólo era experta en abrir la navaja con habilidad, porque no supo, o quizás no quiso, pinchar en puntos mortales. Se armó un buen revuelo y creo que me desmayé o quedé medio inconsciente. Ahora estoy en una habitación del Hospital Clínico con varios tubos conectados por todas partes. El médico me ha dicho que ninguna herida es mortal ni gravemente peligrosa, por lo tanto viviré; es cuestión de paciencia y cuidados, me ha dicho sonriente.&lt;br /&gt;Me alegro, porque las cosas serán más fáciles para la Vanesa que si me hubiera matado. Que tampoco sé si es lo que buscaba. Yo creo que se cegó porque es una mujer de raza con mucho genio. Pero, a pesar de todo, yo no consigo olvidarla.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RklnuabWsZI/AAAAAAAAAA0/UAPuh8YdQl8/s1600-h/Zorra+brava+2.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3611955951660620525-5107009471642898839?l=historiasoscuras.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/feeds/5107009471642898839/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3611955951660620525&amp;postID=5107009471642898839' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/5107009471642898839'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3611955951660620525/posts/default/5107009471642898839'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://historiasoscuras.blogspot.com/2007/05/zorra-brava.html' title='Zorra brava'/><author><name>Franjac Tamayo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10117868913187740843</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_XCEVBuUj4Js/RkloqKbWsaI/AAAAAAAAAA8/b178t3bqAeg/s72-c/Zorra+brava+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3611955951660620525.post-4825154222404924605</id><published>2007-05-11T08:43:00.000+02:00</published><updated>2007-05-11T09:08:04.765+02:00</updated><title type='text'>Desaparecido</title><content type='html'>&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;- Quiero... quiero hacer una denuncia - dice entrecortado &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;al policía tras una especie de mostrador&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;, la respiración agitada por la carrera -. Mi padre no está… quiero decir... ha desaparecido.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Por la puerta con el rótulo "Inspección de Guardia" - le corta el agente indicando con la mano la dirección que debe tomar.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;García hijo, alto y con tendencia a la obesidad, poco más de treinta años se lanza por el pasillo, llega hasta la puerta indicada, da dos golpes seguidos y entra sin esperar a que le indiquen que puede pasar. Tres mesas metálicas grisáceas con sus correspondientes sillas, un archivador del mismo color y un banco de madera. Tras una de las mesas, un hombre joven, más o menos de la misma edad que García hijo. El inspector de guardia lee un diario deportivo. Levanta la vista y hace un gesto de interrogación.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Quiero denunciar la desaparición de mi padre - dice García hijo nervioso.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Seguro? - pregunta el policía con voz teñida por una perceptible duda, cerrando el periódico y doblándolo en dos. Quizás sea pose, aún no tiene edad para mirar la vida tras la pantalla del escepticismo -. Desde cuándo no lo ha visto.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Mi padre es un hombre de setenta años- explica García hijo -. Lleva una vida muy ordenada, nunca hace tonterías...&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- De acuerdo - concede el joven inspector -. ¿Por qué cree que ha desaparecido?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Ayer no vino a dormir a casa y esta mañana he pasado por el taller donde trabaja y está cerrado. No es normal. Le ha pasado algo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;Mientras García hijo se explica nervioso, el policía ha cogido varios folios en blanco y otras tantas hojas de papel carbón que ha colocado cuidadosamente entre folio y folio, metiendo el conjunto en el carro de la veterana máquina de escribir que hay sobre su mesa.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;García hijo responde a las preguntas del inspector de guardia y éste escribe lentamente con cuatro dedos –dos por mano- mirando al teclado. Saca el papel del carro, deja caer los papeles carbón sobre la mesa, los agrupa ordenadamente y pasa los papeles escritos a García hijo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Firme. Vuelvo ahora mismo - dice y sale. Regresa un minuto después.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Hay que esperar. El inspector que se encargará de su denuncia no ha llegado todavía. Empieza a las ocho. Espere fuera -. Coge el diario&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;deportivo y lo vuelve a desplegar.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;García hijo sale al pasillo y  pasea. Mira el reloj. Las ocho menos cuarto.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Oiga - le dice el policía de la puerta -. Siéntese o vaya a tomar un café o una tila, pero no pasee arriba y abajo. Va contra las normas.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;García hijo se sienta en un banco apoyado contra el muro y, de repente, se calma, se reclina contra la pared y apoya la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;A las ocho y cinco sale el inspector de guardia.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Pase.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;En el interior de la inspección de guardia hay otro policía diez años mayor.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- El inspector González. Es miembro del grupo operativo de esta comisaría.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;El hará las primeras indagaciones para averiguar qué ha podido sucederle a su padre - le explica el policía joven.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;El tal González, tipo robusto con poco pelo y expresión bondadosa en el rostro, coge una de las copias de la denuncia y la lee con parsimonia. García hijo está más tranquilo y mira al madero. Sin levantar la vista del papel, González interroga a García hijo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- ¿No había ocurrido nunca algo parecido?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Nunca, no señor.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Alguna amiguita? ¿Bebe? ¿Aficionado al juego?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- No, señor, pero fuma como un carretero - contesta mosqueado García hijo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;El inspector González levanta la mirada del formulario de denuncia y mira sorprendido al atribulado hijo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Oiga, yo me limito a hacer mi trabajo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Si, claro -dice algo achantado García hijo -, pero es que ya he dicho antes que es una persona de vida muy ordenada.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Está bien. ¿Algún amigo, alguna afición? ¿Tiene mareos, pérdidas de memoria?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- No señor. Esta sano como una manzana. Siempre hacía la misma vida. De casa al taller y cuando regresaba por la tarde daba un paseo por el parque del barrio, luego a casa a cenar y a ver la tele. Al día siguiente, lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Dice usted que el taller donde trabaja estaba cerrado está mañana y asegura que no es normal.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Sí, señor. El taller está abierto de lunes a sábado. Mi padre no trabaja el sábado, pero el dueño sí.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- ¿A que se dedican en ese negocio?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Reparan persianas metálicas de comercios.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y eso da dinero? - interviene el inspector de guardia.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Por lo visto, sí - le responde García hijo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;El inspector González mira al joven policía con cierta irritación y luego se dirige a García hijo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;Siempre cabe la posibilidad de que su padre haya tenido un ataque de amnesia temporal o algo parecido y regrese.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- ¿No piensan hacer nada? - pregunta desesperanzado García hijo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Sí, hombre, sí. Usted vaya a su casa, que yo me daré una vuelta por el barrio y haré unas preguntas. ¿Tiene usted alguna fotografía reciente de su padre?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;García hijo mete la mano en el bolsillo interior de la chaqueta y sacó una fotografía que le entrega al policía. Un hombre mayor de pelo blanco y mirada severa aparece en ella junto a un García hijo sonriente. Al fondo se ve gente.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;br /&gt;- Nos la hicimos el año pasado durante las fiestas del barrio.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;                                      &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 16pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;González patea el barrio de los García durante toda la mañana sin conseguir otra cosa que unos pies doloridos y la convicción de que los García son buenas personas, pero aburridos. El padre había enviudado hacía muchos años y había criado a su hijo que, en pago a sus desvelos, no había querido casarse a pesar de haber tenido novia más de diez años. Vivían juntos y no se sabía otra cosa que no fuera que su existencia era tediosamente rutinaria. El viejo García era muy reservado y apenas se relacionaba con sus vecinos aunque era muy educado en el trato. El hijo vivía pendiente del padre.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt; González cae de repente en la cuenta de algo que le había estado molestando durante todo el día. Telefonea a García hijo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;-Oiga, usted nos dijo que su padre trabaja en ese taller de la calle Campana.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;- Sí, así es - le llega la voz metalizada del atribulado hijo. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;- Pero tiene setenta años, ¿no? Debería estar jubilado.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Un carraspeo nervioso precede a la respuesta de García hijo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;- Mi padre está retirado, pero no le gusta estar sin hacer nada y llegó a un acuerdo con Arturo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quién es Arturo? - y el inspector González sonríe imaginando al muy serio García hijo respondiéndole con la broma tontorrona de cuando él era estudiante: "El que&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;fumaba un puro".&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;- El dueño del taller. Mi padre le ayudaba en las reparaciones y se quedaba en el local cuando Arturo tenía que ir a colocar las persianas. En realidad Arturo le pagaba para no tener que cerrar el taller cuando se desplazaba a colocar o reparar persianas, porque no quería arriesgarse a que en ese tiempo llegara otro cliente y, al no encontrarlo, perdiera un encargo.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;- ¿Se llevan bien ese Arturo y su padre?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;- Sí, que yo sepa no hay ningún problema.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;González se acerca hasta el taller de marras y lo encuentra cerrado todavía.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Pregunta a unas vecinas que están pegando la hebra con los carritos de la compra en posición de descanso.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;- Es muy raro - contesta una cincuentona jamona teñida de caoba, muy arreglada ella -. El señor Arturo siempre tiene abierto el taller, incluso algunos domingos. Es muy trabajador.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;O muy pesetero, piensa González. Bueno, tendría que ir al juzgado, pedir una orden de allanamiento y registro y ver que encontraba en aquel puñetero taller. Luego, después de todo el follón, el viejo aparecería en cualquier momento y contaría que había perdido la memoria o que había decidido echar una cana al aire, que ya le tocaba, aprovechando la erección anual. González suspira y se dirige hacia la parada del autobús para acercarse hasta el edificio de los juzgados. Si coge un taxi luego&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;tendrá problemas con el comisario para que autorice pagar la carrera.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;El cerrajero que acompaña a González y al funcionario judicial para proceder a la apertura del taller del tal Arturo tiene que bregar un buen rato hasta conseguir abrir el herrumbroso candado que fija la persiana metálica al suelo. González arruga la nariz al olfatear a húmedo y rancio en el interior del local. Muy fuerte tiene que ser el hedor, piensa, porque suelo oler menos que un gato de yeso. Pasea lentamente, mirando los cachivaches y maquinitas iluminados por la luz exterior. Al fondo del establecimiento rectangular unas mamparas de aluminio y cristal forman un pequeño despachito. Hacia allí se dirige el policía. Entra en su reducido interior y ve, desdibujados por las luces y sombras de la escasa iluminación que llega desde la calle, una mesa metálica gris barata (por cierto, muy parecida a las que hay en la comisaría), una silla tapizada con una estropeada imitación de piel y un archivador de madera carcomida, más viejo que Matusalén. En un rincón hay un montón de cajas de cartón apiladas de cualquier manera. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;- Desde luego, aquí no se han gastado mucho en decoración - oye González a su lado la voz de uno de los policías uniformados que le acompañan.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;El inspector no le hace el menor caso y se dirige al montón de cajas. No le cuadran en aquel lugar; en el local hay suficiente espacio para arrinconarlas o lo que se quiera. Empieza a retirar las cajas, que se elevan hasta la altura de un hombre, y de una de ellas, al moverla, cae una navaja, no muy grande, de esas que suelen utilizar algunos obreros para cortar embutido, queso o pan en sus copiosos almuerzos. La hoja de la navaja está manchada de una sustancia oscura, entre rojiza y marrón oscuro. González continúa sacando las cajas con mayor diligencia, ayudado ahora por un policía y el cerrajero.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 16pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;Tras la pila de cajas, estirado junto a la pared y encogido, está el cadáver de un hombre de setenta años o más. Alguien ha fregado lo que debió ser una mancha de sangre, dejando varios churretones en el suelo alrededor del muerto. El finado muestra dos o tres manchones oscuros&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;como costras en el cuello.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 16pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;Una hora después, García hijo solloza contenido, tras haber reconocido el cadáver de su padre. Al día siguiente, la policía detiene a Arturo Martínez, cuarenta y pocos años, soltero, dueño del taller de reparación de persianas y residente en la ciudad. El sujeto se hizo el sorprendido y pretendió haber estado de viaje los últimos días. Pero no pudo explicar, por qué el taller estaba cerrado con un cadáver con heridas de cuchillo en el cuello dentro ni tampoco por qué una navaja ensangrentada hallada cerca del muerto llevaba grabadas las iniciales A y M que, curiosamente coincidían con su nombre de pila y primer apellido. Entonces reconoció que sí, que había ido al taller y lo había encontrado abierto, que en su interior se había encontrado con el pobre García padre muerto, que se había asustado, había cerrado el taller y se había ido. Un ataque de pánico, justificó. Luego, pensó que un drogadicto con el mono había atracado al viejo. Aquélla era su navaja, pero siempre estaba en el taller y la podía haber cogido cualquiera.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 16pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;Los policías presionaron al Martínez. Cuando lo detuvieron, conducía una camioneta de su propiedad (matrícula facilitada por &lt;st1:personname productid="la Direcci￳n General" st="on"&gt;la Dirección General&lt;/st1:PersonName&gt; de Tráfico) y en la caja llevaba un bidón vacío, un bidón grande de esos que su utilizan para guardar aceites de lubricar y petróleos, que podía contener un cadáver de tamaño reducido como el de García padre. Finalmente Martínez se rindió.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;br /&gt;Había llegado a un acuerdo con García padre hacía un par de años. El viejo le ayudaba en la reparación de persianas y, además, siempre había alguien en el taller cuando él tenía que salir. Habían acordado que le pagaría diez mil pesetas a la semana. García padre había protestado, pero Martínez le había argumentado que ya cobraba noventa mil pesetas de jubilación y, además, se comprometió a aumentarle un diez por ciento cada año. García padre aceptó. No hubo problema&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;alguno en tanto Martínez pagó escrupulosamente los dos mil duros semanales a los que se había comprometido, pero García padre no se mostró conforme cuando el patrón le dijo una semana atrás que no podría aumentarle e incluso debería rebajarle el jornal semanal, porque las cosas iban mal: él también notaba la crisis. García padre no dijo nada de momento, pero en el día de ayer volvió sobre la cuestión y le dijo que había hecho averiguaciones y que podía denunciarlo a &lt;st1:personname productid="la Seguridad Social" st="on"&gt;la&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Seguridad Social&lt;/st1:PersonName&gt; y a &lt;st1:personname productid="la Inspecci￳n" st="on"&gt;la Inspección&lt;/st1:PersonName&gt; de Trabajo. Martínez se imaginó la multa que tendría que pagar. Discutieron con mucha vehemencia y finalmente lo despidió. Pero García padre no cejó y le dijo que ahora seguro que lo denunciaba.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 16pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; font-family: &a
